viernes, 2 de febrero de 2018

A New World: Capítulo 12

En ese momento, el brillo que antes había rodeado a Nara se trasladó a Detz, lo que dio lugar a que Kai y Kareth se lanzasen a por él en un arriesgado intento de separarlos. Sin embargo, una fuerza invisible los arrojó hacia atrás, no sólo impidiéndoles alcanzar su objetivo, si no, al menos en el caso de Kareth, dejándolo inmovilizado, de espaldas contra la pared y con brazos y piernas extendidos. A su lado quedó clavada la daga de su madre, que había salido despedida al mismo tiempo.

 

Por otro lado, Kai, quien había salido mejor parado, logró mantenerse en pie gracias a la ayuda de su espada y garra. Aun así, no sabía cuánto tiempo podría seguir aguantando aquel descomunal despliegue de poder.

-¿¡Es que quieres echar abajo este sitio, Detz!? -exclamó el nigromante.

-¡¿Crees que me importa?! ¡Dentro de poco estaréis todos muertos! -respondió él.

 

Por si fuera poco, la transformación de Kai, cuya duración era limitada, estaba empezando a deshacerse.

-¡Maldita sea! -se quejó mientras veía desaparecer su espada.

 

-Emil… -dijo Gaia con un hilo de voz.

-Lo siento, Gaia. Cuando me contaste tu plan, fue como un rayo de esperanza. Era perfecto. La oportunidad de darles su merecido a los humanos y devolver el mundo a lo que debería haber sido. Pero tu amor por ellos tuvo que interponerse, haciéndote dudar. Si no entrabas en razón, mi única opción sería obligarte a ello. Por suerte, el Sonar que fabricó Meriah me ayudó a encontrar la forma de conseguirlo. La verdad es que era una gran científica, lástima que tanto ella como su marido descubriesen mis intenciones y tuviese que matarlos.

-Así que era cierto… -susurró Gaia.

-¡No estoy equivocado! ¡Y tú lo sabes! ¡Los humanos están condenados a la decadencia!

-Tu odio es más fuerte de lo que pensaba.

-Quizás sí, pero tengo razón. Este mundo me necesita, ahora que soy el único que vela por él.

-¡Si de verdad lo hicieses, tendrías en cuenta los sentimientos de todos y cada uno de los seres vivos de este planeta! ¡Sólo eres un maldito egocéntrico! -exclamó Kareth.

-¡Cállate!

La presión que ejercía el poder de Detz sobre el chico se hizo más fuerte, provocándole un intenso dolor.

 

"¿Qué puedo hacer?", pensó, "Kai no aguantará mucho más, y yo apenas puedo mover mi cuerpo".

 

Entonces recordó algo que todavía no había probado: el rayo de energía de los Erasers. Si conseguía dispararlo contra Detz, podría distraerle lo suficiente como para contraatacar. Tan sólo le bastarían unos segundos para coger la daga y clavársela. Sin embargo, jamás había logrado usarlo por voluntad propia, por no hablar de que ni siquiera sabía si sería capaz de acertar en su primer tiro.

 

Por desgracia, no había otra opción. Tendría que hacerlo.

 

Así pues, alargó el dedo índice lo mejor que pudo y apuntó al hombro del brazo con el que Detz sujetaba a Gaia.

Tenía que concentrarse. Acumular la energía necesaria para dispararle sin poner en peligro a Gaia y Nara.

 

"Por favor, Radiar, Gaia necesita tu ayuda. Todos la necesitamos. Una última vez, permíteme utilizar tu poder. Permíteme protegerlos".

 

Mientras tanto, el poder de Detz se hacía cada vez más grande. Dadas las circunstancias, la base no pudo soportarlo más y su estructura empezó a venirse abajo, viéndose caer algunos bloques de cemento en mitad de la sala en la que se encontraban.

 

La espada de Kai se había esfumado por completo, y pese a que seguía aguantando gracias a su garra, ni de lejos era suficiente como para avanzar hacia el científico.

Una espada para destruir a los vivos y una garra para hacer descansar a los muertos. Así funcionaba el poder de Jared.

-Si no hubiese bajado la guardia en ese momento, podría haberle vencido -se quejó.

 

"Por favor…", suplicó Kareth, concentrándose al máximo.

"Te das cuenta de que podrías fallar y asesinar a la mujer que amas, ¿verdad?", afirmó el Radiar de su interior.

"Sí, lo sé."

"¿Aun así quieres hacerlo?"

"Sí, porque no voy a fallar."

"Nos gusta esa respuesta"

 

En ese instante, una pequeña bola de color rojo se formó en la punta de su dedo, siendo disparada como un láser al hombro de su enemigo.

-¡Agh! -gritó de dolor, mientras se separaba por un instante del cuerpo de la chica.

 

Lo que sucedió después pasó a cámara lenta en la mente de Kareth, quien, viéndose liberado del poder de Detz, cogió la daga y, en cuanto tocó suelo, echó a correr hacia él sin detenerse siquiera a mirar los escombros que caían a cada paso. Sabía que tenía poco tiempo. No había vuelta atrás.

-¡Kai! -gritó con todas sus fuerzas.

 

No hizo falta más. Su amigo entendió perfectamente el mensaje que le había enviado y actuó en consecuencia.

-¡Octavo espíritu, Sázam! –dijo. Sabía que no tenía medios para matar a Detz, pero sí había algo que podía hacer para abrirle camino a Kareth.

Así pues, con ello en mente, adelantó a su compañero y apartó a Gaia, poco antes, de su camino, arrojándose al suelo junto con ella.

 

Una vez el guerrero estuvo frente a su objetivo, justo cuando éste se recuperaba de su ataque, desplazó la daga hacia delante. Recordó las palabras de Normand: pulsar el botón una primera vez. Y así lo hizo, sintiendo como el arma casi se le caía de las manos al vibrar repentinamente. Pero no vaciló. La sujetó firmemente, preparado para pulsarlo una segunda.

-¡Aaaaaah!

Ambos combatientes gritaron, a la vez que sus ataques se dirigían al contrario, dispuesto a aniquilarlo.

 

Tras el ruido del impacto, sólo quedó el silencio, roto por el estruendo del cemento contra el suelo. Aguantando la respiración, Kai levantó la cabeza para conocer el resultado, temiéndose lo peor.

 

Entonces lo vio. Un gran agujero en el torso de Detz, cuyo puño se había quedado a escasos milímetros del de su contrincante. El botón había sido apretado a tiempo, destruyendo el aparato de su interior, así como sus órganos internos.

 

La mano del científico se alzó, temblorosa, hasta posarse sobre el hombro de Kareth.

-Os arrepentiréis de esto… -dijo, por última vez, antes de caer muerto al suelo.

-No, Detz. Te lo demostraré –sentenció el chico, dejando caer la daga, ya inservible, sobre el cadáver.

 

-¡Kareth! ¡Ven, rápido! -exclamó Kai.

Volviendo en sí, el joven corrió hacia él. Gaia se encontraba muy débil.

-Acercadme a Emil –les pidió la deidad.

Al principio se miraron, dudando de si sería buena idea, pero decidieron confiar en ella y la obedecieron.

 

Una vez a su lado, observó al que, hasta hacía unos minutos, había sido su amigo, y con expresión triste, comenzó a hablarle.

-Lo siento, Emil. En parte, ha sido culpa mía que las cosas hayan acabado así. Si me hubiese dado cuenta antes de cómo te sentías, quizás podría haber evitado todo esto.

-Había otros caminos. Simplemente, escogió el suyo -indicó Kareth, tratando de consolarla, pero ella negó con la cabeza.

-Aun así, no puedo culparle. Fui yo quien empezó todo, y gran parte de la responsabilidad recae sobre mí –insistió-. Me alegro de que por fin haya acabado tu sufrimiento, amigo mío, y espero que, algún día, puedas perdonarnos. Hasta entonces.

 

Tras esto, tocó con su frente el cuerpo del hombre, haciendo que el poder que le había sido arrebatado volviese a ella, algo que pudo lograr tras ser destruido el aparato utilizado por el científico.

 

De esta forma, pudo levantarse por sí misma.

-Gracias por ayudarme. No tenemos mucho tiempo, así que iré directa al grano. Utilizaré mi poder para hacer que todo el Radiar vuelva a mí. Al núcleo de este planeta. De donde nunca debió haber salido –dijo, dirigiéndose a Kareth- Cuida de esta chica y de tu hijo, y crea un mundo del que me sienta orgullosa –posteriormente, miró a Kai-. En cuanto a ti, es posible que dejes muchas cosas atrás, pero espero que finalmente encuentres la felicidad –sentenció, a lo que el joven asintió, ante el gesto de extrañeza que le dedicó su amigo- Adiós y que tengáis suerte.

-¡Espera, Gaia! -exclamó Kareth- Es posible que todo comenzase contigo, pero nosotros... los humanos somos incluso más culpables por haberlo llevado hasta este punto, así que… no lleves esa carga tú sola.

 

Como si hubiese aceptado aquellas palabras, ella sonrió. No era una sonrisa de felicidad, ni de tristeza, simplemente de aceptación. Después, cerró los ojos y extendió sus brazos, provocando que una luz apareciese a su alrededor, extendiéndose hasta ocupar el planeta entero.

 

Debió de durar menos de diez segundos. Cuando quiso darse cuenta, Kai se encontraba al lado de una Nara inconsciente y un Kareth que apenas podía tenerse en pie.

-¡Oye! ¡¿Estás bien?! –le preguntó, algo confuso por la situación.

-No puedo moverme. Es... como si me faltasen las fuerzas.

 

Tal y como le habló, dio la sensación de tampoco poder mantener una conversación en condiciones.

-Como si te faltasen las fuerzas... -repitió Kai, pensativo-. ¿Crees que será debido a la desaparición del Radiar?

 

Si así fuese, eso explicaba por qué él seguía como si nada mientras su compañero se encontraba en ese estado. Le hacía cuestionarse qué estaría pasando fuera.

 

En ese momento, escuchó un ruido cerca. Otra parte del techo había cedido, destruyendo el cilindro donde, hasta hacía unos minutos, se hallaba el cuerpo de Nara.

-¡Será mejor que nos vayamos! -indicó Kai- ¡Hel! -gritó, haciendo aparecer al Inferno, que agarró con sus huesudas manos a sus compañeros.

-¿Cómo es que puedes moverte…?

-Es... algo difícil de explicar. En resumidas cuentas, digamos que no dependo del Radiar para utilizar mis habilidades. ¡Y ahora, vámonos antes de que acabemos enterrados vivos!

 

Unos segundos antes, en la superficie, los soldados pertenecientes a la alianza entre el imperio y "Comhairle" continuaban su ataque, llevando una clara ventaja sobre sus adversarios.

-¡Hay grupos de la facción que se están quedando atrás con respecto al resto! -explicó uno de ellos por el comunicador.

-¡Exterminadlos! -ordenó uno de los generales encargados de dirigir el ejército en ausencia del emperador.

 

De repente, una luz cubrió campo de batalla, cegando a todos los combatientes antes de desaparecer.

-¡¿Qué ha sido eso?! -preguntó el general, pensando que se trataba de un plan del enemigo.

-¡Señor! ¡Tenemos un problema!

-¡¿Y ahora qué?!

-¡Todos los usuarios de Radiar de nuestro ejército han quedado incapacitados, señor! ¡Los de Yohei Gakko también!

-¡¿A qué te refieres con "incapacitados"?!

-¡Ninguno puede moverse, señor!

-¡¿Qué?! ¡¿Qué está pasando?!

 

Teniendo en cuenta que la mayor parte de sus tropas eran usuarios de Radiar, que éstos no pudiesen luchar haría mermar de forma drástica la fuerza del ejército, hecho que pudo observar poco después al romperse las formaciones, con miembros tropezándose entre ellos o con compañeros caídos, llegando incluso a aplastarlos por no poder sortearlos. Por si fuese poco, los Erasers estaban recuperando su forma humana.

-¡Tengo que avisar al emperador! -dijo el general, cambiando la frecuencia del comunicador y disponiéndose a hablar.

-¡Probando! ¡Probando! -dijo una voz diferente a la de Naithan, a través de todos los aparatos del imperio, lo que dejó al hombre completamente bloqueado.

-¡¿Qu-quién eres?!

-¡Al habla Razer, líder del ejército rebelde!

-¡¿Qué?! ¡Eso es imposible! ¡¿Por qué tienes tú ese comunicador?!

-Cálmate. Veo que también estáis teniendo algunos problemas con vuestros soldados. En nuestras tropas también hay algunos usuarios de Radiar, ¿sabéis? Así que sabemos un poco por lo que estáis pasando.

-¡Contesta a mi pregunta! -se enfureció el general.

-¿Por qué no lo veis por vosotros mismos?

 

En un punto cercano a la zona donde se estaba teniendo lugar el conflicto, todos pudieron observar a un grupo de rebeldes, liderado por Razer y Yorus, el último de los cuales llevaba sobre sus hombros el cadáver de Naithan, que también había vuelto a su forma humana.

-Así es más fácil llevarlo -bromeó Yorus.

-¡Y ahora, queridos amigos! -continuó Razer- ¡Mi compañero lanzará a vuestro emperador hacia vosotros! ¡Cuidadlo bien, aunque no creo que le importe mucho a estas alturas…!

 

Tras dar la señal, el cadáver fue arrojado al frente, dibujando una parábola en el aire hasta chocar contra tierra con un sonoro "¡Croc!". Desde varios metros de distancia, el general observó la escena, incrédulo, antes de acercarse corriendo hacia él. Allí, se dio cuenta de que el cuerpo no tenía cabeza y estaba desnudo, pero, aun así, lo conocía suficiente como para saber que se trataba de él.

-¡Es imposible…!

-No te lo creas si no quieres, pero ésta es la realidad. Aquel por quien habéis luchado esta guerra ya no es más que un trozo de carne frío e inerte -sentenció el líder de los Rebeldes- No tenéis cabecilla ni tenéis ejército. Lo único que os queda es rendiros o acabar como él –y así, cortó la comunicación.

 

-Buena actuación. Por un momento me has recordado a la crueldad del propio Naithan -lo elogió Yorus-. Así que éste era tu plan.

-Una vez cambiadas las tornas, y habiendo perdido a su emperador, lo mejor que podía hacer era destruirles la moral. Si todo sale bien, soltarán las armas y no habrá que seguir luchando.

-Entiendo.

-Si lo conseguimos, sólo faltará hacer entrar en razón a Ceron.

-¡¿Razer?! ¡¿Razer?! ¡¿Qué está pasando?! -otro comunicador se activó, escuchándose la voz de Drake- ¡¿Qué ha sido esa luz?!

-No estoy seguro, pero creo que Kareth y los demás lo han logrado. La alianza entre el imperio y "Comhairle" está al borde del colapso. Si seguimos presionando, los tendremos donde queremos.

-¡Genial! -lo interrumpió el joven- ¡Nosotros también traemos buenas noticias! ¡Hemos convencido a Ceron de que retire su ejército!

-¡¿Qué?! -la expresión de Razer se llenó de sorpresa que, posteriormente, se transformó en alegría- ¡Buen trabajo, Drake, Seph!

-Gracias, jefe. Por cierto, dice el gobernador que quiere hablar contigo.

-Pásamelo.

-Razer –dijo la voz del hombre, más grave que la de Drake y también más cansada- Siento lo que ha pasado. Si hubiese sabido mantener la calma…

-No te disculpes, Ceron. No es propio de ti –bromeó Razer, antes e adoptar un tono más serio-. Me alegra ver que has entrado en razón.

-¿Qué le ha pasado al enemigo? Nos estaban persiguiendo y de repente se han detenido. Además, los usuarios de Radiar de mi ejército están…

-No te preocupes –le interrumpió de nuevo-. Todo saldrá bien.

-¡Razer! ¡Están soltando las armas! ¡Se rinden! –exclamó, casi eufórico, uno de sus compañeros.

 

Al escucharle, el líder de los Rebeldes se acercó a la oreja el aparato que utilizaba para hablar con el general del imperio.

-N-nos rendimos. Habéis ganado -sentenció éste, tras lo que cortó la conversación.

-¿Por qué estás tan seguro de ello? -preguntó Ceron por el otro comunicador, continuando con la conversación, ajeno a la conclusión de los acontecimientos.

Entonces, Razer sonrió.

-Porque la suerte está de nuestro lado.

 

Mientras tanto, en la superficie de Genese, Remi también acababa de caer al suelo en mitad de su combate. Sin saber el motivo, se sentía débil y algo mareado. Pese a ello, había algo más aterrador sucediendo en ese momento, y es que la ciudad se estaba viniendo abajo.

 

Confusos, tanto enemigos como aliados huyeron de allí. Dos de estos últimos fueron los encargados de ayudarle a desplazarse a un lugar seguro.

-¡¿Se puede saber qué has hecho, Kar?! -se quejó el chico.

 

No tardaron en reunirse con Ivel, quien los esperaba a las afueras.

Habiendo sido informada de lo sucedido, ella también había optado por retirarse.

-¿Estás bien? -preguntó la nómada al verle.

-Bueno, si dejas de lado que no puedo moverme... y hasta me está costando hablar... genial, gracias.

-Veo que sentido del humor no te falta –comentó- Esto es cosa de Kareth y los demás, ¿verdad?

-Diría que sí… sólo espero que escapen a tiempo…

 

Kai notó como las fuerzas empezaban a fallarle, reduciendo el ritmo conforme avanzaban por los pasillos de aquella base subterránea. Llegados a ese punto, incluso su garra había desaparecido.

-Así que he llegado al límite. Espero poder aguantar un poco más –se dijo a sí mismo.

 

De esta forma, finalmente llegaron a la sala donde Sarah se habían enfrentado a Duobus. Allí se encontraba la joven de pelo azul, todavía inconsciente.

-Sarah… -logró articular Kareth, al verla.

Acercándose a ella, el nigromante comprobó su estado.

-Está viva -informó mientras la cogía en brazos, asegurándose antes de que Hel seguía junto a él.

 

En ese momento, un gran número de escombros cayó justo donde estaba la salida, tapándola. Al mismo tiempo, otro se precipitó sobre el grupo, obligando a Kai a invocar a End para protegerse.

-¡Maldita sea! -se quejó el joven- ¡Sead!

Al instante, aparecieron los tentáculos del Inferno, destruyendo los escombros que interrumpían el paso. Sin embargo, más de ellos les siguieron, rodeándolo.

 

La destrucción de aquella estructura era inminente, y por más que el nigromante buscase formas de salir, lo único que se le venía a la cabeza era abrirse camino a base de destruirlo todo, algo que no ayudaría mucho a sus compañeros. Poco a poco, la esperanza de escapar con vida fue desvaneciéndose.

-Parece que… se acabó… -indicó Kareth.

-¡No! ¡Todavía no!

-¿Kai?

-¡A lo largo de mi vida, no he hecho más que ver morir a personas que me importaban! ¡Y nunca pude hacer nada por protegerlas! -gritó mientras recordaba las muertes de May, Miruru, First y Quattuor- ¡Pero esta vez no! ¡Esta vez no morirá nadie más!

-¿Y qué… piensas hacer…?

-¡Si no podemos salir, entonces resistiremos aquí dentro! ¡Hel! –ordenó, haciendo que las manos depositasen los cuerpos de Nara y Kareth junto a él, amontonándose todos en un rincón de la sala. Allí, cubrió a todos con la armadura de End, las manos de Hel, los tentáculos de Sead y la cabeza de Gem- ¡La armadura por sí sola no servirá –explicó-, así que utilizaré todas mis cartas!

-¿Qué estás haciendo…? -preguntó su amigo- Si lo haces... tu cuerpo no lo soportará... –en ese momento se dio cuenta de que una de las piernas de Kai se había vuelto transparente, como si se estuviese desvaneciendo- ¿Qué es eso…? –se alarmó, pese a que su voz apenas diese muestras de ello.

 

Kai observó a lo que se refería, esbozando una sonrisa melancólica.

-Es el precio a pagar por invocar a Jared, quien domina el más allá. Como te he dicho antes, no dependo del Radiar para usar mi poder. Eso se debe a que, pese a haber nacido humano, no lo soy, sino que formo parte del propio Jared. Soy el único capaz de contener su poder, pero el precio a pagar es el de volver adonde pertenezco.

-Al más allá...

-Exacto. Imagino que el uso de mi poder está acelerando las cosas, pero, aun así, ya no hay nada que hacer. Fuesen horas o minutos, esto estaba destinado a ocurrir.

-No… -fue ahí cuando Kareth entendió lo que le había oído decir antes.

-Por eso, mientras me quede algo de tiempo, os protegeré. Dijeron que el destino me deparaba un papel importante, y creo que ahora entiendo cuál es. Tú cambiarás el mundo, Kareth. Lo sé. Tanto tú como los demás conseguiréis que vuelva a ser lo que era. Y para conseguirlo, esto es lo que debo hacer.

-Kai… por favor…

 

"No es suficiente, ¿eh?", pensó mientras veía cómo los Infernos cedían ante el peso del hormigón y la tierra que había sobre ellos.

Entonces, recordó cuando May le protegió con Kagami, y una extraña sensación lo inundó. Era una mezcla de nostalgia y paz, como si acabase de entender que debía hacer y supiese que saldría bien. Como si no tuviese nada que perder. Y volvió a sonreír, mezcla de nostalgia y, quizás, un poco de locura, pero, ante todo, decidido. Apostaría todo lo que le quedaba.

-Kareth, ha sido un placer conocerte y haber luchado a tu lado.

-No lo hagas… -suplicó el guerrero.

-No os preocupéis por mí. Tampoco lloréis mi muerte. Voy donde quiero estar.

-Kai… ¡Espera, Kai!

-Y dile a los demás que les echaré de menos, y que algún día volveremos a vernos.

-Tiene que haber... otra...

-No. Es la única forma. ¡Primer espíritu: Kagami! –gritó, al mismo tiempo que surgía el espíritu y la desaparición de su cuerpo se aceleraba.

 

"¡Aguanta!", se dijo a sí mismo, notando como sus fuerzas flaqueaban, forzándolo a arrodillarse, "¡Aguanta!".

 

Haciendo uso de toda la voluntad de la que era capaz, se levantó e hizo que sus invocaciones empujasen los escombros hacia arriba.

-¡Aguanta! –exclamó, poco antes de que el techo se abalanzándose sobre ellos, silenciando todo en un instante.

 

"Cuando abrió lo ojos, se vio a sí mismo en una extraña habitación, acostado sobre una solitaria cama de sábanas blancas. Al mirar arriba, descubrió la cabeza de una chica, quien lo observaba con ojos tiernos mientras acariciaba suavemente su pelo. Se trataba de Miruru.

-Parece que ha cumplido con su palabra -dijo Kai, cogiendo su mano y poniéndola sobre su mejilla-. Le hice dos peticiones a Jared. La primera, verte una vez más antes de morir. Y la segunda, poder estar contigo cuando llegase mi hora.

-Qué remedio. Se sentía culpable, así que no podía negarse -sonrió maliciosamente ella-. Aun así, hubiese querido que vivieses –continuó, con tristeza en su voz.

-En ese mundo, ya no hay lugar para mí, Miruru. He perdido a todos los que me importan. A May, a First y a ti. Aquí, puedo estar con vosotros para toda la eternidad. Si para ello he de renunciar a mi vida, que así sea.

 

Mientras hablaba, los dos primeros que había nombrado entraron en la habitación, cogidos de la mano y sonriéndole orgullosos.

-¿Y bien? ¿Era como esperabas? -preguntó Miruru, acercándose para besarle.

-Sí. El lugar al que pertenezco."

 

Pasó tiempo hasta que Ivel, junto con su equipo, pudiese volver a la zona donde se había producido el derrumbamiento.

Como mínimo un cuarto de la ciudad se había visto arrastrada hacia el desastre. Sólo quedaba desear que no hubiese habido víctimas.

-¡Kareth! -exclamó la chica, saltando sobre una aglomeración de rocas, a pocos metros por debajo del límite superior del agujero que se había formado-. ¡Kareth! -volvió a llamarlo, sin recibir respuesta. No sabía nada sobre ellos, pero no quería perder la esperanza de que siguiesen vivos-. Repartíos en grupos de dos y buscad por toda la zona. Tanto a ellos como a cualquier posible víctima. Empezad a quitar escombros si es necesario. ¡Vamos! ¡Rápido! -ordenó la joven mientras bajaba y escarbaba entre la tierra y el hormigón, ayudándose de su lanza.

"¡Por favor, seguid con vida!", rezó.

 

Varias horas pasaron sin encontrar ni rastro de ellos. Si la búsqueda se alargaba demasiado, incluso si seguían vivos, cuando los encontrasen sería demasiado tarde.

Sin agua ni comida, puede que con apenas oxígeno, a saber cuánto más aguantarían.

 

Por si aquello no fuese suficiente, a sus súbditos empezaban a flaquearles las fuerzas. Llevaban mucho tiempo sin dormir y tampoco habían podido hidratarse como era debido.

-Ivel -dijo uno de los nómadas-. Tenemos que volver. Estamos sedientos y cansados. Dos de los nuestros se han desmayado. Quizás, si pedimos refuerzos…

-Tardarían demasiado en llegar. Debemos continuar.

-Pero…

-¡Si queréis descansar, marchaos! ¡Seguiré yo sola! -declaró, tajante.

 

Pese a lo que acababa de decir, su estado no era mejor que el de ellos. Teniendo en cuenta su combate contra Tribus, la huida de después y el tiempo que llevaban allí, suficiente con que su único problema fuese un constante jadeo y dificultad al respirar. Su resistencia física era admirable.

 

No quería darse por vencida. Sería como pisar su orgullo y su amistad. Aunque sus dedos quedasen hechos añicos y su lanza acabase rompiéndose, continuaría.

 

Tropezando, se sujetó a duras penas con su arma para evitar golpearse la barbilla contra la roca.

-¡Maldita sea! -se quejó, sintiéndose impotente- ¿Dónde estáis…?

 

En ese momento, algo la detuvo.

-¿Lo has oído? -preguntó a su compañero.

-No -respondió el otro, confuso.

-Era la voz de alguien.

 

Levantándose rápidamente, como si de golpe se hubiese recuperado, la chica continuó escarbando y quitando piedras de su camino, siguiendo aquel leve sonido que, poco a poco, fue haciéndose más audible.

-¡So… co… rro…!

-¡Es Kareth! –exclamó, emocionada, apartando una última roca hasta dejar ver un estrecho hueco en el que se encontraba el guerrero junto con Sarah y Nara. Por alguna razón que no alcanzaba a explicar, los escombros se habían acumulado a los lados, dejando esa zona prácticamente ilesa.

-¡Rápi… do! ¡No sé… cuanto… más… aguantará! -dijo Kareth.

-¡Enseguida vamos! ¡Corre a pedir ayuda!

 

Tras un rato, entre todos lograron sacarlos de allí. Estaban muy malheridos, pero seguían con vida. Sarah fue la primera en ser trasladada, utilizándose una capa, cogida de ambos extremos, a modo de camilla.

 

Por su parte, Kareth se quedó junto a Nara. Después de todo lo que había pasado, no quería separarse de ella.

-Kar… -susurró la chica, con un hilo de voz.

-Nara… gracias al cielo…

-¿Estás bien?

-Sí… sólo un poco cansado… -sonrió.

-¿Sabes? He tenido un sueño… En él… no había guerra… y nuestro hijo… jugaba en un lugar… lleno de árboles y colores… corría y saltaba... riendo sin parar... y a veces el viento hacía que volase... libre... Era precioso, Kar… Dime… ¿crees que se hará realidad…?

 

Lágrimas descendieron sobre sus mejillas. En parte por tristeza, en parte por alegría. Una mezcla de sentimientos que era incapaz de controlar y que necesitaba exteriorizar para evitar derrumbarse delante de ella.

-¡Kareth! -dijo Ivel, viniendo hacia el chico con un comunicador en la mano- ¡Es Razer! ¡Dicen que han ganado! ¡Lo han conseguido!

 

Nada más acabar la frase, la luz del día atravesó las nubes después de mucho tiempo oculta detrás de éstas. Era como si el propio cielo lo confirmase.

-¿Por qué lloras…? -preguntó Nara.

-Por nada… -respondió. Aquel día, la Guerra Eterna, después de quinientos años activa, de llevarse innumerables vidas por delante, de causar dolor, miseria, hambre, ira, venganza y destrucción; finalmente llegó a su fin- No es nada…

viernes, 5 de enero de 2018

A New World: Capítulo 11

Tras la desaparición de First y May, el cilindro en el que se encontraba Nara empezó a brillar, sorprendiendo a Kai y Kareth.

-¡¿Qué pasa?! –preguntó el segundo, provocando una sonrisa en el rostro de Detz.

-¡Se acabó el tiempo! ¡Gaia ha despertado!

-¡No puede ser! –declaró Kai.

 

El cuerpo de la chica se convulsionó, abriendo sus ojos, exentos de pupilas, lo que le confirió un aspecto aterrador. Poco después, el brillo se intensificó, obligando a los demás a apartar la vista.

-¡No! ¡No permitiré que esto acabe aquí! –exclamó Kareth, corriendo hacia ella, dispuesto a sacarla de allí.

-¡¿Adónde crees que vas?! –replicó Detz, persiguiéndole.

 

Sin embargo, Kai lo detuvo mediante un corte horizontal con su espada, con el que infligió una profunda herida en su abdomen. De no haber sido por los reflejos del científico, éste habría acabado dividido en dos.

-¡No darás un paso más! –afirmó el nigromante, situándose frente a él.

-¡Ugh! –se quejó, mientras trataba de taponar con su mano la hemorragia, la cual tardaba más de lo normal en regenerarse- ¡Ja ja ja! ¡Puede que te hayas vuelto más fuerte, pero eso no te salvará! –indicó mientras Kareth alcanzaba el cilindro, momento en que su visión se oscureció y su mente pareció viajar a otra dimensión.

 

Cuando recuperó la vista, se halló sobre un escenario completamente blanco. No había suelo bajo sus pies ni cielo sobre su cabeza. Lo único que se extendía a su alrededor era un blanco puro.

-¿Dónde estoy? –preguntó, inquieto, apareciendo instantes después una masa líquida verde que se abalanzó sobre él como una ola, logrando evitarla a tiempo de que se lo llevase.

-Parece ser que el Radiar de tu interior ha conseguido conectarse conmigo. La unión de éste con tu cuerpo debe de ser muy fuerte.

 

Al girarse, se encontró de frente con una forma de vida antropomórfica de color verde. Su tono de voz era femenino, no obstante aparte de su figura y una especie de melena (si es que podía llamarse así, ya que no se diferenciaba de su cabeza) que descendía sobre sus hombros, carecía de cualquier otra característica humana. Además, llevaba una piedra color esmeralda incrustada en su frente.

 

-¿Quién er…? –se dispuso a preguntar, hasta que la reconoció- Gaia…

-Así es, descendiente. Soy la creadora del planeta y madre de todos sus seres vivos.

Quizás por ser quien era, al estar cerca de ella, no pudo evitar sentirse cohibido.

-¿A qué te refieres con que el Radiar de mi interior se ha conectado contigo?

-Si la unión entre un individuo y una parte de mí misma, como es el Radiar, es muy fuerte, es posible comunicarse conmigo directamente si se dan ciertas circunstancias, como mi invocación. La otra persona aparte de ti que lo ha conseguido ha sido Emil. Aunque no es la única forma de hacerlo, sí la es en el caso de mi verdadera forma.

 

Si lo que decía era cierto, podía asumir que no se trataba de un sueño o alucinación, sino que al haber tocado el cilindro que mantenía encerrada a Nara, había conseguido llegar hasta ella. En ese caso, aquella era la oportunidad perfecta para hacerle cambiar de idea.

-Sé lo que estás pensando, y yo que tú no me molestaría –sentenció, generando otra ola del mismo color que su cuerpo, que se precipitó de nuevo sobre el joven, quien esta vez corrió para tratar de evitar ser arrastrado por ella.

-¡¿Sabes quien soy?!

-Por supuesto. Fui yo quien depositó el núcleo de Jade en tu interior.

-¡¿Por qué a nosotros?! -preguntó, observando cómo detrás de la segunda, venían más.

-Azar. Con mi poder actual, no podía permitirme elegir. De lo contrario, lo habría hecho con personas más cercanas al proyecto Gaia.

 

Con sus habilidades físicas, potenciadas al haberse transformado en Eraser, se escabulló de nuevo de sus ataques, acercándose a ella todo lo posible.

-Me conformaré con esa respuesta. No me hubiese gustado algo como "Porque erais más fáciles de manipular".

-No busco manipular a nadie. Tan sólo les pido ayuda y les hago darse cuenta de por qué tengo razón. Mi objetivo es el bien de este planeta.

-¡Y aun así tienes dudas, ¿verdad?! –replicó Kareth, dejándola sin contestación- ¡Mi madre, Meriah, habló contigo! ¡Ella descubrió que seguías amando a los humanos!

-Así es. Pero esas dudas han desaparecido. Emil me hizo comprender que mi plan es el correcto, y la única solución posible.

-¡Ese hombre mató a mi padre y causó la muerte de mi madre!

-Ellos se revelaron contra nuestro objetivo. Eso fue lo que Emil me dijo.

-¡Eso es lo que quiere que creas! ¡Ese hombre te está ocultando algo! ¡Te está guiando hacia lo que él quiere, no a lo que tú realmente deseas!

-¡El tiempo se agota, descendiente! ¡A este paso el mundo se dirigirá a una destrucción aún mayor! ¡Toda vida se extinguirá! ¡Todos sufrirán! ¡No tienes ni idea de lo que es ver a tus hijos pelear entre sí durante quinientos años y corromper aquello que amas! ¡No podría soportar algo peor!

-¡Tienes razón! ¡Es cierto que no he pasado por lo mismo que tú! ¡Pero sí sé que existe otra solución!

-Es demasiado tarde. Emil ya lo intentó, pero no sirvió de nada.

-Puede que se rindiese demasiado pronto. ¡Gaia, escúchame, por favor! ¡Las personas pueden cambiar! ¡Lo único que necesitan es un guía, alguien que sea capaz de unirlos bajo un mismo orden!

-Imposible. Mientras siga existiendo el Radiar, eso no funcionará.

-¡Entonces sólo hay que destruirlo! ¡Y si no es posible, quitárselo a los humanos! ¡Aislarlo de forma que nunca más vuelva a ser utilizado! ¡No importa cuánto se tarde en el proceso!

-Incluso si consiguieses destruirlo, todavía hay personas que lo llevan dentro de ellos.

-Lo sé, pero la proporción de personas que tienen el Radiar es menor frente a las que no.

-¿Qué insinúas? –preguntó la deidad.

-Que si fuese necesario matarlos, entonces que así sea.

-Lo que sugieres no es muy diferente de nuestro plan. Además, ¿eso no te incluiría a ti y a tus seres queridos?

-¡Matar a unos pocos para salvar a muchos! ¡Creo que es mejor idea que la de extinguir a la raza humana! Aún así, puede que haya una solución mejor. Aunque eso depende de ti -aquella afirmación pareció llamar la atención de Gaia-. Lo cierto es que, como último recurso, ya había considerado intentar contactar contigo. Incluso, tras vencer a Detz, quería buscar la manera de hacerlo. Haber adoptado su misma forma, sólo puede significar que el Radiar me ha aceptado. Y teniendo en cuenta lo que has dicho antes, no era alocado pensar que tarde o temprano hablaríamos, como ya hiciste con él o con mi madre. De hecho, que esté aquí lo confirma.

-¿Adónde quieres ir a parar?

-Mientras estaba buscando la forma de superar los límites de mi transformación, llegué a una conclusión sobre qué hacer. Limitarme a salvar a la raza humana no era el camino correcto. Debía ir más allá. ¿Recuerdas que antes hemos hablado de que, al destruir el Radiar, podrían morir quienes lo tienen?

-Sí.

-¿Realmente es así? Es decir, ¿serías tú capaz de destruirlo sin que les afectase?

 

Sorprendida, Gaia dudó si responder o no. Algo de lo que Kareth entendería el porqué instantes después.

-Sí, podría. Pero eso significaría renunciar al renacer de este mundo. Ya que mi tiempo en la superficie es limitado, mi poder sólo serviría para una de las dos opciones.

-Entiendo. Con esto ya tengo una de las respuestas que quería. La otra vendría con la siguiente pregunta, ¿lo harías?

-Ya te lo he dicho. Es demasiado tarde para buscar otras soluciones. Incluso si el Radiar desaparece, la humanidad buscará otra excusa para destruirlo todo.

-No estoy tan seguro. Una vez fuimos una especie en armonía con el resto del mundo, hasta que algo nos cambió. Y ese algo fue, precisamente, el Radiar.

-No. El Radiar desencadenó algo que hubiese ocurrido tarde o temprano.

-Es posible, pero esa vez carecíamos de alguien que nos guiase. Si esta vez lo tenemos, las cosas serán diferentes.

-¿Y planeas ser tú ese supuesto guía?

-No. Conozco a alguien más capacitado, y sé que accederá sin poner pegas. Al fin y al cabo, ha liderado a un grupo de personas que ha logrado revolucionar la guerra –explicó Kareth-. Sí, sin lugar a dudas, el líder de los Rebeldes es mejor decisión que yo para dirigir y unir a los humanos. Sin embargo, para ello necesitará dos cosas: convencer o derrocar a los líderes de cada potencia, y un símbolo o pilar que pueda utilizar para proceder a dicha unión.

-Ya veo… -respondió la deidad, previendo lo que estaba a punto de decir.

-Así es. Si evito la extinción de la raza humana, me convertiré en un héroe para la humanidad. Un salvador que Razer podrá usar para conseguir el apoyo de la gente.

-Algo como un dios y su profeta

-Sólo que basados en una historia real, sin exageraciones. Y hay algo más. Tanto yo como los líderes, así como nuestros sucesores, deberán dedicar toda su existencia a la misma causa: mantener la paz y devolver el mundo a lo que era. Al menos, hasta que la humanidad pueda volver a pensar como un solo ser, buscando el beneficio común.

 

Por un momento, Kareth tuvo la sensación de que la había convencido, pero ese pensamiento se esfumó al darse cuenta de que había sido rodeado por el líquido verde, que tomó una consistencia más dura y se dispuso a aplastarlo poco a poco.

-¡¿Gaia?! -se sorprendió el chico.

-Lo siento, pero lo que buscas es una utopía. Un sueño imposible. No permitiré que destruyas el proyecto Gaia por algo así.

 

Mientras tanto, Drake y Seph continuaban su combate contra Ceron, quien los tenía contra las cuerdas. La fuerza del gobernador era temible, y pese a ello, trataban de plantarle cara con sus mejores habilidades ya que, si le vencían, o mejor, si le convencían de cesar la lucha, ayudarían a detener la guerra.

-Ah… Ah… -jadearon ambos, incorporándose de nuevo para encararle.

-Habéis sido unos dignos oponentes. Por ello, y por respeto a los Rebeldes, os dejaré marchar con vida.

-Lo siento, pero no podemos aceptar tu oferta –contestó Drake.

-Debemos detenerte, cueste lo que cueste -le apoyó Seph.

-Es una pena.

 

Dicho esto, transformó su arma, dividiéndola en dos grandes garras con tres cuchillas cada una, las cuales debían de medir casi cincuenta centímetros de longitud.

 

Tras esto, se lanzó de frente hacia ellos pero acabó golpeando el suelo después de que Drake y Seph se desplazasen hacia sendos laterales del gobernador, desde donde iniciaron su contraataque: él, lanzando una serie de explosivos con intención de adherirse al torso de su oponente; y ella, tratando de rodear su cuello con sus hilos.

 

Por desgracia no salió bien, pues, prediciendo sus movimientos, Ceron llevó su arma hacia atrás, realizando un corte a cada lado que inutilizaron los explosivos e hirieron el pecho de la chica.

-¡Seph! -gritó Drake, disponiéndose a socorrerla pero siendo detenido por su adversario.

-¡Última oportunidad! ¡Ríndete o la mato! -amenazó el gobernador mientras la señalaba con una de las cuchillas.

-¡Espera! De acuerdo, tú ganas –se rindió Drake, dejando sus explosivos suavemente en el suelo- Al menos, me gustaría que me contestases a una pregunta.

-¿Qué? –se sorprendió- ¿Qué clase de pregunta? ¡Espera! ¡Si lo que pretendes es distraerme, ya te aviso que no dará resultado!

-Estoy desarmado. No puedo hacer nada –lo interrumpió, consiguiendo que le escuchase pese verle con la guardia alta y no del todo convencido.

-Lo que voy a decir es una suposición, pero... -continuó Drake, dudando un segundo de si debía formularla o no- ¿Es posible que el ataque del imperio a tus territorios no sea lo único por lo que quieras destruirlo?

-¿Eh? No te entiendo. ¿A qué otra cosa podría deberse si no?

-Puede que parezca una tontería, pero… quizás la muerte de Alder te haya afectado más de lo que crees.

-¡Ja ja ja! ¡¿Es una broma?! ¡¿Esa es la mayor estupidez que he oído en toda mi vida?! ¡¿Crees que enviaría a mis soldados a luchar por algo así?!

-No, por supuesto que no. Quiero decir, sé que ese no ha sido el principal motivo pero… tengo la sensación de que, si siguiese vivo, no habrías enviado a los tuyos a una muerte segura.

-¡Él no tiene nada que ver, ¿te queda claro?! ¡Atacaron mis territorios! ¡Lo justo es que busque venganza! ¡¿Y qué es eso de una muerte segura?! ¡Ganaremos y detendremos a ese científico loco y sus delirios de mesías!

 

Drake negó con la cabeza.

-Si la raza humana se extingue, tu venganza no servirá de nada. Y créeme, dado el poco tiempo que nos queda, dudo que seas capaz de detener al proyecto Gaia. Está claro que Alder te habría hecho pensar mejor las cosas.

-¡Se acabó! ¡Olvida lo de tu última oportunidad! ¡Voy a matarte, a ti y a tus mentiras!

-¡¿Mentiras?! ¡Si lo que digo fuese mentira, no habrías bajado la guardia!

 

En ese momento, Seph realizó un rápido movimiento con sus manos, elevando en el aire todos los explosivos que Drake había dejado en el suelo, atándolos al cuerpo del gobernador. La explosión fue tal que incluso ellos salieron despedidos hacia atrás pese a haber tomado medidas para alejarse de la explosión. Incluso el arma de Ceron acabó clavada en la superficie yerma, a varios metros de allí.

 

Tras unos minutos, lo único que quedó fue un humo gris oscuro, casi negro.

 

Tosiendo fuertemente, Drake incorporó su torso, buscando con un ojo abierto a Seph, quien se hallaba cerca de él.

 

Caminando a gatas, se acercó a la chica, descubriéndola tendida en el suelo. No respiraba.

-¡No! ¡No puede ser! –visiblemente alterado, lo primero que se le ocurrió fue tomarle el pulso, asustándose al no encontrárselo- ¡No! ¡Por favor! ¡No!

 

Sin pensárselo dos veces, le practicó la maniobra de reanimación cardiopulmonar. La herida hecha por el gobernador había sido superficial, pero, aparte del propio gobernador, era la que más cerca había estado de la explosión, por lo que la onda expansiva debía de haberla golpeado con más fuerza que a él.

 

Tras insuflar aire por su boca, el joven continuó reanimándola, cada vez más desesperado al ver que no despertaba.

-¡Vuelve conmigo! ¡Por favor, vuelve conmigo! ¡Te lo suplico!

 

Finalmente, y para gran alivio del joven, se levantó, inspirando una gran bocanada de aire y tosiendo con fuerza. Jadeando, volvió a tenderse sobre el suelo, manteniendo los ojos entreabiertos y desplazando las pupilas ligeramente hasta dar con la cara de Drake, quien se acariciaba la barbilla debido al golpe que acababa de darle al incorporarse.

-Drake… -murmuró- ¿Estás bien?

Con lágrimas en los ojos, él la abrazó.

-¿Estás llorando?

-¡No vuelvas a hacerme esto, ¿me oyes?! ¡Jamás!

 

Cuando parecía que todo había acabado, Ceron apareció frente a ellos, saliendo de entre el humo, que ya comenzaba a disiparse.

 

Sin embargo, caminaba con lentitud y apenas podía mantenerse en pie, cayendo de rodillas a pocos centímetros de la pareja. Pese a que había sido capaz de soportar la explosión, su invencible armadura había quedado muy agrietada y casi inservible.

-Tenías razón, chico… -dijo, al mismo tiempo que Drake acercaba el cuerpo de Seph hacia sí, protegiéndolo- Me afectó más de lo que nunca hubiese imaginado. Supongo que, después de todo, le respetaba. Su muerte no hizo más que echar sal a la herida que provocó el ataque a mis territorios.

-No fuiste el único. El golpe de estado que se produjo en la unión tampoco habría ocurrido de haber estado él. El proyecto Gaia supo aprovecharse de ello.

-He perdido. Informaré a mis tropas de que se retiren antes de que esto vaya a más. Aunque no estoy seguro de que lo logre a tiempo. El imperio avanza sin descanso, y encima tienen a esos monstruos.

-No te preocupes. Sé que mis amigos cumplirán con su misión.

 

Al ver caer el cuerpo inerte de Will, Yorus y Razer se dejaron llevar por un sólo pensamiento: no permitir que su muerte fuese en vano. Así pues, el primero lanzó su martillo a la cabeza de Naithan, quien, dolorido, retrocedió. Este hecho fue aprovechado por el segundo para coger su pistola, cuyo garfio seguía enganchado al cuello del emperador, y penetrar el hueco del gatillo con el filo de su estoque para, a su vez, incrustarlo en un espacio que había entre uno de los asientos y las ruedas traseras del vehículo, asegurándolo bien.

 

Posteriormente, se sentó en el lado del conductor y, mientras la bestia trataba de recuperarse del ataque, aceleró a fondo, arrastrándola hacia delante y obligándola a agarrarse al suelo con las patas delanteras. Entonces, Yorus recogió su martillo y se subió a su cabeza, golpeando fuertemente y en repetidas ocasiones el centro de la misma hasta conseguir que tocase tierra.

-¡Ahora, Yorus! ¡Ábrele la boca! -ordenó el líder de los Rebeldes, a lo que su compañero asintió, aprovechándose de la debilidad del monstruo para cumplir con su tarea haciendo uso únicamente de sus manos.

 

Acto seguido, Razer aceleró en dirección contraria, directo al interior de las fauces de Naithan. Sin embargo, justo antes de llegar, saltó del vehículo, al mismo tiempo que Yorus le soltaba la mandíbula y hacía que el objeto quedase encajado entre sus dientes. Tras esto, el líder de los Rebeldes se acercó tranquilamente a uno de sus compañeros caídos y cogió su fusil.

-Lo siento –le dijo al cadáver.

-¡Grr...! -intentó rugir Naithan.

-Apenas hay usuarios de Radiar dentro de los Rebeldes, por lo que la mayoría de nuestros transportes necesitan combustible. Eso significa que una chispa en el lugar y momento adecuados, puede provocar un gran "¡Boom!" –gesticuló, poco antes de apuntar al motor- Se acabó, Naithan. Ya nadie más tendrá que pagar por tu locura. Esto va por todos a los que has matado.

-¡Grrrr!

-¡Espero que se te atragante!

 

Sin más que añadir, apretó el gatillo, dando lugar a una explosión que incineró el interior del emperador, acabando instantáneamente con él. Lo único que quedó fue una carcasa escamosa con olor a quemado.

 

Finalmente, el joven suspiró hondo, bajó su arma y observó el cuerpo sin vida de su enemigo, como si no acabase de creerlo. Puede que en el fondo, sintiese algo de pena. A fin de cuentas, la mente trastornada de Naithan no era más que otro resultado de la guerra. Aun así, esa idea no tardó en desaparecer.

 

Su mirada se desvió hacia Will, a quien se acercó y cogió en brazos cuidadosamente. Su sangre, aún caliente, caía sobre sus brazos.

-¿Estás bien? -preguntó Yorus a su lado.

-Más o menos.

-¿Y ahora cuál es el plan?

-De momento, dejar su cuerpo al cuidado de otras personas. Dime, ¿todavía te queda fuerza para mover el cadáver de Naithan?

-Puede que necesite algo de ayuda –respondió Yorus, mirándolo-, pero no habrá problema. ¿Por qué lo preguntas?

-Te lo explicaré por el camino…

 

-¡Gaia! ¡Por favor! ¡Razona! -gritó Kareth, a quien le quedaba poco tiempo para acabar hecho puré.

-¿Qué te hace pensar que debo confiar en ti?

-¡Tú misma lo dijiste! ¡La unión entre el Radiar y yo ha sido lo suficientemente fuerte como para contactar contigo!

-¿Y qué? Lo mismo pasa con Emil.

-¡Sí, pero antes de eso, era incapaz adoptar la misma forma que él!

-De nuevo, ¿y qué?

-¡Que por fin lo entendí! ¡Entendí que estaba siendo egoísta! ¡No veía que, por mucho que evitase nuestra extinción, no salvaría el mundo! ¡Lo que debía hacer era corregir a los humanos! ¡Establecer una nueva sociedad! ¡Una pacífica y en armonía con el planeta! ¡Y que debía dedicar toda mi vida a ello!

-Sigo sin entender ad...

-¡El Radiar aceptó mi idea! ¡Fui capaz de conseguir esta forma porque una parte de ti quiere seguir mi plan! ¡Al igual que hiciese con Detz! ¡Significa que mi plan es tan válido como el del proyecto Gaia, ¿lo entiendes ahora?!

 

En ese momento, el guerrero fue liberado de su prisión.

-Quieres decir que, al no aceptar tu plan, ¿me estoy contradiciendo?

-Ambos planes buscan una solución para restaurar el planeta. Los dos son válidos. La diferencia es que yo pretendo darles una segunda oportunidad a los humanos. Y creo que con tu ayuda podré conseguirlo. Por favor, Gaia… -suplicó el chico, levantándose, no sin dificultad, y extendiendo una mano hacia el ser.

-Quiero creer en los humanos. Pero, aun si tienes razón, yo… no sé qué hacer…

-Gaia, no eres la única que tiene algo que proteger. Todos los seres vivos que creaste piensan igual. No somos una excepción. Ahora mismo nos sentimos perdidos y necesitamos un escarmiento, pero todavía podemos aprender. Puede que no siempre ocurra, pero hasta los villanos merecen redimirse.

-Prométeme que cumplirás con tu palabra. Que jamás te echarás atrás y que dedicarás toda tu vida a devolver el orden a este planeta.

-Lo haré. Quiero hacerlo.

-De acuerdo. Confiaré en ti, descendiente. En ti, en el Radiar y en mí misma. Haz que no me arrepienta.

Sintiendo cómo estrechaba su mano, todo volvió a oscurecerse alrededor de Kareth, e instantes después, se encontraba otra vez en el subterráneo con Nara en sus brazos, quien seguía conservando la personalidad de Gaia.

Ella fue depositada suavemente en el suelo, dirigiéndose poco después a Detz, que, junto con Kai, la observó extrañado.

-Emil. He escuchado su plan y deberíamos apoyarle. Creo que es posible conseguir un mundo mejor sin necesidad de destruir a los humanos.

-¡¿Gaia?! ¡¿Qué estás diciendo?! -preguntó.

-Sé que es arriesgado, pero la parte de mí que quiere confiar en ellos, es más fuerte. Por favor, quiero que me ayudes a hacerlo realidad. Sé que deseas lo mejor para el mundo y me gustaría poder dejar atrás nuestro odio hacia los humanos. Empezar de nuevo, juntos. Sé que no será camino fácil para ninguno de los dos, pero, con el tiempo, lo conseguiremos. Quiero creer, Emil.

 

Durante el tiempo en que estuvo hablando, él se mantuvo en silencio, boquiabierto. Sin embargo, poco a poco fue destensándose, adoptando una postura pensativa, casi cabizbaja.

-Ya veo.

-Emil... -dijo Gaia, esbozando una sonrisa.

-Sabía que al final te dejarías convencer.

-¿Qué...?

 

Cogiéndolos desprevenidos, el hombre se situó detrás de ella, y la agarró del cuello, usándola como rehén.

-¡Ni se os ocurra moveros o su cabeza acabará rodando por el suelo!

-¡Mierda! -se quejó Kai, arrepentido de haber bajado la guardia.

-¡Sabía que no podía confiar en ti, Gaia! ¡Que acabarías sucumbiendo a tu fe y te echarías atrás! ¡Pero puedes estar tranquila! ¡Porque mientras yo esté aquí, todo irá bien!

-¡Emil! ¡Por favor! -exclamó Gaia.

-¡¿Qué pretendes?! -preguntó Kareth.

-¡Hace un tiempo, instalé dentro de mí un aparato para atraer el Radiar hacia un mismo punto! ¡Utiliza la misma tecnología que el Sonar, pero con una frecuencia distinta! ¡Puesto que el Radiar forma parte de Gaia, con este aparato podré absorber todo su poder, convertirme en un dios y cambiar el mundo! ¡Eliminaré a la humanidad de una vez por todas!

-¡Eso es! ¡Eso fue lo que descubrieron mis padres! ¡Lo tenías todo planeado desde entonces!

-¡Sabía que Gaia era demasiado débil! ¡Quería pensar que quizás me equivocaba, pero al final has sido de lo más previsible!

-Emil…

-¡Lo siento, Gaia! ¡Este es tu fin!

Dicho esto, mordió el cuello de Nara, escuchándose el extraño ruido de un motor, procedente del artilugio en el interior de Detz.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Capítulo 39: La prueba de Akira



Viendo que se encontraban en desventaja numérica, Thomas, aprovechando el apoyo de Philip aumentó el número de gigantes, a los que añadió una serie de autómatas con forma de tigre, sólo que ligeramente más grandes que los originales, de color gris y ojos completamente blancos, faltos de pupilas.

Debían de haber como unos quince gigantes y ocho tigres. Un ejército de veintitrés individuos a los que se sumó Andrew, quien estaba preparado para lanzar sus cuerdas en cuanto se le presentase la oportunidad.

No hacía falta hablar de cómo había quedado el área del combate, con las casas reducidas a escombros y cualquier otro elemento del paisaje, como árboles o jardines, destrozado. La mayor parte de la culpa la tenían los gigantes, que ocupaban una buena parte del espacio, pero también había que adjudicársela a Beelzebub, cuyo tamaño superaba al de éstos. Si no hubiese sido porque se encontraban en la realidad de Mammon, aquello se habría convertido en un desastre.

Así pues, fueron los gigantes los que tomaron a iniciativa, esta vez, ayudados de un aura azul que rodeaba todo su cuerpo. Los tres que estaban al frente cargaron contra Beelzebub, quien los contuvo lo mejor que pudo, notando una diferencia en su fuerza con respecto a la de antes.
-Así que para eso sirve el aura azul –dijo mientras retrocedía un par de pasos-. ¡No me subestiméis! -consiguiendo detenerlos, el pecado extendió sus patas hasta rodearles con ellas- ¡Veamos que tal se os da volar!
Dicho esto, alzó el vuelo, llevándoselos consigo lo más alto que pudo y, tras girar sobre sí mismo, los lanzó hacia el suelo, chocando contra otros dos. Acto seguido, se dejó caer encima de ellos, descendiendo como un misil, con sus extremidades posteriores por delante. De esta manera, terminó destruyendo el cuerpo de cuatro, quedando rodeado por los demás.

Mientras tanto, a una altura mas baja, los tigres se dividieron en dos grupos y acometieron contra los tres pecados restantes. Sin embargo, se detuvieron en el acto, encarándose unos con otros, dispuestos a pelearse.
-¡Oh, no! ¡Otra vez no! –exclamó Philip, volviendo a aplicar el aura de color rojo alrededor de ellos, liberándolos del control de Bel.
Al ver que su técnica no había tenido efecto, la demonio se puso en pie pese a seguir, aparentemente, durmiendo.
-¡Dejémosle esos animales a Bel-chan y encarguémonos de los demás gigantes y de Andrew! –le dijo Levi a As, quien asintió a la vez que observaba al apóstol acercarse.

Bel caminó hacia los tigres, los cuales la observaban con expresión fiera aunque manteniendo las distancias. Pasaron unos segundos hasta que uno saltó hacia ella, quien lo esquivó dejándose caer sobre el suelo.
Un segundo fue detrás, aterrizando en superficie, ya que su objetivo rodó por el suelo lo suficiente como para evadirlo, incorporándose sin siquiera utilizar las manos y devolviéndole el ataque por el costado, lo que provocó que el tigre saliese despedido por el aire hasta chocar contra los escombros de una de las casas.

Tras esto, se acercó a otro de ellos, dando giros sobre sí misma como un tiovivo y finalizando el último con una patada en la mandíbula del autómata, dejándolo K.O. Esto último provocó que sus enemigos se volviesen más precavidos, decidiendo rodearla entre cuatro y embestirla en diagonal uno tras otro, con el fin de no darle tiempo para contraatacar. Por desgracia para ellos, Bel resultó ser más rápida, ya que, tras saltar para evitar las fauces del primero, se deshizo del que vino después con una patada giratoria en el aire, aterrizando posteriormente con la planta de sus dos pies sobre la espalda del que le había atacado antes. Previendo el ataque de un tercero, arqueó su espalda para evadirlo. Entonces, aprovechando que el abdomen del autómata había quedado indefenso, dirigió un rodillazo al mismo, levantándolo en el aire al mismo tiempo que daba una voltereta hacia atrás para crear espacio y lo sentenciaba con una patada hacia delante, una vez situado a su altura.

Por otro lado, Levi puso varias barreras de agua para protegerse de la carga de otros cinco gigantes.
-¡As-chan! ¡Plan de inundación! ¡Necesito que les entretengas hasta entonces! –pidió la demonio.
-¡Espera! ¿¡Yo solo!?
-¡Bel-chan y Ze-chan están ocupados ahora mismo! ¡Eres al único al que puedo recurrir para que me cubra!
-¡Más vale que me lo pagues después!
-¿Estás seguro de que quieres hacer así las cosas? –preguntó ella cambiando el tono de voz.
-Vale, lo siento...

Deshaciendo las barreras de agua, se echó hacia atrás y comenzó a concentrar Setten en su cuerpo, tomando una postura en la que tenía ambas rodillas en el suelo.
Asmodeus se vio frente a frente contra los gigantes y contra Andrew, siendo éste el primero en avanzar y combatir contra el pecado, propinándole un fuerte puñetazo, el cual fue encajado de lleno por el demonio, pese a que no consiguió moverle de su sitio. Sin embargo, no se detuvo ahí sino que continuó acertando un golpe tras otro mientras su adversario no hacía más que utilizar sus brazos como única defensa.
-¡Tienes miedo de atacarme! ¡Eres un cobarde después de todo! –exclamó Andrew.

De lo que todavía no se había dado cuenta era de la transformación que estaba sufriendo su contrincante, cuyo cuerpo había tomado de nuevo el aspecto de una mujer. Fue entonces cuando notó que su fuerza había menguado.
-¡¿Qué?! –se sorprendió el hombre justo cuando As le agarraba de las muñecas.
-Puedo cambiar mi energía a voluntad, ¿recuerdas? Es de lógica el que pueda absorber tu Retten –explicó mientras le daba un cabezazo en la nariz y le golpeaba en el vientre con su puño derecho para, acto seguido enviarlo de vuelta con los gigantes de una patada.
Tras esto, volvió a cambiar su energía y aspecto físico y desplegó una onda expansiva de Setten que obligó a los gigantes a protegerse. Entonces, se lanzó contra uno de ellos y situó una mano sobre su cabeza, dejando salir una gran llamarada que la hizo estallar, no obstante, otros dos lograron golpearle, enviándole contra el suelo.
-Maldita sea... –se quejo éste mientras veía dos pies abalanzarse sobre él, apartándose en el último segundo.

Alternando de nuevo a la forma intermedia, apoyó sus manos sobre el suelo, dando lugar a que la tierra de debajo de los gigantes se hundiese, cayendo cuatro de ellos como consecuencia y quedando atrapados.
-¡Os voy a demostrar de lo que es capaz una técnica demoníaca combinada con una humana! –exclamó el pecado mientras el brazo situado en su lado masculino quedaba cubierto de fuego y el situado en su lado femenino era rodeado por una serpiente dorada con el símbolo de una manzana en su cabeza.
A continuación, levantó su brazo femenino a media altura y realizó un gesto dirigido a los gigantes, el cual consistió en hacer como que agarraba algo y lo atraía hacia sí. Esto provocó que el aura que les rodeaba desapareciese y se arrodillasen al igual que si estuviesen saludando a un ser superior.
Posteriormente, alzó su brazo derecho y lanzó un gigantesco tornado de fuego que barrió a los cuatro gigantes que habían quedado atrapados.

-¡As-chan, cinco segundo para la inundación! –exclamó Levi, quien había terminado de concentrar Setten.
-¡En ello! ¡Zebub! ¡Bel! ¡Evacuación! –gritó mientras se situaba detrás de su compañera.
Al mismo tiempo, Beelzebub consiguió apartar a uno de los gigantes y, cual rinoceronte en plena embestida, se dirigió, junto con Bel, quien se subió a su espalda al verlo pasar cerca de ella, al mismo lugar en el que se encontraban As y Levi.

En ese momento, Levi unió ambas manos dando una palmada que provocó que una ola de unos doscientos metros de alto y largo apareciese delante de ella, abalanzándose sobre los gigantes, tigres, apóstoles y las casas de la zona.
-¡Cuidado! –exclamó Philip poco antes de que la gran masa de agua impactase sobre ellos y destrozase todo lo que encontraba a su paso.

Lo que quedó después fue escombros cubiertos de líquido elemento junto a los cuerpos destrozados de los autómatas creados por Thomas. No se veía a los apóstoles por ninguna parte.
-No bajéis la guardia –aconsejó Levi, observando su alrededor.
-En cualquier caso, te has pasado, Levi –dijo Asmodeus-. Menos mal que estamos en la realidad de Mammon, de lo contrario habrías sido reconocida como desastre natural.
-¡As! –le avisó Beelzebub.
-¡Ups! –el pecado de la lujuria se llevó una mano a la boca, mirando de reojo a su compañera.
-No voy a molestarme por algo como eso, tranquilos –indicó la demonio-. Aunque me fastidia un poco que penséis de esa manera sobre mí.
-No es que pensemos de esa manera. Bueno, no exactamente. Al ser la mayor de todos, supongo que te consideramos algo así como la mayor autoridad aquí... –intentó explicar Zebub.
-Ya vienen –le interrumpió ella.

De repente, un individuo salió del agua. Éste presentaba una musculatura mucho más grande en brazos y torso, lo que contrastaba con el tamaño normal de su cabeza y mitad inferior. Además de eso, estaba rodeado por un aura blanca.
-Philip... –dijo Asmodeus con cara de asco-. Qué poco erótico...
-Yo tampoco me siento muy a gusto con esta forma. Por no decir el desgaste que supone para alguien de mi edad.
-Quizás morirte te pegaría más –sugirió el pecado de la lujuria.
-Lo tendré en cuenta. Pero antes, tendré que preparar mi comité de bienvenida –respondió el apóstol señalando a los pecados.

Poco después, se lanzó hacia ellos, interponiéndose Beelzebub en su camino. Sin embargo, éste fue repelido hacia un lado por un puñetazo de Philip, quien continuó avanzando como si nada hasta situarse frente a Levi.
-No me gustaría que volvieses a hacer algo como lo de antes. Así que será mejor eliminarte primero –declaró el anciano levantando su brazo derecho. Sin embargo, en lugar de a ella, se golpeó a sí mismo, seguido este ataque por una patada de Belphegor, que consiguió derribarlo.
-Puede que hayas aumentado tu poder. Pero nuestros lazos son más fuertes.
-¡¿Tu crees?! –exclamó una voz al mismo tiempo que dos sogas se agarraban a los brazos de Asmodeus- ¡Ahora te haré sentir el poder de vuestros ataques!

Al instante, una corriente de agua las recorrió a partir del extremo sujeto a Andrew, impactando contra el demonio sin que este pudiese defenderse y finalizando con una onda de choque que lo envió contra los escombros, quedando inconsciente.
-¡As-chan! –exclamó Levi.
-Buen trabajo, Andrew. ¿Qué ha sido de Thomas?
-¡Lo utilicé como escudo para defenderme de ese tsunami! ¡Murió como un hombre! –contestó el apóstol.
-Que seáis capaces de matar a un compañero en vuestro provecho. Sólo demuestra lo envenenadas que están vuestras mentes –se quejó el pecado de la envidia.
-Mientras nuestro señor siga vivo, volverán. No hay de que preocuparse –comentó Philip.
-¡Aaaaaah! –gritando, Beelzebub, cuyo tamaño había aumentado aún más, le embistió, arrastrándolo varios metros.
-¡Bel-chan, cuida de As-chan! –ordenó Levi- Yo me encargaré de éste –señaló a Andrew.

-¡Akira-kun! –exclamó Eri al ver al medio demonio, quien, tras dejar a Shiina en un lugar seguro, se encaró a Matthew junto con Reima y Luci.
El apóstol tardó poco en incorporarse tras recibir el ataque de Reima. Mientras tanto, los escombros que habían sido elevados por el agujero negro, volvían a la superficie.
-¡Oh! ¡Pequeño discípulo! ¡Parece que has conseguido superar mi gran prueba! –dijo el pecado del orgullo, refiriéndose a Akira.
-¿Su gran prueba? –los demás se quedaron extrañados al escucharle.
-Ah, así que por eso se había ido con Luci.
-Eso creo –respondió Akira a la pregunta de Luci-. Ahora podré demostrar si realmente ha servido de algo.

 “-¿Un favor? –preguntó Luci.
-Sí –dijo Akira, con mirada decidida-. Me gustaría que me hicieses más fuerte.
-¿Por qué?
-Quiero ser alguien en quien ella pueda buscar apoyo siempre que lo necesite.
-Ella, ¿eh? Supongo que te refieres a Eri.
-¡¿Qué?! ¡Y-yo no he dicho nada!
-¡Oh, yo lo sé todo! ¡Soy el mejor! Es por eso por lo que me lo estás pidiendo a mí, ¿verdad?
-B-bueno, en realidad es porque... al ver vuestros recuerdos, me di cuenta de lo débil que eras entonces y cómo, pese a ello, llegaste a convertirte en uno de los pecados que luchó contra Chronos.
-Déjame darte un consejo, Akira. La mayor fuerza reside en la seguridad en uno mismo. Si eres capaz de ello, todos confiarán en ti.
El medio demonio asintió en silencio, pese a que no había recibido una respuesta positiva a su petición.
-Por ahora, acompáñame, después de hablar con Levi te llevaré a otro sitio donde existe un método rápido para conseguir poder. Eso sí, no será nada fácil.
-De acuerdo.

Después de haber completado su recado y de que los demás se dirigiesen hacia el cuarto creado por Mammon. Luci y Akira fueron a una habitación más pequeña donde había una armadura en el centro, dispuesta encima de una silla. Ésta era de color azul oscuro y sólo cubría la parte de arriba del cuerpo. En el centro del pecho había sido insertado un cristal redondo de un color azul más claro que el de la indumentaria.
-¿Voy a tener que ponérmela? –preguntó el joven al verla.
-Exactamente. Esta pequeña es de las pocas cosas que se han conseguido rescatar de la guerra contra Chronos. La última armadura que Mephisto creó antes de morir: Chrysalis.
-¿Mephisto? ¿El mismo que fabricó la tuya?
-Así es. Aunque no es tan buena como la mía. Tampoco se pegará a tu cuerpo de por vida por lo que, en ese aspecto, puedes estar tranquilo. Eso sí, como no consigas superar la prueba a la que te someterá, morirás aplastado.
-¿Aplastado?
-Ya te dije que no sería fácil. Si quieres conseguir poder en poco tiempo, necesitas poner tu propia vida en juego. Todavía estás a tiempo de retirarte.
El chico observó el objeto con expresión seria y tragó saliva.
-No voy a rendirme. Me pondré la pondré.
-¡Bien dicho!

Tras apartar la armadura para que Akira pudiese sentarse, el pecado del orgullo se ocupó de ajustarla a su cuerpo.
-Dices que te somete a una prueba pero, ¿por qué la hicieron de esa forma?
-Digamos que Mephisto no la diseñó para que fuese llevada sino para potenciar las habilidades individuales de cada uno. Por eso es perfecta para este caso.
-¿Y a qué clase de prueba me tendré que someter?
-No llegué a preguntárselo al único que se la puso pero, al terminar de fabricarla, Mephisto dijo que uno debía enfrentarse a sí mismo si quería sacarle todo su potencial a la armadura. El resto supongo que lo tendrás que descubrir por ti mismo –sentenció Luci, haciendo los últimos ajustes y situándose frente al chico- ¡Que tengas suerte!

De repente, la imagen del pecado desapareció, volviéndose todo oscuro hasta que el escenario se transformó en su propio instituto, sorprendiéndole.
-¿Qué hago aquí? –preguntó a la vez que se daba cuenta de que ya no se encontraba sentado ni llevaba puesta la armadura. Es más, ni siquiera vestía la misma ropa, sino que ésta había sido sustituida por su uniforme.

Otro detalle era el hecho de que no había nadie en los pasillos y, si intentaba mirar por la ventana, un escenario completamente blanco se mostraba ante él, como si no existiese nada más.

Intrigado y con la guardia alta por lo que pudiese suceder, caminó hacia delante hasta llegar a una de las aulas, abriendo la puerta y encontrándose con que tampoco había nadie dentro de ésta.
-¿Qué significa esto? –se preguntó girando la vista a su alrededor, siguiendo las filas de mesas y sillas así como dirigiéndola a la pizarra que se encontraba en uno de los extremos. Ningún hecho más que le pareciese fuera de lo normal.

Fue entonces cuando escuchó unos pasos a su espalda y alguien entró por la puerta. Al volverse, descubrió a Eri.
-¿Eri? ¿Qué haces aquí? –preguntó extrañado.
-¿A qué te refieres? ¿No habíamos quedado aquí?
-¿Eh? ¿P-para qué?
-¿No te acuerdas? El otro día me llamaste para que tuviésemos una cita al salir de clase.
-Ah... –aquella información le resultó difícil de procesar, quedándose con la boca entreabierta y completamente inmóvil.
-¿Akira-kun?
-E-espera un momento... –dijo, dándole la espalda e intentando organizar su mente. ¿Qué quería decir con tener una cita? ¿Como pareja? ¿Qué tenía que ver esto con enfrentarse a uno mismo?

Tras uno segundos de deliberación, consiguió entablar conversación.
-Con cita, ¿te refieres a una cita de verdad?
-¿De verdad? ¿Existen de otro tipo?
-Quiero decir... ¿somos p-pareja...? –preguntó tímidamente.
-Estás un poco raro. Por supuesto que lo somos. ¿Acaso tampoco te acuerdas de cuando me pediste salir?
-C-claro... –respondió por acto reflejo. Aquello parecía más un sueño que una prueba. Y un sueño de los buenos.
-Vamos, que se nos hace tarde –dijo ella, cogiéndole de la mano y tirando de él.
Entonces, el escenario cambió cuando atravesaron de nuevo la entrada de la clase, apareciendo sentados en un restaurante con comida enfrente de cada uno. Eri hablaba animadamente, contando anécdotas cotidianas.
-...esas dos siempre están discutiendo. Le he dicho a Shiina que no sea tan dura con Luka pero dice que no aprenderá de otra forma. ¿Qué opinas, Akira-kun?
-Eh... lo siento... estaba distraído...
-Eso no es propio de ti, ¿ha ocurrido algo hoy? Sabes que puedes contármelo –sugirió ella, sonriendo.

Una ola de felicidad inundó el corazón del joven. Sabía que aquello no era real pero no podía evitarlo. Aquella situación, que parecía tan normal, era probablemente lo que más había desead. Tener el valor y la oportunidad de estar con ella. Incluso si era una mentira, no había nada de malo en disfrutarla, ¿verdad?
-¿Estás seguro de que serías capaz? -una voz surgió de la nada y, poco después, una cuchilla atravesó el pecho de Eri, salpicando de sangre tanto la comida de ambos como a Akira- Si no puedes ayudarla, ¿cómo planeas que algo así suceda?
-Ah... ah... –la voz del medio demonio tembló al ver el cuerpo inerte y ensangrentado de la súcubo devolverle la mirada con ojos vacíos.
-No eres lo suficientemente bueno. Por eso no puedes superar tus límites...

Antes de que pudiese reaccionar, volvió a aparecer en el instituto, en el mismo sitio donde había empezado aquella visión. Ya no había salpicaduras de sangre y Eri tampoco estaba.
-Esto es... no puede ser... –teniendo un mal presentimiento, Akira corrió hacia la misma aula, encontrándosela otra vez vacía. Poco después, Eri hizo acto de presencia.
En ese momento, sin mediar palabra, el chico la cogió de la mano y continuó su carrera por los pasillos.
-¡¿Akira-kun?! ¡¿Qué ocurre?! –exclamó ella mientras intentaba seguir su ritmo.
-¡Te lo contaré cuando estemos en un lugar seguro!
Instantes después estaban en el restaurante, sentados uno frente al otro. La única diferencia con respecto a la vez anterior era la confusión dibujada en la expresión de Eri.
-¿Estás bien, Akira-kun?
Apretando los dientes y haciendo caso omiso de su pregunta, el medio demonio cogió su mano de nuevo y se dirigió a la salida.
Una vez fuera, se dio cuenta de que, a igual que en su instituto, no había nadie en la calle. De hecho, no había tenido tiempo de fijarse, pero probablemente también había sido así en el restaurante.

Sin detenerse a pensar mucho en ello, continuó calle abajo hasta que llegó a un cruce. Justo cuando se disponía a tomar una decisión, Eri le soltó la mano, haciendo un movimiento brusco.
-¡¿Me puedes decir ya qué está pasando?!
-¡Alguien quiere matarte! ¡Por eso tenemos que irnos! ¡No hay tiempo que perder!
-¡¿Matarme?! ¡Pero, ¿por qué?!
-¡P-porque...!
¿Qué podía decirle exactamente? ¿Porque era una prueba que tenía que superar? ¿Mentirle diciéndole que un apóstol quería matarla?
-Las dudas son parte del débil –dos cuchillas atravesaron el vientre y el pecho de Eri, mientras la desconocida voz hablaba-. Así sólo conseguirás que muera.
-¡Ah! ¡Aaah! ¡Aaaaaaaah! –gritó Akira, cayendo de rodillas sobre el suelo del instituto.

Otra vez el mismo escenario. Otra vez la misma historia. Quizás, si se quedaba en ese pasillo y no iba al aula, algo cambiaría. Es posible que sólo ocurriese si estaba junto a ella.
-¿Akira-kun? No habíamos quedado en el aula.
Por supuesto que no. No iba a ser tan fácil. Pues ella seguiría encontrándole independientemente de las acciones que tomase.

Fue entonces cuando decidió echar a correr. Alejarse de ella en un intento desesperado por separarla de su maldición.
-Qué estupidez... –declaró la voz, provocando que el chico volviese la vista justo para ver a Eri siendo cortada por la mitad.

Con lágrimas en los ojos y desesperación en la mirada, Akira volvió una vez más al punto de partida.

Desde fuera de aquella visión, Luci observaba cómo la armadura apretaba cada vez más fuerte el cuerpo del medio demonio.
-Esto no me gusta. Si sigue así, morirá.
-¡Luci! ¡Tenemos problemas!
-¡¿Mammon?! –se sorprendió el pecado al ver a su compañera aparecer en una pantalla flotante recién salida de la nada.
-¡Los apóstoles han creado una conexión entre mi realidad y la verdadera! ¡Los demás ya han ido a enfrentarse a ellos pero puede suceder cualquier cosa!
-Me encuentro en una situación un poco complicada ahora mismo –intentó explicar.
-¡Esto sí es complicado! ¡Mueve ese culo si no quieres quedarte sin él! –contestó ella, desapareciendo la pantalla.
-Buff... –el pecado del orgullo se cruzó de brazos, exhalando un largo suspiro- Me temo que no voy a poder seguir vigilándote durante mucho más tiempo, amigo...

Había perdido la cuenta de las veces que ella había muerto delante de sus ojos. Y, lo peor de todo, es que nunca conseguía acostumbrarse a algo así. Conforme transcurrían las mismas escenas, su ánimo disminuía, así como su capacidad de pensar y actuar. Era un verdadero infierno.
Además, estaba aquella voz que no dejaba de recordarle sus debilidades.

Quizás, hubiese sido mejor arrancarse los sentidos o morir allí mismo.
-Sigues siendo débil. Intentaste entrenar y hacerte más fuerte para protegerla, para apoyarla, pero fue sólo una excusa para esconder tu miedo a no ser capaz de conseguirlo. Como tampoco pudiste evitar que tu padre fuese un criminal y acabase muriendo. Sí, todo porque eres demasiad débil.
Estaba en lo cierto. Era demasiado débil. Incluso si había mejorado, al final tuvo que ser salvado por Luci. Ni en broma sería capaz de estar a la par con un apóstol. No servía para nada.
-La mayor fuerza reside en la seguridad en uno mismo... –susurró, acurrucado en la pared de uno de los pasillos.
Ése era el consejo que le había dado Luci. Si uno tenía fe en sus habilidades, conseguiría ser más fuerte.
Al fin y al cabo, él lo sabía mejor que nadie. Había sido considerado un demonio débil y sin ninguna habilidad, entrenando para hacerse más fuerte. E incluso después de perder a Chaos, su propio padre y creador, continuó luchando para hacer frente a Chronos.
-Confianza en mí mismo, ¿eh?
-¿Akira-kun? ¿Qué haces aquí? ¿No habíamos quedado en el aula?

Al levantar la cabeza volvió a verla, con esa aura brillante que la rodeaba y que tanto le había atraído, con su amabilidad y capacidad de sacrificio por sus seres queridos, por todos aquellos sentimientos que, desde que la conocía (sobre todo, después de empezar a luchar a su lado), se habían profundizado aún más.

En ese instante encontró su resolución, levantándose y cogiéndola de la mano.
-Pase lo que pase, estaré a tu lado.
-¿Eh? –se sorprendió la súcubo.
-¡Oye! ¡Voz de las narices! ¡No sé quién eres y no me importa! ¡Pero si quieres venir a por nosotros, da la cara y lucha! ¡Te haremos frente con lo que haga falta!
-Oh, parece que has dejado tus dudas atrás, ¿eh?
Sintiendo una presencia cerca de ellos, el chico se transformó y apartó a Eri hacia un lado, recibiendo el corte en su lugar. Por suerte, su grueso brazo sirvió de escudo contra el arma, que quedó clavada en éste.

El usuario de la cuchilla era una sombra oscura cuya silueta representaba a alguien muy conocido: él mismo.
-Así que a esto es a lo que se refería con enfrentarse a uno mismo, ¿eh?
Contrayendo la musculatura, rompió la cuchilla, golpeando a su adversario con el otro brazo. Éste, sacó otro par de cuchillas, una en cada mano, y se lanzó de nuevo contra Akira, realizando un corte detrás de otro. El medio demonio, sin inmutarse por los ataques recibidos, destruyó sus armas con un par de golpes. Entonces, la sombra optó por pasar a su lado y dirigirse hacia Eri, sin embargo, se topó con él, quien lo cogió con su brazo derecho y lo lanzo contra la pared, agarrándolo del cuello poco después.
-Jaja, ¿crees que serás capaz? –preguntó.
-¡Lo seré!
-Eres débil...
-¡Ya no! ¡No volveré a dudar de mí mismo! ¡Soy mejor que tú y seré mejor todavía! ¡No te necesito!
Apretando su cuello con todas sus fuerzas, despertó en la habitación a la que había entrado con Luci, quien ya no estaba allí. La armadura se separó de su cuerpo, cayendo al suelo, mientras que él arqueó la espalda hacia delante, intentando recuperar el aliento.

Había superado la prueba y había sobrevivido. Se sentía aliviado y orgulloso de sí mismo.
-¿Dónde está Luci? –preguntó una vez estuvo lo suficientemente despejado como para darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor-. Quizás haya pasado algo...
De repente se escuchó el ruido de una pared destruyéndose a lo lejos. Levantándose de la silla, miró una vez más a la armadura y cruzó la puerta de la cámara”

-¡Reima! ¡Lánzame un ataque de fuego! –pidió Akira.
-¡¿Estás seguro de esto?!
-¡No lo he estado más en toda mi vida! –declaró sonriente mientras se erguía sobre sus piernas y situaba los brazos formando una cuña.
Entonces, su compañero le lanzó una llamarada, la cual comprimió entre sus dos manos.
-¡Charge! –gritó, a la vez que su cuerpo quedaba cubierto de electricidad- ¡Gracias! ¡Eri! ¡Hay una cosa que quiero que sepas! –sorprendiendo a la joven, trasladó dicha energía a uno de sus brazos- ¡Estoy enamorado de ti!

Lanzando una fuerte descarga eléctrica hacia Matthew, el apóstol fue enviado contra la pared que había detrás de él, sufriendo una colisión.