sábado, 18 de agosto de 2012

The demigoddess and the necromancer: Capítulo 15

Al día siguiente, los combates se sucedieron sin que ocurriese nada relevante.

 

Los adversarios de Kai, Miruru y Seph no les presentaron problemas, hasta el punto en que el nigromante ni siquiera tuvo que hacer uso de Hel.

-Ya estoy aquí –dijo Miruru, sentándose junto al resto.

-Buen trabajo –le respondió su compañero.

-No es que haya dado mucha guerra. Lo único que hacía era hablar y provocarme. Como si pretendiese que yo atacase primero. Así que eso he hecho y, a la nada, ya estaba en el suelo –explicó mientras suspiraba y se encogía de hombros- Prefiero a ése que parecía un ninja. Al menos, molaba cómo vestía.

-En serio, déjalo estar –pidió Kai.

-Pero Miruru, tu poder es increíble –comentó Seph-. Ambos sois usuarios de Radiar, ¿verdad?

-Sí.

 

Al escuchar la respuesta de la semidiosa, Kai se fijó en la expresión melancólica que acababa de poner. Probablemente, todavía le seguía dando vueltas a la opinión que tenían los otros dos sobre el Radiar.

 

Entonces, se escucharon vítores entre la muchedumbre.

 

Acababa de finalizar otro combate en el que el luchador ciego había salido victorioso.

-Ese hombre también es bastante fuerte. Espero que no os topéis con él hasta la final –comentó Drake.

 

Sin esperar a que Marie anunciase el ganador, aquel hombre se marchó del área de combate, dejando paso al siguiente encuentro.

 

Siguiéndole con la mirada, a Kai le pareció ver cómo alguien iba detrás de él.

-¿Ocurre algo? –preguntó Miruru al notar la inquietud del chico.

-No, no es nada...

 

Así pues, la siguiente fase del torneo terminó y tanto Kai como Miruru se despidieron de Drake y Seph, tras lo que subieron las escaleras que llevaban al exterior.

-¿Estás bien? Te he notado un poco raro antes –dijo Miruru.

 

En ese instante, el chico puso un dedo sobre los labios de ella, haciendo que se detuviese.

-Parece que han empezado a moverse –indicó Kai.

-¿De qué hablas? –preguntó ella, confusa.

 

Sin decir nada más, Kai agarró su mano y echó a correr, escuchándose poco después pasos a sus espaldas.

 

“Vienen desde varios sitios. Así no puedo saber bien dónde están”, se quejó internamente el joven.

 

-Nos esconderemos en ese callejón –susurró el nigromante.

 

Girando por una esquina, llegaron a un estrecho pasadizo situado entre dos edificios, en cuyas paredes se apoyaron mientras vigilaban la calle por la que habían venido.

-Entonces lo que decía esa mujer era cierto –comentó Miruru, refiriéndose a las palabras de Anna del día anterior.

-Me temo que sí, y no creo que seamos los únicos a los que persiguen –respondió Kai, recordando a la persona que había visto seguir al luchador ciego.

 

De repente, una sombra aterrizó, apareciendo desde arriba, justo a su lado, lo que sorprendió a ambos, apenas dándoles tiempo a reaccionar, consiguiendo evitar su ataque por poco.

 

En respuesta, Kai intentó contraatacar, pero dicho intentó fue evadido fácilmente.

-¡Kai! –exclamó Miruru, quien esta vez tomó la iniciativa de agarrar la mano de su compañero y escapar de allí. Por poco tiempo, pues no tardaron en verse rodeados por cinco más.

-Dos contra cinco, ¿eh? ¿No os parece injusto? –preguntó la chica.

-Tenéis que venir con nosotros. Si no es por las buenas, será por las malas –dijo uno de ellos.

-No tienes que repetírmelo dos veces –contestó Kai, zanjando así la conversación.

 

Tras esto, analizó la situación en la que se encontraban. Debido a la oscuridad que había en ese momento, el sentido de la vista estaba bastante limitado, lo que podía ser un inconveniente, sobre todo para Miruru. Pese a ello, la soledad de las calles adyacentes les permitiría luchar sin tener en cuenta la seguridad de los demás.

 

Cortando su línea de pensamiento, dos de sus atacantes corrieron hacia él.

-¡Segundo espíritu: Faith! –exclamó, poco antes de que ambos quedasen petrificados, lo que aprovechó para golpearles fuertemente en la cabeza y dejarles sin conocimiento.

-¿Qué ha sido eso? –preguntó Miruru, mientras lograba esquivar, a duras penas, el ataque de otro.

-Faith petrifica a todo aquel que toca durante un tiempo. En combate, puede ser una gran ventaja –explicó rápidamente Kai.

-¡Qué guay!

-¡No te distraigas!

 

Justo en ese momento, fue atacada por la espalda. Sin embargo, el golpe fue desviado  utilizando la llave que le había enseñada Kai, noqueando a su oponente una vez en el suelo.

-¡Lo he hecho Kai! –exclamó, contenta.

 

Mientras tanto, Kai, falto de tiempo para poder elogiarla, se defendía como podía de las acometidas de los que quedaban.

 

Uno de ellos consiguió alcanzarlo, empujándolo unos pocos pasos hacia atrás y dejándolo a merced de otro, que lo sujetó de los hombros para inmovilizarlo.

-¡Mierda! ¡Si al menos pudiese ver claramente! –se quejó Kai, mientras recibía un par de golpes en el estómago.

 

Fue entonces cuando algo golpeó a los tres, dándole la oportunidad de liberarse.

-¡Lo siento, Kai! –exclamó Miruru.

 

El chico se levantó como mejor pudo, dirigiéndose hacia uno de los otros dos que también habían sido derribados y noqueándolo de una patada

-¡No importa! ¡Gracias por ayudarme! –respondió a la disculpa de su compañera.

 

Tras esto, tan sólo quedaba uno, encaró a él sin que ninguno de los dos se atreviese a mover un solo músculo. Segundos después, fue su oponente quien tomó la iniciativa, acometiendo de frente contra el nigromante y golpeándole fuertemente en la mejilla, de manera que éste cayó inconsciente.

-¡Kai! –se asustó Miruru, echando una mirada de ira a su enemigo- ¡Maldito! ¡Voy a enseñarte lo que pasa cuando me enfado!

 

Justo cuando se disponía a atacar, Kai apareció por la espalda, arremetiendo contra él y logrando que se golpease de frente contra el suelo.

-¡Cuarto espíritu: Lein! –dijo, mientras su cuerpo inconsciente desaparecía, desvelándose así como una de las ilusiones del espíritu.

 

Sorprendida, la semidiosa respiró aliviada.

-Me has asustado, ¿sabes? –se quejó.

-Lo siento –se disculpó él.

 

Entonces, sin tan siquiera dar muestras de mareo, Miruru se desplomó.

-¡Eh! ¡¿Qué es lo que...?! –intentó decir Kai, sintiendo al instante un fuerte dolor en el cuello, seguido de debilidad corporal e inconsciencia, quedándose todo oscuro a su alrededor.

 

-Kai. Kai, despierta.

 

Lo primero que notó fue una mano, o al menos eso parecía, dándole pequeños golpecitos en su hombro. Poco a poco, y con gran esfuerzo, abrió los ojos hasta distinguir el rostro de Seph.

-¿Seph? ¿Qué haces aquí? –preguntó con voz débil y algo más grave de lo normal.

-Pues diría que lo mismo que tú. Creo que hemos sido secuestrados o algo así –explicó la joven.

 

Levantando la mitad de su cuerpo con ayuda de ella, observó dónde estaba.

 

Ante él se encontraba una habitación vacía y de paredes totalmente blancas. No se apreciaban ventanas y la única vía de entrada o salida era un gran portón de hierro.

 

Una vez disipado el mareo, pudo ver que él y Seph no eran los únicos allí.

 

Al lado de la chica también estaban Drake y Miruru, y, más alejados, el luchador ciego y aquella chica que solía matar a sus oponentes al finalizar los combates.

 

Como detalle, cayó en la cuenta de que todos tenían las manos esposadas.

-¿A vosotros también os atacaron? –preguntó Kai.

-Sí. Aunque, al parecer, tan sólo me buscaban a mí –explicó Seph- Drake me protegió y entre los dos logramos vencerles, pero algo nos golpeó por la espalda y nos dejó inconscientes.

-Probablemente, el primer grupo era sólo una distracción. Sabían a lo que venían y que nos defenderíamos bien. Curiosamente, aquí sólo nos encontramos cinco de los dieciséis que quedábamos en el torneo, además de Drake, a quien buscaban secuestrar pero a quien prefirieron mantener encerrado por si las moscas –especuló Kai.

-Entonces...

-¿Recuerdas los rumores de los que nos hablaste? Nuestra contratante nos avisó de que tuviésemos cuidado, pero no esperaba que enviaran un primer grupo de distracción. He sido descuidado –continuó Kai- Es curioso que ella también dijese que los de su mismo estatus eran más fiables que los civiles normales.

-Lo creas o no, esa mujer tiene razón.

 

Al escuchar aquella voz, todos giraron la cabeza hacia el foco, cayendo en la cuenta de que se trataba de la otra chica, sentada al lado del luchador ciego.

-Gente como nosotros actúa por su cuenta, pero tenemos nuestro propio honor.

-¿Y tú eres? –preguntó Miruru.

-Runya. Eses es mi nombre.

-¿Quieres decir que esto es obra de alguien ajeno al torneo?

-No me refiero a eso, pero no negaría la posibilidad de que hubiesen sido “convencidos”.

-En cualquier caso, sea quien sea el que nos haya traído hasta aquí, deberíamos buscar alguna forma de escapar –propuso Kai.

-En eso coincido contigo. Comenzaremos por quitarnos estas ridículas esposas -dijo Runya mientras realizaba un ligero movimiento con sus dedos y rompía el objeto metálico.

-Mucho mejor. –continuó, crujiéndose las muñecas-. Por cierto, antes de nada, me gustaría saber vuestros nombres completos, no considero justo que haya dado el mío y todavía no os conozca.

-¿Nombre completo? –preguntó Seph, extrañada.

-Entiendo, así que vienes de Yohei Gakko –dijo Kai.

-Eso forma parte del pasado –contestó Runya, quien hizo un gesto con las manos en señal de que procedieran a decirle sus nombres.

-Yo me llamo Kai y ella es Miruru –señaló el nigromante-. Esos son nuestros nombres.

-¿Y vosotros dos? –preguntó Runya, refiriéndose a Seph y Drake.

-Mi nombre es Sephiria Cromwell y el es...

-Drake Edan, para servirla señorita –el chico se acercó y besó su mano-. Ahora que la veo de cerca me doy cuenta de que es una preciosidad, estoy seguro de que...

 

Un pie acabó en la cara de Drake provocando que su cabeza se golpease contra el suelo.

-¡Huh! –enfadada, Seph desvió la mirada hacia el lado opuesto.

 

En respuesta, la única reacción que mostró Runya fue absoluta indiferencia.

-Sólo quedas tú –continuó, girándose hacia el luchador ciego, quien no había movido ni un solo músculo desde que estaban ahí, y que siguió en silencio ante la pregunta de la chica.

-No eres muy hablador, ¿eh?

-Valer –contestó secamente.

-Bien. Ahora que todos nos hemos presentado... –mientras hablaba, Runya se levantó, dejando caer al suelo lo que quedaba e las esposas.

 

Al observarlas más detenidamente, Miruru se dio cuenta de que habían sido cortadas limpiamente, lo que le extrañó.

-¿Tú también eres una semidiosa? –preguntó.

-¿Y qué si lo soy? Eso no me convierte en amiga tuya –respondió Runya, de forma desagradable, tras lo que se dirigió al portón de hierro y comenzó a examinarlo

-Tienes razón –susurró Miruru-. Yo no sería capaz de matar como lo haces tú.

 

Mientras tanto, Kai observó a ambas, acariciando sus muñecas para disipar el escozor dejado por las esposas, y dejando escapar un suspiro.

 

-¿Qué es todo eso de Yohei Gakko? –preguntó Seph, confusa.

-Es una larga historia, pero para hacerte un ligero resumen, podrías considerarla una gran fuente de poder dependiente del Radiar –dijo Kai, lo que no ayudó mucho a resolver sus dudas- Por cierto, ¿está bien? –preguntó, señalando a Drake, quien seguía en el suelo.

-¿Esto? Sí, no merece la pena que te preocupes por él –respondió Seph con una sonrisa irónica, por lo que Kai decidió no tocar más el tema.

 

Por otro lado, se acercó a su compañera, que parecía decaída desde su pequeña conversación con Runya.

-¿Qué ocurre? –preguntó.

-Hacía tiempo que no veía a alguien como yo y... me siento decepcionada por ser alguien como ella.

-Entiendo lo que quieres decir, pero, como ya te dije antes, cada persona es como es. No es algo fácil de cambiar. Además, ahora nuestro principal problema es saber cómo salir de aquí.

 

Levantándose también de su sitio, el nigromante fue donde se encontraba Runya.

-Llevas varios minutos mirando el portón, ¿necesitas ayuda?

-Kai, ¿verdad? Tan sólo estaba intentando entender su estructura.

-Ajá. ¿Y? ¿Algo interesante?

-Pues, por lo que he podido ver, no será tan fácil romperlo como las esposas. Probablemente sea más sencillo romper la pared. Puede que haya alguna zona más frágil.

-Ya veo.

 

Habiendo escuchado su propuesta, el joven informó sobre ella al resto, dividiéndose y buscando algún indicio que les permitiese saber que parte era la más adecuada para romper. El único que no se unió a la búsqueda fue Valer, quien permaneció sentado en el mismo sitio.

-¿Qué le pasa a ese tipo? Podría echar una mano –se quejó Drake, quien todavía tenía la marca del calzado de Seph en la cara.

-Olvídalo, Drake. Nosotros a lo nuestro –le ordenó su pareja, todavía con un tono de voz que mostraba enfado hacia él.

 

Tras un buen rato buscando., el grupo desistió.

-Es inútil, no existe ninguna zona con aspecto de que vaya a ceder –dijo Seph.

-Tenemos que seguir buscando, no podemos rendirnos ahora –les animó Kai.

-¿No podríamos usar nuestro poder? –preguntó Miruru dirigiendo la mirada hacia Runya-. Estoy segura de que podrías destruir esa puerta con un poco de esfuerzo.

-Si quieres hacerlo adelante, considero mejor buscar el camino fácil.

-¡¿Fácil?! ¡¿Llamas fácil a pasarse horas buscando algo que no existe?!

-¡Entonces, ¿por qué no intentas tú misma destruir la puerta?! ¡A ver si de verdad es tan fácil!

-¡Por supuesto que lo haré! ¡Porque me preocupa la vida de los demás! ¡No soy tan egoísta y cómoda como para hacerlo todo de otra manera sólo porque requiere un poco de esfuerzo! ¡Además, no me fío de ti!

-Ja ja –Runya rió con sarcasmo- ¡Así que ése es el verdadero problema, ¿verdad?! ¡No te gusta mi forma de vida y por eso desconfías de mí, ¿no?!

-¡¿Quién podría confiar en una asesina?! –gritó con fuerza Miruru.

-Eh, Miruru –intentó calmarla Kai.

 

Sin embargo, el sonido de la pared destruyéndose acabó con la discusión, haciendo que todos se girasen y alzasen la guardia.

-Si habéis terminado de discutir, podemos salir de aquí –dijo Valer, quien se encontraba delante de un gran boquete que acababa de hacer.

sábado, 4 de agosto de 2012

The demigoddess and the necromancer: Capítulo 14

-Ay. Ay. ¡Ay! –se quejó Kai mientras Miruru trataba sus heridas.

-¡Estate quieto! –replicó ella.

-¡Es fácil decirlo pero...! ¡Ay!

-Ya he acabado –dijo la semidiosa, suspirando.

-Gracias –respondió el nigromante, tras lo que volvió a ponerse la chaqueta y se crujió los huesos del cuello- Ah. Mucho mejor.

-Gracias por prestárnosla –agradeció esta vez Miruru, devolviéndole a Seph una pequeña caja de metal en cuyo interior había algunos utensilios de primeros auxilios como vendajes y antisépticos.

-No hay de qué –contestó ella.

 

Sobre su regazo, descansaba Drake, durmiendo profundamente. Ella observó su rostro y suspiró. Tras esto, sonrió con ternura y acarició suavemente el pelo del joven.

-Buen trabajo –susurró.

-Ha sido un buen combate –comentó Kai.

-Aun así, no creo que se levante muy contento. Puede que no lo aparente, pero Drake se exige mucho a sí mismo, y ha entrenado muy duro para llegar hasta aquí.

-Seph –dijo Miruru, llamando la atención de la joven, quien seguía con la mirada fija en su pareja- Antes dijiste que odiáis el Radiar, ¿verdad?

-Sí. Cuando éramos pequeños, tanto él como yo fuimos capturados por el Imperio. Nuestras familias murieron durante la guerra, y a nosotros nos llevaron para utilizarnos como cobayas –se detuvo durante unos segundos para recordar lo sucedido, tragando saliva en el proceso- Aquello era la viva imagen del horror. Personas convulsionando por las grandes cantidades de Radiar que recibían; algunos llegando a transformarse, entre gritos de dolor, en engendros deformes. A los que lograban superar la inyección, se les sometía a todo tipo de pruebas, torturándoles hasta mostrar habilidades especiales o morir en el proceso. A veces, incluso recibían más inyecciones de Radiar.

Los más afortunados morían o se unían al ejército del Imperio. Por supuesto, no sin que antes le manipulasen la mente.

Éramos peor que el ganado. Nos dividían en sucias celdas de barrotes oxidados, expuestos a todo tipo de enfermedades, y nos encadenaban a la pared mediante una anilla enganchada a uno de nuestros tobillos.

-Es horrible –indicó Miruru.

-Al principio, tuvimos suerte. Hubo personas que se prestaron voluntarias para que experimentasen con ellos antes que con nosotros. Nos dijeron que lo preferían antes que ver a niños siendo torturados, pues, para ellos, no había distinción entre hombres, mujeres o niños.

Recuerdo que no poder parar de llorar ni temblar cada vez que escuchaba los gritos de dolor y súplica.

Drake se mantenía a mi lado, tranquilizándome y diciendo que todo saldría bien, que lograríamos escapar de allí y seríamos libres. Intentaba hacerme reír para que no prestara atención a los gritos, pese a que sabía los esfuerzos que él mismo hacía para no perder la razón.

Conforme pasó el tiempo, la ética dejó de importar. Daba igual que fuésemos unos niños, incluso señalaban nuestra celda, suplicando que nos cogiesen a nosotros primero para sobrevivir otro día más. La situación no podía ser más desesperante.

Un día, los guardias entraron en nuestra celda, abrieron la anilla que me mantenía presa y me agarraron del brazo. Pretendían llevarme a la sala de experimentación.

Por más que grité y pataleé, no se detuvieron, arrastrándome por el suelo e ignorando cualquier súplica.

Entonces, pegando un fuerte golpe en los barrotes con el que casi se fractura la mano, Drake consiguió llamar su atención.

Les dijo que si necesitaban llevarse a alguien, se ofrecía voluntario en mi lugar.

Puesto que les daba lo mismo quien fuese el primero, aceptaron, devolviéndome a la celda mientras gritaba su nombre, aferrándome a los barrotes como si esperara que fuese a servir de algo.

-¿Y cómo conseguisteis salir de allí? –preguntó Miruru, atenta a la historia de Seph.

-Hubo una explosión. No sabía de donde procedía, pero le sucedieron más, y una de ellas destruyó parte de la entrada.

A través del humo, apareció una persona. No pude distinguir bien cómo era, tan sólo sé que llevaba una máscara de gas.

Entonces, empezó a abrir una celda tras otra y a dar indicaciones para que nos marchásemos.

Yo salí corriendo a buscar a Drake, pero aquello se había convertido en un caos. Los presos huían hacia todas partes, estando a punto de aplastarme varias veces. Mientras tanto, los guardias luchaban contra otro grupo que llevaba la misma máscara e gas.

Quería llegar hasta él lo más rápido posible, sin importarme lo que costase, así que me armé de valor y atravesé el campo de batalla lo mejor que pude.

Al final, conseguí dar con la sala de experimentación y allí lo encontré. Inconsciente en el suelo, junto a uno de los guardias que se lo había llevado.

Probablemente, habían sido alcanzados por la onda expansiva de una de las explosiones,  ya que parte de la habitación estaba completamente destruida.

Me acerqué a él y comprobé que seguía vivo. No os podéis imaginar lo aliviada que me sentí al ver que seguía respirando. Lo cargué lo mejor que pude sobre mi espalda e intenté salir de allí.

Lo último que recuerdo de ese lugar es encontrarme con otro enmascarado que se encargó de cubrirnos y de llevarnos a un pasadizo por el que, según él, saldríamos al exterior.

Finalmente, cuando atravesé la última puerta que llevaba fuera, la luz me cegó. Llevaba tanto tiempo en malas condiciones que mis ojos habían olvidado la luz natural, por poca que fuese. Aunque eso era lo de menos. Para mí, lo más importante es que por fin éramos libres.

 

Kai los observó a ambos. Ella llevaba una larga melena pelirroja, recogida en una coleta, y pese a que, a primera vista, su piel parecía de lo más limpia y pura, si se fijaba en sus manos podía notar un gran desgaste, como si no correspondiesen a su edad.

 

Por otro lado, el tenía el pelo castaño y su piel era algo más morena, visiblemente más dañada que la de ella. Aunque, probablemente, era por lo que había comentado Seph: “ese chico es muy exigente consigo mismo”.

Estaba claro que ambos habían tenido que superar muchas cosas para llegar hasta allí, pero habían sido capaces de hacerlo juntos. ¿Acaso no era obvio el porqué?

 

De repente, la imagen de First y May se le vino a la cabeza.

 

Tiempo después, Drake despertó.

-¿Uh? ¿Qué ha pasado? –peguntó, algo desorientado.

-Parece que has recuperado la consciencia.

-Seph –una vez hubo recordado cómo había ido a parar allí, el chico desvió la mirada, avergonzado-. He perdido. Lo siento.

Ella negó con la cabeza.

-Idiota. Siempre te disculpas cuando no hace falta.

-¿Dónde está Kai?

-Se han ido hace un momento. Dijeron que no tardarían en volver.

-Ya veo. Todavía estoy un poco mareado –dijo el chico, apoyando de nuevo su cabeza sobre ella.

-Descansa un poco más.

 

“Cuando salieron del edificio la niña dejó al chico con cuidado en el suelo.

-¡¿Cómo has podido ser tan idiota?! –se quejó ella, llorando.

 

Él abrió los ojos lentamente e intentó incorporarse, apoyándose en la chica.

-¿Qué ha ocurrido? –preguntó, confuso.

-¡Hu-hubo muchas explosiones y todos comenzaron a correr! ¡Me liberaron y corrí hasta ti! ¡La gente luchaba y luchaba! ¡Era una locura!

-Siento que hayas tenido que cargar conmigo.

-¡Idiota! ¡Siempre te disculpas cuando no hace falta!

 

Sin rumbo concreto, los dos comenzaron a andar. El joven todavía necesitaba apoyarse en ella.

-Oye, Drake.

-Dime

-Prométeme que no volverás a apartarte de mi lado –pidió ella, con un tono entre enfado y tristeza.

-Te lo prometo –declaró él, con una leve sonrisa”

 

-¿Por qué nos hemos ido? –preguntó Miruru, mirando hacia atrás, donde se encontraba la pareja.

-He considerado mejor dejarlos a solas –respondió Kai, moviéndose entre el resto de participantes, quienes observaban el siguiente combate.

-Mm... –de repente, Miruru se detuvo- Oye, Kai, ¿crees que en el fondo nos odian?

-¿Por qué lo preguntas?

-Ya sabes. Por el Radiar.

-La verdad es que no les culparía si así fuese, pero creo que no es el caso. De hecho, diría que quienes los salvaron eran de Yohei Gakko.

-Aún así... –continuó ella, con algo de melancolía en su voz.

-No le des más vueltas –dijo él, acariciando su cabeza- Sea cual sea su opinión, no parecen personas que guarden rencor.

-Lo sé, es sólo que... no puedo evitar sentirme responsable sólo por poseer el Radiar.

-El Radiar es el Radiar y tú eres tú. Es posible que el ser humano empezase la guerra por él, pero eso no significa que todos queramos esto –antes su respuesta, ella permaneció en silencio- Será mejor que volvamos. Dentro de poco empezará el siguiente combate.

 

-¡A continuación, que se presenten los siguientes participantes! ¡Miruru y Nightwalker!

-¿Nightwalker? Que nombre más inquietante –dijo Miruru, levantando una ceja-. En fin, será mejor que me vaya.

-¡Miruru! –exclamó Kai, haciendo que la joven, en pleno camino hacia el área de combate, se girase- ¡Enséñales lo que vales!

 

Ya en el escenario, frente a la semidiosa, estaba Nightwalker, cuyo traje cubría parte de su rostro, ocultando nariz y boca. Sobre la cabeza, llevaba un sombrero negro con forma cónica, de base muy ancha y baja altura; sujeto a su barbilla mediante un cordel negro.

 

El resto del traje, del mismo color, se extendía hasta la planta de los pies, cubriendo prácticamente todo su cuerpo.

-¡¿Qu-qué clase de loco me ha tocado?! –se preguntó Miruru mientras su cola se movía nerviosamente de un lado para otro-. ¡Qué guay! –exclamó seguidamente.

-No entiendo los gustos de esta chica –comentó Kai, echándose una mano a la cabeza.

 

Por su parte, Nightwalker sacó dos cuchillos y cruzó ambos brazos delante de sí, poniéndose en guardia. Mientras tanto, la semidiosa seguía emocionada por lo que pudiese hacer su adversario.

-La muerte es el único camino que puedo darte –dijo Nightwalker con tono serio.

-¡Oh! ¡Me encanta esa frase! ¡Pero no pienso perder!

 

Poco después de que acabase su frase, Nightwalker corrió hacia ella apuntándola con sus armas.

 

Viéndose venir un ataque frontal, Miruru dibujó en el aire una línea vertical, provocando una abolladura en el techo que se agrandó hasta golpear la cabeza de su atacante, dejándolo inconsciente.

-¿Eh? –se sorprendió la chica.

 

La muchedumbre se quedó en silencio, sin embargo sus ojos no les mentían: Nightwalker había sido derrotado en apenas unos pocos segundos.

-¡La combatiente Miruru ha ganado el combate! –exclamó alegremente Marie

-¡¿Quéee?! –tanto Kai como Seph y Drake, quien había despertado justo para ver el combate, se sentían igual de desconcertados que el resto.

 

-¡Eh! ¡Kai! ¡Kai! ¡¿Has visto eso?! ¡De un solo golpe! –exclamó Miruru mientras ensanchaba el bíceps, orgullosa de sí misma.

-Buen trabajo –la elogió él-. Aunque la verdad es que ha sido algo...

-¿Decepcionante? –terminó la frase Seph.

-Sí, eso mismo. Parecía que el tal Nightwalker iba a dar más de sí.

-¡Ja! ¡Como si le fuese a dar tiempo! –respondió Miruru, con ambas manos en la cintura y una sonrisa de oreja a oreja.

-Jajaja...

 

Poco después, Marie salió al escenario para indicar quienes iban a ser los siguientes.

 

En ese momento, Kai se dio cuenta de que una de ellos era la chica con la que la juez le había aconsejado tener cuidado.

 

El combate fue corto. Cuando su contrincante se dispuso a atacar, fue cortado por la mitad en un instante. Un movimiento limpio y sin utilizar ningún arma.

-Esa chica... –empezó a decir Kai.

-¿Te fijaste en su rostro cuando lo cortó? Era la viva imagen del sadismo –señaló Drake.

-No tendría por qué haberle matado –comentó Miruru, poniendo una expresión seria.

-Por desgracia, no todos son tan indulgentes –sentenció el nigromante.

 

En el siguiente combate, le llegó el turno a Sephiria.

-Espero que le vaya bien –dijo Miruru.

-No te preocupes –dijo Drake-. Ganará.

 

Delante de Seph, había una mujer con escasa ropa, de colores oscuros, y que manejaba dos pistolas.

 

En sus antebrazos había sendos brazaletes de hierro, así como tobilleras del mismo material, y su rostro reflejaba decisión.

 

Por su lado, Seph realizó un pequeño movimiento con sus manos con el que las acercó a su cintura.

 

Así pues, el enfrentamiento dio comienzo, siendo la otra chica la primera en disparar. Un tiro que fue evadido por Seph, quien movió sus brazos de una forma un tanto inusual mientras corría, como iniciando una especie de danza.

 

Haciendo caso omiso de ello, la otra chica continuó disparando sin llegar a acertar de lleno a su oponente, aunque sí rozando su mejilla y su pierna derecha, provocando así que la goma con la que sujetaba su cabello se soltase y dejando caer su largo cabello pelirrojo.

-Eres buena, pero no podrás esquivar las balas durante mucho más tiempo. No sé que pretendes con ese movimiento de manos –se burló la tiradora, hablando por primera vez.

-Yo que tú, en lugar de tanto hablar, miraría por donde piso –respondió Seph.

-¡¿Qué?!

 

Desplazando una de sus manos hacia atrás, Seph logró que la otra chica se golpease contra el suelo, para, posteriormente, acabar levantada en el aire, quedando colgada por algún tipo de fuerza invisible.

-¡¿Qué está pasando?! –exclamó asustada.

 

Entonces, al fijarse más detenidamente, se dio cuenta de que había una multitud de algo brillante a su alrededor.

 

Se trataba de hilos, estratégicamente colocados de manera que habían formado una jaula alrededor en la que se había visto atrapada.

-¡Ugh! ¡Maldita seas!

-No es bueno tomarte a la ligera a tu oponente –dijo Seph, sonriendo.

-¡Esto aún no ha terminado! –contestó la pistolera, quien disparó al hilo que inmovilizaba sus piernas, deshaciéndose de él.

 

Tras esto, inició un nuevo ataque contra Seph, no obstante, sus pistolas fueron enganchadas con más hilos desviándose la trayectoria de sus disparos.

-¡Lo siento, pero te equivocas!

 

Con otro movimiento de manos, consiguió enganchar de la cintura a su contrincante, tras lo que giró sobre sí misma y la lanzó por los aires hasta terminar impactando con su espalda contra el suelo, quedando inconsciente.

-¡Y Sephiria se lleva la victoria! –anunció Marie.

 

-¡Eso ha estado genial! –se alegró Miruru, quien corrió a abrazar a Seph.

-Buff, estaba un poco preocupada por esas pistolas. Si una de las balas me hubiese alcanzado puede que no estuviese aquí contándolo.

-Bueno, lo importante es que has ganado –sentenció Drake.

-Supongo que sí.

 

Tras esto, los combates continuaron hasta que la juez dio por finalizado el día.

-Mañana continuaremos con el torneo, donde se enfrentarán los ganadores de hoy. Mucha suerte a todos.

 

-En fin, será mejor que volvamos, Miruru –dijo Kai, viendo como tanto vencedores como aquellos vencidos que habían sobrevivido, iban abandonado el lugar del evento.

-De acuerdo –contestó su compañera, girándose hacia Drake y Seph, quienes también se disponían a marcharse- Espero veros mañana, también.

-Por supuesto. Al contrario que éste yo sigo en el torneo.

-¡Oye, Seph! –dijo Drake, poniendo un tono de voz cómico parecido al de un niño pequeño- ¡No seas tan cruel conmigo!

-¡Te lo mereces! ¡Por haber perdido!

-¡Pero si dijiste que no pasaba nada! ¡Jo!

 

Entre risas, las dos parejas se separaron. Por su parte, Kai y Miruru se encontrar con Anna a la salida.

-Habéis hecho un buen trabajo. Os felicito.

-Admito que no me lo esperaba. Que vinieses a decirnos eso, me refiero –dijo Kai, levantando una ceja.

-En realidad en venido por algo más.

-¿Qué? –se extrañaron los dos.

-He de avisaros de que tengáis cuidado. Es posible que ya os hayan dicho algo, pero han estado corriendo rumores de que en este torneo se están llevando a cabo ciertos asuntos algo turbios.

-¿Más que el propio torneo en sí? –preguntó Kai.

-Ahórrate las bromas. El caso es que puede que esos rumores ser más ciertos de lo que parecen, y no sería la primera vez que ocurre algo así. En cualquier caso, no sería extraño que intentasen ir a por alguno de los ganadores de hoy.

-No soy de los que se deja pillar tan fácilmente –respondió el nigromante.

-Me hago una idea, pero ellos tampoco os lo pondrán fácil –sentenció Anna, mientras pasaba por delante de ellos a fin de marcharse de allí- En fin, nos vemos mañana. Buena suerte.

 

Sin añadir nada más, desapareció de su vista.

sábado, 28 de julio de 2012

The demigoddess and the necromancer: Capítulo 13



-¿Correr hasta allí? –preguntó Seph.
-¿Quieres decir con sus propias piernas? –se extrañó Drake.

Apenas escuchándoles, el nigromante observó tanto a la juez como al cadáver atravesado por su brazo, quien había resulta ser el hombre que le había pisado la cola a Miruru.

Ignorando miradas y comentarios, Marie apartó el brazo, dejando ver un agujero del diámetro de éste en el pecho de la víctima y dejándola caer al suelo.

Tras esto, intentó limpiar la sangre pero, por su expresión de desagrado, se dedujo que no había tenido mucho éxito.
-Mira que te avisé –dijo mientras volvía al área de combate, paseándose tranquilamente por un corrillo hecho por los que se apartaban a su paso.

Entonces, de nuevo en el centro, continuó con la presentación.
-¡Muy bien! ¡Antes de nada, os pido que no os preocupéis por el cadáver! ¡Se recogerá enseguida! ¡Palabra! ¡Así pues, procederé a nombrar a los primeros contrincantes!
-Esa juez... es realmente fuerte –comentó Seph.
-Lo que acaba de hacer le ha servido para hacerse respetar. A partir de ahora, ninguno se atreverá a armar escándalo. Puede que ese hombre ni siquiera haya incumplido las reglas y sólo haya sido usado como cabeza de turco –explicó Kai
-Pero eso es cruel –se quejó Miruru.
-Estamos en un mundo sin reglas. El que lo consideres cruel o no, no les importa.

Durante el primer enfrentamiento, Kai se dedicó a observar los movimientos de ambos luchadores.

Uno de ellos era el hombre ciego del que le había hablado Marie, quien se mostraba sereno en combate, manteniendo una expresión fría e imperturbable.

A simple vista, no llevaba ningún arma consigo. Todo lo contrario que su adversario, quien acababa de sacar una cimitarra y la empuñaba frente a él, amenazante.

Años atrás, habían existido diferencias entre el uso de armas blancas y armas de fuego, dado que las segundas daban una mayor ventaja en combate tanto en potencia como en distancia. Sin embargo, eso había cambiado.

En la actualidad, cualquier arma podía ser letal dependiendo de la mano que la empuñase.

Pese a no darse ninguna señal de comienzo, ambos adversarios comenzaron el combate. El uno frente al otro, sin moverse ni un centímetro, pero con tal tensión en el ambiente, que daba a entender que, en cualquier momento, uno de ellos podía acabar con el otro.

Finalmente, el joven de la cimitarra tomó la iniciativa, desplazándose por el lateral y, de forma sigilosa, con la guardia alzada y su arma preparada; intentando provocar a su adversario para que fuese el primero en atacar.

Por su parte, Kai frunció el entrecejo. El hombre de la cimitarra estaba siendo muy ingenuo. Cualquiera con dos dedos de frente podía predecir que buscaba el contraataque y, por lo que pudo ver, el hombre ciego no cayó en la trampa, pues permaneció inmóvil en la misma posición con la que había empezado.
-¿Huh? ¿Acaso no sabe que está pelando? –preguntó Miruru, quien había acabado de comer y se acariciaba el vientre, satisfecha. El reciente asesinato no parecía haberle quitado el apetito.
-Claro que lo sabe –contestó Drake-. Está concentrado. No va a caer en su truco y esperará a que sea su enemigo quien ataque. A eso le llamo yo unos nervios de acero.
-Así que los dos están buscando el contraataque. Esto puede hacerse muuy largo –bostezó Seph.

Mientras tanto, el de la cimitarra continuó con su provocación, utilizando el movimiento ágil de sus piernas y el ruido de su arma para atraer la atención de su contrincante, quien, si no fuese porque respiraba, habría sido dado por muerto, pese a estar en pie.

Fue entonces cuando ocurrió algo inesperado para algunos de los espectadores.

Tras dibujar una circunferencia en el aire con sus manos, el hombre ciego llevó una de ellas a su costado, situando, al mismo tiempo, una pierna delante y otra detrás, dejando caer sobre la primera la mayor parte de su peso y formando una L con ambas.

Al ver ese movimiento, su adversario se preparó para esquivarle y devolverle el golpe, pero lo que no esperaban era que su ataque fuese dirigido al suelo, al que el hombre ciego golpeó con la palma de la mano que se había llevado al costado, de manera que, un segundo después, el hombre de la cimitarra despegó de la superficie, recibiendo un impacto invisible desde abajo.

Entonces, mientras el enemigo intentaba recuperarse en el aire, llevó la otra mano al costado y golpeó el espacio que le separaba de su contrincante, quien se vio empujado por una gran fuerza hasta salir despedido por encima de las cabezas del resto de participantes, chocando contra la pared de la sala y quedando inconsciente.

-Admito que no me lo esperaba –señaló Drake, viendo cómo el perdedor era sacado de allí.
-¿Qué ha sido eso? ¿Le ha golpeado con aire? –preguntó Miruru, confusa.
-Probablemente, ese hombre sea un usuario de Radiar que ha desarrollado su fuerza hasta ser capaz de crear ondas de choque con el movimiento de sus brazos –aclaró Kai.
-¿Significa eso que para lograrlo, ha tenido que sacrificar otras cualidades como la velocidad de sus piernas? –añadió Miruru.
-Al centrar el uso del poder del Radiar en una característica concreta, es posible que otras se hayan visto reducidas, aun así, si ha conseguido entrenarla hasta un nivel muy alto, podrá suplir esa falta.

Una vez terminado el combate y habiéndose declarado el ganador, Marie anunció el siguiente enfrentamiento.
-¡Y los siguientes en luchar son: Kai y Drake! ¡Que disfrutéis del combate!
-Vaya –dijo Kai, girando la cabeza hacia su adversario.
-Esto debe de ser el destino. Una oportunidad de vengarte por haber intentado robarte a la chica –dijo Drake.
-¡No somos pareja! –exclamaron ambos.
-¡¿Entonces en tu corazón todavía hay hueco para mí, rubita?! ¡No sabes lo feliz que me hace oír eso! ¡Una vez la victoria caiga en mis manos, los dos podremos sumirnos en un viaje lleno de amor y pasión!
-Este tío es un idiota, ¿no? –indicó Miruru.

De repente, un escalofrío recorrió el cuerpo de Drake, quien acababa de sentir la mirada asesina de Seph detrás de su nuca. Despacio, se dio la vuelta, dibujando una sonrisa en su rostro en la que se reflejaba el terror.
-¡E-era broma! ¡Te lo aseguro!
-¡Como no vayas hacia allí ahora mismo te mando yo de una patada! –exclamó la joven, señalando el área de combate.
-¡Sí, señora! –respondió Drake, corriendo como alma que lleva el diablo.
-Jajaja –rió Miruru, con una sonrisa irónica.
-¡De verdad que no sé qué hacer con él! –dijo Seph llevándose una mano a la frente.
-En fin, supongo que me toca –dijo, por su parte, Kai.
-Buena suerte –le deseó Miruru.
-¡Ah! ¡Una cosa! ¡Dile a ese idiota que ni se le ocurra perder! –le pidió Seph.
-T-tranquila, lo haré.

Una vez estuvieron el uno frente al otro, Drake se acercó a Kai y le tendió su mano.
-Espero que sea un gran combate.
-Lo mismo digo –respondió Kai, estrechándola.

Tras esto, se alejaron un poco y se prepararon para el inicio del combate, momento en el que Drake cogió dos esferas de color blanco de su cintura y las lanzó hacia Kai, estallando poco antes de llegar hasta él y generando una densa capa de humo.
-¡Cough! ¡Cough! ¡¿Bombas de humo?! –se quejó el nigromante, intentando escapar, cuando otras dos esferas, esta vez de un rojo intenso, aparecieron frente a él- ¡Primer espíritu: Kagami!

Poco después de terminar su invocación, ambos objetos explotaron, logrando que el joven saliese despedido hasta aterrizar en el lado contrario. Por suerte, no había recibido ningún daño.
-¡Eres bueno! –exclamó Drake, a la vez que el humo desaparecía poco a poco.
-¡¿Qu-qué llevas puesto?! –preguntó Kai, levantándose del suelo.
-¡Ah, esto! Me permiten ver mejor a través del humo –respondió su adversario, señalando unas gafas especiales que descansaban sobre su nariz.

“Suerte que tenía a Kagami, si no, el combate habría acabado”, pensó Kai. Justo entonces, al chico se le ocurrió una idea.
-Je, ya sé cómo vencerte –dijo con una sonrisa frente a la expresión de desconcierto de su contrincante- ¡Tercer espíritu: Etheria!

Sin embargo, su confianza se esfumó cuando se dio cuenta de que su invocación no había tenido efecto, lo que dio lugar a una situación tensa en la que ambos adversarios permanecieron quietos y en silencio, mirándose el uno al otro, hasta que Kai lo rompió.
-No puede ser.
-¿Te importa si continuamos con el combate? –preguntó Drake, cogiendo varias bolas rojas y lanzándoselas.
-¡Maldita sea! –se quejó Kai, esquivándolas mientras explotaban una detrás de otra.

-¿Mmm? ¿Qué le ocurre a Kai? –preguntó Miruru, quien, junto a Seph, observaba el combate desde el área de descanso.
-¿Por qué lo dices? –se extrañó Seph.
-Normalmente ya habría contraatacado, pero lo único que hace es huir.

“¡¿Por qué ahora?!”. Debido a que el contrato con las invocaciones era un acuerdo entre dos partes, éstas podían disponer condiciones, pudiendo negarse a ser invocadas en ciertas situaciones, ya fuese por estar en desacuerdo con las decisiones del invocador o simplemente por querer descansar. Normalmente, el invocador era conocedor de esas condiciones, pero debido a todo el ajetreo de los últimos días, Kai había olvidado revisarlas.

Así pues, continuó no tuvo más remedio que seguir corriendo para evitar los explosivos, sin darse cuenta de que a sus pies habían otros.

La detonación le hizo volar por los aires, logrando aterrizar con las manos en el suelo, no sin recibir heridas por todo el cuerpo.
-¡¿Qué ha sido eso?! –preguntó, confuso, mientras se agarraba el hombro con la otra mano, debido al dolor.
-Antes, aproveché la cortina de humo para esconder algunos explosivos bajo la superficie. Las otras bombas sólo eran una distracción. Lo que realmente quería era atraerte hasta allí.
-¡Agh! –se quejó el nigromante.

Al observar más detenidamente el terreno, se dio cuenta de que el propio Drake estaba rodeado por numerosos explosivos en tierra, formando una defensa a su alrededor.

-¡Guau! ¡Eso ha sido increíble! –exclamó Miruru, emocionada.
-Cuando se trata de explosivos Drake es el mejor. Lleva un arsenal enorme, y suele ser un buen estratega.
-¿A vosotros...? –empezó a decir Miruru, desviando la vista al no saber si continuar o no, lo que extrañó a Seph- Quiero decir, ¿os inyectasteis el Radiar?
-¿Eh? Ah... –la expresión de la otra chica se volvió triste al escuchar su pregunta.
-¡Ah! ¡Lo siento! Sabía que podía ser un tema delicado.
-No, tranquila. Verás, es que tanto Drake como yo, no tenemos buenos recuerdos con el Radiar.

“Tengo que comprobar si sólo es Etheria o los demás también se niegan a ser invocados”, pensó Kai mientras cerraba los ojos unos instantes.

Cuando volvió a abrirlos, su expresión no fue muy esperanzadora.
“Sólo dos o tres”, suspiró, “Menudo momento han elegido.”
-¡No te distraigas! –exclamó Drake, lanzando otra serie de explosivos sobre él.
-¡Octavo espíritu: Sázam! –invocó Kai, aumentando su velocidad a la hora de esquivarlos.
-¡Mierda! ¡¿De dónde ha sacado esa velocidad?!

“Kagami, May y Sázam. Protección, purificación y velocidad. May no va a serme de ayuda en este momento por lo que sólo me servirán Sázam y Kagami. No me gustaría tener que usar a Hel en el primer combate”, continuó cavilando mientras echaba un vistazo al terreno, “A su alrededor está todo cubierto de explosivos. Aunque intente pasar con Kagami a través de ellas, la protección y el tiempo puede que no sean suficientes, además, la onda expansiva evitaría moverme como quisiera y él aprovecharía para contraatacar. Por otro lado, aun con la velocidad de Sázam, sería imposible no pisar alguna de ellas, y nada me asegura que no las detone antes de tiempo.
¿Entonces qué? ¿Las salto? No, si lo intentara estaría desprotegido y podría atacarme fácilmente. Además, ¿sería capaz de saltarlas todas?”

Mientras tanto, más explosivos volaron hacia él. Pese a que consiguió esquivarlas con apenas dificultad, éstas no explotaron sino que comenzaron a rodar en su dirección.
-¡Oh, no! ¡¿Pero cuántos tipos de explosivos tiene este tío?!

Ante la nueva amenaza, lo único a lo que pudo recurrir fue correr, perseguido.
-Una vez fijan un objetivo, ruedan tras él hasta que lo alcanzan, y entonces, ¡boom! –explicó Drake.

Utilizando su velocidad, consiguió alejarse de ellas, pero, de nuevo, volvieron a acorralarle contra las que habían sido enterradas.
“¡¿Y ahora qué?!”, pensó mientras veía cómo las esferas rodantes se acercaban cada vez más y más.
“¡Piensa! ¡Piensa! ¡Piensa!”

Entonces, se dio cuenta de algo, lanzándose de repente contra los explosivos que le perseguían, que explotaron nada más contactar con él.
-¡¿Pero qué hace?! –gritó Drake, quien, debido a la sorpresa y al punto ciego generado por la detonación, no logró detectar a tiempo la presencia de una figura volando en su dirección.

En ese momento, Kai había atravesado su escudo de explosivos, golpeándole en la mejilla al aterrizar y cayendo ambos al suelo.
-Ah... ah... –jadeó Kai, debido al cansancio.
-¿Cómo lo has hecho? –preguntó Drake.
-Imaginaba que no te esperarías lanzarme contra esas cosas, así que aproveché la onda expansiva de la explosión para atravesar a mayor velocidad tu escudo y evitar que reaccionases.
-¿Aprovechaste la onda expansiva?
-Si lo hubiese hecho estando quieto no hubiese servido de nada, pero al ir de frente hacia los explosivos, a toda la velocidad que me fuese posible, la fuerza contraria haría que saliese disparado en tu dirección. Arriesgado, pero ha salido bien.
-¿Y cómo has conseguido salir ileso?
-Digamos que, justo antes de salir volando, utilicé cierto truco para protegerme de cualquier daño.
-Eso suena bastante conveniente –replicó Drake, poniéndose en pie a la vez que Kai.
-Es posible.
-No ha estado mal. Sabía que podías intentar venir por arriba, pero no esperaba que de esa manera. La sorpresa ha jugado en mi contra.
-A esta distancia ni sueñes en utilizar una de esas bombas.
-Tranquilo, a esta distancia, un paso en falso y yo también estallaría.
-¿Y bien? ¿Qué se te ocurre?
-¿Una pelea a puñetazos? –propuso Drake, devolviéndole el golpe, seguido de un rodillazo dirigido al estómago.

En respuesta, el nigromante, quien logró reponerse rápidamente, desvió un tercer golpe, contraatacando con un puñetazo al pecho y una patada al tobillo, con lo que logró derribar a su adversario.

Dispuesto a terminar el combate, lanzó un derechazo hacia Drake, pero éste consiguió librarse empujándole con las dos piernas.
-¡No te pienses que soy malo peleando cuerpo a cuerpo! –le desafió Drake, tras ponerse en pie.
-¡Octavo espíritu: Sázam!

Entonces, en un visto y no visto, un golpe en el cuello dejó inconsciente a Drake, dando por finalizado el combate.
-Lo siento. Puede que tú no puedas utilizar tus explosivos, pero eso no significa que yo no pueda invocar a mis espíritus. O al menos a algunos de ellos –declaró Kai.

miércoles, 18 de julio de 2012

The demigoddess and the necromancer: Capítulo 12

-¡Ooooh! ¡Cuánta gente! –exclamó Miruru, sorprendida al ver a todos los que se habían reunido para el evento.
-Si que eres fácil de impresionar –comentó Kai, situado a su lado.

Como era de esperar, se encontraban en un subterráneo, escondidos de las autoridades a fin de que todo se desarrollase sin problemas.

La iluminación le recordaba un poco al Stargazer, discreta, aunque les permitía distinguir a participantes y contratantes. Una gran diversidad de rostros que a saber si llegarían a conocer.
-Mires donde mires, sólo ves asesinos y mercenarios dispuestos a matar a quien sea con tal de cobrar –dijo Kai.
-¿Es ahí donde pelearemos? –preguntó Miruru, señalando una extensa área circular alrededor de la que se amontonaban los participantes.
-Supongo. Da la sensación de que, para ser algo tan importante, lo han preparado todo a última hora. Aunque tampoco me extraña. Pese a que hay unos principios y una jerarquía, cuando hablamos de reglas, es distinto.
-Estáis aquí –dijo la voz de Anna, apareciendo justo detrás de ellos- ¿Preparados?
-¡Por supuesto! –exclamó Miruru, chocando sus puños animadamente.
-¿Cómo decidirán el orden de los combates? –preguntó Kai.
-Normalmente, se selecciona a alguien como juez, y esa persona elige los contrincantes al azar para que se enfrenten.
-¿Un juez? Creía que no había reglas.
-Y no las hay, pero ya has visto a los participantes. Si ese juez no estuviese, esto se convertiría en un absoluto caos –dijo la mujer, encogiéndose de hombros.
-Me hago una idea –respondió el chico, suspirando.

Probablemente, ese juez fuese una persona bastante fuerte. Capaz de mantener la cordura en aquel coliseo de locos.
-En fin, me marcho. Sólo venía a desearos suerte.
-No la necesitamos. Ganaremos –dijo el nigromante, a lo que ella respondió con una sonrisa, desapareciendo poco después entre la muchedumbre.
-Sigo sin fiarme de ella –indicó Miruru.
-Sé cómo te sientes, pero es la única pista que tenemos por ahora –contestó Kai, quien, tras perder de vista a la informante, volvió la cabeza hacia el área de combate- Será mejor que estemos atentos, no creo que tarde mucho en empezar. Recuerdas el entrenamiento, ¿no? –preguntó.

Miruru asintió y levantó el pulgar, sintiendo de repente un fuerte dolor en su cola.
-¡Aaaay! –chilló, empujando al suelo a un hombre de mediana estatura que se encontraba a su espalda.

Entonces, agarró su propia cola, acariciándola con lágrimas en los ojos. Por lo que la situación dio a entender, el hombre la había pisado.

Tras levantarse, éste agarró el hombro de la joven y la obligó a girarse para encararla.
-¡¿Qué te crees que haces?! –exclamó, lleno de rabia.
-¡Eso debería decirlo yo! ¿¡No ves que me has pisado, pedazo de imbécil!? –respondió ella, apartándole la mano.
-¡¿De qué hablas?! ¡Si ni siquiera te he tocado!
-¡¿Cómo que no?! –replicó Miruru enseñándole su cola– ¡Deberías pedirme disculpas!
-¡¿Qué?! –habiendo colmado el límite de su paciencia, el hombre sacó un cuchillo y lo blandió amenazante- ¡Yo sólo conozco una forma de disculparme, niñata! ¡Y te aseguro que no te va a gustar!
-¡Inténtalo! ¡Te partiré el cráneo!

Viendo que la situación se estaba descontrolando, Kai decidió intervenir.
-¡Tranquilo! ¡Calma! Ha sido un accidente. Ella no pretendía empujarte, y seguro que tú tampoco pisar su cola. Así que, por esta vez, dejémoslo estar.
-¡Apártate de mi vista! –exclamó el hombre, disponiéndose a golpearle cuando, apareciendo desde arriba, algo le interrumpió, levantando polvareda y cegándolos.

Una vez recuperaron la vista, vislumbraron una figura humana con una de sus rodillas apoyada sobre el suelo.
-Preferiría que no peleaseis todavía. No me gustaría que esto terminase antes de empezar.

Levantándose del suelo, la figura se encaró al hombre del cuchillo.
-Guarda tu arma. Ya tendrás tiempo de ajustar cuentas. No querrás cabrear al juez, ¿verdad?

Sin saber qué decir, el hombre chasqueó la lengua con desagrado y guardó el cuchillo, marchándose de allí.
-Gracias –dijo Kai, todavía algo sorprendido.
-Lo que he dicho también va por vosotros. La próxima vez controla a tu amiguita.
-¡Eh! ¡No ha sido cul...! –intentó decir Miruru, antes de que su boca quedase tapada por la mano de Kai.
-No te preocupes. No volverá a pasar.
-Eso espero.

Tras esto, se fijó más detenidamente en quien tenía delante. Se trataba de una chica atlética, vestida con ropa ligera para mayor movilidad. Su cabello era color plateado y le llegaba hasta la nuca.
-Por un casual, ¿tú no serás...? –se dispuso a preguntar Kai.
-¿Mmm? -ella le miró fijamente a los ojos, haciéndole retroceder ligeramente por el repentino movimiento. Además, al chico le llamó la atención el que sus ojos fuesen de distinto color.
-Quiero decir... –vaciló al sentirse algo presionado- No creo ninguno de los participantes sea del tipo que interviene en peleas.

En respuesta a aquella afirmación, ella sonrió.
-Me llamo Marie. Soy la juez del torneo.

-De acuerdo, no lo volveré a hacer. Lo prometo –dijo Miruru, de brazos cruzados y con la cabeza agachada, demostrando que, pese a admitir parte de la culpa, seguía pensando que tenía toda la razón.
-Eso espero, nos podías haber metido en un lío –contestó Kai. En ese momento, se encontraban en una zona algo más alejada de la muchedumbre, a fin de evitar un suceso como el anterior.
-Sois una extraña pareja. ¿Es la primera vez que venís? –preguntó Marie.
Los dos asintieron.
-Por vuestro aspecto, diría que no sois novatos en esto de pelear, pero deberíais tener cuidado.
-¿Has sido juez en otros torneos? –preguntó Kai.
- No, en eso es la primera vez, pero luché en un par de ellos. Créeme, sé de lo que hablo.
-Ya veo, entonces debes de conocer a más gente que, como tú, haya participado antes.
-Por supuesto. ¿Ves a ése de ahí?

Siguiendo con la mirada donde le señalaba la juez, divisó a un hombre musculoso y grande que iba acompañado de otras dos personas. Presentaba una cicatriz que cubría ambos ojos.
-¿Es ciego?
-Sí, pero no pienses que es una desventaja. Llegó a ser finalista en uno de los torneos en los que participé.
-Interesante –comentó el nigromante, pensando lo conveniente que sería verle combatir antes de que les tocase contra él.
-¿Ves a esa chica? –continuó Marie, señalando el lado contrario de donde se estaba el hombre ciego. Allí, había una chica que debía de tener la misma edad que Miruru, charlando alegremente con otro joven-. Que no te engañe esa sonrisa. Fue de los participantes que más asesinatos cometió durante el último torneo.

Mientras escuchaba a Marie, el interés de Kai por el torneo fue aumentando, pero sabía bien que no debía dejarse llevar. Ser precavido era vital si quería hacerse con la victoria.
-En fin, tengo que irme. Debo seguir vigilando a los participantes para que no se peleen antes de que empiece el torneo.
-El trabajo es el trabajo. Ha sido corto pero, un placer conocerte, Marie.
-Lo mismo digo. Os deseo suerte -tras esto, desapareció entre la multitud.

-Bueno, ya sólo queda esperar, ¿no? –dijo Kai, volviendo la cabeza a su izquierda para darse cuenta de que su compañera había desaparecido- ¿¡Miruru?! ¡¿Dónde se ha metido?!

Mientras la buscaba, llegó hasta un área de descanso en la que había dispuestas mesas y sillas, la mayoría desocupadas. Un poco más adelante había unos escalones que, probablemente, llevaban a los palcos desde donde los contratistas observaban el espectáculo.

Fue en aquella área de descanso donde encontró a la semidiosa, quien estaba sentada, con expresión angustiada, y buscando ayuda a su alrededor, frente a otra persona.
-¡¿Se puede saber qué haces aquí?! –preguntó Kai, irrumpiendo en la situación sin ningún reparo-. ¡Me giro un segundo y...!
-¡Kai! ¡Menos mal que has venido! –exclamó ella de repente, escondiéndose detrás de él.

-¡¿Qué...?! –se sorprendió el chico.
-No seas tímida, pequeña rubita –dijo la otra persona.
-¿Pequeña rub...?

Un chico apuesto, de pelo corto y castaño, con aires narcisistas y extrañas esferas de distintos colores atadas a su cintura, se levantó de su silla y se acercó a ellos.

Sin decir nada más, cogió la mano de la joven y se arrodilló ante su atónita mirada y la de Kai.
-Desde que te vi, supe que estabas destinada a ser mía. Un ángel en mitad del infierno. La esperanza que alumbra este mundo corrompido. La luz que me ilumina, la...

Sin previo aviso, un objeto aterrizo sobre la cabeza del galán, cuyo cuerpo quedó tendido en el suelo, casi inconsciente.

Poco después, apareció una joven y lo levantó del cuello.
-¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no intentes ligar con toda chica que se te cruce?! ¡Estoy harta de siempre lo mismo! ¡La próxima vez te corto...!
-Miruru, ¿me puedes explicar qué está pasando? –preguntó Kai entre susurros.
-N-no tengo ni idea... estaba contigo cuando ese chico me cogió del brazo y me trajo hasta aquí. Entonces empezó a decirme cosas extrañas.
-Entiendo

Fue entonces cuando la recién llegada, quien hasta ese momento había seguido zarandeando al otro, se percató de su presencia.
-¡Ah! –con un grito de sorpresa, dejó caer al chico y se acercó a ellos, carraspeando ligeramente antes de hablar.
-Siento que hayáis tenido que toparos con este imbécil –se disculpó, con un tono totalmente diferente al de antes, mostrándose como una chica simpática y agradable- Tiende a hacer estas cosas cada vez que me despisto. Una no puede perderlo de vista.
-Yo sólo... –intentó explicarse el chico, recibiendo un pisotón como respuestas- ¡Ugh!
-En su nombre, te pido disculpas. Si puedo hacer algo para compensarte el mal rato.
-N-no, si no pasa nada –contestó Miruru, mirándolo con algo de pena.
-Insisto. Aunque sólo sea invitarte a tomar algo. Al fin y al cabo, ésta es un área de descanso.
-No hace falta. De hecho, ya nos íbamos –intentó explicar Kai, antes de ser interrumpido por su compañera, quien tenía un brillo en su mirada y movía la cola con excitación.
-¿Invitarme? Eso sí que me interesa –declaró, pese a los vanos intentos del nigromante por evitarlo.

-Mi nombre es Sephiria, aunque podéis llamarme Seph. Este engendro de la naturaleza es Drake –dijo la joven, señalando con desdén al otro chico.
-E-encantado –respondió él, cabizbajo.
-Aunque no lo parezca, somos pareja. Aunque no niego que quizás, algún día, lo abandone en mitad de los yermos –comentó alegremente.

Tanto Miruru como Kai imaginaron que se trataba de una broma. Aun así, ambos sintieron un pequeño escalofrío.
-Y-ya veo. ¿Va-vais a participar en el torneo? –preguntó Kai.
-Claro, para eso hemos venido. Estamos de viaje y necesitamos provisiones, pero la condición que nos han puesto para conseguirlas es participar. Ha venido con nosotros otro chico, pero acaba de recuperarse de una operación, así que ha decidido reunirse con nosotros cuando acabemos –explicó Seph.
-¿Vosotros también participáis? –preguntó Drake, tras comprobar que Seph se había calmado un poco.
-Sí, sólo que nosotros lo hacemos por información.
-No pretendo ser cotilla, así que no preguntaré sobre el tema –aseguró Seph.
-Te lo agradezco.

Mientras tanto, Miruru comía y bebía con avidez aquello a lo que había sido invitada.
-Si tenías tanta hambre deberías habérmelo dicho. No hacía falta que ellos nos invitasen.
-¡Ah! ¡No te preocupes! ¡Es su ración! –dijo Seph señalando a su pareja.
-¡¿Qué?! –se sorprendió Drake.
-Fuera bromas, ¿os habéis enterado de los rumores que hay sobre este torneo?
-¿Qué rumores? –pregunto el nigromante, con curiosidad.
-Se dice que algunos contratantes tienen a más de tres a su servicio, e incluso que el juez ha sido comprado.

En ese momento, la imagen de Marie se vino a la mente de Kai.
-Por supuesto, es un rumor, pero sería conveniente no bajar la guardia. Por si acaso.
-Gracias por el aviso. De todas formas, siempre suelo estar atento. No confíes en nadie, sólo en ti mismo. Es algo que aprendí hace mucho.
-¡Ah! Parece que va a empezar –informó Drake, señalando con la cabeza al área de combate.

Allí, se encontraba la figura del juez, quien llevaba consigo una especie de micrófono, enganchado a su oreja izquierda, con el fin de hacerse oír entre la multitud.
-¡Sed bienvenidos al torneo clandestino del bajo mundo! ¡En este evento, como muchos sabéis, se decidirá quien será el líder durante los próximos dos años! ¡Imagino que todos conocéis las reglas, pero las repetiré por si acaso! ¡Sólo tres participantes por contratante, quienes se enfrentarán uno contra uno hasta que quede un vencedor! ¡N hay más reglas! ¡Podéis tratar a vuestro adversario como queráis, siempre y cuando sea dentro del propio combate! ¡Así pues, que dé comienzo el torneo!

Tras terminar, se escucharon los gritos de los participantes.
-¡Ah, por cierto, casi lo olvido! –interrumpió Marie- ¡Me he enterado de que se ha superado el límite de participantes! ¡Es más, la persona que ha superado ese límite lo ha hecho sin estar bajo contrato por uno de los candidatos a líder, lo que hace que incumpla dos reglas! ¡No obstante, puesto que soy una buena juez, si esa persona se marcha de la sala, prometo que no habrá ninguna represalia!

Al bramido de antes, le siguió un silencio sepulcral.

“¿Un participante ilegal?”, pensó Kai, mirando a su alrededor.
-¡Vamos! ¡De verdad que no pasará nada! ¡Pero las reglas son las reglas, y no se permite superar el límite de participantes, mucho menos si no se ha sido contratado!

Pese a las insistencias de Marie, el silencio continuó, lo que provocó que la juez tomase una postura más serio.
-¡Si esa persona no obedece al juez, tendrá que atenerse a las consecuencias! ¡Y puedo asegurarle que sé quien es!

Después de aquella declaración, se escuchó el murmullo de los luchadores. Muchos, haciéndose preguntas entre ellos sobre quién podría ser. Sin embargo, nadie hizo señal de dirigirse a la salida.
-¡Como quieras! ¡Que no se diga que no lo advertí! –sentenció Marie.

Centésimas de segundo después, el brazo de la juez se encontraba atravesando el pecho de un hombre situado a unos cincuenta metros de donde había estado ella hacía unos instantes, provocando que varios luchadores cercanos se apartasen asustados al percatarse de lo que acababa de pasar.
-¿Có-cómo? ¿S-se ha teletransportado? –preguntó Seph, a quien le temblaba la voz.
-No, no ha sido eso...

Seph, Drake y Miruru, giraron su cabeza hacia Kai, quien acababa de hablar.
-Lo que acaba de hacer no ha sido teletransportarse, sino correr hasta allí.