martes, 14 de marzo de 2017

A New World: Capítulo 4

-Decidido pues -dijo Razer, dando por finalizada la reunión para formar los diferentes equipos-. A la base de Genese irán Kareth, Remi, Ivel y Sarah.

 

Los recién nombrados asintieron.

 

Colgado de la espalda de Sarah, se observaba un arco de aspecto cristalino y gran longitud, adornado con una serie de dibujos geométricos de color azul. Éste había sido entregado por Normand unas horas antes.

-Como parte del grupo que se infiltrará en el “Distrito β” irán Jaryl, Sdren, Zen, Sen y Len.

 

Únicamente asintieron Sdren y los tres hermanos. Jaryl, por el contrario, desvió la mirada hacia Will, molesto.

-No pienso dar mi brazo a torcer, Jaryl. Y sé que él tampoco lo hará –declaró Ivel, al darse cuenta de la expresión del chico, quien, con una mueca de desagrado, se marchó- Disculpadle –pidió la líder nómada, suspirando.

-No te preocupes. Es normal que esté así. Todos aquí nos sentimos igual, aunque no queda más remedio que aceptarlo –contestó Razer.

-Supongo que sí...

-Por último, -prosiguió el líder de los Rebeldes- el equipo que se ocupará de retrasar a los tres ejércitos estará compuesto por Drake, Seph, Will y yo mismo. Tened en cuenta que, aunque cada misión tendrá su riesgo, la nuestra será la que más. Por tanto, los que quieran renunciar pueden decírmelo. Nadie les culpará por hacerlo. Ante todo, quiero que vosotros y el resto de soldados estéis seguros de vuestra decisión.

 

Se hizo el silencio durante unos minutos. En ellos, el líder de los Rebeldes observó las expresiones de cada uno de los presentes. En ninguno hubo atisbo de duda sobre lo que querían hacer.

-El plan se desarrollará de la siguiente forma: los grupos de infiltración serán los primeros en partir. Si todo va bien, llegaréis de noche, con lo que la oscuridad os ayudará a pasar desapercibidos.

-¿Crees que Detz pedirá ayuda a alguien más? –preguntó Ivel.

-No lo descartaría. No sabemos de qué será capaz con tal de defender ambos sitios. Aunque es de esperar que aquél donde se encuentre Nara sea el más protegido.

 

>>En el caso del grupo que se dirigirá a Genese, aprovechad los callejones y cualquier otro rincón donde esconderos. Los nómadas conocen mejor la zona, por lo que ellos serán vuestros guías.

 

>>En cuanto al “Distrito β”, serán los Rebeldes quienes vayan al frente. En este caso, recomiendo zonas altas para protegerse. Como tejados, terrazas, etc.

 

>>Actuad rápido y, en caso de ser perseguidos, que una parte del grupo defienda el área de entrada mientras otra continúa adelante. Vamos a contrarreloj, así que nuestra prioridad es la velocidad. Y, sobre todo, recordad que os estarán esperando. No os descuidéis.

-¡De acuerdo! –respondieron todos, al unísono.

-En cuanto a los demás, dividiremos el ejército en dos partes: la primera, liderada por Will y por mí, se enfrentará a la alianza entre Yohei Gakko y el imperio. Mientras que la segunda, cuyos líderes serán Seph y Drake, se enfrentará a la alianza entre la unión y la facción.

 

>>A su vez, cada bando se dividirá en otros dos grupos. La idea es emboscar a cada uno de los ejércitos desde los lados con el fin de separarlos. “Divide y vencerás”. Aunque en este caso, con suerte, los retendremos unas horas y reduciremos su número lo máximo que podamos para desbaratar los planes del proyecto Gaia –al terminar de explicar la operación, Razer volvió a mirarlos a todos, y puesto que no hubo ninguna objeción, sentenció la charla- Bien. Si estáis todos conformes, doy por terminada la reunión. Cualquier pregunta sobre el plan, no dudéis en hacérmela. Es importante que todos sepamos cuál es nuestro papel antes de iniciar la misión.

 

-Oye, Remi –dijo Kareth, una vez fuera-. Necesito pedirte un favor.

-Claro, ¿de qué se trata?

-Acompáñame. Te lo explicaré por el camino.

 

-¿Se sabe algo de Kai? –preguntó Seph a Razer- ¿Piensas contar con él?

-Los planes deben hacerse con lo que se tiene. No puedo esperar a que decida unirse. No contamos con ese tiempo –contestó- Aun así, quiero pensar que vendrá.

-Confía en él, Razer. Tengo un buen presentimiento.

-Por ahora, lo más importante es prepararse para lo que se avecina. Gracias a los nómadas y a Normand, contamos con un mayor arsenal de armas. También he hablado con grupos de Rebeldes en otras partes del mundo para que tomen posiciones –hizo una pausa antes de seguir y dirigió la vista a sus ojos- ¿Cómo está Drake?

-Mañana le dejaré andar por su propio pie.

-Eres dura con él, ¿eh? –bromeó, esbozando una sonrisa irónica.

-Tengo que serlo. No quiero que vuelva a darme otro susto y, visto lo visto, necesito que esté en plena forma.

-Oye, Seph...

-¿Sí?

-Si no quieres que vuelva a pasar lo mismo, ¿por qué habéis decidido venir en mi grupo?

-Nosotros fuimos víctimas del imperio. Si estuviésemos en alguno de los otros, nos sentiríamos al margen del que siempre ha sido nuestro objetivo. No queremos morir, pero preferimos luchar en el frente.

-Entiendo.

-Si me disculpas, tengo que irme. Alguien debe contarle a ese idiota lo que hemos hablado aquí.

 

Por otro lado, Will se acercó a Jaryl, quien estaba de brazos cruzados, apoyado en la pared del pasillo adyacente a la sala donde había tenido lugar la reunión.

-¿Por qué no me dijiste que ibas a ir con Razer? –preguntó Jaryl.

-Sabía que no te gustaría la idea.

-¡Es una misión suicida, Will! ¡Claro que no me gusta! ¡E Ivel ni siquiera me deja acompañarte con la excusa de que alguien debe liderar a los nómadas de cada uno de los equipos!

-Entonces ahí tienes tu respuesta. Alguien tenía que hacerlo de todos modos.

-Lo sé, pero aun así...

-Si hubieses sido tú, yo también me habría enfadado –dijo Will, a lo que su amigo respondió apretando los dientes y golpeando la pared con el puño- No moriré, Jaryl.

-Más te vale –sentenció él, alejándose de su amigo, quien lo estuvo observando hasta que desapareció tras una esquina.

 

-A ver si lo he entendido bien –resumió Remi-. Quieres alcanzar la misma forma que Detz y para eso necesitas encontrar una manera de que el Radiar te acepte.

-Eso es.

-¿Y qué pinto yo en todo esto?

 

Los dos se encontraban en el área en la que ya habían entrenado en otras ocasiones, a las afueras de la villa

-He pensado que quizás, al practicar contigo, consiga darme cuenta de lo que me falta.

-Mm... si fuese así, lo habrías conseguido antes. No es la primera vez que luchamos, ¿sabes?

-Ya, pero las otras veces no pensaba en usar todo mi potencial. Tú mismo lo dijiste. Si esta vez voy más en serio, puede que dé con lo que el Radiar quiere de mí.

-En fin, tampoco perdemos nada por intentarlo –dijo, finalmente, Remi.

 

Así pues, el chico sacó dos pistolas desde sus mecanizadas piernas y se preparó para el combate.

 

Al mismo tiempo, Kareth transformó su cuerpo en el de un Eraser.

 

El sonido del viento era lo único que rompía el silencio entre ambos mientras, poco a poco, la tensión entre ellos iba creciendo, haciéndoles contraer sus musculaturas, dispuestos a atacar o defenderse, dependiendo de quién hiciese el primer movimiento.

 

En ese instante, Remi dio inicio al combate, aprovechando la distancia que había entre ellos para disparar una ráfaga de balas que fueron esquivadas por su amigo, quien corrió hacia su lado izquierdo mientras trazaba una curva en dirección a su contrincante, al que atacó directamente con un puñetazo.

-¡Demasiado lento! –exclamó éste, saltando hacia atrás de manera que se levantó una nube de arena al impactar el golpe contra el suelo.

 

Por suerte, aquello le sirvió a Kareth de pantalla de humo, que utilizó para despistarle y caerle desde arriba, empujándolo contra el suelo poco después de que Remi errase al disparar al frente.

 

Desarmado, el chico transformó su brazo mecánico en un cañón con el que apuntó a su amigo, golpeando con un láser su estómago, a quemarropa, y generando una pequeña explosión con la que logró quitárselo de encima, volviendo a distanciarse de él.

 

-Oye, Kareth, dime una cosa –comentó Remi mientras recogía la pistola del suelo y se incorporaba, espolsándose arena de la ropa-. Cuando te transformaste por primera vez, ¿en qué estabas pensando?

-¿Qué quieres decir? –preguntó su amigo, poniéndose también en pie.

-Quiero decir que qué fue lo que te impulsó a transformarte.

 

El chico hizo memoria, viniéndole la imagen del momento en que Sarah estuvo a punto de ser asesinada. Ahora que caía, Quattuor también provocó su transformación al fingir matar a Nara.

-Proteger a mis seres queridos... sí, diría que ese fue el principal pensamiento que tenía.

-Ya veo –respondió, meditando unos segundos hasta que pareció dar con algo-. Quizás sea sólo una hipótesis, pero ¿y si el Radiar quiere más que eso?

-¿A qué te refieres?

-No estoy seguro, pero si por aquel entonces lo hiciste para proteger a quienes son más importantes para ti, y pese a ello no adoptaste esa forma, puede que el Radiar quiera que el motivo sea uno más grande.

-¿Y salvar a la humanidad no le basta?

-No lo sé. Si no ha funcionado, supongo que tampoco.

-Pues no sé qué más puede ser –dijo el chico, desconcertado.

 

Si se ponía a enumerar todos los motivos que le habían llevado a enfrentarse a Detz, proteger a los demás y la creencia de que la humanidad merecía una segunda oportunidad eran los únicos que se le ocurrían.

 

Había una parte de él que seguía pensando en cómo antes de que se originase del Radiar, el ser humano había mantenido una sociedad estable. Y si habían sido capaces de llegar a ese punto una vez, ¿qué les impedía volver a hacerlo?

 

Ahora que lo pensaba, todo empezó a ir mal cuando se observó que el Radiar producía efectos secundarios en los humanos. Antes de eso, Gaia estaba fascinada con ellos y con lo que habían conseguido. Por tanto, en realidad tanto ella como el Radiar tenían en cuenta el planeta en su totalidad.

 

¿Si se limitaba únicamente a salvar a la humanidad, de verdad se solucionaría todo? ¿Realmente la humanidad volvería a ser como antes? No, como antes no bastaría. ¿Podría llegar a mejorar?

 

La manera de pensar de los humanos debía ser corregida.

-Salvarlos y corregirlos –murmuró, de repente, Kareth.

-¿Qué?

-Creo que ya lo entiendo. Hasta ahora sólo estaba pensando en salvar a la raza humana. Sólo tenía en mente evitar su extinción. Pero eso no acabará con todos los problemas en el mundo. Tengo que mostrarles a Gaia y al Radiar un camino donde el ser humano cambie, para que todos podamos convivir en armonía.

-¿Y qué tienes en mente? –preguntó Remi.

-Todavía tengo que pensarlo a fondo, pero creo que sé por donde empezar...

 

En los territorios del la unión, los soldados fieles a Yorus, cerraron rápidamente las puertas que llevaban a la sala de reuniones.

 

Finalmente, sus mayores temores se habían cumplido. Una alianza entre parte del bajo mundo y los propios ciudadanos había dado lugar a milicias que habían provocado un golpe de estado.

 

Como gobernador en funciones, Yorus había tratado de apaciguar su sed de venganza, pero sabía que las probabilidades de conseguirlo eran muy escasas. A ello había que sumarle la influencia de los “Spheres”, capaces de llegar a esos extremos con tal de dar continuidad a aquella guerra que les permitía seguir negociando con el Radiar. No conocían la verdad que había detrás.

 

De esa forma, la situación se había complicado mucho. Y si bien las tácticas de las milicias eran más rudimentarias que las de los soldados fieles al gobierno, el número de sus efectivos era inmensamente más grande. Además, la dificultad que tenían muchos soldados por matar civiles, a los que siempre habían estado protegiendo, no mejoraba la situación. Por el contrario, ellos no parecían dudar al intentar derrocar al gobierno.

 

Así pues, de momento, lo único que podían hacer era ganar tiempo hasta que los Rebeldes se movilizasen.

 

-¡Usad todos los muebles que haya para bloquear la puerta! –ordenó Yorus mientras él mismo levantaba, con suma facilidad, una mesa de madera que ocupaba el centro de la habitación.

 

La fuerza del hombre era bien conocida entre sus súbditos y, de hecho, era gracias a él que habían conseguido mantenerse en pie durante tanto tiempo, pero hasta el propio Yorus tenía problemas para enfrentarse a los ciudadanos.

 

-Éste es el último sitio al que podemos ir dentro del recinto. El resto ha sido ocupado, y no creo que tarden mucho en encontrar una manera de entrar. Ahora mismo, lo único que podemos hacer es resistir.

 

Los soldados miraron a su superior, algunos con expresión de tristeza, otros con decisión. Ninguno de ellos pretendía echarse atrás. Al contrario, mantenían sus armas firmemente agarradas, dispuestos a seguirle hasta el final.

 

En ese instante, uno de ellos dio un paso al frente.

-Creo que debería escapar, señor –dijo, dejando sorprendido a Yorus, que no supo qué responderle-. Si no recuerdo mal, dentro de esta sala hay una trampilla que lleva al túnel de alcantarillado. Se construyó en caso de que el gobernador la necesitase. Por eso, qué mejor que usted para hacer uso de ella.

-¡¿Me estás pidiendo que os deje tirados?!

-Sé que está en contra de eso, pero usted era la persona más cercana al anterior gobernador. En caso de que, algún día, todo vuelva a la normalidad, no habrá otro mejor capacitado para ocupar el cargo. Es necesario que sobreviva.

 

Al acabar de escucharle, apretó ambas manos, una de ellas todavía sujetando su habitual doble martillo. Odiaba admitirlo, pero tenía razón. Aun así, su honor le impedía hacerlo.

-¡Señor! ¡Yo opino lo mismo! –dijo otro de los soldados, también avanzando al frente- ¡La unión le necesita! ¡Si usted cae, no habrá futuro para nuestro hogar!

-¡Yo también, señor! ¡Decidimos hacernos soldados para proteger al gobernador y a los ciudadanos, y sin embargo los ciudadanos se han rebelado contra nosotros y el anterior gobernador está muerto! ¡Por favor, deje que esta vez cumplamos con nuestra misión!

 

El hombre respiró hondo.

 

Puede que sus soldados no fuesen tan fuertes y numerosos como los de la facción, pero habían combatido a su lado en muchas ocasiones. Algunos, más de las que podía contar. Desde luego, no tenían nada que envidiarles en lo que a lealtad se refería.

-¿Estáis seguros? No tenéis que demostrarme nada. Sabéis que estoy dispuesto a dar mi vida junto a vosotros.

-Lo estamos, señor.

-En ese caso, dejadme que os diga algo. Vivid. Porque sólo los que tienen la fuerza suficiente para ello, lograrán superar cualquier adversidad. Avanzad. Porque sólo los que lo hagan, obrarán milagros. Pensad en vuestros compañeros. Porque sólo los que lo hagan, serán capaces de proteger. Y pensad en vosotros mismos. Porque sólo los que lo hagan, encontrarán la paz. Sois guerreros, amigos míos. No me llaméis señor nunca más. Tratadme con trataríais a otro camarada, pues es lo que sois para mí: amigos y valientes guerreros –sentenció, a lo que el resto respondió levantando sus armas.

-¡Por la unión! –gritó Yorus.

-¡Sí!

 

Mientras se introducía en la trampilla, el hombre echó un último vistazo atrás.

-Llevaré vuestros deseos conmigo –declaró, para sí mismo, antes de cerrar la compuerta.

 

Llegó el momento de partir para los grupos de infiltración.

 

Delante de los que se encaminaban a la que quizás fuese su última batalla, estaba Razer, preparado para despedirse. Entre los presentes, también se encontraban aquellos que partirían junto con él hacia la “misión suicida”, como algunos la llamaban.

-Recuerdo cuando se formó nuestra organización. Por entonces, nuestro único objetivo era salvar a las personas que el imperio estaba usando en sus experimentos. Éramos pocos, pero pronto nuestra influencia y número crecieron.

 

>>Tiempo después, supimos de una amenaza aún mayor. Y lo peor de todo, que nuestro mayor enemigo había unido fuerzas con ella. Todo con el fin de destruir la raza humana.

 

>>El día en que esos monstruos atacaron nuestra villa, todos sufrimos un golpe muy duro. Por ello, quiero pediros perdón. Sobre todo a quienes todavía no he tenido la oportunidad de hacerlo.

 

>>Durante nuestra larga batalla, algunos han caído, y otros hemos continuado hacia delante con sus sacrificios siempre presentes, buscando lograr que sus muertes no fuesen en vano. Y pese a ello, yo mismo olvidé ese sacrificio, y me rendí, apartándome de los sueños por los que siempre hemos luchado.

 

>>Sé que lo que he hecho no tiene perdón, pero es lo mínimo que puedo hacer –dijo mientras ponía una rodilla sobre el suelo y bajaba la cabeza-. Con esto, quiero demostraros lo avergonzado que me siento.

 

Al ver a su líder arrodillarse ante ellos, muchos soldados se sintieron confusos. Algunos simplemente callaron, mientras que otros cuchichearon entre ellos sus reacciones ante lo sucedido.

 

No obstante, nadie profirió insulto alguno.

 

De hecho, cuando uno de ellos levantó el puño, manteniéndolo en alto, el resto le siguió, hasta que, finalmente, todos hubieron alzado sus brazos, dejando atónito al propio Razer.

 

Aquel gesto era una muestra de que pensaban seguir a su lado y no había nada que perdonar.

 

-Gracias a todos –dijo el chico, incorporándose-. Amigos. Hermanos. Hoy nos hemos reunido una vez más para luchar. Pero esta vez es diferente, pues ésta será nuestra última batalla.

 

>>Después de todo lo que hemos pasado juntos. Después de tanto sufrimiento. Hemos llegado al final del camino.

 

>>Quiero que miréis al futuro, y lo veáis lleno de paz y felicidad. Un futuro hecho para todos nosotros, aquéllos dispuestos a enfrentarse a la extinción, y hacer lo que no todo el mundo es capaz.

 

>>Ése es nuestro legado. Somos Rebeldes. Remamos a contracorriente. Y aunque nuestro último tramo sea el más difícil, no dudaremos.

 

>>El futuro se escribirá con nuestras propias manos, para que todos aquellos que ahora descansan en paz, puedan también verlo.

 

Dicho esto, Razer también levantó el brazo.

-¡Por la humanidad!

-¡Sí!

 

Mientras tanto, en otra parte del mundo, Kai emprendía su viaje hacia Genese.

domingo, 26 de febrero de 2017

By your side



-Háblame de la relación con tu padre –me preguntó la psicóloga.
-Mi madre se marchó de casa, dejándonos solos a mi padre y a mí. Fue entonces cuando él se dio a la bebida. Volvía a casa borracho, llorando y maldiciendo a mi madre. Por suerte, rara vez se ponía violento, y cuando lo hacía, no la tomaba conmigo, pero, a causa de ello, terminó perdiendo su empleo y convirtiéndose en un inútil que cada vez se hundía más en su propia miseria. Eso fue lo que llevó a que mi relación con él se complicase.
-Pero ahora eso ha cambiado, ¿no?
Asentí.
-Hace varios meses conocí a una chica. Su nombre es Alice. Es tímida pero muy cariñosa y amable. Nuestra relación comenzó con una conversación de lo más trivial, y poco a poco nos hicimos más cercanos hasta que, finalmente, decidimos salir juntos. Ella me ayudó a dar el paso para arreglar mi relación con mi padre, y, juntos, lo llevamos a alcohólicos anónimos, implicándonos mucho en su recuperación.
-¿Y cuál fue el resultado?
-Aunque todavía no se ha recuperado del todo, ha mejorado mucho.
-Ya veo –comentó mientras apuntaba algo en su libreta-. Dime entonces, Arthur, ¿por qué crees que estás aquí?
-Alice me lo recomendó. Me dijo que me ayudaría a acercarme más a mi padre y olvidar mi odio hacia mi madre.
-Parece una buena chica...
-La mejor que hay y habrá jamás. Por eso la quiero tanto.
-¿Qué tal si viene a la próxima sesión? Quizás pueda ayudarnos...
-Claro. Se lo diré. Siendo ella no creo que tenga ningún problema.
-De acuerdo. Por hoy hemos terminado.
-Vale, gracias. Hasta luego.

Levantándome de mi sitio, me encaminé hacia la puerta. Cuando salí, una chica de melena larga y negra me sonrió.
-¿Qué tal ha ido? –preguntó.
-Bien, creo que puede funcionar.
-Por supuesto que sí.
-¿Qué te parece si tomamos algo? Tengo que pedirte una cosa.
-No tengo mucha hambre pero te acompañaré de todos modos.

Dicho esto, fuimos a una cafetería cercana, sentándonos en la mesa uno frente al otro. Poco después, una de las camareras vino a atendernos.
-¿Qué vas a tomar? –me preguntó.
-Tomaré un café con leche y una ensaimada. ¿Tú vas a pedir algo, Alice?
La camarera giró la vista hacia ella y, acto seguido, de nuevo hacia mí. Parecía un poco nerviosa.
-No, no quiero nada –rechazó Alice con un gesto de la mano.
-De acuerdo. Entonces sólo eso.
Volviendo de nuevo la vista hacia Alice, la camarera se retiró a paso acelerado.
-Me pregunto que le ocurrirá –murmuré.
-¿Y bien? ¿Qué es lo que querías decirme?
-Ah, sí. La psicóloga me ha pedido que te lleve conmigo a la próxima sesión. ¿Qué te parece?
Ella me miró con cierta tristeza en sus ojos.
-Bien. Iré encantada.
-¿Te encuentras bien? –pregunté, preocupado.
-No, es sólo que...no importa...déjalo...
-...

Ella giró la cabeza para observar por la ventana que teníamos al lado. Aquel gesto hizo que me sintiese intranquilo. Si había algo que la molestase, lo mejor era que me lo dijese. Ella me había ayudado tanto a mí, ¿cómo no iba a querer corresponder todo lo que me había dado de la misma forma? Sin embargo, no quise forzarla. Si era algo de lo que quisiese hablarme, terminaría haciéndolo a su propio ritmo. Aunque, es posible que ya tuviese una idea de qué se trataba.
-Últimamente, mi padre pregunta mucho por cómo me van las cosas –dije, cambiando de tema-. Va mostrando signos de preocuparse más por mí. Además, hace tiempo que no pronuncia el nombre de mi madre y no llora por las noches.
-Eso es una noticia genial. Estoy segura que dentro de poco tu padre volverá a como era antes.
-Sí...yo también lo creo... –con una sonrisa en los labios, yo también observé el escenario que había al otro lado del cristal. Nada del otro mundo, una carretera perteneciente a la calle principal de la ciudad en la que vivía. Varias personas paseaban por la acera como si nada perturbase sus vidas, sin importarles demasiado los problemas de aquellos que pasaban cerca- Cómo pasa el tiempo, ¿verdad? –dije de repente- ¿Cuánto hace desde que nos conocimos? ¿Seis meses?
-Seis meses y cinco días.
-Lo recuerdas a la perfección –me impresioné.
-Por supuesto. Fue un momento muy importante para mí. Mi timidez no me permitía hacer muchos amigos, por lo que, cuando Carol me pidió que la acompañase a ella y a su novio en una cita doble con un chico que no conocía de nada, me asusté.
-Recuerdo esa historia. Al principio rechazaste venir –Carol era la mejor amiga de Alice, conociéndose desde pequeñas. En el colegio, la primera solía proteger a la segunda, e incluso las primeras semanas después de que empezase a salir con ella, me tuvo en su punto de mira, vigilando que no le hiciese nada malo. Lo pasé mal intentando no hacer ningún movimiento que pudiese malinterpretarse.
-Sí...pero Carol me insistió tanto que al final accedí. Y, la verdad, me alegro de que fuese así –volviendo la vista hacia mí, sonrió de nuevo.
-Yo también... –respondí mientras cogía su mano.

Después de que trajesen mi pedido, estuvimos hablando durante un buen rato sobre todo tipo de cosas, desde lugares a los que podríamos viajar, hasta cosas que podríamos comprar. El tiempo con ella siempre pasaba rápido y, cada vez que se acercaba el momento de irse cada uno por su lado, sentía una especie de miedo dentro de mí...miedo a que el tiempo que pasásemos separados fuese demasiado largo...

Cuando entré a mi casa, escuché dos voces en el salón. La primera pertenecía a mi padre, sin embargo, no esperaba a la segunda, que me hizo pararme en seco en mitad de la habitación, con expresión mezcla de sorpresa y enfado. Se trataba de mi madre.
-Arthur... –dijo ella, sin saber bien cómo continuar.
-¿Qué haces tú aquí? –pregunté, intentando mantener la compostura. La mujer que nos había dejados tirados ahora se atrevía a presentarse delante de mí como si nada hubiese sucedido. Es más, mi padre no parecía tener ningún inconveniente.
-Yo... –intentó explicarse, no obstante, mi padre la interrumpió.
-Tu madre está preocupada por ti, hijo.
-¡¿Preocupada?! ¡Todos mis problemas son por su culpa! ¡Ella fue quien te destrozó la vida y ha provocado que ahora tengan que estar tratándote! ¡Ni siquiera sé cómo puedes estar tan tranquilo en la misma habitación que ella!
-Arthur, no pido que ni tu padre ni tú me perdonéis. Yo, por entonces, no era feliz, y tomé la decisión más egoísta... Vine preparada para recibir palabras de odio por vuestra parte, sin embargo, tu padre decidió que lo mejor era hablar las cosas tranquilamente, por tu bien.
-¿Por mi bien? ¡Por mi bien, lo que tendrías que hacer es largarte de aquí y no volver jamás! –saliendo en estampida del salón, me dirigí hacia mi habitación, cerrando de un portazo.

Ninguno de los dos intentó hablar conmigo después de aquello. Supongo que pensaron que lo mejor sería esperar a que se me pasara, pero ni en sueños iba a volver a dirigirle la palabra a esa bruja.

A la mañana siguiente, me levanté y me preparé para ir al instituto, procurando no toparme con ninguno de mis padres. Por desgracia, justo cuando iba a salir mi padre me detuvo, llamándome desde atrás.
-Arthur.
Respirando hondo, me di la vuelta.
-¿Qué quieres?
-Sé que...no aceptas esta situación...pero yo estoy bien, de verdad. Ahora lo más importante eres tú. Para tu madre, no dejas de ser su único hijo...y aunque hizo lo que hizo...ella te quiere.
-...
-Sólo quería que lo supieses...
Mantuve la mirada sobre mi padre durante unos segundos más, antes de darle la espalda y marcharme sin decir nada.

A mitad de camino me encontré con Alice.
-Hola –me saludó.
-...
-¿Ocurre algo?
-Mi madre ha vuelto a casa.
-¡¿Tu madre?! ¡¿Por qué?!
-¡Y yo qué sé! –grité, irritado. Al darme cuenta de que la había asustado, decidí relajar mi tono de voz-. Lo siento. Es que no entiendo a qué viene todo esto. Se largó sin ni siquiera despedirse, dejando a mi padre en ese estado, y ahora vuelve como si nada y la única explicación que obtengo es que está preocupada por mí. ¡¿Preocupada de qué?! No se ha preocupado por mí en todo este tiempo y ahora, sin venir a cuento, quiere cuidar de mí. Como si la necesitase a estas alturas. ¡Puedo cuidar bien de mí mismo!
-¿Tú crees? –preguntó ella de repente, provocando una reacción de sorpresa por mi parte-. Yo...creo que deberías hablar con ella, Arthur. Es posible que lo que hiciese tu madre no estuviese bien pero quizás, si hablas con ella, entiendas lo que la llevó a hacerlo. A veces, nos encerramos en nosotros mismos y somos incapaces de ver más allá. Tienes que intentar abrirte a ella.
-Bah... –ignorando sus palabras, continuamos nuestro camino sin volver a dirigirnos la palabra.

Las clases pasaron sin pena ni gloria y, al final de éstas, Jules se acercó a mi mesa.
-Oye, Arthur, ¿puedo hablar contigo un momento? –parecía serio.
-Sí, claro... –respondí.

Jules era amigo mío desde hacía tiempo, además del novio de Carol. Ellos dos fueron quienes me invitaron a la cita doble en la que conocí a Alice. Desde entonces, habíamos salido algunas veces los cuatro juntos.

Sin embargo, por algún motivo que tenía que ver con Alice, Carol había dejado de venir a clase. Ella no me lo había contado pero probablemente se habían peleado, y debía de haber sido bastante fuerte como para que Carol estuviese faltando.

A Jules también se le veía muy afectado por el tema. No salía con Alice ni conmigo con la excusa de que tenía que ir a ver a Carol. Y cuando le decía de ir a visitarla, me contestaba que lo mejor era dejarlo estar, que sólo empeoraría las cosas. Incluso, una vez, le pregunté directamente si sabía algo sobre lo que había ocurrido entre ellas, y como resultado, salió corriendo, a punto de echarse a llorar. No había sido capaz de volver a hablar de ese tema con él.

Así pues, después de que los demás alumnos hubiesen salido, nos quedamos solos en clase.
-Seré breve. Sé que me han dicho que no te diga nada al respecto pero...deberías olvidarte de Alice.
-¡¿Qué?! ¡¿De qué me estás hablando?! ¡¿Es por lo de Carol?!
-¡N-no! ¡B-bueno, sí! ¡Tiene que ver pero...!
-¡Mira! ¡Sé que lo de su pelea te ha afectado! ¡Yo tampoco quiero que las cosas estén así! ¡Pero decirme que me olvide de ella sólo porque estás del lado de tu novia me parece meterte donde no te llaman!
-¡No es eso! ¡Es sólo que...esa chica no te conviene! ¡Te acabará destrozando!
-¡¿De qué vas?! –exclamé, levantándome de golpe- ¡Tú no eres quién para decidir con quién estoy o dejo de estar! ¡Me has decepcionado! –cogiendo mi mochila, me marché de allí a paso ligero.
-¡Espera! ¡Arthur!

Fuera del instituto, como tantas otras veces, me esperaba Alice.
-¡Vamos! –dije mientras cogía su mano.
-¿Huh? ¿Adónde vamos?
-¡A casa de Carol! ¡Terminemos con esto de una vez por todas!
-¡¿Qué?! ¡Espera!

Tirando de ella durante todo el camino, llegamos finalmente a su domicilio.
-Si no recuerdo mal, era aquí –decidido, toqué al timbre.
-¿Estás seguro de que esto es lo mejor? –preguntó Alice.
-Sólo así podré entender qué está pasando...

Tras un buen rato de espera, llegué a la conclusión de que nadie iba a contestar.
-¡Eh! ¡Carol! ¡Sé que estás en casa! ¡Deja de ignorarme!
Sin embargo, no se escuchó nada.
-¡¿Se puede saber qué os pasa a todos?! ¡Sal de una vez, joder! ¡Sólo quiero hablar!
Algunos transeúntes me miraban con preocupación. Otros incluso se detuvieron, preparándose para intervenir por si la cosa se ponía más tensa.
-Arthur...déjalo...

Cayendo de rodillas al suelo, me percaté de las miradas de los demás pero me daba igual. En lo único que pensaba era en que mi vida se estaba poniendo patas arriba a cada instante que pasaba y no parecía poder hacer nada para detenerlo.
-¿Acaso no quieres que las cosas se arreglen, Alice? –pregunté.
-Yo...no puedo hacer nada... –contestó con voz melancólica.

Una vez llegué a casa, cabizbajo y con la única idea de acostarme y aclararme las ideas, me encontré con mi madre.
-Hola... –dijo con timidez.
Yo me encaminé hacia mi habitación en silencio, mostrándole indiferencia.
-Arthur, por favor, hay algo que me gustaría contarte.
-¡No quiero que me cuentes nada! –estallé de repente. Después de lo que había ocurrido, de lo que menos tenía ganas era de escuchar sus tonterías- ¡Date cuenta de una vez! ¡Te odio! –grité mientras entraba en mi habitación corriendo y me lanzaba sobre la cama, golpeando fuertemente el colchón con el puño y hundiendo mi cabeza en la almohada.

Al cabo de un rato, escuché unos pasos acercarse a la puerta.
-Tranquilo, no voy a entrar. Sólo quería decirte que tu padre y yo nos vamos a divorciar. Supongo...que será una buena noticia para ti...
Ahora que lo pensaba, pese a lo ocurrido, mis padres seguían legalmente casados.
-Tu padre ha dicho que le gustaría que fuese un proceso tranquilo y he aceptado sus condiciones. Aunque la única condición que ha puesto ha sido que vivas aquí hasta que termines tus estudios. Dice que no hay problema en que venga a verte cuando quiera o que vengas a verme tú si lo deseas...aunque, por lo que has dicho, no creo que quieras –escuché como apoyaba la espalda sobre la puerta cerrada y se sentaba sobre el suelo del pasillo- Quisiera contarte la razón por la que me marché. Quizás no quieras escucharme pero creo que mereces saberlo.
No era feliz con mi trabajo. No era lo que quería hacer. Siempre había querido cantar y componer música, viajar por todo el mundo haciendo feliz a la gente con mis canciones. Pero tenía una familia a la que quería muchísimo, así que pensé que sería lo suficientemente fuerte como para soportar el renunciar a mis sueños. Sin embargo, no fue así.
Un día me reencontré con un viejo amigo y me hizo la propuesta de formar una pequeña banda. El problema era que ello suponía tener que viajar a otro país, así que al principio rechacé la oferta. No podía dejaros aquí.
No obstante, aquello encendió una llama que creía ya apagada, y con ella, la esperanza de poder cumplir mis sueños.
No sabía qué hacer, y tampoco tenía mucho tiempo, ya que mi amigo no tardaría en marcharse de nuevo al país del que había venido. Me encontraba entre la espada y la pared.
Tu padre dice que él tiene parte de culpa por no haberse dado cuenta de la situación entonces, pero no se lo echo en cara. Más después de lo que hice.
Como bien sabes, opté por la decisión más egoísta y me marché. Puede que pienses que podría haberme divorciado de tu padre en ese momento pero, eso era algo de lo que no era capaz. Además, creo que si lo hubieses hecho, las consecuencias habrían sido peores para ti. Quizás te hubieses visto responsable del divorcio...

No dije nada al respecto, limitándome únicamente a escuchar su monólogo.
-En ningún momento dejé de quereros a ti y a tu padre. Aun así, no te pido que me perdones. Fui una mala madre que antepuso sus sueños a su amor...dicho así, hasta suena contradictorio. Supongo que así son los sentimientos de las personas...

Tras esto, se mantuvo en silencio, probablemente con la esperanza de que le hablase. Viendo que no había respuesta por mi parte, se levantó.
-Lo siento, Arthur...

Poco después de que el sonido de sus pasos se esfumase, me dispuse a cavilar sobre sus palabras.

Nunca se me había pasado por la cabeza que mi madre hubiese tenido ese tipo de problemas. Había estado tanto tiempo encerrado en mis propios sentimientos que no había sido capaz de comprender los de los demás. Aquello hacía que me avergonzase de mí mismo.

No por ello tenía intención de perdonarla pero ahora la veía de manera un poco distinta.

“A veces, nos encerramos en nosotros mismos y somos incapaces de ver más allá”, recordé lo que me había dicho Alice.
-Supongo que tenías razón, después de todo...

De repente, sentí un pequeño deja vu, como si ya hubiese escuchado algo parecido a esa frase antes de que la dijese aquella mañana. Sin embargo, decidí no darle mucha importancia...

Así pues, finalmente llegó el día en el que llevaría a Alice conmigo a ver a la psicóloga.

Justo cuando me disponía a salir por la puerta, vi a mi madre tomando el desayuno en el salón, con aspecto decaído.
-Mamá... –al oírme llamarla, por poco no se le cayó la taza que tenía entre sus manos-. Cuando vuelva...me gustaría hablar contigo...
-C-claro... –dijo con voz tenue, todavía sin creerse lo que estaba pasando.

Al salir, me encontré con Alice, quien tenía dibujada una sonrisa en su rostro.
-¿Por qué sonríes? –pregunté.
-Porque puedo saber cuándo estás de mejor humor.
-Eres de lo que no hay... –dije, devolviéndole el gesto.

-Adelante –nos invitó la psicóloga.
Los dos entramos en la sala y nos sentamos sobre un par de sillones que había preparados delante de ella.
-Bien, comencemos. Dime, Arthur, ¿has oído hablar de la técnica de la hipnosis?
-Sí...
-Pues, si te parece bien, me gustaría usarla contigo.

Desplacé la vista hacia Alice, frunciendo el ceño.
-¿Para qué?
-Me gustaría que recordases un momento de tu pasado.
-No lo entiendo. ¿Qué pinta Alice en todo esto?
-Ella es sumamente necesaria para esta operación, Arthur.
Al escuchar sus palabras, sentí un poco de miedo. Por su parte, Alice parecía tranquila.
-¿Y qué es lo que quieres que recuerde?
-Si te lo digo, entonces todo esto perderá el sentido...
-...
Me quedé meditando durante unos segundos. Por alguna razón, sentía que algo no iba bien pero, por otra parte, si de verdad aquello iba a mejorar la situación, debía intentarlo.
-D-de acuerdo...

Así pues, la psicóloga me pidió que me acomodase y le cogiese la mano a Alice. Acto seguido, también me pidió que no perdiese de vista su dedo índice.
-Cuando cuente hasta tres sentirás que tu cuerpo se vuelve más y más pesado y que tienes mucho sueño. Uno, dos y tres.
En ese momento me sentí mareado. Los músculos de mi cuerpo no me respondían y era incapaz de levantar los párpados. Pese a ello, seguía consciente.
-Te encuentras en un día como hoy. Hace dos semanas. Es de noche y paseas junto con Alice por la acera de la calle principal de la ciudad...

De repente, el negro que veían mis ojos se vio sustituido por una calle transitada por varias personas además de mí. Las luces iluminaban el escenario bajo una noche de escasas estrellas.

A mi lado, se encontraba Alice, entrelazada mi mano con la suya. Siempre la había visto rodeada de un aura especial pero, en ese momento, no podía apartar la mirada de ella, increíblemente maravillado por su sola presencia.

Fue entonces cuando observé cómo su expresión cambiaba, volviéndose más seria.
-Oye, Arthur.
-Dime.
-Creo que deberías...intentar hablar con tu madre...
-Ya te lo he dicho. No tengo ninguna intención de ir a visitarla. El que me haya enterado de su paradero no cambia lo que hizo.
-Pero, ¿y si luego ya no tienes esa posibilidad? Si no la aprovechas puede que termines arrepintiéndote. Y es posible que, al hablar con ella, entiendas mejor por qué hizo lo que hizo. A veces, nos encerramos en nosotros mismos y no somos capaces de ver más allá. Es escuchando a los demás cuando aprendemos a comprenderlos...
-¡Ya hemos hablado sobre esto! ¡Te he dicho que no quiero saber nada de ella! –enfadándome de golpe, solté su mano.
-Entiendo que estés enfadado con ella...
-¡Por supuesto que lo estoy! ¡Nos dejó tirados! ¡Mi padre quedó destrozado por su culpa!
-Es tu madre, Arthur...
-¡Bah! ¡Olvídalo! –irritado como me encontraba, no me fijé en que el semáforo de la carretera que íbamos a cruzar estaba en rojo, poniéndome en medio del trayecto de un camión, el cual no pudo frenar a tiempo. Sin embargo, justo cuando iba a atropellarme, sentí un fuerte empujón que me tiró al suelo, evitando que sucediese. Cuando pude girarme para saber qué había ocurrido, el camión ya había pasado, quedando únicamente un rastro de sangre sobre la carretera y los gritos de la gente.

En ese momento, fui despertado de la hipnosis. Lágrimas descendían sobre mis mejillas y una sensación de agonía en mi pecho dificultaba mi respiración.

La mano de Alice seguida cogida a la mía pero no podía sentirla. Al levantar la vista hacia ella, mi mente se aclaró, como si una llave hubiese abierto las puertas que la mantenían encerrada.
-Tú...moriste ese día...
La imagen, situada a mi lado, asintió.
-Al parecer, debido al trauma que te causó su muerte, creaste una imagen de ella en tu cabeza. Una que sólo tú podías ver... –explicó la psicóloga-. Probablemente, haciendo que reaccionase de maneras que tu esperarías incluso ante nuevas situaciones.
-Pero, ¿por qué...nadie me lo dijo...?
-Si se hubiese hecho de golpe, tu estado podría haber empeorado. Así que dejamos que continuases unos días en esa situación y decidimos contactar con tu madre. Sabiendo que la relación de tus padres era un tema que te conectaba mucho a Alice, pensamos que podía ayudar a prepararte para enfrentarte a la realidad.

Sorprendido, no podía apartar los ojos de la persona a la que más quería.
-Yo...lo siento...
-No te sientas culpable, Arthur. Las cosas...siempre ocurren por una razón...
-¿Una razón? ¿Qué razón podría tener tu muerte?
-Eso es algo que debes encontrar tú mismo.
-No...no quiero aceptar que te vayas...no quiero que me dejes...
-Es inevitable, Arthur...pero tranquilo, jamás te dejaré...porque sé que, aunque ninguno de los dos la conozcamos, mi razón de morir vivirá contigo. Por eso tienes que continuar. Por los dos.
-¿Acaso no estás siendo egoísta?
-Si mi egoísmo sirve para ayudar a otras personas...quizás no esté tan mal serlo, ¿no crees?
-Alice... –bajé la cabeza hasta tocar sus intangibles manos.
-Recuerda esto...siempre te he querido...y siempre lo haré...
-Lo sé...lo sé muy bien... –dije mientras su figura desaparecía por completo- Al fin y al cabo...formas parte de mí... –incapaz de seguir hablando, rompí en un ruidoso llanto, descargando todos los sentimientos que habían quedado encerrados tras su muerte, y el cual no terminó hasta que mis lágrimas se secaron...

Varias semanas pasaron desde aquel día. Por entonces, el divorcio de mis padres ya se había llevado a cabo. Una decisión acordada entre ambos, aunque mentiría al decir que una parte de ellos no dudó al hacerlo. Aun así, los tres pensamos que era lo mejor.

Por mi parte, había decidido empezar desde cero la relación con mi madre, todavía seguía yendo al psicólogo para superar por completo la muerte de Alice pero lo llevaba bastante bien, y creo que, el hecho de intentar arreglar las cosas con mi madre, era una muestra de ello.

No tardé tampoco en descubrir que todo el problema de Carol se debía a una depresión que cogió tras la muerte de su amiga. Tanto ella como Jules habían sido avisados de mi estado, de manera que ninguno me contase sobre ello hasta que no fuese el momento adecuado. Sin embargo, el estado de Carol hizo que Jules no pudiese aguantar más, y estuviese a punto de decírmelo aquel día...incluso así, sus dudas le jugaron una mala pasada.

Las cosas seguían adelante, y ellos dos también iban volviendo poco a poco a la normalidad, decidiendo acompañarme a ver la tumba de Alice cuando estuviese preparado.

Así pues, finalmente, los tres recorrimos las escaleras que llevaban al cementerio situado a las afueras de la ciudad y, tras una pequeña caminata, nos situamos frente a su lápida, lugar en el que deposité un ramo de flores.
-Siento no haber podido venir antes, Alice. Todavía no soy lo bastante fuerte como para llegar hasta la razón por la que moriste –dije mientras entrelazaba mis manos y cerraba los ojos-. Pero, creo que poco a poco empiezo entender...que una parte de mí no era feliz...y que, en ese momento, había una barrera que era incapaz de cruzar... –me mantuve unos segundos en silencio, respirando hondo y aunando fuerzas para poder mirar el nombre escrito en aquella losa de piedra- Gracias a ti, pude romper esa barrera, pude liberarme a mí mismo...quizás hasta entenderme mejor...por ello, me lleve a donde me lleve...gracias...por ser alguien tan especial...por todo...

Tras una pequeña despedida por parte de Carol y Jules, los tres nos dispusimos a marcharnos de allí. En ese momento, tuve la sensación de que alguien me estaba observando, y una voz resonó en mi cabeza como suave eco:
“Mi razón de morir vivirá contigo”

Giré la vista hacia atrás pero lo único que divisé fue la tumba de Alice.
-¿Vienes, Arthur? –preguntó Jules.
-Sí –respondí mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro-. Por supuesto que sí...

domingo, 12 de febrero de 2017

A New World: Capítulo 3

-¿Estás bien? –preguntó Kareth a su hermana.

 

Ambos estaban en la azotea de una de las casas. Habían pasado varias horas desde que la chica entrase en cólera frente a Razer, logrando que reaccionase.

 

Tras haberse marchado y haberse calmado la situación, Kareth decidió hablar con ella.

-¿Vas a echarme la bronca? –preguntó.

-En realidad, no. Puede que hayas exagerado un poco, pero, dadas las circunstancias, era necesario.

-Ya veo –respondió con simpleza, exhalando un profundo suspiro antes de perder el equilibrio.

-¡Sarah! –exclamó su hermano, sujetándola antes de que cayese al suelo.

-Perdona. Me he mareado un poco.

-Llevas días que ni comes ni duermes como es debido. Lo raro es que no te haya pasado antes.

-He estado pensando todo este tiempo. En ellos y en lo que hicieron –dijo la joven, aferrándose fuertemente con su mano a los dos colgantes que rodeaban su cuello.

 

El chico sabía bien lo que Quattuor había significado para ella. También que ese sentimiento había sido recíproco.

 

“Cuida de tu hermana”. Ese había sido su último mensaje, transmitido por Kai junto a la entrega de su colgante.

-No quiero que queden en el olvido, Kareth.

-Y no lo harán –declaró el chico mientras acariciaba su pelo, sentándose en el suelo y dejando que la joven apoyara la cabeza sobre sus piernas- Pase lo que pase, no los olvidaremos.

-No pienso rendirme... –sentenció la chica con lágrimas en los ojos, quedándose por fin dormida.

 

En ese momento, Ivel apareció por la puerta de entrada.

-Kareth, Razer quería veros para hablar de... –se detuvo a mitad de conversación, al darse cuenta de que su amigo se llevaba un dedo a los labios- ¿Interrumpo algo? –susurró.

-Deja que antes la lleve a una habitación donde pueda descansar –respondió-. Me reuniré con vosotros después.

Asintiendo, la líder de los nómadas se marchó, cerrando la puerta detrás de sí.

 

Tras dejar a Sarah, se dirigió al punto de encuentro con los demás. Allí lo esperaban Ivel, Remi, Donell, Normand y el propio Razer quien, tras haberse duchado y afeitado, tenía un aspecto mucho más presentable.

-Bienvenido, Kareth.

-Te veo mejor, Razer –sonrió el joven, al observar su renovado aspecto.

-Sí, yo también lo creo. De hecho, ahora que estáis aquí, quería pediros perdón a todos. No sé cómo puedo seguir considerándome un líder después de que esta situación haya podido conmigo. De verdad, lo siento –dijo, agachando la cabeza.

-Lo importante es que ahora estás bien –contestó Ivel.

-Ella tiene razón. De nada sirve darle vueltas –añadió Remi.

-Gracias. Sobre todo a ti, Donell, que me has cuidado durante todo este tiempo.

-Tenía esperanzas de que volverías.

-Y así ha sido –respondió mientras dirigía su mirada hacia Kareth-. También quiero disculparme con Sarah. Aunque primero, deberé darle las gracias por haberme hecho entrar en razón.

-Estoy seguro de que las recibirá de buena gana –afirmó el chico-. Aunque ahora hay cosas más importantes en las que centrarse.

-Así es. Donell me ha hecho un resumen de la situación. Por lo que tengo entendido, la batalla entre las tres potencias es casi inminente. Según nuestros cálculos, queda poco más de una semana para que ocurra, aunque depende de cuánto tarde cada ejército en prepararse y de la decisión del gobierno de la unión.

-Yorus debe de estar pasándolo mal ahora mismo –declaró Kareth.

-Sí, pero es posible que gracias a él consigamos más tiempo –indicó Razer.

-¿Y bien? ¿Qué es lo que propones? –preguntó Remi.

-Primero tengo que confirmar algunas cosas. Por ejemplo, ¿se sabe donde hará su último movimiento el proyecto Gaia?

-No estoy seguro, pero el único sitio que se me ocurre es Genese. Al fin y al cabo, en el subsuelo de la ciudad es donde se encuentra su base, así como donde se llevaron a cabo los experimentos que dieron lugar al primer contacto con ella.

-¿Crees que será posible acceder a la base de alguna forma?

-Si no recuerdo mal, Tribus protegía una casa donde había una trampilla que llevaba al subterráneo. ¿Por qué lo preguntas?

-Intentar detener la guerra, tal y como están las cosas, me parece casi imposible. Sin embargo, un ataque directo contra ellos resultaría más eficiente. Eso sí, tendremos que hacerlo antes de que se produzca la batalla.

-De ahí la ayuda que nos pueda aportar Yorus, supongo –aclaró Remi.

-Aun así, el grupo que se infiltre deberá ser reducido. Y tampoco estamos seguros de si usarán su base como cebo mientras lo llevan a cabo en otro sitio –replicó Kareth.

-En incluso siendo allí, estará protegido –añadió Ivel.

-Lo sé. Lo único que podemos hacer al respecto es mandar un segundo grupo a otro lugar donde creamos que también puede producirse el advenimiento de Gaia –propuso Razer.

-¿Y qué lugar sería ése? –preguntó Kareth.

-Los territorios del imperio.

-Cierto. Teniendo en cuenta su relación con el emperador, y el hecho de que Detz estuviese allí, sería una posibilidad bastante segura –explicó Kareth.

-Pero, los territorios del imperio son muy extensos. ¿Cómo sabremos el sitio exacto donde lo harán? –preguntó Ivel.

-Apuesto por el “Distrito β”. Donde vive el emperador. Sin duda, será el más protegido aun después del envío de tropas a la batalla de las tres potencias. Además, no me extrañaría que, pese a los daños que causó Quattuor en su vivienda, todavía haya una zona escondida bajo tierra donde poder llevar a cabo su plan.

-Resumiendo –continuó Remi-, nos dividiremos en dos grupos: uno que se infiltre en la base subterránea que hay en Genese, y otro que lo haga en los territorios del imperio.

-Así es. No obstante, no creo que Yorus nos consiga tiempo suficiente, por lo que habrá que recurrir a una tercera operación –dijo Razer, con una mueca de disgusto.

-¿A qué te refieres? –preguntó Kareth, extrañado.

-No me gusta la idea, pero lo único que se me ocurre es enviar al resto de nuestros efectivos a la guerra.

-¡¿Qué?! –exclamaron a la vez Ivel, Remi y Kareth.

-¡Es un suicidio! –se quejó Ivel.

-¡Además, ¿no les ayudará eso a conseguir lo que quieren?! –añadió Remi.

-Por lo que dijo Naithan, los Rebeldes no entran dentro de esos cálculos. Lo que quiere decir que tanto si participásemos como si no, daría lo mismo. Sé que es un suicidio, y más teniendo en cuenta que tendremos que dividir a nuestros soldados para que retengan todo lo que puedan a cada bando antes de que se encuentren, pero no hay más remedio. De ello depende que los grupos de infiltración lo consigan. No os preocupéis, yo mismo les acompañaré y lucharé junto a ellas. Es mi responsabilidad como líder.

-Razer... –murmuró Kareth.

-El futuro de la humanidad está en juego.

 

Pese a no estar de acuerdo con él, a ninguno se le ocurrió otra estrategia. Por otro lado, todo el peso de aquélla residía sobre los grupos de infiltración.

-Ahora que lo pienso, has dicho que el “Distrito β” será el más protegido. ¿No será peligroso entonces infiltrarse en él? –preguntó Remi.

-A mi manera de ver –respondió Donell en su lugar-, teniendo en cuenta que estarán más centrados en la batalla que está por llegar, y que el grupo que enviemos será reducido, no se fijarán mucho en nosotros.

-Así es –continuó Razer-. Además, dada la naturaleza de Naithan y su deseo por que se produzca una carnicería, deduzco que mandará a casi todo su ejército. Así que, incluso si pienso que será el distrito más protegida, dudo que disponga de tanta protección como para que suponga un gran riesgo.

-Visto así...

-De hecho, lo más recomendable será que el grupo que se infiltre en Genese disponga que los soldados más fuertes.

-Mm... –meditó Kareth durante unos segundos, tras lo que tomó una decisión- Yo iré en el grupo de Genese.

-¿Estás seguro? –preguntó Razer.

-Las probabilidades de que el proyecto Gaia actúe allí son mayores, ¿verdad? Si es así, debo estar presente para enfrentarme a Detz.

-Yo iré con él –se ofreció Ivel-. Después de que esos monstruos atacasen esta villa y de que varios de los nuestros muriesen defendiéndola, decidimos participar en esta guerra Es nuestra forma de honrar a los difuntos, aunque no el único motivo. Como ha dicho Razer, el futuro de la humanidad está en juego, y sean quienes sean nuestros enemigos, lucharemos para sobrevivir. Como hemos hecho siempre.

-Sois una tribu formidable la halagó Razer- Será un placer contar con vosotros.

-En cualquier caso, ya nos lo imaginábamos. Si no, no estaríais aquí –bromeó Remi.

-¡Cállate! –replicó la joven, golpeándole en la espinilla.

-¿A ti te parece bien, Kareth? –preguntó el líder de los Rebeldes.

-¡Por supuesto! ¡Me sentiré más seguro teniéndola a ella en mi equipo!

-Entonces, decidido. Kareth e Ivel se dirigirán a Genese. Más tarde decidiremos qué harán el resto, pero, por ahora, creo que Normand tiene algo que darte.

 

Asintiendo, el hombre se acercó a él, sacando, del interior de la máquina en la que siempre iba subido, una daga que el chico reconoció como la que fabricó su madre.

-Me ha costado un poco, pero lo he conseguido –dijo, entregándosela.

 

Con cuidado, el joven la observó, percatándose de que el hueco que antes tenía había sido sustituido por un material idéntico al de su filo, dándole una apariencia mucho más similar a la de una daga normal.

-¿Se utiliza igual que una convencional? –preguntó.

-En parte sí y en parte no. Verás, lo que le faltaba era un mecanismo de vibración.

-¿Mecanismo de vibración? –le vino a la mente la imagen del Sonar.

-Exacto. Al apretar por primera vez el botón que tiene en la empuñadura, se produce una fuerte vibración mecánica en el filo que, a su vez, genera resonancia con una pequeña cantidad de Radiar previamente guardada en su interior. Al apretar el botón una segunda vez, ese Radiar es expulsado al exterior de golpe, de manera que, dada su alta inestabilidad, explota al tomar contacto con el del objetivo.

-Ese tipo de técnica es como la que nos enseñó Quattuor para luchar contra los descendientes. Sólo que parece mucho más potente.

-Además, le he añadido un motor K para que, cuando se pulse el segundo botón, el filo pueda hundirse más profundamente –aclaró Normand.

-Perfecto. Con esto quizás logremos derrotar a Detz. Gracias –dijo Kareth mientras seguía mirando el objeto-. Me pregunto por qué mi madre se decidiría por una daga. ¿No hubiese sido más fácil una pistola u otra arma de fuego?

-Tengo mi teoría –declaró el científico-. Esta arma es de un sólo uso, y lo más probable es que deba alcanzar un punto vital para conseguir su objetivo. Puede que tu madre la hiciese pensando que sería más fácil acertar con un arma blanca en lugar de un arma de fuego.

-Un sólo uso, ¿eh? Como si la presión que tengo no fuese suficiente –se quejó el chico, esbozando una sonrisa irónica, a la vez que guardaba la daga.

-También tengo casi acabado el arco de Sarah, así que, cuando despierte, dile que venga a verme.

-Lo haré.

 

Mientras tanto, en otro lugar, Tribus observaba el cuerpo de Nara, quien dormía profundamente en el interior de un cilindro similar a aquel del que fue rescatada.

 

De repente, escuchó un ruido metálico detrás de ella, cuyo origen era Unum, quien, con expresión de dolor, y sujetándose uno de sus brazos, había lanzado contra el suelo material de investigación dispuesto sobre una bandeja.

-¡Joder! ¡Ya he acabado de regenerarme! ¡¿Por qué me sigue doliendo?!

-El poder liberado de un semidiós te golpeó casi de lleno. Es normal que tengas secuelas aun habiéndote recuperado –explicó ella.

-¡Tiene suerte de estar muerta! ¡De lo contrario, juro que la retorcería entre mis brazos como si fuese un sucio trapo!

-La culpa es tuya por confiarte –declaró, burlona-. Pero en fin, supongo que un problema menos.

-¿Ha dicho algo Detz? –preguntó Unum mientras se sentaba en una silla, acariciándose la parte afectada.

-Dice que las tropas de Yohei Gakko ya se han reunido con las del imperio. Supongo que en un par de días habrán acabado las preparaciones.

-Y él vendrá hacia aquí.

-Tanto él como Duobus.

-¿Ella también?

-Claro. Tenemos que proteger el contenedor cueste lo que cueste. Es lógico que los que quedamos nos encarguemos de ello.

-Ya. Bueno, da igual, siempre y cuando no me robe a mis presas.

-Tranquilo, tendrás tu diversión.

 

Durante unos instantes, se mantuvieron en silencio, inmersos en sus propios pensamientos, como si ignorasen la presencia del otro.

-Por cierto, Tribus...

-¿Sí?

-Lo que te pidió Detz que le injertases...

-No lo sé. Y aunque lo supiese no te lo diría.

-Je. Lo suponía –dijo, levantándose y se disponiéndose a marcharse-. Es curioso. Últimamente, la imagen de esa chica ha vuelto a aparecerse en mi cabeza. Me pregunto por qué, no siento nada al recordarla, pero, aun así, se mantiene viva en mis recuerdos. Incluso su nombre: May. Parece que, después de todo lo que hemos cambiado, nuestro pasado nos perseguirá hasta la muerte, ¿no crees, Tribus? –sentenció, riéndose de sus propias palabras.

-Tienes razón, Unum. No importa lo que cambiemos, nuestro pasado siempre seguirá presente. Pese a ello, nunca volverá a ser nuestro –murmuró ella, una vez sola, adoptando una expresión melancólica-. En ese sentido, todavía te tengo envidia. Porque pudiste pensar por ti mismo, ¿no es así, Quattuor?