domingo, 30 de julio de 2017

A New World: Capítulo 6

-¿Qué ves? –preguntó Will a Razer, quien sostenía unos prismáticos con los que observaba el campo de batalla.

-Parece que el imperio y “Comhairle” se están preparando. Debe de haber más de dos kilómetros entre ellos y los otros dos ejércitos. Abre el comunicador, voy a hablar con Seph y Drake.

 

Obedeciendo al líder de los Rebeldes, el nómada sacó el aparato de entre sus ropas. El formato de éste no era diferente de los que habían usado otras veces, pero su alcance era considerablemente mayor, permitiéndoles comunicarse con el otro grupo a una distancia incluso mayor que la que separaba a ambos ejércitos.

 

Una vez encendido, Will lo cogió de manera que tanto el como Razer pudiesen hablar.

-Seph, Drake, ¿me oís? –preguntó el chico.

-Perfectamente –contestó Seph.

-Seph, soy Razer. ¿Cómo va todo por vuestra zona?

-De momento, todo sigue igual. Tanto nuestras tropas como las que hay al otro lado están bien escondidas entre rocas y dunas. Estamos vigilando atentamente qué movimientos hacen la facción y la unión.

-Bien. Avanzad hasta que estéis cerca de ellos, siempre manteniéndoos ocultos, y esperad hasta que dé la señal de ataque. Menos mal que hemos llegado con tiempo. De lo contrario, no habríamos podido tomar posiciones.

-Estoy de acuerdo, pero tengo una duda. ¿No será mejor si les atacamos ahora que todavía se están preparando para la batalla?

-Teniendo en cuenta que nos superan en todos los aspectos, y que ahora mismo estarán pendientes de cualquier movimiento enemigo, atacarles ahora sólo conseguiría que nos eliminasen. Es mejor aprovecharse del caos que habrá después, cuando estén centrados en los otros ejércitos. Entonces, podremos sorprenderles. O, al menos, intentarlo.

-¿”Intentarlo”?

-Hay que tenerlo todo en cuenta. Nada nos asegura que Naithan no esté enterado de nuestro ataque, y tampoco sabemos qué estrategia usará en ese caso. Al haberse aliado con el proyecto Gaia, cualquier cosa es posible. Aun así, dado que nuestro tiempo ha sido limitado y nos quedan pocas opciones, tendremos que improvisar sobre la marcha.

-Entiendo. Entonces seguiremos con el plan.

 

Al apagar el comunicador, la voz de Seph también dejó de escucharse.

-Avisa a los soldados. Antes de acercarnos a la posición del enemigo, repasaremos qué hacer en caso de que nos tiendan una trampa. Informa al otro escuadrón de que hagan lo mismo.

 

Asintiendo, Will se marchó de allí a la vez que cambiaba de frecuencia el comunicador para así contactar con las tropas que había al otro lado.

-Esto tiene muy mala pinta. Aunque ya me imaginaba que no sería fácil –murmuró Razer para sí mismo-. Espero que los demás estén teniendo mejor suerte.

 

Tras defenderse de otro ataque de los esqueletos, Ivel saltó al tejado de una de las casas, encontrándose, al aterrizar, con otro grupo de ellos, que la rodearon y se abalanzaron sobre la chica con sus espadas en alto.

 

Moviéndose con fluidez, detuvo con su lanza un corte vertical y golpeó el cráneo de uno de los esqueletos con el talón derecho. Acto seguido, giró 360º y seccionó las piernas de un tercer atacante, finalizando con un corte diagonal que mandó a volar la cabeza de un cuarto.

 

En ese instante, varias estocadas, procedentes de todas direcciones, la obligaron a agacharse, desplazando casi al momento su arma en un ataque ascendente que golpeó sus filos y los desestabilizó. Posteriormente, realizó varios giros con su lanza antes de descuartizarlos con un sólo golpe, dejando un montón de huesos tirados por el suelo.

 

Cuando se disponía a ir a por Tribus, un tentáculo de Sead apareció por su lado, habiendo de detener sus pasos a fin de evitarlo.

-Recuerdo cuando eras pequeña y entrenábamos juntas. Siempre te tomabas nuestros combates muy en serio aunque no fuesen más que un juego. Por entonces, ya demostrabas grandes dotes como líder.

-Tú, por el contrario, no hacías más que burlarte de mí. En ningún momento usaste todo tu poder.

-Si lo hubiese hecho, habría tenido que separarme de vosotros. Y eso era algo que no deseaba.

-Qué ironía que al final haya acabado ocurriendo.

-Lo sé. Supongo que sólo conseguí alargar lo inevitable.

-Dime, Tribus, ¿tan poderosa es Gaia como para hacerte cambiar?

-Como habrás podido comprobar, la madre de Kareth consiguió interrumpir, e incluso invertir, los cambios en las mentes de su hijo y la de Quattuor. Aunque dudo que, de haber sabido para qué servía lo que les entregó, lo hubiesen aceptado. Bueno, puede que Kareth sí. Fuese como fuese, mi caso es diferente.

-¿A qué te refieres?

-Dime, Ivel, ¿alguna vez te has enamorado? –preguntó Tribus, sorprendiendo a la chica, que apretó fuertemente el mango de su arma- Entiendo. Te conozco lo suficiente como para saber que todavía lo estás. Es más, deduzco que es un amor no correspondido, ¿no es así? –continuó mientras Ivel se mantenía en silencio, con la mirada fija en el suelo- A mí me ocurre lo mismo. Desde hace mucho tiempo, he estado enamorada de la misma persona. Alguien por quien sería capaz de dar mi vida tantas veces como me lo pidiera, incluso sabiendo que jamás seré correspondida. Es doloroso y, a la vez, no puedo cambiar lo que siento.

-Esa persona no será...

Tribus suspiró.

-Ha tenido más de un nombre, pero ahora se le conoce por el de Detz.

 

Estupefacta por aquella revelación, abrió la boca para intentar explicarle lo equivocada que estaba al amar a alguien así, pero se dio cuenta de que quizás no fuese quién para hacerlo. Al fin y al cabo, una parte de ella la comprendía, pues por mucho que Kareth no sintiese lo mismo, olvidarse de él le resultaba tremendamente difícil.

 

No quería ni pensar cómo sería esa situación para Tribus, quien había querido a Detz desde hacía mucho más tiempo.

-Lo siento, pero no hay nada que hacer –sentenció la descendiente mientras levantaba su mano, haciendo aparecer uno de los tentáculos de Sead, el cual cogió desprevenida a Ivel y la golpeó fuertemente en el costado.

-¡Agh! –grito ella, por el dolor, mientras era arrojada contra el cristal de otra casa, atravesándolo y acabando en el suelo del interior.

 

Mareada, alcanzó a ver cómo su lanza salía despedida hasta clavarse en una pared.

 

Mientras tanto, en la base subterránea del proyecto Gaia, después de ver rechazado su ataque por la oportuna entrada de Kai, Duobus actuó rápido, haciendo aparecer por encima de su hombro una ametralladora que disparó hacia donde se encontraba Kareth, obligándole a separarse de la salida.

 

Viéndose perseguido por una intensa ráfaga de balas, el guerrero corrió a refugiarse detrás de End, donde ya estaban Sarah y el propio Kai.

-¡¿Dónde te habías metido?! –preguntó la peliazul.

-¡Necesitaba un poco de tiempo para pensar y encontrarme a mí mismo! –contestó Kai, utilizando ahora al Inferno para resistir el ataque de dos ametralladoras.

-¡Pues espero que hayas encontrado algo que nos ayude en esta situación! –declaró Kareth.

-¡Y lo he hecho, pero no para ayudarnos a nosotros!

 

De repente, los disparos se detuvieron, ya fuese porque se hubiese cansado de no dar en el blanco o porque hubiese decidido cambiar de estrategia.

-¡¿Qué quieres decir con “no para ayudarnos a nosotros”?! –inquirió la joven.

-¡Ya os lo contaré en otro momento! ¡Ahora lo más importante es deshacernos de ella!

 

Dicho esto, Duobus hizo aparecer un cañón en cuya boca empezó a concentrarse una extraña energía de color blanco azulado.

-¡Yo lucharé contra ella! ¡Seguid vosotros! –exclamó Sarah.

-¡¿Estás segura?! ¡Incluso sin su habilidad para teletransportarse, esa chica es fuerte! –indicó Kai.

-¡Vamos contrarreloj! ¡Si nos detenemos aquí perderemos mucho tiempo! ¡Marchaos!

 

Al grito de la joven, tanto ella como su hermano salieron de aquel escondite y corrieron por cada uno de los lados de la habitación en un intento de contraatacar a Duobus.

 

La primera en hacer un movimiento fue Sarah, quien disparó una de sus flechas a la boca del cañón. Por desgracia, ésta fue desviada por una de las espadas que acababa de invocar su adversaria.

 

Al lado contrario, Kareth continuó el ataque con una patada dirigida a la descendiente, que, pese a defenderse con otra espada, perdió el equilibrio y cayó al suelo.

 

Sin embargo, pese a que aparentemente había quedado a su merced, logró disparar el cañón en el último momento, lo que distrajo al chico el tiempo suficiente para devolver patada, ella sí acertando en su mejilla.

 

Mientras tanto, el láser que acababa de salir del arma fue directo hacia Kai, quien tuvo que invocar a Hel y a End para combinarlos y así golpear aquel haz de luz con sus dos espadas, provocando una explosión de fuego y electricidad que, tras unos segundos, permitió al nigromante salir ileso, pese a hacer desaparecer a ambos Infernos.

-¡Qué potencia! ¡Lo peor de todo es que ni siquiera parecía estar cargado al máximo! ¡¿Es que quiere demoler este sitio?! –se quejó.

 

Entonces, aprovechando el caos, Sarah disparó otra flecha que hizo retroceder a Duobus.

-¡Ahora! –ordenó.

-¡Octavo espíritu: Sázam! –recitó Kai, desplazándose velozmente hasta el cuerpo de Kareth y cogiéndolo para llevárselo- ¡Buena suerte! –con estas últimas palabras, se despidió de ella y escapó por el pasillo.

 

Aunque la descendiente intentó seguir sus pasos, la joven de pelo azul se interpuso en su camino.

-Tú y yo tenemos una cuenta pendiente –declaró ella.

 

-¿Te encuentras bien, Kareth? –preguntó Kai, dejando en el suelo a su amigo, quien pudo mantenerse en pie por sí solo.

-Sí, aunque he de admitir que ha sido una buena patada –respondió, chasqueando la lengua con incomodidad.

-Lo importante es que hemos salido de ahí. Debemos hacer que la oportunidad que nos ha brindado Sarah no sea en vano.

-Tienes razón.

 

Así pues, continuaron recto hasta llegar a otra sala más grande que la anterior, desprovista de cualquier tipo de decoración o mobiliario, incluyendo puertas y ventanas. No como que estas últimas hubiesen servido de mucho en un subterráneo.

-Esto no me gusta –indicó Kai.

 

Como si alguien le hubiese escuchado, la entrada empezó a cerrarse detrás de ellos.

-¡No! –exclamó Kareth, saltando hacia ella, pero sin ser lo suficientemente rápido para evitar quedar encerrados- ¡Qué truco más viejo, Detz! –maldijo mientras volvía a ponerse en pie.

-Recuerdo haber estado en una situación parecida –dijo Kai- En ese entonces, uno de nosotros optó por buscar una zona en la estructura de los muros que fuese más frágil que las otras, para así romperla.

-Ahora que lo dices, me resulta raro que Duobus protegiese este sitio si sólo era una habitación sin salida.

-¿Quieres decir que la tenía antes de que llegásemos?

-No perdemos nada por probar.

 

Decididos, inspeccionaron y golpearon cada parte del material que conformaba la habitación.

-Me pregunto de que estarán hechas –comentó Kai al ver que, tras un ataque combinado de los Infernos, la pared siguió sin ceder.

-Oye, Kai.

-Dime.

-Me alegra que estés mejor. Cuando ocurrió lo de Miruru... cuando vi la cara que pusiste... no supe qué decir. Si yo hubiese perdido a Nara, no sé lo que me habría pasado.

-Nadie quiere pasar por eso, Kareth, pero, por desgracia, hay muchas personas que lo han vivido. No sólo yo. Aun así, me alegro de haberme marchado. Durante mi viaje, pude hablar con ella y conocer el propósito para el que nací. Fue entonces cuando decidí qué camino quería seguir. El camino más apto para alguien como yo, que no fue capaz de proteger a las dos personas más importantes de su vida.

-Ya veo. Entonces sólo me queda desear que llegues hasta el final.

-Lo haré. Te lo aseguro –respondió el nigromante, con una sonrisa.

-¡Ah! Una cosa más. Has dicho que has encontrado algo, pero que no era para ayudarnos a nosotros. ¿A qué te referías?

-¡Ah, eso! ¡Jajaja! Dicho así, suena como si se tratase de algún arma o poder especial, pero en realidad son personas.

-¿Personas?

-Sí, y muy poderosas. Me separé de ellos cuando vine aquí.

-¿Y adónde han ido?

-A un lugar donde los necesitarán más que nosotros.

 

Desde una distancia más corta que antes, los Rebeldes pudieron observar mejor la formación enemiga.

 

Llevaban de avanzadilla un batallón de vehículos ligeros de cuatro ruedas, con espacio para tres personas: un conductor y dos tiradores. Detrás de ellos había un gran número de regimientos de infantería, divididos entre usuarios de Radiar y soldados rasos. Y por último, un pelotón aéreo y un grupo de Erasers.

 

Según las predicciones de Razer, la unidad aérea y la de Erasers, se mantendrían en espera hasta que las otras hubiesen avanzado. Al fin y al cabo, su objetivo principal era provocar un choque de fuerzas entre usuarios de Radiar, no una masacre.

 

Todo fuese dicho, también había que tener en cuenta el uso de otro pelotón aéreo por parte del ejército contrario. Por no hablar del sistema L-Drill.

-Están a punto de ponerse en marcha –informó Will-. Drake y Seph me han avisado de que han visto a Ceron liderando los dos ejércitos aliados, pero no consigo ver a Naithan junto a los suyos.

-¿Qué estás tramando, Naithan? –se preguntó Razer, apretando los dientes- ¡Bien, no importa! ¡Reúne al escuadrón y cambia la frecuencia para que nos escuchen todos! ¡Voy a dar la señal de ataque! –dijo, cogiendo sus armas mientras Will asentía y se iba.

 

Tras ajustarse a la cintura su ya reconocido estoque, una daga y una pistola; el líder rebelde respiró hondo y miró al cielo nublado, levantando el brazo hacia él como si se tratase de un ritual antes de la batalla.

 

Numerosas filas de sus seguidores se alineaban frente a él, erguidos, sobre las tierras yermas que, una vez más, serían escenario de aquella guerra.

 

Algunos eran veteranos, otros jóvenes inexpertos, pero ninguno tenía la intención de echarse atrás.

 

Al igual que el ejército imperial, su avanzadilla también estaba constituida por vehículos ligeros de cuatro ruedas, sin embargo, el espacio de dentro estaba hecho para cuatro personas, siendo la cuarta la encargada de llevar una gran placa rectangular de aspecto metálico.

 

También había algunos usuarios de Radiar, pero en comparación con el imperio, su número era inmensamente menor.

 

El resto estaba conformado por soldados rasos, armados con todo tipo de armas, ya fuesen blancas o de fuego, ligeras o pesadas.

 

-¡Escuchadme, soldados! ¡Sé que pensaréis que esto es una locura! ¡Y que cuando salgamos a luchar, estaremos a merced de sus trampas! ¡No sabemos qué nos espera, pero si no somos capaces de seguir adelante, nadie lo hará por nosotros! ¡Por eso, os pido que no miréis atrás! ¡Que no retrocedáis! ¡Seguid peleando aunque muchos de nosotros caigamos! ¡A cambio, os juro que os conseguiré la cabeza de su líder, incluso si tengo que arrastrarme con ella! -hizo una pausa, durante la que tanto él como Will se montaron en uno de los vehículos de la vanguardia- ¡Creamos en la esperanza! ¡Creamos en la victoria! ¡Creamos en nosotros mismos! ¡¡A la carga!!

 

El grito de la multitud siguió al de su líder, dando inicio a la carrera del ejército Rebelde hacia la que iba a ser su última batalla.

 

El roce de neumáticos contra el suelo y el trote de los soldados, levantaron una nube de tierra tan sólo equivalente a la de los ejércitos enemigos.

 

Entonces, cuando no quedaba mucho para alcanzar su objetivo, Razer observó una figura en pie y con los brazos cruzados justo enfrente de ellos.

 

Se trataba de Naithan, rodeado de subordinados vestidos de forma similar a los que ya viese en su última pelea contra él.

-¡Te estaba esperando, Razer! –exclamó.

-¡¿Naithan?! ¡¿Qué hace él aquí?!

 

De repente, a cada lado del destacamento, y camuflados entre el yermo, surgió una multitud de soldados que, armados con fusiles, dispararon a todo el que se cruzase por delante. No obstante, sus balas chocaron contra las placas metálicas que habían traído consigo, recibiendo un rápido contraataque que dejó en el suelo a muchos de ellos.

 

Por desgracia, aquello no fue suficiente. El número de soldados imperiales era muy superior a la avanzadilla del ejército rebelde.

-¡Seguid adelante! –ordenó Razer, acercándose a la ventana del vehículo de manera que, cuando estuvo a pocos metros del emperador y sus súbditos, saltó por ella junto con Will, situándose frente a frente con ellos.

 

Mientras tanto, el resto de transportes que habían sobrevivido al ataque continuó avanzando hacia el ejército principal, al mismo tiempo que sus compañeros de infantería se enzarzaban en una lucha contra los soldados que les habían emboscado.

-¡Qué pena! –dijo Naithan, con expresión arrogante- ¡Me hubiese gustado ver tus sesos esparcidos por el suelo de un disparo! ¡Si llego a saber que sobrevivirías me hubiese quedado en el ejército principal! ¡Pero en fin, ya tendré tiempo de divertirme después de haberte matado!

-¡Eres un maldito sádico! –replicó Razer, asqueado.

-¡Lo sé! ¡Y tú un iluso por pensar en hacerme frente! ¡No eres más que un mosquito comparado conmigo!

-¡Puede que seamos mosquitos, pero no te conviene subestimarnos! ¡Nuestra picadura es muy dolorosa!

 

En ese instante, uno de los subordinados de Naithan le interrumpió para decirle algo al oído, provocando que el emperador reaccionase de manera muy diferente a la de hacía unos segundos.

-¡¿Qué?! ¡¿Qué unos semidioses están atacando a nuestras tropas?!

 

Sorprendido ante aquellas palabras, Razer miró a Will, quien acababa de recibir un comunicado de Drake.

-¡No entiendo nada! ¡Dos semidioses acaban de aparecer frente al ejército de Ceron y les están poniendo contra las cuerdas! –se escuchó a través del comunicador.

-¿Qué significa esto? –preguntó Razer.

 

Cuatro humanos, divididos en grupos de dos para sendas alianzas, se encontraban en mitad de un despliegue de poder elemental propio de fenómenos naturales desatados.

 

Llamaradas que quemaban vehículos del imperio, fuertes tornados que los elevaban por los aires como si fuesen muñecos de trapo, avalanchas de tierra a las que sucumbían soldados de la alianza entre la unión y la facción y numerosas explosiones que destruían pelotones enteros.

 

A lo lejos, un hombre ciego sujetaba una silla de ruedas donde se sentaba una chica sonriente.

-Esto es lo mejor que podemos hacer, Kai, Miruru. Pensaron que acabarían con los semidioses destruyendo Yohei Gakko, pero todavía quedaban algunos dispuestos a dar su vida por la humanidad. Y como que me llamo Runya, que les demostraremos de qué somos capaces.

lunes, 22 de mayo de 2017

Inmortal



Cuando abrí los ojos, lo único que sentí fue frío. No sabía quién era ni por qué estaba allí. No conocía nada de lo que me rodeaba, aunque mis ojos sólo distinguían nieve blanca cubriendo el suelo. Tampoco como que supiese qué era la nieve o el suelo. Nadie me había enseñado esos conceptos al fin y al cabo.

En ese momento vi una mujer que se acercó a mí, me puso una manta por encima y me pidió que la siguiese, cosa que hice sin dudar, desconociendo incluso la desconfianza.

Aquella mujer me acogió en su pequeño hogar, una casita de madera que compartía con otras personas a las cuales se refería como hijos y marido. La construcción me resguardaba del frío y, además, ellos me proporcionaban lo que consideraban necesidades básicas, como comida o agua. Aunque lo cierto es que yo no sentía hambre ni sed. Pese a ello, decidí aceptar su ofrecimiento, y durante muchos años conviví con aquella familia.

Me enseñaron mucho sobre el mundo en el que vivía. El significado de lo que me rodeaba, cómo debía comportarme e incluso el concepto de amar y de ayudar a otras personas, aunque no entendiese bien esos sentimientos. Pero, conforme pasaba el tiempo, me fui dando cuenta de algo: los seres vivos envejecen y mueren.

No obstante, si eso era verdad. ¿Por qué no ocurría lo mismo conmigo? ¿Acaso eso significaba que no era un ser vivo?

Un día decidí preguntarle a aquella mujer por qué yo era diferente.
-Tú no debes morir. Esa no es tu misión –me contestó.
-¿Qué quieres decir? –pregunté, confuso.
-Llegará el día en el que lo entiendas. Y ese será el momento en el que hayas cumplido con tu deber –sin decirme nada más, aquella mujer continuó con sus quehaceres, dejándome con más dudas que antes.

Años después, sus hijos se marcharon, y al cabo de unos cuantos años más, aquella mujer murió.

Recuerdo el día del funeral. Vinieron muchas personas que decían conocerla, entre ellos, por supuesto, sus hijos, a los que había visto crecer desde jóvenes, algunos desde niños. Todos me miraron extrañados, como si fuese un bicho raro. Como si estuviese fuera de lugar. Y realmente no les faltaba razón.

No envejecía. No cambiaba. Incluso la familia de aquella mujer se hacía preguntas sobre mi existencia. Aunque sabía bien que no tenían malas intenciones.

Los años seguían pasando y llegó el momento en el que ningún miembro de aquella familia seguía en este mundo. Fue entonces cuando decidí salir de los alrededores de aquella casita y comencé a caminar por el mundo.

Ciudad tras ciudad, conocí a mucha gente de la que aprendí mucho. Algunas incluso ya las sabía pero que, al parecer, tenían diversas formas de interpretación.

Aprendí más sobre la situación del ser humano: su economía, su política, sus amistades, sus conflictos, sus inventos, sus leyes... Todo lo que los rodeaba y los hacía tal y como eran.

Y así, después de mi largo viaje, conocí a alguien que cambiaría mi forma de ver la vida. Se trataba de una niña, de aspecto frágil e inocente y, al igual que yo cuando desperté, no daba la sensación de conocer mundo. Después de todo, siendo huérfana, nadie se había molestado en enseñarle.

Así pues, imitando la voluntad de aquella mujer, decidí llevarla conmigo, encontrando una pequeña casa de campo, recuerdo de donde me crié, en la que me instalé con ella.

El tiempo siguió corriendo, más rápido incluso que antes. El ser humano de antaño lo decía: “el tiempo pasa más deprisa cuando eres feliz”, y qué gran razón tenía.

Yo le enseñé todo lo que había aprendido durante mi tiempo con aquella mujer, la ayudé en todo lo que necesitaba, la alegré en momentos de tristeza y la acompañé en momentos de alegría. Y, antes de darme cuenta, un sentimiento floreció en mí, mucho más fuerte que el que había sentido con la familia que me educó.

Recordé entonces el nombre de aquella palabra: amor. Pero era un amor distinto del que se siente hacia una pareja. Ese amor se correspondía con el afecto que una madre y un padre tenían por sus hijos. Un afecto mucho más fuerte que cualquier otro.

No obstante, al mismo tiempo que este cálido sentimiento se hacía más grande en mi interior, también lo hacía otro mucho más indeseable: el miedo. Miedo a perderla, miedo a que un día me dejase y no pudiese volver a verla, un miedo que terminó haciéndose realidad.

Fui feliz viéndola crecer, fui feliz viéndola cumplir sus sueños y también lo fui en el momento en que decidió irse con la persona a la que amaba y formar la familia que siempre había deseado. Pero mientras el tiempo pasaba para los demás, no lo hacía para mí. Cuando quise darme cuenta, al igual que ocurrió con aquella mujer, también la perdí a ella.

¿Por qué me enseñaste a amar? ¿Fue para que llegase ese momento y conociese también lo que significaba sufrir? Lo único que pensaba por entonces era en la desgracia de tener que seguir vivo mientras veía cómo el resto de cosas preciadas para mí me dejaban atrás. Si de verdad tenía una misión. Si de verdad había un propósito para que continuase viviendo, quería que se cumpliese cuanto antes. Quería estar donde consideraba que pertenecía.

Después de aquello, pues las desgracias nunca vienen solas, algo mucho peor aconteció. La guerra estalló entre los humanos.

Sin saber las razones, vi cómo gente torturaba y mataba a sus semejantes, cómo destruían ciudades construidas por ellos y el medio en el que habitaban. Intenté por todo los medios salvar a todos los que pude, sobre todo a la familia de mi amada, pero no pude.

Y entonces fue cuando me quedé solo. El daño causado por la guerra llevó a un aumento de las temperaturas y a una disminución en el oxígeno de la atmósfera, haciendo que todos los seres vivos perecieran. Pero yo podía resistir aquellas temperaturas. Yo podía respirar ese aire contaminado. Yo era el único que podía sobrevivir.

Sin saber hacia dónde dirigirme. Caminé, guiado por simple instinto, deseando morir a cada paso que daba mientras veía como el fuego daba lugar a la desolación y luego a un frío intenso, más intenso que el que sentí cuando desperté y vi el mundo por primera vez.

Lo había perdido todo. No había nada por lo que mereciera la pena seguir en pie y, aún así, estaba obligado a ello. Me resultaba irónico cómo cuando la humanidad vivía, no dejaba de quejarse de que la vida era muy corta. Muchos se desesperanzaban al ver que ésta iba a terminar y eran capaces de pagar grandes sumas de dinero con tal de que algún científico descubriese una fórmula para alargar su existencia. ¿De verdad les hubiese merecido la pena?

Puesto que a lo único a lo que no era inmune era al cansancio, tras varios días andando sin dormir, finalmente, caí al suelo, rendido.

Sin embargo, cuando abrí los ojos de nuevo, descubrí algo que no esperaba. Delante mí, una pequeña planta intentaba abrirse paso entre toda la nieve, luchando por existir en un lugar que no se lo permitía.

Lo primero que me pregunté en aquel momento fue: ¿Por qué? ¿Por qué se empeña en vivir cuando sabe que es imposible? Al contrario que yo, era débil, enclenque, su tallo ni siquiera sobrepasaba mi tobillo. Pero una parte de mí entendió que quizás aquella planta tuviese también una misión. Un objetivo, al igual que el mío, por el que no podía rendirse.

Todavía me quedaba algo por hacer. Si no le encontraba sentido a mi vida, entonces se la daría a la de los demás.

Así pues, comencé a apartar la nieve de su alrededor, construyendo una pequeña muralla con el fin de protegerla. Posteriormente removí un poco la tierra en la que se sustentaba, con cuidado de no arrancar sus pequeñas raíces e intentando que el suelo fuese más idóneo para su crecimiento.

Al cabo de poco tiempo observé cómo, cerca de la anterior, aparecían más plantas de igual forma, por lo que mi trabajo no tardó en multiplicarse.

Cuando quise darme cuenta, al mismo tiempo que se generaban plantas del mismo tamaño, aquéllas que llevaban más tiempo crecían a lo alto y ancho, pareciéndose cada vez más a árboles como los que había antes de que el mundo cambiase.

Poco a poco, pequeños animales se acercaron a buscar cobijo junto a los árboles. Mientras tanto, yo me encargaba de protegerlos del frío y del viento, haciendo más grande el muro de nieve que había formado al principio.

Finalmente, el clima cambió, asomándose de nuevo el Sol y fundiendo el hielo formado hasta dar lugar a pequeños riachuelos y arroyos.

El crecimiento de la vegetación comenzó a intensificarse, y los animales aumentaron en número conforme los árboles y arbustos se hicieron más grandes y fuertes. El área que me rodeaba volvía a ser habitable. Había requerido de muchísimos años y sacrificio, pero el propio planeta se había renovado, empezando casi desde cero.

Sin embargo, no fue hasta más tarde cuando observé criaturas precursoras de los humanos, quienes comenzaban a dar sus primeros pasos hacia la evolución y el aprendizaje.

En ese momento pensé que si el ser humano volvía a ser como era nada cambiaría, y el mundo volvería a sumirse en el mismo desastre que lo llevó a su renacimiento. Por ello, decidí acercarme a ellos y, con un gran esfuerzo por mi parte, les enseñé lo que recordaba sobre el mundo que crearon sus ancestros tiempo atrás, sin embargo, omití todo aquello que tenía que ver con la guerra y los conflictos, tratando medios distintos para solucionar sus problemas y dar lugar a la comprensión y al entendimiento.

Por supuesto, en un principio me tuve que comunicar mediante gestos para hacerles entender las cosas más básicas, hasta que lograron aprender un lenguaje hablado con el que pudiese conversar.

Durante ese tiempo me pregunté si daría resultado. Si conseguiría cambiar los errores del pasado. Pero, incluso si no funcionaba, o si sólo conseguía retrasar o reducir lo inevitable, por lo menos sentiría que había intentando cambiar algo, servir para algo.

Y, de esta forma, la humanidad siguió creciendo. Como esperaba, los conflictos no finalizaron gracias a mis enseñanzas pero me di cuenta de que el diálogo y la votación popular se consideraban por encima de la violencia y la toma de poder.

Como consecuencia, el ser humano se desarrolló de forma más rápida y racional, tomando como objetivo primordial la búsqueda del bien común y la supervivencia de la especie antes que el cumplimiento de sus ambiciones y deseos egoístas.

No necesitaban una deidad. Tomaban como fuente de vida la naturaleza, considerándome a mí parte de ella. Una especie de representante de la misma que les había ayudado a entender qué era lo verdaderamente importante. Sin duda, aunque aquella humanidad quizás no durase para siempre, se había dado un paso adelante social y medioambientalmente hablando.

Pese a todo, sabía que no podía inmiscuirme en sus vidas mucho más. No tenía nada más que enseñarles y su existencia seguía siendo efímera, al contrario que la mía.

Fue entonces cuando ocurrió lo inesperado. Mi cuerpo comenzó a sentirse pesado, débil. Resultaba difícil el sólo hecho de andar, es más, apenas podía ponerme en pie.

Viéndome en aquel estado, decidí aposentarme en una pequeña casucha alejada de la civilización. Un lugar que seguía recordándome a las personas a las que había amado, a aquéllos que tanto me enseñaron y me dieron la oportunidad de enseñar. Y, en ese instante, entendí lo que quería decirme aquella mujer.

“Llegará un día en el que lo entiendas. Y ese será el momento en el que hayas cumplido con tu deber”, me dijo.

Obligado a vivir una eternidad, mi misión siempre había sido la de guiar al ser humano hasta este punto. Todo lo que había experimentado, todo lo que había pasado y aprendido. Todo había sido para este momento.

Quizás el humano actual tenga razón. Es posible que la propia naturaleza me creara para esto, quizás ya hubiese predicho que se iba a dar lugar a la destrucción del planeta una vez y mi vida suponía un punto de partida para enmendar sus errores.

En cualquier caso, fuese cual fuese mi origen, mi existencia por fin había cobrado sentido, y ahora que el objetivo había sido cumplido, se me tenía permitido morir.

Acostado sobre la cálida hierba en verano, fui cerrando los ojos lentamente. Dos personas me vinieron a la mente: una, la mujer que me recogió y me enseñó cómo debía ser; la otra, la persona que me mostró lo que era amar alguien más que a mi propia vida.

Si, como decían los antiguos humanos, existe un cielo en el que puedan estar, sólo espero poder reunirme con ellas algún día. No le temeré a la muerte, pues únicamente será el descanso después de saber quién soy.

Capítulo 34: Reencarnación



De esa manera, los recuerdos de los pecados finalizaron, dejando en silencio a todos los presentes. Sin embargo, lo que ocurrió después les sacó de sus cavilaciones, sorprendiendo a muchos.

Eri se llevó ambas manos a la cabeza, sujetándosela como si en cualquier momento le fuese a estallar. Oía un pitido cada vez más fuerte, y un fuerte dolor crecía en su interior, mezclándose con recuerdos que no le pertenecían.
-¡Eri! –exclamaron Shiina y Luka, yendo a socorrerla. No obstante, Luci y Zebub se interpusieron en su camino, protegiéndolas de una onda expansiva que surgió del cuerpo de la joven súcubo, quien, con un grito desgarrador, comenzó a flotar en el aire a la vez que los rasgos de su raza se hacían visibles.

En ese instante, una barrera de agua rodeó el cuerpo de la chica a fin de controlar el poder que acababa de desatar.
-¡Bel-chan! ¡As-chan! ¡Ma-chan! ¡Rápido! –ordenó Levi, con una expresión de esfuerzo en su rostro.

Asintiendo, Bel volvió a caer en un profundo sueño, pero, esta vez, para entrar dentro de Eri y controlar el desborde emocional que estaba sufriendo. Por otro lado, Mammon creó una serie de paredes que apresaron la barrera de agua en cuadrado casi perfecto. En cuanto a Asmodeus, éste se situó encima de la figura geométrica, respiró hondo, y transformó la mitad de su cuerpo en el de un hombre y la otra mitad en el de una mujer, poniendo ambas manos sobre la superficie de aquella improvisada jaula y traspasando su poder al interior de ella.

Por un momento, dio la sensación de que aquel cuadrado iba a estallar, llevándose a todos por delante pero, finalmente, se hizo la paz y el silencio, permitiendo a Mammon y a Levi deshacer sus protecciones, y dejando ver a una Eri inconsciente que fue cuidadosamente recogida por Luci.
-¡¿Qué ha pasado?! –preguntó Lilith, asustada.
-¡¿Qué le habéis hecho?! –exclamó Luka.
-Calmaos, por favor –dijo Beelzebub-. Ahora os lo explicaremos todo –mientras tanto, Lucifer depositó a Eri en la cama, junto a Bel- Como habéis visto, antes de que Chronos asesinase a Biblia, ella declaró que algún día regresaría para hacerle pagar por su maldad. Debido a que uno de sus poderes consistía en registrar la historia según acontecía, parece que éste tomó dicha declaración como un hecho, es decir, como algo que, a lo largo de la historia, tiene que ocurrir.
-A ver si lo he entendido bien –resumió Ahren-. ¿Quieres decir que es como si al escribir un acontecimiento en un libro, éste se cumple?
-Exacto.
Todos miraron a Eri.
-Entonces ella es... –continuó Serah.
-Así es. Eri es la reencarnación de Biblia.
-Pero, ¿por qué? ¿Cómo es que, de entre todo el mundo ha sido elegida para ello? –preguntó Shiina.
-Eso es algo que ni yo mismo sé. Lo más lógico hubiese sido que su descendiente hubiese tomado ese papel –declaró Zebub-. Sin embargo, no fue así.
-Entonces, vosotros sabíais que ella era la reencarnación de Biblia, ¿no es así? Y también sabíais que esto ocurriría si le enseñabais vuestros recuerdos –continuó la chica.
-Sí.
-Entonces, ¿por qué se los mostrasteis?
-Para evitar la resurrección de Chronos o, más bien, para destruirlo por completo, se necesita el mismo rito que él utilizó contra Chaos. Y para ello, tenemos que despertar el poder de Biblia.
-E incluso así, nos hace falta una cosa más: un descendiente de Chaos o Chronos capaz de llevarlo a cabo –indicó Levi.
-Lilith... –murmuró Luka, desplazando la vista hacia la demonio, quien se había dado por aludida.
-Aclarándoos la respuesta de por qué no lo habíamos revelado hasta ahora, nosotros nos enfrentamos a Chronos y a los apóstoles en el pasado. Podríamos decir que vencimos pero lo único que conseguimos fue encerrar a Chronos en Heaven –continuó la demonio de pelo multicolor.
-¿Heaven?
-Sí, podrías considerarlo como un núcleo de poder creado por el propio Chronos. Utilizó gran parte de los cadáveres de los demonios que asesinó en el pasado para crearlo, y su idea era la de unirse con dicho núcleo para convertirse en un ser invencible. Básicamente, alcanzar la cúspide como deidad. Un ser omnipotente, omnisciente y omnipresente. Cuando luchamos contra él, se encontraba en mitad de la unión con Heaven, casi habiéndose transformado en un ser monstruoso. Por suerte, conseguimos evitar que completase el proceso y apresarlo en su interior, así como en la dimensión en la que se encontraba: el Arca.
-¿Quieres decir que Heaven estaba en otra dimensión? –preguntó Lilith.
-El poder encerrado en el interior de Heaven era inmenso, en caso de que algo hubiese salido mal, podría haber destruido gran parte del planeta. Por eso, decidió crear una pequeña dimensión donde guardarlo.
-¿Adonde quieres llegar con esto?
-El precio que los pecados pagamos por encerrar a Chronos fue la pérdida de nuestros poderes y recuerdos. Algo que tardamos mucho tiempo en volver a recuperar, y que, incluso cuando lo hicimos, no nos sirvió para conocer el paradero de Chronos y los apóstoles, ni siquiera si seguían existiendo o no. Por ello, decidimos investigar sobre ello, y fue entonces cuando, al conocer a los padres de Eri, no enteramos de la existencia de la reencarnación de Biblia. En cualquier caso, hay algo que me gustaría que ella pudiese escuchar. Así que, si no os importa, quisiera continuar cuando haya despertado –indicó Levi-. Por el momento, tenemos que hablar con los demonios refugiados y explicarles la situación. Os recomiendo que descanséis hasta entonces. Este lugar es prácticamente impenetrable para los apóstoles, y dudo que se atrevan a hacerlo en caso de poder. Así que no os preocupéis.

Dando por finalizada la reunión, Levi se marchó, seguida de más gente. Al final, en la habitación sólo quedaron Mammon, quien, al estar encargada de mantener a flote todo aquello había decidido permanecer allí; Bel, que se había quedado dormida junto a Eri; Luci, sentado de forma muy parecida a la de un samurai, con las manos encima de las rodillas y la espalda erguida; Lilith, quien estaba preocupada por Eri, así como el resto de sus compañeros, exceptuando a Kaoru; Derain, que descansaba en un rincón de la habitación con el fin de terminar de recuperarse; y Asari, que, como mentora, se consideraba responsable de estar junto a sus alumnos.

-¿Estás bien, Lilith-chan? –preguntó Mizuki
La demonio se mostró al principio desconfiada con ella, ya que apenas la conocía, sin embargo, al ver que sus intenciones no eran para nada ofensivas, decidió relajarse.
-Sí... es sólo que... de repente parece que tengo demasiadas responsabilidades sobre mis hombros... –se lamentó.
-Hay una cosa que no entiendo –dijo Akira-. Se supone que muchos creían muerta a Lilith. Si ella era necesaria para utilizar el poder de Biblia, ¿significa eso que vosotros sabíais que estaba viva?
Lucifer y Mammon se miraron, tras lo cual la segunda respondió.
-La familia de Lilith desapareció junto con ella hace tiempo para refugiarse de los humanos que les perseguían. Al ser quienes eran no es de extrañar que recibiesen más atención de los grupos que estaban en contra de la paz. No le hablaron a nadie sobre su paradero, así que ni siquiera nosotros sabíamos sobre éste.
-Entonces, ¿cómo planeabais derrotar a Chronos si no sabíais donde estaba Lilith?
-Ah... –Mammon resopló, al contrario que a Levi, no era muy dada a explicar las cosas-. Como ya ha dicho Levi, después de sellar a Chronos, perdimos nuestros poderes y recuerdos y que, pese a recuperarlos por completo al cabo de mucho tiempo, para entonces, la existencia de los apóstoles y de Chronos se había desvanecido. Tras conocer sobre la existencia de Eri y descubrir que era la reencarnación de Biblia, investigamos también sobre el paradero de Eve y Lilith, uno de los motivos por los que tardamos tanto tiempo en comenzar con este plan; pero, por supuesto, sabíamos que quizás no diésemos con ellas, así que nuestro plan B consistía en utilizar el proyecto de la “nueva generación” para crear un demonio con sangre de Eve, la cual conseguimos en el pasado.
-¿La nueva generación es aquella de la que forma parte Kaoru?
-Exacto, y el único, por el momento. En cualquier caso, no estábamos seguros de si crear un demonio a partir de la sangre de Eve serviría para utilizar el poder de Biblia, por lo que la aparición de Lilith ha sido como un regalo.

Akira desvió la vista hacia la demonio, quien, al escuchar las palabras de Mammon, bajó la cabeza, mordiéndose el labio inferior.
-Poner el futuro de los demonios en manos de dos chicas... no sé, me parece demasiada presión... –comentó Mizuki.
-¡Eso es! ¡Son demasiado jóvenes para algo así! ¡¿No sería mejor buscar otra forma?! –preguntó Kazuma.
-Por desgracia, no nos queda tiempo. Y durante el tiempo que hemos estado investigando, sólo hemos podido recurrir al plan B del que os ha hablado Mammon –explicó Luci-. No os vamos a obligar a hacerlo pero, si queremos destruir a Chronos de una vez por todas, ésta es la única opción que nos queda.

Se hizo un silencio, tras el que Eri se despertó.
-¡Eri! –exclamaron sus amigos, situándose casi encima de ella y despertando a Bel como consecuencia.
-¿Eh? ¿Qué? ¿Nos atacan? –preguntó el pecado de la pereza, con un ojo medio cerrado.
-¡No pasa nada, bella durmiente! ¡Vuelve a la cama! –exclamó Mammon, a lo que su compañera obedeció-. ¡Podría tener algo más de decencia! –se quejó la niña.

-¿Qué... ha pasado...? –preguntó Eri, llevándose una mano a la cabeza.
-¿No lo recuerdas? –se sorprendió Akira.
-Sé que... estábamos viendo la historia de los pecados cuando... –la chica pareció sentir un ligero dolor de cabeza-. Yo... hay otra persona dentro de mí, ¿verdad?
-Parece que no ha despertado del todo pero el hecho de que pueda sentir a Biblia ya es un avance. Luci, avisa a Levi.
-¿No puedes hacerlo tú?
-Claro que puedo. No quiero, que no es lo mismo.
-Y luego Bel es la perezosa... –murmuró para sí mismo.
-¡¿Has dicho algo?!
-No... nada... ya voy... –indicó el demonio mientras se levantaba y se marchaba de la habitación. Segundos después, Akira hizo lo mismo.
-¡Eh! ¡Luci! ¡Espera!
-¿Huh? ¡Oh! ¡Si eres tú! ¡¿Quieres acompañarme?! ¡Eres un buen tío! Aunque no tanto como yo –dijo el pecado girándose hacia el medio demonio.
-Um... en realidad, hay un favor que me gustaría pedirte...

Mientras tanto, Levi terminaba de contarles lo ocurrido a los demonios refugiados. Éstos se encontraban en un amplísimo espacio compuesto por una gran sala común, a partir de la cual se podía acceder a un gran número de habitaciones distribuidas en cuatro pisos, y que hacían el papel de dormitorios. No era precisamente el hotel más lujoso del planeta pero, dado el número de clientes, proporcionaba las necesidades básicas sin problemas.

-¿Qué tal ha ido? –preguntó Zebub al verla aparecer por la puerta.
-Estaban bastante nerviosos pero, al decirles quién soy, se han calmado un poco. Es normal, han vuelto en sí dentro de un lugar que no conocían de nada.
-No había más remedio. Haberles traído y explicado la situación uno por uno hubiese sido perder demasiado tiempo.
-Lo sé, aun así entiendo su actitud. En cualquier caso, después de haberles resumido el peligro inminente que acecha nos acecha, han decidido colaborar y quedarse aquí dentro hasta que pase lo peor.
-Sabes que no podemos mantenerlos aquí eternamente.
-Sí, por eso debemos acabar con Chronos cuanto antes –declaró Levi seriamente.
-Si me lo permitís, creo que hubiese sido más conveniente que me contarais sobre esto desde un principio –comentó Reima, quien apareció en escena junto con sus dos hijos.
-¡Hacía tiempo que no te veía, Rei-chan! –dijo animadamente Levi, para luego cambiar a un tono más melancólico-. Probablemente tengas razón pero fueron muchas cosas las que nos hicieron dudar. Al final confiamos en que tú y tu grupo podríais defender a los demonios sin necesidad de saber sobre los apóstoles.
-Entiendo que uno de esos factores es el hecho de que perdieseis vuestros poderes y recuerdos pero... también temíais que se filtrase información sobre Eri y el posible paradero de Lilith, ¿no es así?
-Muy perspicaz –le halagó la demonio-. No en vano fuiste mi discípulo. Como bien dices, ese es otro de los factores. Por entonces no sólo no sabíamos nada sobre los apóstoles, sino tampoco quiénes eran sus aliados o enemigos. Es decir, no podíamos estar seguros de si había un espía entre nosotros que pudiese dar con la única manera que tenemos de destruir a Chronos.
-Sin embargo, ella también es la única manera que tienen de dar lugar a su resurgimiento...
-Así es, si los apóstoles capturan a Eri-chan, tendrán una de las piezas necesarias para llevar a cabo su plan. Tenemos la ventaja de que ellos no tienen a nadie que pueda realizar el rito.
-Es decir, que también podrían venir a por Lilith.
-No debemos descartarlo.
-Perdonadme un momento... –interrumpió Ahren- Quizás lo que diga no sea lo correcto. Tan sólo pretendo hablar desde un punto de vista práctico. Si ellas dos son el único método que tienen para el resurgir de Chronos, ¿estáis seguros de que mantenerlas con vida es lo mejor?
-¡Onii-chan! –exclamó Serah.
-Sé que lo que estoy diciendo no es ético pero estamos hablando de las vidas de miles de demonios por las de dos chicas.
-Entiendo tu punto de vista –explicó Levi-. Aun así, eso no serviría de nada. Mientras Chronos siga vivo, los apóstoles renacerán una y otra vez, no importa el tiempo que tarden en hacerlo. E incluso si destruyésemos a la reencarnación de Biblia, nada nos asegura que evitaríamos el resurgir de otras reencarnaciones. De hecho, es posible que a lo largo de estos años las haya habido y no nos hayamos dado cuenta.
-Ya veo. Me disculpo entonces.
-No pasa nada. Sé que piensas en lo mejor para los demonios.
-Levi –en ese momento, Luci les interrumpió, acompañado de Akira-. Eri ya ha recuperado el conocimiento.
-¿Cómo está?
-Parece que es capaz de sentir la presencia de Biblia pero no ha sido despertada del todo.
-Ya veo. Dile a Mammon que prepare una habitación vacía. Nos trasladaremos allí y tomaremos el siguiente paso para traerla de vuelta.
-De acuerdo.

Minutos después, todos a excepción de Mammon, Bel, Luci y Akira, se encontraban en un cuarto distinto al anterior. Éste era mucho más amplio que pero carecía de decoración. Ni siquiera había muebles, sólo techo, paredes y suelo.
-¿Para qué hemos venido aquí? –preguntó Lilith, a quien habían situado frente a Eri, mostrándose esta última más vivaz.
-Primero de todo, imagino que Eri-chan ya conoce los detalles que os he comentado antes –dijo Levi.
-Sí, me lo han explicado.
-Bien, en ese caso, hay algo más que debes saber. Otro de los motivos por los que no pudimos hablar sobre quién eres. Y ese motivo tiene que ver con tus padres.
-¿Mis padres? –preguntó, confusa, la demonio.
-Después de explicarles que eras la reencarnación de Biblia, nos pidieron que no te dijésemos nada. Su intención era la de que tuvieses una vida lo más normal posible. Sin embargo, sabían bien que aquello no duraría mucho tiempo y que, tarde o temprano, los apóstoles descubrirían tu identidad e irían a por ti. Por ello, llegado el momento en el que consideraron que podrías cuidar de ti misma, decidieron alejarse de tu lado, aprovechándose de que los apóstoles todavía no sabían de tu existencia y extendiendo el rumor de que tu madre era la reencarnación en tu lugar.
-Ah... ¿Qué? –Eri se quedó sin palabras. La desaparición de sus padres era un hecho que le había marcado desde que tuvo lugar. Había pensado en muchas posibilidades al respecto, incluido que la odiasen. Ahora que conocía la verdad, una avalancha de sentimientos se cernía sobre ella, provocándole una dolorosa presión en el pecho.
-Eri... –murmuró Shiina, abrazándola por la espalda. Por su parte, Luka posó una mano sobre la cabeza de su amiga y acercó su frente a la de ella.
Sin poder aguantarlo más, Eri rompió a llorar. Ni siquiera sabía si era por tristeza o por alegría. Simplemente, lo necesitaba. De lo contrario no sería capaz de seguir adelante y aceptar aquella situación.

Pasó un tiempo hasta que la chica logró tranquilizarse. Sentada de espaldas a la pared, tenía la vista al frente pero no miraba nada en realidad, pues mantenía la imagen de sus padres en la cabeza, como la foto que aún conservaba de ellos.
-¿Cómo estás? –preguntó Shiina.
El resto de sus amigos también se acercaron para comprobar su estado de ánimo. Todos estaban preocupados.
-Estoy bien. Es sólo que... yo... quería estar con ellos... y sólo puedo sentir impotencia al darme cuenta de que no habría podido cambiar nada aunque quisiese. Que, al final, era algo que tenía que suceder, y que no puedo culpar a nadie por ello...
-Es cierto que no podrías haber hecho nada para evitarlo pero ahora es diferente, Eri. Además, si hubiese alguien a quien culpar, sin duda, ése sería Chronos -dijo Shiina.
-Le he preguntado a Levi sobre el paradero de tus padres y me ha contestado que hace tiempo que perdieron el contacto –continuó Luka-, pero eso puede significar que están vivos, en alguna parte, y que volverás a verles si conseguimos que todo termine.
-Nosotros te ayudaremos en todo lo que necesites –añadió Mizuki, a lo que Kazuma y Nanako asintieron.
-Cuenta conmigo –dijo el chico señalándose con orgullo.
-Gracias por todo, chicos –dijo la joven, levantándose de su sitio. Tras esto, miró hacia su alrededor- Por cierto, ¿dónde está Akira-kun?
-Buena pregunta. En mal momento se le ocurre desaparecer –se quejó Kazuma, recibiendo un codazo por parte de Nanako.
-Le he visto irse con Luci antes pero no sé adónde –comentó Mizuki.
-Ya veo... –dijo con un tono de voz algo apagado, lo cual fue advertido tanto por Shiina como por Luka.

En ese momento, Lilith se unió al grupo.
-¿Cómo te encuentras, Eri? ¿Crees que podrás seguir con esto? –preguntó con preocupación.
-Por supuesto. Vamos a ello.

Con decisión, ambas se posicionaron de la misma manera que al principio: una enfrente de la otra.
-Te pido perdón por haberte ocultado lo de tus padres. Ellos nos lo pidieron y decidimos hacer caso de su voluntad. Créeme, para ellos fue una decisión muy difícil pero confiaban que, a la larga, sería lo mejor para ti. Siento que te causara tantos problemas –se disculpó Levi.
-No tienes por qué hacerlo. Se que todos, tanto mis padres como vosotros, teníais buenas intenciones. Y, ahora que he ordenado un poco mis ideas, creo que... puedo llegar a entenderles. Así que, estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario para acabar con Chronos y hacer que todo vuelva a la normalidad.
-¡Oh! ¡Esa es una gran respuesta! –exclamó As.
-De acuerdo. Vamos a intentar entonces despertar del todo a Biblia. Y, para ello, vamos a recurrir al ritual usado por los dos hermanos para liberar el registro histórico dentro de ella así como los poderes que encerraron en su interior. Esperábamos que sólo con contarte su pasado sirviese pero, por desgracia, no ha sido suficiente. Pese a ello, el que hayas ganado consciencia de la existencia de Biblia dentro de ti, nos permitirá despertarla con este ritual.
-¿Y qué es lo que tenemos que hacer exactamente? –preguntó Lilith.
-Es sencillo. Sólo tienes que acercarte a Eri, extender tu mano hacia ella, y recitar las palabras que te he dictado antes.
La demonio miró a su amiga mientras tragaba saliva. Por su parte, la súcubo asintió, dándole permiso para que hiciese lo que tenía que hacer.

Sin embargo, cuando dio sus primeros pasos hacia ella, una pantalla apareció en mitad de la habitación, mostrándose el rostro de Mammon en ella.
-¡Chicos! ¡Tenemos problemas!
-¿Qué ocurre, Ma-chan?
-¡Los apóstoles acaban de abrir una conexión entre mi realidad y la verdadera!

viernes, 14 de abril de 2017

A New World: Capítulo 5

-¿Has llegado a disparar con él? –preguntó Kareth a su hermana, refiriéndose al arco que llevaba.

-He practicado un poco, pero hasta que no lo use en un combate real, no sabré de lo que es capaz. Espero que no me decepcione –contestó ella, con seriedad.

-Intenta no hacer sobreesfuerzos. No quisiera que volvieses a desmayarte.

-Tranquilo. Me he asegurado de comer y dormir lo suficiente. No haces falta que estés tan pendiente de mí. Más importante, intenta no dejarte llevar. Sé que quieres rescatar a Nara cuanto antes, pero no te separes de nosotros o conseguirás que te maten.

-Lo tendré en cuenta.

 

Subidos en vehículos que los llevaban directamente a Genese, los dos hermanos miraron al horizonte.

 

Teniendo en cuenta lo que llevaban de trayecto, no debía de faltarles mucho para llegar. Sin embargo, ni la oscuridad de la noche y ni la gran cantidad de nubes que cubrían el cielo, les permitieron reconocer el terreno para dar constancia de ello.

 

Eran cinco automóviles, con cinco personas en cada uno de ellos. Al llegar, tenían previsto dividirse en pequeños grupos, ya que moverse los veinticinco en uno mismo era un suicidio en una misión de infiltración. Además, en cada uno de ellos iría, como mínimo, uno de los nómadas, quienes les guiarían hacia un mismo punto: la casa que protegía Tribus.

 

Por supuesto, cada grupo también dispondría de otro miembro encargado de comunicarse con el resto, a fin de poder coordinar la operación.

 

-Parece que ya puede verse algo –señaló Kareth, a la vez que la escasa iluminación les permitía divisar algunas casas-. Dejaremos los vehículos en las afueras y nos adentraremos en la ciudad. Es posible que haya civiles en las calles. Si os encontráis con alguno, noqueadlo. Es mejor que no se vean envueltos en el fuego cruzado.

 

Así pues, procedieron tal y como había dicho él, sin preocuparse en exceso por esconder sus transportes. Entonces, agarraron sus armas y continuaron a paso ligero, lo más silenciosamente posible, hasta situarse frente al que sería su primer obstáculo: los guardias fronterizos.

 

Atravesarlo no les resultó difícil. Al parecer, se habían confiado demasiado con la presencia de guardaespaldas y mercenarios contratados por los comerciantes que frecuentaban Genese. Por tanto, no tuvieron problema en acercarse a ellos por la espalda y dejarlos inconscientes, escondiendo sus cuerpos entre la vegetación o detrás de alguna roca.

 

Siguiendo hacia delante, el grupo de Sarah y Kareth se detuvo tras cruzar el primer callejón, escrutando el terreno mientras se mantenían a cubierto entre las paredes de las viviendas.

-Antes de adentrarnos más, quiero que digáis vuestras posiciones. De esa forma, tendremos una idea de la situación de cada grupo –dijo el encargado de comunicaciones.

-Aquí “Grupo 2”. Nos encontramos a 100 metros aproximadamente de lo que parece ser un campamento de comerciantes en mitad de una plaza, al sudeste.

-Aquí “Grupo 3”. Desde nuestra posición vemos la misma plaza. Debemos de estar a unos 50 metros más o menos.

-Aquí “Grupo 4”. Sólo hay callejones en nuestra zona. Según nuestro guía, debemos estar un poco más al oeste, y si continuamos recto llegaremos a la calle principal que lleva directamente al recinto de gobierno de la ciudad.

-Aquí “Grupo 5”. Misma situación que “Grupo 4”. Debemos de estar a pocos metros de ellos.

-Bien. Aquí “Grupo 1”, nosotros estamos a unos 50 metros de una calle comercial. También zona sudeste. A un lado se encuentra la plaza que habéis mencionado, y al otro se cruza con la calle que se dirige al recinto de gobierno.

-En resumen, debemos de estar a una distancia de separación de cada grupo de entre 50 y 100 metros –comentó Ivel, que iba con Remi en el “Grupo 3”- Diles que mantengan un informe de situación cada 5-10 minutos. Así, si les atacan, el grupo más cercano podrá acudir a ayudarles –ordenó al encargado de comunicaciones de su equipo, quien reprodujo el mensaje palabra por palabra.

 

Tras dar cada grupo su confirmación, iniciaron de nuevo su avance, vigilando cada paso que daban y cada esquina que cruzaban.

 

En ese instante, el guía del “Grupo 1” hizo una señal para que se detuvieran, llamando la atención de Kareth.

-¿Qué ocurre? –preguntó el chico.

 

Su compañero levantó su mano izquierda para que no se acercase más de donde estaba, mientras con la derecha señalaba a un par de hombres en un callejón que conectaba con el suyo. Eran “Geads”.

-Así que esto es lo que tenía planeado Detz para retrasarnos.

-Pero, ¿por qué les ayudarían? –preguntó Sarah.

-Les habrá mentido con grandes recompensas por nuestras cabezas. Recuerda que a nosotros nos persiguieron por ser fugitivos de Yohei Gakko. A estas alturas, vete a saber a qué pecio está nuestras cabezas.

-Tenemos que avisar a los demás.

-Estoy de acuerdo, pero antes me ocuparé de ellos. No quiero que acaben escuchándonos “por accidente” –sugirió el chico mientras, apoyándose sobre las paredes, subía al tejado de una de las casas y caminaba hasta situarse a pocos metros por encima de los hombres.

 

Entonces, asegurándose de no ser visto, saltó sobre sus cabezas y los golpeó fuertemente en la nuca, dejándolos inconscientes. Acto seguido, escondió sus cuerpos, les quitó sus armas y se reunió con el resto del grupo.

-¿Por qué no le has interrogado? –preguntó su hermana.

-Mejor no arriesgarse a que den la voz de alarma. ¿Habéis informado a los demás?

-Sí, aunque dicen que, por el momento, no se han encontrado con nadie.

Aquello dejó al chico pensativo y algo tenso. Tenía un mal presentimiento, pero no podían entretenerse mucho. Tendrían que arriesgarse a seguir adelante.

 

Durante el trayecto, tuvieron más encuentros con “Geads”, pero, por suerte, los redujeron sin mucho esfuerzo ya que eran escasos y siempre se presentaban por parejas.

-Es como si en lugar de querer detenernos, estuviesen haciendo de avanzadilla para avisar a un grupo más numeroso –dijo la chica peliazul, a la vez que todos los grupos se detenían cerca de la casa donde se encontraba la trampilla de daba al subterráneo.

 

La zona que la rodeaba estaba completamente desértica. No había absolutamente nadie protegiéndola, algo que confirmó sus temores.

-Está claro que es una trampa, pero no tengo ni idea de qué pretenden. Saben que tienen el tiempo a su favor y por eso nos están haciendo dudar –dijo Kareth.

-Ivel propone que uno de nosotros haga de cebo y que los demás se mantengan alerta –sugirieron desde el “Grupo 3.

-¡Eso sería un suicidio! –se quejó uno de los soldados del “Grupo 1”.

-Sí, pero no tenemos tiempo para una idea mejor. Y si vamos todos y nos emboscan, se acabó.

-Iré yo –propuso Kareth.

-¿Estás seguro? –preguntó Sarah.

-Transformado tengo más resistencia que un humano normal, así que, en el peor de los casos, tendré más posibilidades de escapar.

-No me gusta la idea, pero sí, por desgracia es lo más lógico –respondió, preparando su arco- Avisa a todos los tiradores para que lo cubra –continuó, dirigiéndose al encargado de comunicaciones- Y tú ten mucho cuidado.

 

Saliendo de su escondite, Kareth observó la casa. Si no recordaba mal, había otra entrada además de la principal. Puede que las posibilidades de caer en una trampa se redujesen si intentase colarse por ahí.

 

Aunque, bien pensado, había sido la propia Tribus quien les había guiado hasta ella la última vez, por lo que seguro que la habían tenido en cuenta.

 

En cualquier caso, valía la pena probarlo.

 

Corriendo lo más silenciosamente que pudo, el joven llegó hasta allí sin que pasase nada. Ni siquiera cuando abrió la puerta, la cual cedió con facilidad, hubo ataque alguno por parte del enemigo.

 

Todo estaba demasiado tranquilo, por lo que decidió mantenerse vigilante e inspeccionar bien el interior antes de seguir avanzando.

 

La decoración de la casa seguía siendo la misma. Mismo salón, misma cocina y mismo pasillo principal, que conectaba el recibidor con el resto de habitaciones. La única excepción era la falta de gente y aquel silencio tenso.

-Parece estar todo en orden, pero esto me sigue sin gustar –murmuró para sí mismo mientras se dirigía a la habitación más cercana: un pequeño dormitorio lleno de polvo, cuya cama ocupaba un tercio de su espacio, quedando el resto para una mesita de noche y una coqueta con un espejo que apenas reflejaba.

 

Pensando que quizás la trampilla estuviese debajo del lecho, se agachó y levantó el edredón, pero lo único que vio fue una camiseta vieja y arrugada que anteriormente debía de haber pertenecido a alguien de entre diez y doce años. Puede que Tribus, teniendo en cuenta que, supuestamente, vivía allí desde pequeña. Claro que a saber si era verdad o no.

 

Meditando sobre ello, Kareth escuchó un leve sonido. Como el de un mecanismo activándose. Era casi imperceptible, y si no hubiese sido por el silencio que había, y porque sus capacidades físicas estaba potenciadas por el Radiar, no se habría percatado de él.

 

De repente, sintió un escalofrío que le llevó a acercarse a uno de los cajones de la coqueta, abriéndolo y descubriendo, con horror, una bomba

-¡Mierda! –gritó mientras instantes después, desde fuera, su hermana pudo ver como la casa explotaba, provocando una lluvia de fuego y escombros que sorprendió a todos los equipos.

-¡Kareth! –exclamó la chica, alarmada.

 

Dos de los grupos salieron de sus escondites para ir a socorrer al guerrero.

-¡No! ¡Esperad! –les advirtió Ivel, quien acababa de adivinar las intenciones del enemigo.

 

Era una alarma.

 

Desde el principio, les habían estado permitiendo llegar al objetivo, sirviendo los “Geads” para mantener un seguimiento de sus movimientos. No obstante, en ningún momento habían pretendido atacarles. O al menos hasta ese momento, en el que habían utilizado la explosión para llamar la atención de toda la ciudad hacia ese mismo punto.

 

Ahora, no sólo les perseguirían los “Geads”, sino también los mercenarios y guardaespaldas de los comerciantes, quienes probablemente los considerarían autores del atentado, y un peligro para la seguridad de sus contratantes.

 

Por si eso fuera poco, la entrada había quedado bajo los escombros y ellos mismos acababan de revelar su posición al salir de su escondrijo. Ya no había vuelta atrás.

 

Al mismo tiempo, Kareth intentó incorporarse, apoyándose sobre sus dos manos. La explosión sólo le había causado algunos rasguños gracias a que se había transformado a tiempo. Aun así, se sentía mareado, le pitaban los oídos y su cuerpo le pesaba.

 

En ese momento, distinguió, pese a su visión borrosa, la silueta de dos piernas.

-¿Tribus? –preguntó, habiendo de frotarse los ojos para verla mejor.

 

Ella estaba de pie frente a él, callada y limitándose a mirar con ojos tristes los escombros de aquella casa mientras las llamas la devoraban.

-Intenté guardar algunos recuerdos, pero parece que no harán que me olvide de éste –dijo, tras lo que desvió la mirada hacia Kareth-. Eres fuerte. Una persona normal no habría sobrevivido a algo así. Aunque tú no eres muy normal que digamos.

-Tribus... tú... Ivel... verte...

Debido al shock por el impacto, apenas pudo expresarse con claridad.

-Es demasiado tarde. Verla no cambiará lo que tengo que hacer. Sabes bien que un descendiente no puede cambiar de opinión tan fácilmente. Además... yo...

-Tú... diferente... –respondió él, lo que la sorprendió e hizo que sonriese. Entonces, cerró los ojos y respiró profundamente, aliviada.

-Te lo agradezco, pero te equivocas. Yo no soy como Quattuor o tú.

 

Al poco de sentenciar la frase, levantó un brazo e hizo aparecer un esqueleto que situó una espada ancha y afilada a escasos centímetros del corazón del joven.

 

A su señal, éste se dispuso a hundir el filo en su pecho. Fue entonces cuando una bala le obligó a desviarse del objetivo, interponiendo el arma entre ésta y el cuerpo de Tribus.

 

Instantes después apareció Remi, quien corrió hacia Kareth mientras seguía manteniendo a raya al enemigo.

-¡Dirás lo que quieras, pero soy de lo más oportuno! –bromeó el tirador, convirtiendo su brazo izquierdo en un cañón con el que disparó a la descendiente, quien hizo aparecer delante de ella otro esqueleto, más grande que el primero y que poseía un escudo gigante con el que la defendió.

-¡¿En serio?! –se quejó el chico, decepcionado.

-¡Sead! -invocó Tribus, haciendo aparecer un par de tentáculos que se lanzaron contra él, quien esquivo el ataque por poco, rodando por el suelo, y volvió a disparar nada más incorporarse

-¡Agh! ¡Así es imposible! –replicó Remi, al ver que su tiro impactaba en el mismo sitio que antes.

 

De repente, algo cayó desde arriba, cortando los tentáculos en varios trozos que desaparecieron al tocar el suelo. Al desviar la vista, que era aquello que acababa de aparecer, dibujándosele una expresión llena de orgullo.

-Ivel -dijo

 

De pie, enfrente de ella, la joven blandía su lanza con porte digno e imponente, apuntando con ella a la que una vez consideró parte de su familia.

-Algo en mí todavía no quiere creerlo –respondió la nómada.

-Y aun así, aquí estoy –declaró Tribus.

-¡Kareth, ¿estás bien?! –preguntó Ivel.

-Más o menos –respondió él, levantándose por sí mismo.

-¡Entonces vete y busca la entrada al subterráneo! ¡Yo me encargo de ella!

-¡Pero...!

-¡No hay tiempo! ¡Vamos!

 

Todavía dudando, decidió hacerle caso y corrió hacia los escombros, siendo perseguido por otros dos tentáculos que acabaron también cortados por el arma de Ivel.

-¡Acabo de decir que yo seré tu contrincante!

-¡Eh! ¡No os olvidéis de mí! –interrumpió Remi.

-¡Yo sola me basto! ¡Tú vete a ayudar al resto de grupos!

-¡Sarah ya se está encargando de ello!

-¡Yo no estaría tan seguro!

-¡¿Qué quieres decir?!

-¡Pues que ella también tiene asuntos pendientes en esta lucha!

 

Así pues, Kareth llegó al montón de escombros y cenizas que antes habían sido una casa, y empezó a apartarlas con sus manos lo más rápido que pudo.

-¡Tengo que encontrarla! ¡O al menos algo que me sirva para lo mismo!

-Deja que te eche una mano –pidió una voz a su lado, que resultó ser la de su hermana.

-¡¿Sarah?! ¡Creía que te habías quedado con los demás!

-Tranquilo, Remi se encargará de ello.

-E-entiendo.

-Ahora, si me permites... –continuó al mismo tiempo que apuntaba con su arco a los restos de la construcción- ¡Sword Target: Scatter!

 

Tras salir disparada, la flecha se hundió directamente en el centro del cúmulo, deshaciéndose como acabase de pasar un tornado, dejando un boquete en su lugar.

-¡Nada mal! –se sorprendió Kareth-. Así iremos más rápido.

 

-¿Estás segura de que podrás contra mí tú sola? –preguntó Tribus, una vez Remi se hubo marchado, gritando maldiciones a los cuatro vientos.

-Sí. Debo hacerlo, como guía de los nómadas.

-Siento lo de Argo.

-Lo sé.

 

Sin decir nada más, Ivel se lanzó a por ella de frente.

 

Utilizaba su clásico estilo de lucha, sujetando la lanza con su tercer brazo mientras con las otras cuatro extremidades se movía velozmente por el terreno.

 

Sin embargo, Tribus ya se había preparado, situando a su escudero delante de ella para obligar a la líder nómada a saltar por encima, y ordenar a varios tentáculos que la atacasen en el aire. Artimaña que habría dado resultado de no ser porque Ivel, girando sobre sí misma, y haciendo lo mismo con su arma, adquirió una mayor movilidad en el aire que le permitió deshacerse de algunos de ellos, aterrizando justo encima de la descendiente, quien no tuvo más remedio que hacerse atrás para evadir su lanza.

 

-Te has vuelto más fuerte, Ivel –la halagó, haciendo salir del suelo tentáculos más estrechos que los anteriores, que la agarraron de una pierna y la lanzaron contra la pared de una casa, golpeándose la espalda antes de caer a tierra.

 

Tras levantarse, lo siguiente que vio fue a un gran número de esqueletos a su alrededor.

-¡A ver si puedes contra esto! –dijo la descendiente, ordenándoles que la atacasen.

 

Finalmente, Sarah y Kareth consiguieron abrir un agujero en la zona donde anteriormente había estado la entrada al subterráneo, divisando por él, a duras penas, unas escaleras que se perdían en la oscuridad.

-Vamos –se apresuró el chico, dando el primero paso hacia terreno casi desconocido.

 

Después de un buen rato bajando escalones, Kareth se detuvo frente a una puerta que echó abajo sin dificultad, entrando los dos en una amplia sala que parecía tener la función de recibidor. Estaba sustentada por ocho pilares de aspecto grueso y bastante resistente, repartidos simétricamente, y de ella partían dos corredores: uno situado en el lado contrario a por donde acababan de entrar, y el otro en la pared de la izquierda, cerca del primero.

 

En el centro les esperaba Duobus, con dos pistolas flotando a cada lado, con las que les disparó nada más ponerse delante.

 

Sorprendido por el repentino ataque, consiguieron esquivarlo a tiempo gracias a sus reflejos. Acto seguido, corrieron a refugiarse detrás de los pilares que tenían más cerca.

-¡Podrías haber saludado de otra forma! –se quejó Kareth.

-No es necesario –contestó ella, acercándose a ellos lentamente.

 

En ese momento, Sarah le dio indicaciones a Kareth para que continuase por uno de los pasillos mientras ella la distraía. Una idea que a él no le gustó mucho, pese a aceptar llevarla a cabo.

 

Entonces, la joven salió de su escondite, arco en mano y una flecha preparada.

-Hay algo que me gustaría preguntarte. ¿Fuiste tú quien mató a Quattuor?

 

Extrañada, su adversaria se quedó en silencio, dando la sensación de que no la había entendido. Sin embargo, poco a poco se pudo distinguir un pequeño gesto de irritación en su cara.

-Así es. Yo lo maté.

-Ya veo. No necesito saber más. ¡Ahora! –gritó, disparando al mismo tiempo que su hermano salía de su escondite, logrando con éxito que una de las pistolas de Duobus errase el tiro dirigido a él. Instantes más tarde, saltó hacia un lado para esquivar un segundo disparo, procedente de la otra arma, a la vez que preparaba la siguiente flecha, con la que evitó que, de nuevo, apuntase a Kareth.

 

Sin embargo, cuando ya parecía que el joven había alcanzado su objetivo, una maza de pinchos, de unos 3 metros de longitud y algo más de ancho, se cernió sobre él, obligándole a usar sus manos transformadas como escudo. No obstante, el impacto se produjo sobre una armadura que, desprendiendo electricidad, rechazó la gigantesca arma, que desapareció en el aire.

-¡He llegado a tiempo! –dijo Kai, quien jadeaba por el cansancio, haciendo su aparición a través de la misma puerta por la que habían entrado ellos.