miércoles, 17 de junio de 2015

The three global powers: Capítulo 13

Ya había pasado bastante tiempo desde que Kai fuese a asegurar la zona y Miruru empezaba a preocuparse.

 

Pese a que una parte de ella le decía que, tratándose de él, lo más seguro es que no pasase nada, había otra que se sentía insegura ante un enfrentamiento contra los descendientes de Gaia.

 

Nara, a su lado, observó cómo apretaba fuertemente puños y dientes, creciendo la tensión en su cuerpo. Al ver esto, no pudo evitar sonreír.

-Quieres ir con él, ¿verdad? –preguntó la chica, sorprendiendo a su amiga, que le devolvió la mirada con la misma expresión que un niño pillado en mitad de una travesura.

-Cuando me salvasteis, me sentí muy feliz, pero, más que por ese hecho, fue porque él estuviese  ahí. Era como si, pese a todas nuestras discusiones, lo único que importase fuese los buenos momentos compartidos, los recuerdos que tenemos de ambos. Como si todo eso estuviese por encima de lo demás.

-Sabes como se llama eso, ¿no? –preguntó, de nuevo, Nara.

 

No hacía falta que se lo dijese. Hacía tiempo que su corazón lo gritaba, pero se sentía muy confusa, pues era la primera vez que se sentía así.

-Ve –dijo su amiga, con decisión-. Ya he terminado con el tratamiento, así que ve con él. Ahora es tu turno de ayudarle.

-De acuerdo –respondió la semidiosa-. Pero tú vienes conmigo.

-¿Eh?

-No pienso dejarte aquí sola –continuó la semidiosa, provocando la carcajada de ambas.

 

De repente, la ansiedad que Miruru había sentido hasta ese momento desapareció por completo.

 

Mientras tanto, en otra parte de esa misma sala, Kai se defendía como podía de los ataques de Quinque. No obstante, eran tan rápidos que apenas conseguía mantenerla a raya, incapaz de contraatacar. Incluso si invocaba a Sázam para aumentar su velocidad, la de ella conseguía adaptarse, impidiéndole otra cosa que no fuese evadir o protegerse.

 

Si la situación seguía así, aquello terminaría convirtiéndose en un combate para ver quien aguantaba más, y no estaba seguro de poder ganar. Tenía que distraerla de alguna forma que le permitiese distanciarse de ella lo suficiente para poder invocar a Hel o a End. De esa forma, quizás lograse cambiar las tornas.

 

El problema estaba en que la única idea que le venía a la cabeza era la de destruir los generadores, cosa que podía acabar en un ataque suicida que afectase también a Miruru y Nara.

 

En mitad de sus pensamientos, bajó la guardia, instante que fue aprovechado por Quinque para golpearle, empujándolo contra la pared e inmovilizándolo con su antebrazo sobre su cuello.

-¡Agh! –se quejó el chico, con expresión de dolor.

-Vaya, vaya. Dada tu actuación en el torneo y los problemas que me diste, esperaba algo mejor. Has resultado ser un debilucho.

-Je, si me dejases atacar te demostraría de lo que estoy hecho.

-¿Acaso crees que soy idiota?

-No, pero has cometido un grave error.

-¡¿Qué?!

-¡Quedarte quieta! ¡Segundo espíritu: Faith!

-¡Ugh!

 

De repente, Quinque quedó petrificada en esa posición, incapaz de moverse. En ese momento, Kai levantó la pierna hasta casi la altura del estómago y empujó a la joven con la planta del pie, distanciándola de él y consiguiendo suficiente tiempo para contraatacar.

 

Por desgracia para él, la petrificación de Quinque no tardó en pasarse, permitiéndole moverse de nuevo y levantarse del suelo para lanzarse rápidamente contra su adversario.

-¡Demasiado tarde! –exclamó Kai, haciendo aparecer una armadura metálica que se interpuso entre él y la chica, generando una corriente eléctrica que recorrió el cuerpo de ella y la obligó a apartarse debido al dolor.

-¡¿Qué es eso?! –preguntó, confusa, mientras la parte frontal de la armadura se abría, permitiéndole el paso a su invocador.

-Su nombre es End, uno de los cuatro Infernos. Capaz de manipular la electricidad y proteger a su usuario.

-Oh, así que es como uno de esos juguetitos que tiene Tribus. Esto se pone interesante.

 

Dos espadas, hechas de electricidad, y de aproximadamente metro y medio cada una, aparecieron en mitad del aire, destellando colores azul y blanco. Entonces, ambas giraron un par de veces antes de que su filo apuntase a la descendiente.

-¡Allá voy! –exclamó Kai.

 

Por otro lado, el líder de la facción continuó persiguiendo a Sarah y Kareth por el pasillo hacia el que habían huido, llegando a una bifurcación a derecha e izquierda. Les había perdido la pista.

 

Observando cada uno de los corredores, al principio no distinguió nada que llamase su atención. Pero, pocos segundos después, vio a alguien salir de una de las habitaciones del pasillo izquierdo, tratándose de Kareth, quien le plantó cara pese a situarse a una distancia segura.

 

-¡¿Ya te has cansado de correr y vas a enfrentarte a mí como un hombre o es que ya no tienes adonde huir?! –se burló el gobernador.

-Digamos que un poco de todo –respondió el chico, quien seguía con las piernas transformadas.

-Me gusta tu actitud, pero llega un poco tarde. Has conseguido cabrearme y no soy de los que perdona ese tipo de ofensas –dijo mientras hacía que su arma volviese a tomar la forma de un hacha. Entonces se lanzó a por el joven mediante un ataque vertical, errando en el proceso y clavando uno de los filos en el suelo, a pocos centímetros de él.

-¡Muere! –gritó, repitiendo el mismo movimiento una segunda vez sólo que, en ésta, detuvo a Hydra poco antes de golpear la superficie, continuando el ataque con un movimiento hacia arriba que pilló desprevenido a Kareth, quien tuvo que hacerse a un lado para que no lo alcanzase.

 

Sin embargo, la acometida del gobernador no terminó ahí, continuando con una combinación de ataques que complicaron cada vez más la situación del joven, quien se vio sorprendido cuando el arma, en mitad de aquella serie de movimientos, descendió, transformada en espada, formando una línea diagonal hacia su lado izquierdo para después describir otra horizontal en un ángulo de 45 grados, que le obligó a apartar sus brazos para evitar el golpe.

 

Pese a todo, Kareth acabó inmovilizado contra la pared derecha, manteniéndose a duras penas en pie y con el filo de Hydra penetrando un tercio de su antebrazo.

-Nada mal –declaró el líder de la facción mientras sacaba su arma de la extremidad transformada del chico-. Parece que la dureza de tu piel ha evitado que te quedes sin brazo. Nunca había visto esa transformación. Será interesante investigar tu cuerpo una vez acabe contigo.

-No me interesa.

-No es decisión tuya.

 

Echando la espada hacia atrás, con ambas manos en la empuñadura, el gobernador se dispuso a zanjar el combate.

-¡Ahora! –gritó Kareth al ver como el arma se precipitaba hacia él, haciéndose a un lado de un salto y recibiendo únicamente un ligero corte en el hombro.

 

Confuso, el líder de la facción se giró a su derecha, desde donde pudo ver, al final del pasillo, una flecha surcando el aire hasta alcanzar la empuñadura de Hydra, expuesta al encontrarse el filo clavado en la pared.

-¡Sword Target: Distance! –exclamó Sarah.

 

Al chocar con la punta de la flecha, la espada se rompió. Tal fue la fuerza del impacto, que incluso se la arrebató de las manos, rebotando en el suelo con un molesto ruido metálico.

 

Absorto como había quedado, ya que su mente no era capaz de aceptar lo ocurrido, el gobernador no vio venir el golpe directo que le asestó Kareth en la zona de la mejilla, lanzándolo con fuerza contra el suelo y dejándolo inconsciente.

 

Por otro lado, Quinque y Kai continuaban combatiendo, con la primera recibiendo un nuevo ataque por parte de una de las espadas que manejaba End, desplegando corrientes eléctricas que provocaban severas quemaduras en su cuerpo, y que tardarían tiempo en recuperarse pese a su inmortalidad.

-¡Ugh! –se quejó la chica, chasqueando la lengua.

 

Aunque el movimiento de aquellas espadas no era rápido en comparación a los suyos, tenía un rango de ataque considerablemente grande, gracias en gran medida a la electricidad que despedían. Pero eso no era todo. Siempre que conseguía acortar distancias entre ella y su adversario, parte de la armadura aparecía desde el suelo, impidiéndole asestar un solo golpe.

 

“Esto no puede seguir así”, pensó mientras se alejaba, “No me queda más remedio que ponerme seria”.

 

Por su parte, Kai no bajó la guardia, si había decidido retirarse seguramente planeaba algo. No sabía de lo que era capaz, por lo que no iba a dejarla actuar a sus anchas.

 

Así pues, hizo que una de las espadas del Inferno recorriese rápidamente el área que les separaba, disponiéndose a clavarse en su pecho pero siendo esquivada por los pelos. Sin embargo, la segunda fue detrás, alcanzándola con uno de sus rayos, de manera que fue empujada contra el suelo.

 

Incorporándose, Quinque desplazó hacia atrás su pierna derecha, flexionándola ligeramente y apoyando la punta del pie en el suelo. Tras esto se impulsó hacia delante, desapareciendo ante los ojos del nigromante justo cuando éste se disponía a golpearla.

 

Confuso, Kai examinó su alrededor, en busca de algún indicio que delatase su posición.

 

Demasiado tarde se dio cuenta, al escuchar un fuerte ruido justo detrás de él, de la presencia de una onda expansiva que volvería a repetirse sobre el techo de la sala.

 

Inconscientemente, puso los brazos en cruz a la vez que las espadas y armadura metálica de End, generaban una especie de campo eléctrico frente a él, donde la pared de la sala acababa de agrietarse debido a un impacto invisible.

 

Apenas le dio tiempo, y de poco sirvió, cuando algo, con la fuerza de un misil, atravesó cualquier barrera posible y le golpeó en el estómago, saliendo despedido hasta chocar contra el muro que había tras él.

 

No se lo podía creer. Aquella velocidad había sido tal que había llegado a romper la barrera del sonido, dejándolo de rodillas en el suelo y dificultándole el respirar.

 

Escupió sangre, apoyándose en sus manos. Si no hubiese sido por la rapidísima defensa que había logrado crear, su cuerpo habría quedado reducido a un montón de huesos y músculos rotos. Aunque, al menos, su contrincante también había recibido algo de daño, habiéndole quedado algunas quemaduras y alguna que otra fractura.

La diferencia estaba en que Kai tardaría mucho más tiempo en recuperarse que ella, lo que le dejaba en desventaja ante ella, quien ya empezaba a sentirse mejor.

-Por eso no me gusta usarlo. No logro controlar mi velocidad y acabo hiriéndome a mí misma –se quejó, acercándose lentamente a Kai, hasta que se hubo situado a su lado-. En fin, he conseguido lo que quería.

 

En ese momento, no podía moverse. Y aunque pudiese, no sería capaz de luchar contra ella. Ni siquiera de controlar a End.

 

Entonces, justo cuando la descendiente se disponía a darle el golpe de gracia, la pared de detrás del chico se abultó, produciendo una forma cónica cuyo extremo golpeó el costado de Quinque para que, posteriormente, una fuerza invisible la alejase violentamente de Kai.

 

Al levantar la cabeza, el joven descubrió a su lado a Miruru y Nara, quien, sin pensárselo dos veces, se agachó para atenderle.

-¿Qué hacéis aquí? –preguntó Kai, con un hilo de voz. Le costaba mucho articular palabra.

-¡¿No es obvio?! ¡Mírate!  –respondió Miruru-. ¡Somos un equipo, ¿no?!

-Supongo... que tienes razón... –continuó el chico, sonriendo ligeramente.

-Parezco un hospital andante. –comentó Nara, recibiendo la mirada acusadora de sus dos compañeros- L-lo siento. Sé que no es el momento.

-Ten cuidado, Miruru. Ese ataque...

-Ahórratelo. Ya me hago una idea. La entretendré hasta que te recuperes. Entonces, acabaremos con ella los dos juntos.

-¡Así que eras tú! –exclamó Quinque, levantándose del suelo y encarándose a ellos- ¡Te veo bien! ¡¿Ya te has recuperado?! –continuó con voz burlona.

-¡Pienso devolvértelo con intereses! –respondió Miruru, enfadada.

-¡Jajaja! ¡Me encantaría verlo! –dijo Quinque, desviando la mirada hacia Nara-. ¡Oh! ¡Tú eres... ¿la chica contenedor?! ¡Parece que hoy es mi día de suerte!

 

Nada más acabar la frase, el suelo delante de ella se abultó en dos puntos, formando tentáculos de cemento que se lanzaron contra ella sin lograr su objetivo.

 

Sin embargo, el ataque de Miruru no acabó ahí, pues, poco después, surgieron dos pequeñas columnas justo debajo de la descendiente, ascendiendo a gran velocidad para aplastar a la chica contra el techo.

-La capacidad de modificar lo que ves –comentó Quinque, ilesa tras aquel despliegue de poder- Un poder temible, pero debe de haber sido una gran carga para ti –pese a mostrarse ligeramente sorprendida por sus palabras, Miruru no bajó la guardia- Es el problema que tenéis los semidioses. Muy poderosos, pero difíciles de controlar. Por si fuera poco, vuestra habilidad os desgasta mucho más rápido que al resto de usuarios de Radiar. Fue una suerte que pudiésemos eliminar a tantos en Yohei Gakko.

 

De nuevo, el suelo y las paredes se agrietaron, en algunas zonas, las losas se abultaron y comprimieron mientras gravilla y polvo caían sobre ellos. Se notaron pequeños temblores que fueron aumentando de intensidad hasta cubrir toda la sala, dando la sensación de que ésta empezaba a replegarse sobre sí misma.

 

La mirada de la semidiosa era aterradora, un reflejo de su ira al escuchar hablar de aquella manera sobre la muerte de sus compañeros.

-¡Miruru! –gritó una voz detrás de ella, haciendo que volviese en sí misma al tiempo que su corazón sufría un pequeño vuelco- ¡No te dejes provocar por ella! ¡Si destruyes este sitio lo único que conseguirás será matarnos a nosotros!

 

La voz de Kai calmó los temblores hasta que finalmente desaparecieron y la sala volvió a la normalidad. Entonces, Miruru respiró hondo y sonrió.

-¡Entendido!

-¡Jo! ¡Con lo que me hubiese gustado verte asesinar a tus compañeras! ¡Qué se le va a hacer!

 

En pocos instantes, Quinque recorrió la distancia que las separaba y lanzó una patada a la cabeza de su adversaria, que consiguió detenerla en mitad del aire, utilizando su poder. Tras esto, Miruru agarró su pierna con una mano y su cuello con la otra, girando sobre sí misma y lanzándola hacia el lado contrario, volviendo crear distancia entre ellas. Acto seguido, alzó sus brazos, provocando que las deformaciones de la sala, que ella misma había creado, se desplazasen a la vez para golpearla.

 

Para su desgracia, Quinque las evadió y acometió de nuevo contra ella, logrando arrojarla contra el suelo justo antes de salir despedida hacia atrás por el contraataque de su adversaria.

 

Fue en ese momento, poco después de incorporarse, cuando la descendiente flexionó su pierna derecha, disponiéndose a hacer por segunda vez el mismo movimiento que había usado contra Kai, desapareciendo de la vista de Miruru antes de que ella se diese cuenta.

 

La misma onda expansiva e intenso ruido de antes dieron a entender el inminente ataque de la joven, pero esta vez, hubo alguien que lo había predicho, situándose detrás de la semidiosa e invocando tanto la armadura como las espadas de End.

 

Una gran polvareda hizo que Nara se protegiese los ojos al producirse el golpe, dejando  ver, una vez disipada, a Quinque en mitad del aire y con las piernas al frente, a escasos centímetros de la cabeza de Miruru, quien tenía las manos extendidas al frente.

 

Una vez se dieron cuenta del resultado, el más rápido en reaccionar fue Kai, quien propinó un fuerte golpe a la joven de pelo plateado, lanzándola contra el suelo con tal fuerza que rodó varios metros sobre él.

-Lo hemos conseguido... –dijo Miruru, respirando agitadamente.

-Sí. –contestó Kai, sonriéndole.

 

-¡Ugh! –se quejó Quinque, poniéndose en pie- ¡Idiotas! ¡¿No me fastidiasteis lo suficiente en el torneo!? ¡Dejad de entrometeros!

-¡Que te lo has creído! –replicó Miruru.

-¡No os saldréis con la vuestra! ¡Gaia os eliminará a todos y cambiará el mundo! –exclamó Quinque, en un arranque de ira.

-Así que era cierto –interrumpió una voz, sorprendiendo a todos los presentes, quienes permanecieron quietos, mirando a su alrededor en busca del origen.

-Esa voz... –dijo Miruru, a quien acababa de reconocerla.

-Para los que no me conozcáis, mi nombre es Alder, gobernador de la Unión Imber.

-¡¿Qu-qué?! –exclamó Quinque.

-Como lo oyes, Marie. ¿O debería llamarte por tu verdadero nombre? Lástima que todavía no me lo haya aprendido.

-¡¿Desde dónde habla?! –preguntó Kai, confuso.

-Hace un rato le pedí a Yorus que conectase el sistema de comunicación integrado en este sitio. Me lo mostraron el día en que llegué, y pensé en usarlo si la situación lo requería. Ya sabéis, para escuchar aquello que no siempre se dice a la cara. Como una conspiración, por ejemplo.

-¡No es posible! –exclamó Quinque.

-Si te estás preguntando el porqué de todo esto. Debo advertirte que ya desde un principio desconfiaba de ti. Después de lo ocurrido en el torneo, tu repentina elección, cuando supuestamente sólo eras la jueza, me pareció muy sospechosa, pero decidí aceptar tu candidatura por dos cosas: la primera porque, dada tu condición de imparcialidad así como tu fuerza en combate, recibiste apoyo del bajo mundo para alzarte como la líder; y la segunda, porque era preferible el tenerte cerca de mí si quería saber lo que estabas tramando. Cuando esa chica vino a mí, hablándome de una posible conspiración contra las tres potencias, decidí buscar evidencias de ello, y fue entonces cuando me aproveché de este sistema. Puede que tenga que pedirle disculpas a mi aliado, el gobernador de la facción, por usarlo sin su permiso, pero dudo que ponga pegas si está escuchando esta conversación –dijo Alder, ante la atónita mirada de la descendiente- Se acabó el juego.

domingo, 3 de mayo de 2015

The three global powers: Capítulo 12

-¡Ya vienen! –comunicó Zen a los demás.

-¡Preparaos para la retirada! ¡Nos separaremos para que sea más fácil despistarlos! –ordenó Sdren, abandonando el cañón que habían utilizado a modo de distracción y corriendo hacia los callejones de la ciudad.

 

A su vez, Zen, quien hasta ese momento había estado situado sobre una de las casas cercanas, para poder divisar al enemigo, saltó hacia otro tejado, moviéndose en dirección opuesta a los demás.

 

Habiéndose quedado rezagado con respecto a los demás por su posición como vigía, aquella era la mejor vía de escape por la que podía optar, permitiéndole divisar a los soldados acercándose al cañón y organizándose rápidamente para buscar a los fugitivos, incluido él mismo. A partir de ese instante, de cada uno dependía el no ser cogido.

 

En el interior del recinto de gobierno, otra distorsión obligó a Quattuor a saltar hacia atrás para que la mitad inferior de su cuerpo no desapareciese.

 

Por suerte, aquello no le impidió mantenerse como un obstáculo para que Quinque no fuese en busca de Kai y Nara.

-¡Cuatro contra dos! ¡No veo sentido en contar a esos chimpancés que tenéis por soldados! ¡No nos llegan ni a la suela de los zapatos! –se burló el hombre.

-Será mejor que os rindáis –añadió Razer, situándose al lado de su compañero, tras recuperarse de su empujón-. Por cierto, es la primera vez que veo de cerca a un inmortal regenerándose. Resulta bastante desagradable.

-Pues mejor que no veas una de cuerpo entero –comentó Kareth, al otro lado del recibidor, mientras golpeaba a un soldado y lo arrojaba contra el suelo.

-Parece que nos están subestimando, Sextus –dijo Quinque.

-La verdad es que no me importa. Quien ríe el último, ríe mejor –respondió su compañero.

-¡Entonces vamos a reírnos! –dijo Quinque mientras calentaba, dando un par de pequeños saltos en el sitio.

-¡Oye, Razer, no bajes la guardia! –exclamó Quattuor.

-¡¿Qué pasa?!

-¡Van en serio!

 

Nada más acabar la frase, Sextus levantó ambos brazos, haciendo aparecer dos distorsiones espaciales justo donde se encontraban el líder de los Rebeldes y Quattuor. Entonces, al apartarse de su rango de ataque, Quinque apareció, como salida de la nada, al lado de Quattuor golpeando su vientre de manera que su brazo izquierdo fuese forzado a entrar en la distorsión, desapareciendo en el acto.

 

Al mismo tiempo, Razer, quien había conseguido alejarse por completo del primer ataque enemigo, se vio metido en un segundo ataque cuyo rango ocupaba todo su cuerpo.

-¡Mierda! ¡¿Dos seguidas?! –gritó, sorprendido.

-Nunca dije que no pudiese hacerlo –comentó Sextus, que, pese a su expresión y tonalidad indiferentes, dejó escapar cierto aire burlón.

-¡Razer! –exclamó Sarah intentando correr hacia él para ayudarle, pero siendo retenido por un par de soldados que se pusieron en medio.

 

Para sorpresa de muchos, el joven rebelde se llevó una mano al tobillo, de donde sacó una pequeña pistola con la que disparó un gancho hacia el techo. Al recoger la cuerda a la que estaba atado, escapó de allí justo antes de ser alcanzado por la técnica de Sextus.

 

Por desgracia, debido a lo precipitado de su movimiento, el gancho se soltó antes de que pudiese tocar tierra, cayendo al suelo de mala manera y sufriendo algunos rasguños.

-¡Maldición! –se quejó Quattuor al observar aquel giro de los acontecimientos.

-¡¿Y bien, Quattuor?! ¿¡Vas a dejarme pasar ahora?! –preguntó Quinque, relamiéndose.

-Je... ¡JAJAJAJAJA! –rió él en respuesta, y ante la expresión extrañada de la chica-. ¡Ahora que nos estamos divirtiendo, ¿quieres dejarme sin pareja de baile?!

-¡En el fondo sólo eres un sádico! –replicó Quinque, justo cuando el brazo del hombre acababa de recuperar su forma original.

-¡Tú tampoco te quedas atrás!

 

Tras esto, Quattuor acometió contra ella y lanzó un puñetazo dirigido a su mejilla, el cual fue esquivado por la chica, quien contraatacó con una serie de patadas al costado.

 

Pese a que los golpes dieron en el objetivo, Quattuor se aprovechó de su musculatura para defenderse, tras lo que agarró la pierna de su adversaria justo antes de que ella se retirase.

-¡Recuerda que yo fui el primero de vosotros! ¡No te lo tengas tan creído, niñata! –exclamó ante la sorpresa de Quinque, girando sobre sí mismo y lanzándola contra la pared como si fuese un disco, llegando a agrietarla por el impacto.

 

Mientras tanto, Sextus intentó apoyar a su compañera, extendiendo de nuevo sus brazos hacia Quattuor para crear otra distorsión, no obstante, tuvo que retractarse de su ataque, haciéndose a un lado para evitar el gancho que había sido disparado en su dirección, y que posteriormente fue seguido de Razer, quien inició una serie  de ataque hacia él.

-Tú debes de ser el líder de los Rebeldes –dijo Sextus, incorporándose rápidamente tras esquivar el primer golpe y defendiéndose de los demás.

-¡¿Nos hemos visto antes?!

-No, pero tu fama te precede. Sobre todo en el imperio.

-¡Me alegra oírlo! ¡Eso significa que nos están teniendo en cuenta!

-De hecho, no entiendo qué haces aquí. Pensaba que tu objetivo era el propio imperio.

-¡Si acabáis tan rápido con el imperio, ¿contra quién voy a desquitarme?! –bromeó el joven sin observar respuesta por parte de su contrincante-. ¡Eres un aburrido!

-Mis disculpas. No sabía que se tratase de una broma.

-¡Admito que no ha sido muy buena! ¡En cualquier caso, no me gusta que os toméis la justicia por vuestra mano! –continuó el líder de los Rebeldes, sin cesar su ataque.

-Llegados a este punto, no hay otra opción.

-¡Puede que tengas razón, pero la justicia no es algo tan simple como para que sea aplicada unilateralmente!

-No estoy de acuerdo. ¿Acaso no haces tú lo mismo con el imperio?

-¡Creo que hay una gran diferencia! ¡Para empezar, yo no quiero exterminar a quienes viven allí! ¡Tan sólo a quienes gobiernan!

-Entonces, según tú, somos demasiado radicales –dijo Sextus, a lo que Razer respondió esbozando una sonrisa. Entonces, recogió el gancho, que seguía sujeto a la pared y prosiguió su ataque.

-Aun así, llega un punto en el que un asesino mata tantas veces que ha de detenerse sin importar los medios que se utilicen. Nuestra causa es justa –alejó el joven de pelo extravagante, quien introdujo una de sus manos en el interior de su capa, sacando una espada de igual tamaño que el estoque de Razer, que utilizó para un ataque frontal contra su adversario. Éste, logrando protegerse, sintió un escalofrío recorriendo su espina dorsal, como una sensación de peligro.

 

En ese momento, observó cómo la extremidad libre de su enemigo se abalanzaba sobre él, forzándole a saltar hacia atrás, momento en que descubrió que, sobre la palma de dicha mano acababa de formarse otra distorsión.

 

“¡¿Acaba de crear uno de esos espacios en su propia mano?!”, pensó el chico, levantando la mirada hacia Sextus, “y yo que creía que el combate a corta distancia me daría ventaja.”

 

Tras recuperarse del lanzamiento, Quinque se lanzó de nuevo contra Quattuor en un intercambio de golpes durante el que cada uno utilizó sus puntos fuertes para impedir que el otro llevase la ventaja.

 

Finalmente, fue Quattuor quien consiguió acertar en unos de sus puñetazos, elevando a la joven en el aire. Ella, por su parte, consiguió apoyarse en una de las paredes de la sala para volver al combate, siendo recibida a mitad de camino por una de las barandillas del borde de la escalera, que había sido arrancada y arrojada por su oponente, y que consiguió sortear en el aire, para después propinarle una patada a su objetivo, quien logró defenderse con su brazo derecho, no sin recibir daño.

 

Al mismo tiempo, Sarah y Kareth acababan de noquear a los soldados que quedaban.

-¡Sarah! ¡Échale una mano a Quattuor! ¡Yo ayudaré a Razer! –gritó Kareth.

-¡No tan deprisa! –exclamó una voz, en el miso instante en que un objeto de gran tamaño aterrizaba justo entre ambos, levantando una gran polvareda.

 

Entonces, una figura de aspecto mecánico se erigió cerca de ellos, tratándose del gobernador de la facción.

-¡Así que vosotros sois los intrusos que han intentado colarse a cañonazos en mi territorio! –continuó, con un tono de voz que denotaba enfado. Tanto Sarah como Kareth quedaron impresionados ante el tamaño de la armadura, que no tenía nada que envidiar a Quattuor.

-Señor, no se preocupe. Nosotros podemos encargarnos de ellos –dijo Sextus desde donde se encontraba.

-¡¿Qué clase de gobernador sería si no diese buen ejemplo a mis soldados?! –dijo, poco antes de sacar una gruesa vara de metal de la parte trasera de su armadura, activando un mecanismo sobre ella que hizo que se alargase hasta más de la mitad de la longitud de la propia armadura y haciendo aparecer dos filos curvos en cada extremo, formando sendas hachas de doble filo.

-¡El nombre de este arma es Hydra! ¡Preparaos para morir! –exclamó orgulloso.

 

-Bueno, es lógico que no te creyesen –dijo Kai, sentado sobre la cama donde habían encontrado a Miruru, tras escuchar su historia. Mientras tanto, Nara seguía con su tratamiento.

-¡No tienes por qué decirlo así! ¡Suena a que soy una estúpida!

-Según como se mire...

-¡Kai!

-¡Es broma! –respondió él, sonriendo maliciosamente mientra jugueteaba con su mejilla- Ahora ya no importa. Tienes que recuperarte lo antes posible para que podamos volver con los demás.

-¡Ah! ¡Es cierto! ¡¿Cómo están?!

-Deben de estar luchando ahora mismo contra Quinque y Sextus.

-Espero que no les haya pasado nada –contestó la chica, preocupada.

-Por eso debemos darnos prisa.

-¡A mí no me miréis! ¡Hago lo que puedo! –declaró Nara.

 

De repente, se escuchó un ruido procedente del pasillo, como el de un gran número de pasos corriendo.

-¡No me digas que...! –se asustó Kai, levantándose y dirigiéndose a la puerta para echar un vistazo fuera. Instantes después, dio un ligero paso atrás y volvió junto a ellas.

-¡Tenemos que largarnos de aquí!

-¡¿Qué pasa?! –preguntó Miruru.

-¡Vienen soldados! ¡Puede que ya hayan descubierto donde estamos!

-¡Pero Miruru aún no está recuperada! –se quejó Nara.

-¡Ya lo sé! ¡Por eso debemos irnos! ¡Con Miruru así no podremos hacerles frente! ¡Al menos no aquí! ¡Necesitamos encontrar un sitio más grande desde donde poder contraatacar! –sugirió el joven mientras se acercaba a la semidiosa y le ofrecía su espalda para que la utilizase como apoyo- ¡Rápido!

 

Tras asentir, la joven rodeó su cuello con los brazos, siendo ayudada por Nara para subirse a él.

-¡No te separes de nosotros, Nara! ¡Como te pase algo, Kareth me mata!

-Vale

 

Así pues, los tres salieron de la habitación y volvieron sobre sus pasos. Sin embargo, un grupo de soldados interrumpió su camino, poniendo miradas amenazantes.

-¡Maldita sea! –se quejó el chico, quien rechazó la idea de invocar a uno de los Infernos y decidió recurrir a los espíritus- ¡Segundo espíritu: Faith! –exclamó, haciendo que algunos de los soldados fuesen petrificados, y aprovechando la oportunidad para escapar en dirección contraria.

-¡¿A dónde vamos?! –preguntó Nara mientras giraban a la derecha en dirección a otro pasillo, ya que por el frente venían más de esos soldados.

-¡Ni idea! ¡No conozco este sitio, así que lo único que podemos hacer seguir probando hasta que lleguemos a un sitio amplio y rezar para no toparnos con un callejón sin salida!

-¡Me parece bien, pero ¿tienes alguna idea de que dirección seguir?! –continuó ella.

-¡Intentaremos ir hacia abajo! ¡Tengo una corazonada!

-¡Espero que sea buena!

 

Mientras tanto, Kareth conseguía evadir un nuevo ataque de Hydra.

“¡Ahí viene!”, pensó, al mismo tiempo que un golpe de aire por poco le hacía perder el equilibrio, alejándolo ligeramente de su adversario.

 

Por su parte, el gobernador de la facción volvió a levantar su arma, situándola sobre su hombro.

 

Tanto Kareth como Sarah conocían aquel efecto, pero nunca lo habían visto utilizado de esa forma ya que, según sus conocimientos, se había inventado para aumentar la fuerza del arma, incrementando su energía cinética. No obstante, el hacha que blandía su adversario era capaz de expulsar aire a presión a partir de agujeros situados en la base del extremo del mango, desde donde sobresalían los filos del arma.

 

De esa forma lograba un segundo ataque tras el del arma, evitando un contraataque a larga y media distancia debido a la proximidad del primer movimiento, y uno a corta distancia debido al segundo.

 

Por suerte para ellos, los ataque del gobernador no eran muy rápidos, pero su forma de combatir les había llevado a un punto muerto.

 

Mientras tanto, Razer estaba teniendo problemas para mantener a raya a su contrincante.

 

Como éste era inmortal, podía ignorar sus ataques sin recibir consecuencias, proporcionándole más oportunidades para acertar a su rival.

 

Pese a que el líder de los Rebeldes había conseguido evitar aquellas distorsiones, no había tenido tanta suerte con el arma de su oponente, presentando cortes por todo el cuerpo.

 

Aun así, siguió plantándole cara, esperando la oportunidad perfecta para noquearlo, pues esa sería la única formar de librarse de él.

 

Al mismo tiempo, Quattuor y Quinque seguían igualados.

 

El primero permanecía inamovible, cortándole el paso a la chica, quien asestaba un golpe tras otro desde distintos ángulos y a velocidad casi imperceptible. De seguir así, el combate no habría ido a ninguna parte, pero, poco después, ocurriría algo que cambiaría su transcurso.

 

Por otro lado, Sarah y Kareth continuaban peleando contra el gobernador de la facción, quien lanzó un ataque directo a la joven, que lo esquivó y se preparó para su siguiente movimiento.

 

Kareth, unos metros más alejado de ellos dos, había decidido esperar a que acabase el segundo golpe para impulsarse directamente hacia él en un ataque frontal a toda velocidad, sin embargo, ése era el momento que su enemigo había estado esperando. Así pues, tras finalizar el primer ataque, en lugar de producirse la expulsión de aire a presión, procedente del arma, ésta cambió de forma, desapareciendo los filos del hacha y siendo sustituidos por uno solo que se extendió hasta penetrar el hombro de Sarah.

 

Este hecho la pilló por sorpresa, dejando escapar un grito de dolor al verse empalada.

-¡Sarah! –exclamó su compañero, quien hizo uso de sus piernas, recién transformadas, al igual que sus brazos, para impulsarse hacia ellos y golpear el arma de su contrincante, partiendo el filo en dos.

 

Por desgracia, aquello no pareció importarle mucho al gobernador, aunque decidió retirarse por el momento y crear algo de distancia entre ellos.

-¡¿Estás bien?! –continuó Kareth, a lo que su amiga asintió, sujetándose la herida con la mano contraria.

 

Por su parte, Quattuor desvió la atención hacia Sarah al escuchar su grito, bajando la guardia.

-¡Te tengo! –exclamó Quinque, aprovechándose de ese momento para encajar una patada sobre su cabeza, logrando que chocase contra el suelo del piso de abajo.

-¡No! –dijo el líder de los Rebeldes, intentando detener a la descendiente pero dándose de cara con los constantes ataques de Sextus mientras la joven se despedía de ellos con un gesto de su mano, a modo de burla.

-¡No escaparás!

Levantándose lo más rápido que pudo, Quattuor subió de un salto al siguiente piso dispuesto a perseguirla, pero, de repente, un objeto volador se interpuso en su camino, obligándole a cubriese con los brazos.

 

El objeto hizo un efecto boomerang volviendo a la persona que lo había lanzado. En ese instante apareció Yorus, armado con su peculiar doble martillo.

-¡Apártate! –ordenó Quattuor al guardaespaldas del líder de la unión- ¡No tengo tiempo para ti!

-Me temo que no va a poder ser. Ahora yo soy tu adversario. Tendrás que vencerme para llegar hasta ella.

 

En ese momento, Kareth se arrancó un trozo de su camiseta, aunque no quedase mucha tela que coger, y lo utilizó para detener la hemorragia de su compañera. Incluso si los guerreros armados tenían una regeneración mayor de lo normal, una herida de ese nivel tardaría en recuperarse.

-¿Puedes moverte? –preguntó el chico.

-Sí, gracias.

-Un buen arma, ¿eh? –interrumpió el gobernador mientras enseñaba su Hydra, ahora transformada en una gran espada, cuyo filo había vuelto a la normalidad pese a haber sido roto por Kareth-. Tiene la capacidad de transformarse en 7 armas diferentes, posee un motor de propulsión Z y, además de eso, también puede regenerar su filo.

-Su nombre le va que ni pintado –indicó Kareth.

-Una pequeña muestra de la tecnología de la facción –respondió la armadura, apuntándoles con Hydra.

-La situación se ha puesto difícil, Sarah –susurró el chico.

-Ya lo veo. Mientras tenga esa arma, el combate estará a su favor.

-¿Alguna sugerencia?

-Una apuesta, más bien.

-Es mejor que nada.

-De acuerdo, entonces sígueme la corriente.

-¿Qué estáis cuchicheando? –preguntó el líder de la facción, quien empezaba a irritarse.

-Nada. Tan sólo... estoy impresionada por la potencia de tu arma. No he podido ver venir ese golpe y he sido derrotada.

-Vaya, no me lo esperaba. Qué honesto por tu parte reconocer tu inferioridad ante mí.

-No. No. Creo que no me has entendido.

-¿Eh?

-He dicho que me ha impresionado tú arma. De quien la porta no puedo decir lo mismo. Dicen que un arma no es nada sin aquel que la maneja, pero algo me dice éste no es el caso -continuó ella mientras fingía estar meditando sus palabras.

-¡¿Qué quieres decir?!

Pese a que no podía ver su expresión, Kareth pensó que debía de ser de lo más estúpida ahora mismo.

-Ahora que lo dices, tienes razón Sarah –dijo el chico, siguiéndole el juego a su amiga- Esos soldados no eran para nada fuertes. Si este tipo es quién los ha entrenado, no hay de qué preocuparse.

-Es cierto. Con una espada normal no sería capaz de hacer nada.

-¡Esto es humillante! ¡Que hayáis sido capaces de caer tan bajo! –justo en ese momento, el gobernador pareció darse cuenta de algo-. Je. Ya veo por dónde vais. ¿Acaso creéis que voy a caer en vuestra trampa? Queréis que deje de lado a Hydra y vaya desarmado, ¿verdad?

 

Los dos amigos se miraron durante unos segundos, tras lo que rieron descaradamente.

-¡¿Has oído lo que ha dicho?! –preguntó Kareth.

-¡Sí! ¡Sólo un idiota pensaría algo así!

-¡Lo que pasa es que es incapaz de aceptar la verdad!

-¡Me duele la herida de tanto reírme!

-¡Insolentes! –gritó la armadura, levantando su espada para un ataque en vertical.

-¡Ahora! –exclamó Kareth, quien, impulsándose con una de sus piernas, cogió en brazos a Sarah y corrió hacia uno de los pasillos a los que daba el recibidor.

-¡No escaparéis! –les siguió el gobernador, a paso más lento que el de ellos.

 

-Creo que ya no nos siguen.

Mientras tanto, Kai y las otras dos chicas acababan de llegar a otra sala donde habían decidido esconderse de sus perseguidores.

-¿Dónde estamos? –preguntó Miruru, situada entre él y Nara, quien todavía estaba tratando de recuperar el aliento.

-A saber. Hemos dado muchas vueltas. De un pasillo para otro y sin descanso. Siempre hacia abajo... –contestó su amiga entre jadeos.

 

Habían ido a parar a una amplia habitación donde había varias máquinas dispuestas en extensas filas horizontales que iban de un extremo al otro. Éstas tenían grandes ventiladores que giraban a gran velocidad y tubos que las conectaban con cables. Aunque el ruido que hacían era molesto, por lo menos no les impedía escucharse hablar.

-¿Y esas cosas? –preguntó Miruru.

-Creo que son generadores eléctricos. Diría que este sitio es el que mantiene la corriente eléctrica del edificio –respondió Kai.

-¡Oh! Entonces puede que eso nos dé ventaja. Ya sabes, si controlamos su fuente de energía, tendremos el poder.

-Tal y como lo veo yo. Si le pasa algo a alguno de estos generadores es posible que saltemos por los aires. En cualquier caso, nos escondernos aquí hasta recuperarte por completo. Iré a asegurar la zona. No os mováis de aquí.

-De acuerdo. Seguiré con el tratamiento –declaró Nara.

-Tened cuidado.

 

Dicho esto, el chico caminó a través de los espacios que había entre cada fila de generadores, sin dejar de observar a su alrededor.

 

Se le pasó por la cabeza buscar una manera de apagarlos, pues quizás les diese ventaja a la hora de escapar, e incluso puede que ayudase a sus compañeros, sin embargo no tenía ni idea de cómo funcionaban ni la suficiente seguridad de realmente serviría de algo.

-No hay nadie –se dijo a sí mismo tras un rato explorando-. Le echaré un vistazo también a la entrada.

-Te encontré –le susurró una voz de repente, a escasos centímetros de su oreja, recibiendo poco después un golpe en la mejilla que lo hizo chocar de espaldas contra una de aquellas máquinas.

-¡Ugh! –se quejó, levantando la cabeza para encararse a su adversario que no era otra que Quinque, quien lo observaba de pie, con una amplia sonrisa en su rostro.

-Esta vez no te me vas a escapar.

lunes, 30 de marzo de 2015

The three global powers: Capítulo 11

Tras escuchar el sonido de una explosión, Quinque se dirigió a la ventana.

 

La habitación en la que estaba, ligeramente iluminada, dejaba ver a una Miruru llena de quemaduras en vientre y brazos y a su torturador, quien había cambiado sus métodos y había optado esta vez por tapar la cabeza de la joven con una toalla y echar grandes cantidades de agua sobre, dejándola al borde de la asfixia.

-Será mejor que me marche –dijo la descendiente mientras observaba el rostro de la semidiosa, quien, mareada y tosiendo, se mantenía firme pese a su expresión de agotamiento-. Parece que es más resistente de lo que pensaba. Si sigue así, ya sabes lo que hacer.

 

Después de salir de la habitación, Quinque avanzó por el pasillo adyacente hasta toparse con una figura conocida.

-¡Oh! ¿Qué haces tú aquí, Yorus? –preguntó ella, recibiendo una mirada serena por parte del hombre.

-El gobernador me ha pedido que te buscase. Supongo que has escuchado las explosiones.

-Por supuesto, ahora iba hacia allí.

-¿Crees que son los Rebeldes?

-Estoy segura. Será mejor que asegurar la entrada por si acaso.

-Bien, encárgate tú. Yo me uniré después de terminar otra tarea.

-¿Otra tarea?

-Nada del otro mundo. Asegurarme de que no consigan algunas cosas importantes.

-Ya veo. Que vaya bien entonces. –respondió ella, continuando su camino.

-Por cierto, Marie, supongo que no te habrás pasado con el interrogatorio, ¿verdad?

Al escucharle, se detuvo, esbozando una maliciosa sonrisa mientras le daba la espalda.

-Tranquilo, está todo controlado –dijo.

 

-¿Mi ayuda? –preguntó Nara, confusa- ¿Para qué?

-Verás, antes he utilizado el poder de uno de los espíritus para observar por las ventanas donde había luces encendidas, y en una de ellas he visto algo muy extraño. Creo que Miruru podría estar allí.

-Pero eso no explica por qué tengo que ir contigo.

-Lo que he visto ha sido a alguien vestido como una especie de verdugo. Es una hipótesis,  pero es posible que Miruru esté en problemas y requiera de tus habilidades.

 

La chica miró a Kareth, quien, junto a los demás, se había detenido al percatarse de que ellos dos se habían quedado atrás. Habiendo escuchado la conversación, primero la observó a ella y después a Kai, y aunque se mostró preocupado, asintió.

-Iré contigo –decidió Nara

 

El principal problema residía en cómo entrar al edificio, pues, aunque las explosiones continuaban, no tardarían en detenerse. Además, incluso si los cañonazos eran lo suficientemente eficaces para distraer a los soldados, el daño que iban a causar era mínimo. “Mucho ruido y pocas nueces” hubiese sido la expresión ideal para describirlos.

 

Esto se traducía en que todavía hubiese soldado apostados cerca del edificio. E incluso puede que no tardasen en aparecer más con el tiempo.

 

-No os preocupéis, yo me encargo –dijo Razer.

-¿Estás seguro? –preguntó Kareth.

-Ni siquiera les dará tiempo de saber contra qué están luchando. Tan sólo necesitaré una cosa. –añadió mientras observaba la ropa que llevaba puesta algunos miembros del equipo.

 

Por otro lado, los vigilantes de la entrada al edificio central intentaban refugiarse de los cañonazos. En ese momento, vislumbraron una silueta moviéndose cerca de ellos.

-¡¿Qué?! –exclamaron algunos, quienes avanzaron para inspeccionar. Pese a que parte del pelotón se quedó junto a la puerta para no romper así la formación, al dividirlos se consiguió facilitar mucho la infiltración del resto del equipo.

 

Así pues, una vez la avanzadilla hubo llegado al punto donde habían visto algo moverse, lo único que encontraron fue una capa tirada en el suelo.

 

Al cogerla, no encontraron nada en especial, tan sólo se trataba de un trozo de tela, pero aquello bastó para generar desconfianza, poniéndolos tensos.

 

Entonces, de nuevo, vieron moverse algo, de forma que uno de ellos disparó, acertando sobre otro trozo de tela parecido al anterior.

 

Pese a la veteranía del pelotón, la escasez de luz dificultaba su precisión, alterándolos todavía más al no saber contra qué se estaban enfrentando.

 

Esto dio lugar a que su formación terminara por verse afectada, permitiéndole a Razer, quien vestía otra tela igual que las dos anteriores, se acercase a ellos sin ser detectado, atravesando con un estoque a uno de ellos por el costado, para después noquear a otros dos golpeando sus cuellos con ambas manos.

 

Al instante, otro de los soldados intentó dispararle, sin embargo sus balas no dieron en el blanco, atravesando en su lugar la vestimenta que había llevado Razer hasta ese momento y que ahora llevaba puesta uno de sus compañeros, que cayó al suelo cubierto de agujeros.

 

Asustado, el soldado intentó darse la vuelta para correr a informar al resto, quedando inconsciente instantes después por un repentino golpe en la cabeza.

 

Una vez acabada la faena, Razer guardó su estoque y observó los cuerpos de los soldados.

-Será mejor que arregle esto antes de reunirme con los demás.

 

-No hubiese sido mejor que hubieses usado a ese espíritu de las ilusiones para hacernos pasar por soldados –preguntó Quattuor mientras se disponía a abrir la puerta.

-Hubiese sido muy raro si hubiesen aparecido seis soldados desconocidos, ¿no crees? – replicó Kai, abriendo la puerta mientras vigilaba el interior para comprobar que no había nadie- Qué raro, parece despejado.

-Ve con cuidado.

 

Poco a poco fueron pasando uno detrás de otro, dejando atrás los cuerpos inconscientes de los guardias.

 

El recibidor era bastante amplio, a cada lado había dos pasadizos cuyas entradas tenían forma de arco mientras que, frente a ellos, encontraron una gran escalera que se bifurcaba en mitad de subida a derecha e izquierda, llevando al segundo piso y, más adelante, al resto de pisos superiores.

 

Una cosa en la que se fijó Kareth fue la presencia de altavoces en las esquinas del techo, haciéndole preguntarse si se trataba de algún tipo de sistema de comunicación.

-¡Kai y Nara os dirigiréis a la habitación en la que está Miruru! ¡Nosotros buscaremos a los gobernadores! ¡Moveos deprisa! ¡No sé cuánto tardarán en descubrirnos! –dijo el joven.

-Yo diría que ya ha ocurrido –declaró Quinque mientras bajaba tranquilamente por las escaleras.

-¿Marie? ¿Qué haces a...? –preguntó Kai, siendo interrumpido por Quattuor.

-Quinque.

 

Al escuchar sus palabras, el nigromante se sorprendió, dándose cuenta de lo que significaban.

-Cuánto tiempo sin vernos, Quattuor –respondió la chica, encogiéndose de hombros.

-Hubiese preferido que fuese más. Hay pocas caras de las vuestras que esté interesado en ver.

-No te hagas el duro. ¿Ya no te acuerdas de aquella época en los que luchábamos codo con codo por el bien del proyecto Gaia? ¿Qué te ha pasado?

-Me pagabais poco, así que cambié de trabajo –ironizó el hombre.

-Qué pena. Con lo bien que me caías. –contestó ella, igual de irónica.

-Lástima que no pueda decir lo mismo.

-¡¿Qué le has hecho a Miruru?! –exclamó Kai, interrumpiendo la conversación, y consiguiendo que Quinque una mirada de asco hacia él, como si estuviese hablando con un insecto.

-Nada. Hemos sido muy hospitalarios con ella. Yo que tú me preocuparía más por vuestra situación. ¿De verdad pensabais que un truco tan barato como ése funcionaría conmigo? ¡Ilusos!

-Pues diría que tus aliados han caído de lleno. Y eso nos ha bastado para llegar hasta aquí –replicó Quattuor.

-Me alegro por vosotros, pero se acabó la suerte.

 

Entonces, se llevó los dedos a la boca y emitió un fuerte silbido, apareciendo poco después soldados tanto de la unión como de la facción, quienes rodearon al grupo.

-La acústica en este sitio es de lo más eficiente –sonrió la joven de pelo plateado.

-¡No creas que nos detendrás con esto! –declaró Quattuor.

-Je, ése no es el único truquito que tengo.

 

Tras esto, Quinque pulsó el artilugio que había utilizado contra Miruru, haciendo que Kai cayese de rodillas al suelo, mareado y debilitado.

-¡Kai! –Nara se agachó para intentar sujetarle.

-¿Qu-qué es esto? –preguntó el chico, confuso, sintiendo cómo perdía el control de su propio cuerpo-. No puedo....

-El Radiar de vuestro cuerpo está reaccionando al Sonar. ¡Ahora estáis a nuestra merced! ¡Atacad! –ordenó, a lo que los soldados obedecieron.

-¡Maldita sea! –se quejó Kai, intentando ponerse en pie sin éxito, y esperando, impotente, a que acabasen con él.

 

Sin embargo, eso no llegó a ocurrir, pues varios de aquellos soldados fueron golpeados hasta salir volando contra las paredes del recibidor.

 

La embestida de Quattuor, aparentemente inmune los efectos del Sonar, sorprendió tanto a los guardias como a la propia Quinque, quien observó cómo Sarah y Kareth también se enfrentaban al enemigo sin dificultad.

-¡¿Q-qué pasa?! ¡¿Por qué no funciona?! –gritó Quinque, agitando el artilugio como si se hubiese estropeado.

-No entiendo bien lo que está pasando, pero... –comentó Quattuor mientras se deshacía de otro par de soldados que iban a por Kai-. Diría que tu estrategia acaba de hacer aguas.

-¡No es posible! –exclamó Quinque, llena de rabia, cuando, de repente, se dio cuenta de algo- ¡Detened el ataque! –continuó, haciendo que los soldados se retirasen momentáneamente pese a mantener la guardia, al igual que los tres del bando contrario que todavía podían luchar- ¡¿Quién os ha dado un colgante?! –preguntó.

-¡¿Eh?! ¡¿De qué hablas?! –se extrañó Quattuor, frunciendo el ceño.

-¿Colgante? –repitió Kareth, sacando de entre sus ropas el colgante con un anillo y una pluma incrustada en él- ¿Te refieres a esto?

-Debí haberlo imaginado. –se quejó Quinque.

-¿Qué quieres decir?

-No importa. Al menos a uno de ellos sí le ha afectado.

 

En ese instante, y aprovechando la distracción de la descendiente, una flecha alcanzó la mano de Quinque, justo donde sostenía el Sonar, destruyéndolo.

-¡Te equivocas! –contestó Sarah, arco en mano- ¡A partir de ahora no podrás hacérselo a nadie más!

-¡Maldita entrometida! –gritó Quinque, perdiendo la compostura y disponiéndose a atacar, siendo detenida por un estoque, que se interpuso en su camino clavándose en el suelo, a escasos centímetros delante de ella.

-¿Llego tarde a la función? –dijo Razer, situándose junto al resto.

-¡Justo a tiempo! –declaró Kareth-. ¡Por ahora, tenemos que darle espacio a Kai para que pueda ir a por Miruru! –continuó, encarándose a los soldados, quienes habían retomado el ataque.

-¡Kareth, cubre a Kai mientras se recupera! ¡Razer y yo nos encargaremos de entretener a Quinque! ¡¿Crees que Sarah y tú os podréis encargar de los soldados?! –preguntó Quattuor.

 

En respuesta, los brazos del joven adquirieron la forma de los de un Eraser color blanco.

-¡Ni lo dudes! –respondió, lanzándose contra el enemigo y agrietando parte del suelo al golpearlo.

 

Al mismo tiempo, Quinque saltó hacia Kai. Su velocidad era tal y como se pudo observar en el torneo, siendo imperceptible para la mayoría de los presentes. Pero, por suerte, Quattuor ya había predicho sus movimientos, interponiéndose entre los dos, y recibiendo el golpe en su lugar.

-¡Quítate de en medio! –gritó la chica.

-¡Oblígame! –respondió el hombre.

 

Tras aguantar su acometida, Quattuor la agarró de ambos brazos y la lanzó con fuerza hacia el lugar del que había venido, justo adonde se dirigía Razer para recuperar su estoque y hundirlo en el corazón de la descendiente mientras todavía estaba en el aire. Sin embargo, su objetivo no pudo cumplirse, ya que la velocidad de ella le permitió esquivar el ataque incluso en esas circunstancias.

 

Mientras tanto, Kai, quien acababa de recuperarse, en parte, con la ayuda de Nara, se puso en pie de nuevo.

-¡¿Estás bien?! –preguntó Quattuor.

-¡Sí! ¡Tú entretenla! –respondió el chico.

 

Dicho esto, puso una mano en la cintura de Nara y la otra sobre la nuca.

-¡¿Eh?! ¡¿Qué estás haciendo?! –preguntó ella, sorprendida.

-¡Agárrate fuerte! ¡Octavo espíritu: Sázam!

En ese instante, su velocidad aumentó y, sin dar tiempo a Nara siquiera para gritar, subieron las escaleras, pasando al lado de Quinque, quien fue placada por Quattuor y Razer antes de que pudiese intervenir.

 

-¡Ya es suficiente! –exclamó una voz, poco antes de que el espacio en el que estaban Quattuor, Quinque y Razer sufriese una distorsión.

 

Reaccionando con rapidez, Quattuor empujó al líder de los Rebeldes lo más lejos que pudo, poco antes de que la mitad del cuerpo de los ambos descendientes desapareciese entre un baño de sangre.

-¡Quattuor! –gritó Sarah a la vez que esquivaba el ataque de otro soldado.

 

Apareciendo desde uno de los pasillos situados en el piso superior, Sextus caminó hacia las mitades de los dos cuerpos, que comenzaron a regenerarse. Al observar el recibidor, se dio cuenta de que quedaban pocos soldados en pie. Éstos no habían sido rivales para Sarah y Kareth.

-Qué ineficiente eres, Quinque –comentó Sextus.

-¡Cállate! –respondió ella, quien ya había recuperado del todo la cabeza-. ¡Eso ha dolido!

-No podía hacer mucho más para arreglar tu ineptitud.

-¡Tú estás pidiendo que te mate, ¿verdad?!

-¡Callaos los dos! ¡Me estáis dando dolor de cabeza! –interrumpió Quattuor mientras él y Quinque se levantaban.

-Cuánto tiempo, Quattuor –respondió Sextus con indiferencia.

-¿Tú también? ¿Qué es? ¿Alguna clase de saludo nacional? “¿Cuánto tiempo, Quattuor?” Ya os lo podríais haber trabajado un poco más.

-Tan poco educado como siempre.

-Prefiero eso a ser un estirado, imberbe e imbécil como tú. Todavía no me he olvidado de la que te debo.

-¿Te refieres a lo de esa mujer? Tranquilo, tendremos tiempo de sobra para arreglar cuentas. Quinque, tú encárgate de los que se acaban de ir. Yo me ocuparé del resto.

-¿Crees que vamos a dejar que se vaya? –replicó Quattuor.

-No esperaba que fuese por las buenas.

 

Por otro lado, Kai continuó corriendo sin disminuir la velocidad hasta llegar al piso en el que suponía que estaba Miruru. A partir de ahí, comenzaron una búsqueda más o menos a ciegas para dar con la habitación.

-¿Te encuentras bien, Nara? –preguntó el chico tras soltarla.

-U-un poco mareada, pero estoy bien –respondió ella sujetándose la cabeza.

-Bien. Démonos prisa

-Vale.

 

Mientras tanto, poco a poco, Miruru estaba perdiendo el conocimiento. Llegados a ese punto, casi había perdido toda sensibilidad. Su vista, borrosa. Su piel, pálida a excepción de los moratones que su torturador le había infligido durante el interrogatorio.

 

Consiguió mover la cabeza ligeramente, haciendo esfuerzos por no desmayarse, ya que, una vez lo hiciese, puede que no despertase.

 

Por su parte, el torturador había decidido pausar su interrogatorio sólo para disponerse a emplear uno peor.

 

Así pues, acarició la piel de la chica, desplazando su mano desde el ombligo hasta situarla sobre su pecho, agarrándolo con fuerza.

 

“¿Qué está haciendo?”, pensó la joven, quien, debido a su estado, no podía ver las acciones de aquel individuo, aunque su cuerpo sentía levemente el tacto. Para su desgracia, su mente comprendió lo que pretendía. Iba a violarla.

 

En ese momento, notó como las manos de aquel tipo desgarraban la parte de arriba de su ropa, dejando su torso desnudo. Acto seguido, destapó la parte de abajo de su cara, dejando ver una asquerosa boca medio quemada y casi consumida por una infección, sacando una larga y gruesa lengua que utilizó para lamer su cuello mientras, poco a poco, se volvía más violento.

 

“No... por favor...”.

 

Intentó gritar, pero su cuerpo no le respondía. No podía hacer nada. Estaba completamente a su merced.

 

A continuación, el hombre se encaminó a desnudar también la parte de abajo.

 

“No... Kai...”, fue el último pensamiento que tuvo antes de que la puerta de la habitación saliese despedida, sorprendiendo al torturador, quien se giró a tiempo para ver venir a alguien que le propinó un fuerte puñetazo en la mejilla, lanzándolo contra el suelo y dejándolo inconsciente.

-¡Miruru! ¡Miruru! ¡Maldita sea! –exclamó Kai, acercándose a ella y desatando las cuerdas que la apresaban.

 

Poco después, Nara también entró en la habitación.

-¡Dios santo! ¡¿Qué ha pasado aquí?! –preguntó al ver al torturador inconsciente y a los otros dos junto a la cama-. ¡Miruru! –exclamó, corriendo hacia su amiga

-¿Puedes ayudarla? –preguntó Kai, nervioso.

-Lo intentaré, pero probablemente me lleve un rato –respondió la joven, quien situó sus manos sobre el vientre de la semidiosa, haciendo desaparecer los cardenales y devolviéndole el color a su piel.

 

Minutos después, la visión de Miruru volvió a la normalidad, pese a no haberse recuperado por completo. Se sentía menos mareada y más estable tanto física como mentalmente. Asimismo, sintió que podía mover los brazos y la cabeza, encontrándose, de nuevo, capacitada para hablar.

 

Entonces, giró a un lado la cabeza, descubriendo a Nara junto a ella, quien seguía concentrada en acabar de curarla.

 

Sus ojos se abrieron por el asombro, tomando el impulso de lanzarse sobre ella y abrazarla, cayendo ambas al suelo.

-¡¿Miruru?! ¡¿Qué estás haciendo?! –exclamó Nara, sorprendida por la reacción.

-¡Nara! ¡Cuánto me alegro de verte! –exclamó Miruru, con los ojos llenos de lágrimas.

-¡Yo también me alegro, pero aún no te has recuperado por completo, así que sé paciente! –replicó su amiga.

 

Pese a sus palabras, la chica de pelo rubio continuó con el rostro hundido en su pecho, abrazándola fuertemente.

 

Finalmente, Nara desistió y, tras un profundo suspiro, se dejó llevar por la situación, devolviéndole el abrazo entre sollozos.

-¿Has venido tú sola? –preguntó Miruru mientras se apoyaba en la otra chica para volver a sentarse.

-No. He venido con alguien que estaba mucho más preocupado por ti que yo –respondió Nara con una sonrisa, de manera que Miruru levantó la mirada hasta fijarla en Kai, quien, tras esperar unos minutos a que terminasen de hablar, se acercó a ella y se sentó enfrente.

-K-Kai. –alcanzó a decir la semidiosa, recordando la discusión que tuvieron antes de separarse. Quería decirle muchas cosas, pero no le salían las palabras. Así que decidió estar en silencio, mirándole a los ojos, durante segundos que se hicieron eternos.

 

En ese momento, y haciendo un gran esfuerzo, por fin consiguió hablar.

-Lo sien... –intentó decir, siendo interrumpida por el abrazo del joven, quien la apretó fuertemente contra sí mismo hasta casi dejarla sin respiración.

 

Sorprendida, todo el valor que había reunido para decirle lo que sentía desapareció como polvo en el viento.

 

La fuerza de sus brazos hacía daño en la espalda, pero no le importaba, porque lo que dijo después hizo que toda la tensión entre ellos dejase de existir.

-Lo siento. Lo siento, Miruru.

 

Aquellas palabras volvieron a hacer que sus lágrimas fluyeran. Después de todo lo ocurrido, se sentía enormemente feliz de estar junto a él.

-No. Perdóname tú a mí.