viernes, 15 de septiembre de 2017

A New World: Capítulo 8

Escondiéndose detrás de los pilares, Sarah logró evitar los disparos de Duobus. Había conseguido deshacerse del cañón con un tiro directo a su boca, sin embargo, el arsenal de armas de la descendiente parecía ilimitado, y nada le aseguraba que no invocase otra más potente.

 

Ahora mismo, el combate se había reducido a un enfrentamiento a distancia entre las dos, y era su adversaria quien llevaba la ventaja por ser más rápida.

 

“Necesito distraerla de alguna forma”, pensó, observando cada uno de sus movimientos, así como de los cuatro rifles que ahora flotaban a su alrededor. Mientras lo hacía, su mirada se posó sobre el área del techo que se encontraba justo encima de ella. Fue entonces cuando se le ocurrió algo.

-Espero que funcione –murmuró para sí misma, poco antes de salir de su escondite y preparar una de sus flechas- ¡Sword Target: Destroy! –gritó, al mismo tiempo que la enviaba hacia su objetivo, provocaba que una multitud de escombros se precipitase sobre Duobus.

 

La nigromante no tuvo más remedio que hacer uso de dos de sus rifles para destruir el concreto, mientras dejaba que los restantes se encargasen de Sarah. Aunque este pequeño detalle permitió mayor libertad a la guerrera. La suficiente como para preparar un nuevo ataque con otras dos flechas, que disparo hacia los rifles, y una tercera dirigida a su abdomen.

 

De esa forma, pese a que las dos primeras no hicieron diana debido a la rápida intervención de sus armas, la última se hundió de lleno en su estómago, haciéndola retorcerse ligeramente por el dolor.

 

Aun así, intentó contraatacar, pero, para entonces, Sarah ya había corrido a refugiarse detrás de uno de los pilares.

 

Sin el menor de los cuidados, Duobus retiró la flecha de su vientre, pudiendo observarse una herida bastante profunda. Este hecho, aunque no daba la sensación de ser muy significativo, puesto que la descendiente no parecía haber bajado el ritmo, para la joven peliazul había supuesto reducir la distancia que las separaba. Con todo, debía tener en cuenta que la estrategia de romper el techo no funcionaría una segunda vez, por lo que necesitaba pensar en otra cosa.

 

El combate continuó con la descendiente desplazándose a un sitio desde el que pudiese ver mejor a su contrincante. Allí, descargó sobre ella una ráfaga de balas, obligándola a rodear el pilar para, de nuevo, situarse en un ángulo donde no pudiese alcanzarla.

 

Pero su ataque no acabó ahí. Dos cuchillos aparecieron a un metro sobre su cabeza, cayendo hacia abajo en línea recta.

 

Sus reflejos la hicieron reaccionar al peligro, desviando la trayectoria de una de las armas con un movimiento de su arco, mientras que la otra acabó en el suelo, a varios centímetros delante de donde estaba, sin tocarla siquiera.

 

Había algo en lo que la chica se había fijado durante su combate contra Duobus. Las invocaciones seguían las órdenes de los nigromantes que las habían contratado. Por tanto, la posibilidad de que dependiesen de su percepción para poder atacar era bastante alta.

 

El hecho de que uno de los cuchillos ni la hubiese rozado, le hizo pensar que a Duobus le estaba costando calcular la distancia que las separaba, al estar detrás del pilar. Así pues, pese a la habilidad de sus invocaciones para aparecer y moverse con total libertad por aquella sala, sin la dirección de su maestra, eran tan útiles como cualquier arma convencional.

 

De esa forma, a Sarah se le ocurrió una idea. Era más arriesgada que la anterior, ya que requería exponerse más tiempo al enemigo, pero, si salía bien, podría girar las tornas a su favor.

 

Así pues, colocó dos flechas sobre su arco y esperó a que Duobus detuviese su ataque para correr hacia el lado contrario.

-¡Sword Target: Destroy! –exclamó a la vez que disparaba a la zona del suelo más cercana a su contrincante, rompiendo parte de él y obligándola a hacerse atrás mientras trataba de contraatacar.

 

Tras esconderse de nuevo, volvió a sacar otro par de flechas y llevo a cabo el mismo proceso, ésta vez, desplazándose hasta el pilar adyacente. Por desgracia, aun lográndolo, uno de los disparos de la descendiente alcanzó su pierna derecha.

-¡Mierda! –se quejó, observando de reojo como la sangre caía por su tobillo y manchaba su calzado.

 

Por otro lado, los resultados de su pequeña incursión habían dejado la superficie de la sala llena de grietas, polvo y escombros. Si no fuese porque Duobus era una mujer precavida, hubiese pensado que la puntería de Sarah dejaba mucho que desear.

 

-¡Sword Target: Sacatter! –gritó de repente la chica peliazul, haciendo que otro flechazo impactase en el área destruida y levantase una gran nube de polvo y escombros, lo que cegó a la descendiente, quien tuvo que cubrirse los ojos mientras sus rifles disparaban en varias direcciones, a modo de defensa. Hecho al que se unió la aparición de varias armas blancas de diferentes tipos, que flotaron a su alrededor formando en una especie barrera, y que acabaron precipitarse al suelo con fuerza.

 

Justo entonces, un disparo de Sarah surcó el espacio que las separaba hasta atravesar el pecho de Duobus, seguida de otro que penetró su costado. De no ser por la intervención de sus rifles, mediante fuego de dispersión, una tercera habría acabado el trabajo.

-Así que esto era lo que pretendías –dijo Duobus, de rodillas en el suelo.

 

Con el fin de reducir su visibilidad, había estado apuntando intencionadamente al suelo, utilizando el polvo y los escombros como pantalla de humo, evitando así que supiese de dónde venía el ataca.

 

Por más que Duobus intentase ahora dar con ella, era imposible encontrarla. Lo único que podía hacer era conjeturar detrás de cuál de los cuatro pilares a su espalda podía estar, lo que le dejaba con dos opciones: golpear al azar uno de ellos, contando con que tendría un 25% de probabilidad de acertar; o atacar un área mucho más grande, con el problema de que tendría que reducir la potencia para evitar un destrozo excesivo. Algo para lo que tan sólo podría usar armas pequeñas y que le requeriría una gran concentración. Por eso mismo, prefería no tener que recurrir a ella, pero, dado el caso, era la opción menos arriesgada.

 

Lo que estaba claro es que Sarah no iba a ser quien tomase la iniciativa. Estaba esperando el momento en que Duobus hiciese su movimiento y fallase para salir de su escondite y sentenciar el combate. Por supuesto, también había tenido en cuenta que la descendiente encontrase la forma de desbaratar su plan, no dejándole otro remedio que improvisar, de ser ése el caso.

 

En resumen, las cartas estaban echadas sobre la mesa.

 

Mientras tanto, los semidioses que luchaban contra los ejércitos del imperio y “Comhairle”, continuaban con su espectáculo de viento y fuego, impidiendo el avance de las tropas.

 

Se había intentado acabar con ellos con un ataque aéreo, pero pronto fueron neutralizados por fuertes corrientes de aire generadas por uno de ellos (el chico), provocando que los aviones chocasen entre sí.

 

Al mismo tiempo, la superficie terrestre estaba cubierta por un muro de fuego que impedía el paso a la mayoría de los regimientos, siendo incinerados aquellos que lograban pasar (todos ellos usuarios de Radiar) por grandes llamaradas surgidas de las manos de otra de las hermanas.

 

Lo que no esperaba ninguno era la presencia del arma más poderosa que tenía en la actualidad el imperio. Una cuya fuerza había hecho retrasar su uso hasta que no hubiese otro remedio.

 

Cuál fue su sorpresa cuando, atravesando las llamas, un rayo de energía hizo contacto con el cuerpo de la semidiosa, desintegrándolo al instante, sin dejar rastro.

 

Con la muerte de la chica, las llamas fueron desapareciendo poco a poco, dejando entrever a seis Erasers manejados a voluntad por aparatos en manos de algunos de los soldados, quienes, pese a ello, se mantenían una distancia prudente de ellos.

 

El compañero de la chica ni se inmutó por su muerte. Simplemente, reconociendo el peligro delante de él, guió el viento en su dirección, tratando de eliminarlo.

 

No obstante, su acción llegó demasiado tarde, ya que otro de los Erasers, que había estado concentrando la misma energía en su boca, disparó con igual precisión que los anteriores, ocupando tal rango de alcance que fue imposible de esquivar para él.

 

No sintió ningún dolor. No tuvo tiempo de ello. Simplemente desapareció, igual que la joven.

-¡Avanzad! –exclamó el comandante al mando, dejando que las bestias tomasen la delantera.

 

Por mucho que el número de Erasers liberados fuese lo suficientemente pequeño como para que el ejército contrario se encargase de ellos, sin duda, causarían muchas bajas.

 

Si querían cumplir con las órdenes del emperador y no dar lugar a una masacre que impidiese el choque de fuerzas entre usuarios de Radiar, debían mantenerlos a raya el mayor tiempo posible sin dejar de aprovecharse de la ventaja que les proporcionaba.

 

En el lado contrario, May intentó levantarse. Gracias a su poder, había conseguido reblandecer la tierra sobre la que habían acabado. Eso y la formación de dos bloques de tierra, que había ayudado a frenar la caída, les había salvado la vida.

 

Como consecuencia, era incapaz de mover su cuerpo más que unos centímetros. Probablemente, si intentase volver a usar sus poderes, perdería toda la movilidad.

 

Su hermana, viendo el estado en que se encontraba, se acercó a ella arrastrando su pierna herida. Una vez a su lado, hizo fuerza con sus brazos para levantarle la parte superior del cuerpo y apoyarla sobre sus hombros, quedando así sentadas frente a frente con el muro de tierra que se había formado tras la caída del golem.

-Me has salvado la vida -dijo.

 

May también estaba confusa. Hasta ese momento, sus hermanas habían sido más una ayuda para sobrevivir que personas por las que sintiese afecto. Siempre tenido buena sincronización a la hora conseguir alimento o enfrentarse a algún peligro, pero nada más.

 

Lo de hace un momento, había sido diferente. Había sentido la necesidad de protegerla. Era una sensación nueva, pero no le desagradaba.

-Creo que a esto se refería –respondió May.

 

De repente, el muro de tierra empezó a romperse, dejando ver unos láseres de color rojo que se movían continuamente en círculos, a la vez que acercaban y alejaban del punto central que rodeaban.

 

Poco a poco, abrieron un boquete, el cual fue agrandándose hasta permitirles el paso a las tropas lideradas por Ceron.

 

El sistema L-Drill. Una tecnología en forma de aparato, que debía medir la mitad que el golem creado por May. Se desplazaba por medio de tracción de oruga (igual que un tanque), avanzando con lentitud pero llevándose por delante cualquier obstáculo.

 

Con el ejército enemigo, liderado por aquella monstruosa maquinaria, dirigiéndose hacia ellas, la situación parecía perdida.

-Ahora es mi turno de salvarte a ti –le dijo su hermana, dejando a May en el suelo con suavidad y levantándose, no sin dificultades, para enfrentarse a ellos.

-No. No lo hagas. Si lo haces, morirás. Si tú mueres, ¿de qué habrá servido? –replicó May, haciendo esfuerzos vanos tanto por gritar como por impedírselo.

-Yo también quiero protegerte. Quiero luchar por ti. Sentirme viva –sentenció, uniendo sus dedos, dispuesta a utilizar su poder.

 

Durante unos segundos que para May se hicieron eternos, mantuvo esa misma posición mientras veía a la infantería acercarse.

-¡No! –exclamó, finalmente, May, justo cuando su hermana hacía explotar desde dentro el sistema L-Drill, dando lugar a una onda expansiva que exterminó a un considerable número de soldados y desperdigó los trozos de la maquinaria por todo el campo de batalla.

 

Poco después, cayó al suelo.

 

-¡¿Qué ha sido eso?! –preguntó Ceron tras ser lanzado contra el suelo.

-¡Han destruido el sistema L-Drill, señor!

-¡¿Qué?! ¡¿Quién?! ¡¿Cómo?!

-¡Los semidioses, señor! ¡Siguen vivos!

-¡Maldita sea! ¡Matadlos! ¡Los quiero fuera de mi camino enseguida! –exclamó Ceron-. ¡Y que el equipo médico atienda a los heridos! Si llegan a destruirlo antes de atravesar el muro, no sé lo que habría sido de nosotros. Y aun así, no tenerlo nos dará problemas frente al imperio y sus aliados.

-¡Señor! ¡El ejército del imperio se acerca! ¡Y viene con esas criaturas que nos atacaron la otra vez!

-¡Joder! ¡Una desgracia detrás de otra! –se quejó el gobernador-. ¡Preparaos!

 

Cuando May por fin pudo mover un brazo, intentó alcanzar el cuerpo de su hermana, pero éste estaba demasiado lejos para ello.

 

Aun así, no se rindió. Apretó con fuerza sus dientes e hizo uso de toda su voluntad para llegar hasta ella. Por desgracia, siguió siendo en vano.

 

Tan sólo podía observar, impotente, su cuerpo inerte, mientras se le emborronaba la vista al formarme lágrimas en sus ojos.

-¿Por qué? –se preguntó, al mismo tiempo que una profunda tristeza la inundaba, hasta el punto de ni siquiera escuchar el avance del ejército imperial-. Ahora que por fin había empezado a entender lo que significa amar.

 

De repente, alguien las cogió, escapado del allí antes de ser aplastadas por los Erasers. De reojo, la chica consiguió ver a Valer.

-¿Valer?

-Runya me lo pidió. Dijo que ambas tenéis algo por lo que vivir.

-Pero ella ya...

-Sigue viva.

-¿Qué?

-Tu hermana, sigue viva. Soy ciego, pero puedo sentirlo.

 

Aquellas palabras le dejaron un nudo en la garganta, como si una cascada de emociones se hubiese agolpado en ese punto.

-Gracias –respondió finalmente.

 

Mientras tanto, en Genese, Ivel, todavía mareada, se puso en pie usando de apoyo la pata de una mesa volcada.

 

Llevándose una mano a la frente, miró a su alrededor, donde descubrió su lanza clavada en la pared, así como el cristal roto por donde había entrado.

 

Un fuerte ruido la alarmó, como si se hubiese producido una explosión cerca. Debía de ser Tribus, destruyendo de forma indiscriminada las casas circundantes con el fin de dar con ella.

 

Si no quería acabar convertida en carne picada para Sead, debía ponerse en movimiento cuanto antes. Motivo por el que decidió sacar su arma y disponerse a buscar una habitación lo más alejada posible del ruido, desde la que poder escapar.

 

Sin embargo, el Inferno no parecía tener planes de darle tregua, pues uno de sus tentáculos atravesó el techo y aplastó varios muebles al intentar cogerla.

-¡Maldita sea! –se quejó, dirigiéndose rápidamente a la habitación contigua, un dormitorio desde cuya ventana pudo observar la casa adyacente. Entonces, usando su lanza como pértiga, atravesó el cristal de un saltó, haciendo lo mismo con la siguiente ventana que encontró, sin dejar de correr, mientras la criatura le pisaban los talones.

 

Lo que vino a continuación fue como una odisea, debiendo saltar por encima obstáculos, o incluso deslizarse por debajo de ellos, para ganar la mayor distancia posible. Recorriendo de esa forma toda la vivienda hasta llegar al límite que la separaba de otra, teniendo que atravesar de nuevo la ventana más cercana para seguir adelante y que no la pillasen.

 

Este proceso se repitió varias veces hasta que uno de los tentáculos consiguió golpear una zona muy cerca de donde estaba, empujándola hacia una de las habitaciones de la última casa a la que había ido a parar.

 

Fue allí donde vio algo que llamó su atención. Algo que, si usaba correctamente, podía ayudarla a cambiar las tornas del combate.

 

Después de que otro golpe de Sead destruyese ese sitio, el Inferno se detuvo, dando tiempo a que la nómada recuperase un poco el aliento mientras se ocultaba de la mirada de Tribus.

 

La descendiente estaba algo irritada, pues si bien sabía por qué zona se encontraba Ivel, desconocía la localización exacta. Era por eso que la mayoría de sus ataques habían sido al azar.

 

Así pues, se mantuvo alerta ante cualquier movimiento de la joven. Y no fue para menos, ya que su lanza apareció desde su punto ciego, penetrando el aire hasta clavarse en su costado, dejando escapar un grito dolor.

 

Para su desgracia, el ataque no terminó ahí. Tribus se dio cuenta de que había una cuerda atada al mango del arma, por lo que, al tirar de ella, Ivel hizo que regresase a sus manos, arrojándola de nuevo contra su espalda.

-¡Sead! –con un movimiento rápido, el Inferno agarró a su invocadora, justo a tiempo para evitar ser ensartada. El objeto volvió de nuevo a su propietaria, quien giró varias veces sobre sí misma para reducir su velocidad y así poder cogerlo.

 

Finalmente en tierra, la descendiente se llevó una mano a la herida, manchándosela de sangre.

-Buen golpe –la halagó, sin poder reprimir una mueca.

-Si no puedo acercarme a ti. Te atacaré desde lejos.

-¿Crees que el mismo truco volverá a servirte?

-Ponme a prueba –respondió, burlona.

-Me encanta eso de ti –declaró la nigromante, esbozando una sonrisa-. Tan valiente. Tan fuerte. Me parece injusto que estemos en bandos contrarios.

-Lo sé. Pero hay una diferencia muy importante que nos separa.

 

Sin nada más que decir, la chica pelirroja arrojó otra vez la lanza, obligando a su adversaria, ahora más preparada, a llamar a uno de sus esqueletos para protegerla, de forma que la lanza acabase clavada en el escudo que portaba.

 

Sin embargo, eso no hizo desistir a Ivel, quien utilizó el otro extremo de la cuerda, al que había atado uno de los escombros de las casas (lo suficientemente pesado y grueso para tener el efecto deseado, pero no tanto como para disminuir su maniobrabilidad), para lanzarla a los pies de Tribus, logrando enrollarla en sus tobillos a fin de usarla para atraerla hacia ella.

 

No obstante, otro de los tentáculos de Sead volvió a actuar en su defensa, aumentado de tamaño y golpeando a la joven nómada, que salió despedida por los aires junto con el esqueleto, cuyo escudo seguía enganchado al arma.

 

Mientras ascendía, consiguió empujar al escudero contra una pared cercana, destruyéndolo. Entonces, tras recuperar su lanza, clavó su filo en otra pared y se impulsó hacia delante hasta apoyar los pies en ella, ayudándose de la misma para escalar hasta el techo.

 

Allí ya le esperaban más tentáculos, que cada vez más grandes, con tal de ocupar más espacio e impedirle cualquier vía de escape.

 

Lo bueno es que tenían una desventaja. Su lentitud. Lo que le permitió usarlos como medios para columpiarse, con la cuerda a modo de liana, hasta llegar a una zona donde no pudiese llegar la criatura, justo en la se encontraba Tribus.

 

Nada más aterrizar, a pocos metros de la descendiente, tuvo que defenderse de los esqueletos que actuaban como sus guardaespaldas, realizando un ataque horizontal que los derribó.

-¡Aaaah! –exclamó, girando por su espalda para acabar golpeando con el talón la barbilla de Tribus, tirándola contra el suelo y apuntándole al corazón con el filo de su arma.

-¡Ja ja ja! –rió la nigromante- ¡Parece que esta vez me has ganado! ¡Enhorabuena!

 

Pese a su victoria, las manos le temblaban, todavía jadeando tras haber agotado todas sus fuerzas.

-Yo... –su expresión se ensombreció, haciéndose notar la rabia que había estado reprimiendo durante todo el combate- ¡Maldita sea! ¡¿Por qué tenías que ser tú?! ¡¿Por qué tenía que ser alguien a quien quiero?! ¡¿Por qué alguien que nos ha ayudado tanto?! ¡¿Por qué alguien que ha sido amable con nosotros y que nos enseñó tantas cosas?! ¡¿Por qué Gaia tuvo que fijarse en ti?! ¡¿Por qué tuviste que enamorarte de él?! ¡¿Por qué?! –después de soltar todo lo que tenía dentro, Ivel respiró profundamente-. ¿Por qué no me das un motivo para que sea más fácil matarte?

-Las cosas no siempre son como queremos, Ivel. Eso es algo que ya he aprendido a aceptar y ahora te toca aprenderlo a ti. Parte de mí desearía haber pasado más tiempo con vosotros. Desearía haberte apoyado como líder. Haberte visto crecer, charlando con Argo sobre tu futuro. Una parte de mí se arrepiente de ser quien es. Pero otra parte no puede dejar atrás todo eso, impidiéndome ser esa persona. Ésa es la diferencia entre tú y yo, Ivel. Tú todavía tienes la posibilidad de cambiar, pero mi destino estuvo decidido desde el momento en que Gaia me habló. No... puede que desde el momento en que conociese a Emil.

 

>>Por favor, no culpes a Gaia por esto. Fui yo la que se dejó convencer aun sabiendo las consecuencias.

-¡No te mereces esto!

-Eso no importa. Esta guerra se ha cobrado muchas vidas. Demasiadas. Vidas que tampoco se lo merecían. Al final, sólo nos queda aceptar lo que está por llegar.

-¡Si el mundo es así! ¡Entonces lo cambiaré!

-Lo sé. Confío en ti. –contestó, desplazando la mirada hacia el cielo-. Y ahora, acaba conmigo. Hay personas que me están esperando al otro lado. No quisiera hacerlas esperar.

-No puedo...

-Pero tienes que hacerlo –dijo, invocando a varios esqueletos alrededor de la joven, dispuestos a atravesarla con sus espadas al mismo tiempo que los tentáculos de Sead se abalanzaban sobre ella.

 

Sin embargo, justo cuando estaban a punto acabar con ella, todas desaparecieron junto con la vida de Tribus.

 

Al sacar la lanza de su corazón, Ivel no pudo soportarlo más. Cansada, tanto física como mentalmente, cayó de rodillas al suelo, su vista clavada en el cadáver de la que, aun después de todo lo ocurrido, seguía considerando su amiga.

 

“Vive tu propia vida, Ivel”, fueron las últimas palabras que le oyó decir, antes de asesinarla.

-Si volvemos a encontrarnos, espero que por fin seas libre –susurró la chica.

 

Finalmente, Kareth y Kai llegaron hasta la cámara donde los esperaban Unum y Detz.

-Llegáis tarde –declaró el científico, con arrogancia.

lunes, 21 de agosto de 2017

Capítulo 36: Los más fuertes



Matthew se levantó tras recibir el golpe de Luci, sin embargo, no pasó ni un segundo hasta que otro lo elevase en el aire, seguido de una serie de puñetazos que lo lanzaron fuera de la casa por el mismo lugar por el que había hecho su entrada.
Acto seguido, el pecado del orgullo se arrojó contra él, enarbolando su espada, y siendo interrumpido a mitad de camino por una fuerza que le hizo chocarse contra el suelo.
-Tan pesado como siempre. Siempre corriendo de un lado para otro. Por eso aborrezco a alguien sin habilidades como tú. Sí, por eso te aborrezco –explicó Matthew saliendo de entre la polvareda que se había formado tras su caída.
-Ni que tú hicieses algo más aparte de usar ese poder tuyo para controlar la gravedad.
-Hay muchas maneras de usar este poder, ¿lo sabías? Lo sabes. Sí, estoy seguro de que lo sabes.
-¡Lo que tu digas! –exclamó Luci, quien, haciendo acopio de su fuerza de voluntad, agarró el tobillo de Matthew y lo lanzó hacia un lado, deshaciendo así el aumento de gravedad sobre sí mismo. Posteriormente, persiguió a su adversario, no obstante, éste consiguió recuperar el equilibrio y alteró la gravedad frente a él, logrando que el pecado fuese elevado en el aire el tiempo necesario como para propinarle un puñetazo en el estómago que lo mandó varios metros hacia atrás, finalizando el movimiento con otro ataque gravitatorio que provocó que su enemigo rebotase contra el suelo hasta detenerse sobre el mismo.

Pese al daño recibido, aquello no asustó a Luci, quien se puso en pie y aceleró de nuevo hasta situarse al lado derecho del apóstol, que, sin tener tiempo para reaccionar, recibió un talonazo en la barbilla seguido de una patada en el pecho, que casi lo dejó sin respiración, obligándole a aplicar gravedad a su alrededor para hacerle retroceder.

Mientras tanto, Mammon arreglaba los destrozos causados en su habitación a la vez que creaba una pequeña pantalla para comunicarse con todos.
-¡Chicos! ¡Un apóstol ha conseguido en casa de Eri! ¡Ahora mismo, Luci se está haciendo cargo de él pero, ya que se trata de alguien muy poderoso, será mejor que os mantengáis alerta! -Nanako sintió un escalofrío de repente, agarrándose los hombros. Kazuma tampoco parecía encontrarse bien. Tenía una expresión muy seria y daba pequeños golpes al suelo con la punta de uno de sus pies, mostrándose inquieto-. ¡Levi y los demás, ya he conseguido cerrar la conexión!
-¡Bien hecho, Mammon! –exclamó el pecado de la envidia, quien se encontraba manteniendo a raya a los apóstoles y sus creaciones.
-¡Espera! –gritó de repente la niña- ¡Maldita sea! ¡Está abriéndose una segunda en otra zona! ¡Alguien tendrá que ocuparse de defenderla hasta que la cierre!
-¡Ahren! ¡Serah! ¡Asari! ¡Id vosotros! –ordenó Reima- ¡Yo ayudaré a Luci!
-¡No sé si es buena idea! ¡Ese apóstol te estaba buscando, Reima! –comentó el pecado de la envidia.
-¡Déjale, Mammon! –interrumpió Levi- Necesita enfrentarse a él.
-¿Estás segura, Levi?
-Sí.
-De acuerdo. Ya has oído, Reima, tienes vía libre.
El chico se extrañó un poco. ¿Ese apóstol le estaba buscando? ¿Significa que era alguien que conocía? ¿De qué? Muchas preguntas cruzaron su mente, aumentando su curiosidad. Pese a ello, por el momento decidió sacarse aquellos pensamientos de la cabeza y centrarse en el trabajo que tenía presente.
-¡Derain! ¡Tú te quedarás aquí protegiendo a los más jóvenes!
-De acuerdo...

Por otro lado, Luci continuaba midiendo fuerzas con Matthew, sin llegar a una conclusión. Los dos estaban llenos de magulladuras pero ninguno aparentaba tener problemas para continuar con el combate.

Así pues, fue Matthew quien dio comienzo al siguiente movimiento, intentando aplastar a su adversario realizando varios ataques gravitatorios seguidos que eran esquivados por el pecado del orgullo. Éste, haciendo uso de sus capacidades físicas, logró acercarse a pocos metros de su contrincante, sin embargo, al igual que había estado ocurriendo desde su último ataque contra el apóstol, un campo de gravedad le impidió el paso.
-Aquí es donde se encuentra el límite de alguien sin habilidades. Si no tienes la capacidad de hacer otra cosa que no sea pegar como un troglodita no podrás superar una fuerza como la mía. Sí, no podrás superarla.
-¡Ah! ¡Me has pillado! ¡Al final supongo que sólo soy un inútil que únicamente sabe dar patadas y puñetazos! –exageró Luci- ¡Aunque, ahora que lo pienso! ¡No eres la única persona contra la que he luchado que ha puesto un muro frente a mí para protegerse! ¡¿Qué demonios?! ¡Sí ni siquiera es la primera vez que me enfrento a ti! ¡Jajaja!
Fue entonces cuando desplazó su brazo derecho, el cual poseía la espada, hacia atrás, realizando poco después un corte en el aire que dio lugar a una onda expansiva, impactando ésta sobre el campo de gravedad sin logar mayor avance que ése.
A pesar de ello, Luci continuó realizando un corte tras otro, cada vez alcanzando más velocidad y fuerza, hasta que, finalmente, uno de ellos logró atravesar aquella barrera, obligando al apóstol a evadir el ataque.
-¡Oh! –se sorprendió Matthew.
-¡Ha llegado el troglodita! –exclamó Luci, consiguiendo reducir la distancia entre él y su contrincante, al que le propinó un puñetazo en la mejilla a la vez que éste hacía lo mismo, acabando ambos en el suelo.
-Sí. No está nada mal, demonio sin habilidades. Has conseguido superar mi campo gravitatorio haciendo uso de tu propia fuerza. Parecía totalmente imposible superar la fuerza de la gravedad y tú lo has hecho. Estás empezando a llamar mi atención. Sí, estás empezando a interesarme.
-¡Qué grosero! ¿¡Después de todos estos años y es ahora cuando te enteras de lo que valgo!? –se quejó Luci.
-He de avisarte de algo. Sí, he de hacerlo –continuó Matthew.
-¡Me estás ignorando, excentricidad andante! Aunque quizás no soy quién para hablar...
-Cuanto más me interesa alguien, más poderoso me vuelvo contra esa persona. Sí, más ganas me dan de aplastarla. De aplastarla y desintegrarla con todo mi poder.
-¡Uh! ¡La cosa se anima! –se emocionó el demonio.

De repente, Luci notó una intensa presión que le hizo arrodillarse en el suelo. Al contrario que en sus anteriores ataques, esta vez Matthew estaba aumentando la gravedad en toda la zona.
-Por fin has decidido tomártelo en serio –murmuró el pecado del orgullo.
Tras esto, el apóstol alargó la mano en un gesto que provocó una fuerza de atracción mediante la que su enemigo salió despedido hacia delante. A pocos centímetros de su oponente, Lucifer recibió un fuerte golpe que lo estampó contra el suelo, siguiéndole a éste una serie de puñetazos que impactaron en distintas zonas de la armadura. Posteriormente, fue alzado en el aire y lanzado contra el suelo varias veces hasta que, finalmente, su contrincante le asestó una patada en el costado que lo dejó encajado de espaldas a una de las paredes de la calle.
-¡Gah! –se quejó el demonio- Esto no está pagado –desde allí pudo observar que las casas a su alrededor también habían recibido daños en los tejados debido al despliegue de poder de Matthew, por no hablar de los escombros que le rodeaban y probablemente se debían a la fuerza de atracción que había usado.
-Eres resistente. Si no tuvieses esa armadura ten claro que ya habrías muerto. Deberías tenerlo claro. Sí, lo tienes claro.
-¿Nunca te han dicho que te repites?
-Muchos temas han surgido sobre mi forma de hablar. Sí, muchos han surgido. Pero eso no importa. Sí, no importa. La mayoría de aquéllos que los sacaron ahora están muertos. Están muertos, sí. Y tú también lo vas a estar. Sí, tú también vas a morir.
Dicho esto, el apóstol lo sacó de la pared y lo arrojó al suelo.
-Veamos cuánto puedes aguantar. ¿Aguantarás mucho? No, no lo harás.
Una fuerza cada vez más alta comenzó a aplastar el cuerpo de Luci. Por el momento, su armadura aguantaba, pero si seguía aumentando la presión incluso su resistencia se vería en problemas. De hecho, el cemento sobre el que descansaba su cuerpo ya estaba sufriendo las consecuencias.

En ese instante, una ola de fuego se abalanzó sobre Matthew, quien, pese a que se protegió con su campo gravitatorio, tuvo que hacerse hacia atrás debido al intenso calor.
El recién llegado, Reima, se desplazó rápidamente hasta donde se encontraba su compañero, cargándolo en su hombro y distanciándolo del enemigo.
-Gracias por echarme una mano, Reima –dijo Luci, incorporándose mientras se quitaba el polvo de la armadura y se crujía los huesos de la espalda-. ¡Ah! ¡Mucho mejor!
-Me sorprende tu capacidad de resistencia –comentó Reima.
-Cada uno tiene sus puntos fuertes... supongo... –contestó el pecado llevándose una mano a la barbilla como si dudase de su propia respuesta-. En cualquier caso, sé que Levi te ha dicho que vinieses a ayudarme pero he de decir que yo también tengo mis dudas de si ha sido la elección correcta.
-¡Tú! ¡Eres tú, Reima! –gritó de repente el apóstol al darse cuenta de la presencia del chico- ¡Por fin te he encontrado! ¡Tanto tiempo queriendo dar contigo y por fin lo he conseguido! –el hombre levantó los brazos, eufórico, hasta su manera de hablar había cambiado- ¡Sí, hoy es un gran día!

El profesor se dio la vuelta hasta posar su mirada sobre Matthew, cambiando su expresión a una de perplejidad y, tras el paso de unos segundos, a otra de ira, creciendo dentro de él un fuerte instinto asesino.
-¡AAAAAAAH! –rugió Reima, con voz desgarrada al tiempo que con su espada lanzaba un corte de fuego que era esquivado por su adversario, partiendo por la mitad unas tres casa situadas detrás.
-¡Jajajaja! ¡Qué gran bienvenida! ¡Luchemos! ¡Matémonos mutuamente! ¡Muéstrame de qué es capaz el hombre que le hizo esto a mis ojos! –señalándose la venda y con la mente totalmente ida, la zona afectada por su gravedad se incrementó, aumentando también la presión ejercida por ésta.
-¡¡Maldito asesino!! –con furia, Reima se abalanzó sobre él, rodeado de un aura de fuego a partir de la que surgieron cuatro llamaradas en forma de torbellino que impactaron sobre su campo gravitatorio. Tras esto, el chico realizó un corte horizontal con su espada, el cual atravesó dicha barrera pero no consiguió alcanzar a Matthew, quien, con una sonrisa en su rostro, contraatacó con un fuerte puñetazo hacia el estómago del profesor. No obstante, tal golpe no detuvo a Reima, realizando éste un corte en diagonal que hirió a su adversario en el pecho. Los dos continuaron con un intercambio de ataques, dificultando la intervención de Luci.
-Espero que tu idea sirva de algo, Levi...

Aquellos que se encontraban en casa de Eri, sintieron algunos temblores debidos al poder desatado de Matthew. Pese a todo, Eri se encontraba mejor después de su fusión con Biblia, aunque estaba preocupada por lo que había escuchado de Reima y el apóstol.
-Lilith, terminemos con esto cuanto antes –dijo la súcubo, levantándose de su lugar de descanso.
-¿Qué quieres decir? –se sorprendió la nieta de Chaos.
-Tenemos que quitarle la inmortalidad y los poderes a Chronos utilizando el mismo ritual que él usó contra Chaos.
-Pero, ¿sabes cómo hacerlo?
-Ahora que me he fusionado con Biblia, también comparto sus recuerdos por lo que sé los pasos que debemos seguir.
-Aun así, en los recuerdos que nos mostraron los pecados, Chronos lo hizo a escasa distancia de Chaos. ¿Y si es uno de los requerimientos? –preguntó Shiina.
-En los recuerdos de Biblia no hay datos de que deba hacerse de una manera u otra. Tendremos que arriesgarnos.
-Bien, indícame el camino –sentenció Lilith mientras se ponía en posición. Eri se acercó a ella y le susurró las palabras que tenía que recitar, situándose frente a ella poco después.
Acto seguido, la nieta de Chaos extendió su brazo, haciendo aparecer los símbolos de antes y comenzó a hablar.
- En nombre de Lilith, nieta de uno de tus creadores, impongo mi derecho a relegar a mi tío abuelo, Chronos, de su ocupación e impedirle el uso de sus poderes hasta que se le haya dado muerte. Los cargos por los que se le acusa son asesinato y alta traición. Que así sea.
-Necesitaremos algo de sangre de Lilith –declaró Eri.
-Permíteme –dijo Derain, acercándose a la joven-. Tranquila, sólo escocerá un poco.
Tras el consentimiento de ella, el imp le realizó un pequeño corte con la uña en la palma de su mano, permitiendo así que la sangre cayese sobre los símbolos, los cuales brillaron con luces blancas antes de volver al cuerpo de la súcubo.
-¿Y bien? –preguntó Lilith mientras Derain se ocupaba de su herida- ¿Crees que habrá funcionado?
 -Eso espero –respondió Eri- En cualquier caso, aún nos queda encontrarle y destruirle de una vez por todas.

Justo entonces, se abrió un boquete en la pared que daba al exterior de la sala, apareciendo a través de ella Reima y Matthew, este último sujetando por el cuello al primero.
-¡Jajaja! ¡¡Esto es genial, Reima!! ¡¡No sabes lo bien que me lo paso peleando contra ti!! ¡¡Quiero más!! ¡¡Más!! –exclamó el hombre de pelo plateado a la vez que recibía una patada en la barbilla por parte de su contrincante.
-¡¡Cállate!! –gritó Reima.
El apóstol se acarició la barbilla, sonriente y orgulloso de la reacción de su adversario. En ese instante, se dio cuenta de la presencia de los demás.
-Vaya, si resulta que tenemos espectadores. Y una de ellas es la Biblia. Sí, eres tú. Deduzco que la chica que está a tu lado es la nieta de Satán –comentó señalando a Lilith.
-¡Mi abuelo se llamaba Chaos! –replicó la joven.
-Gracias por confirmarme que, efectivamente, eres tú –agradeció Matthew, quien, sin previo aviso, recibió otro golpe en la cara que le hizo chocar contra la pared. El autor de tal acto, Lucifer, aterrizaba en el suelo de la habitación.
-¿Estáis bien? –preguntó a las dos chicas, que asintieron en silencio- ¡Así me gusta! ¡Ahora, si me disculpáis, tengo un combate que continuar! ¡Derain, llévales a un lugar seguro!
-Últimamente no hago más que recibir órdenes. Como se nota que me estoy haciendo mayor. ¡Vamos, chicos! ¡Larguémonos de aquí antes de que la cosa se ponga más fea! –dijo el imp.
-No tan rápido. Sí, no tan deprisa –nada más empezar a correr, el grupo cayó de cara contra el suelo, notando una gran cantidad peso sobre sus espaldas.
-¡¿Qué es esto?! –exclamó Mizuki.
-¡No puedo levantarme! –se quejó Luka.
El techo de la habitación se hundió justo encima de sus cabezas, cayendo sobre ellos los escombros.
-¡Maldita sea! –gritó Derain, quien consiguió producir varias bolas de fuego para destruir algunos de ellos, fallando en librarse de los que se precipitaban sobre él mismo. No obstante, un muro fue creado en el aire, desplazándose horizontalmente y rechazando los escombros como si fuesen pelotas de tenis. Acto seguido, Mammon volvió a aparecer por una de las pantallas de televisión que todavía seguían suspendidas en el aire.
-¡¿Se puede saber qué estáis haciendo?! ¡Estoy intentando cerrar una conexión con la realidad, enfrentándome a un hacker... ¿y todavía me tengo que mover para salvaros el culo?! ¡Poned un poco de vuestra parte! –se quejó la niña.
Ignorándola, Reima volvió a acometer contra Matthew, coordinándose con Luci para intentar penetrar su defensa. Por su parte, el hombre de pelo plateado se defendió como pudo de ambos pero no pudo evitar recibir algunos cortes.
-¡Sí! ¡Síiiii! –con la emoción por la batalla a flor de piel, el apóstol dio lugar a una onda expansiva que alejó a sus dos contrincantes. Su contraataque, lejos de terminar ahí, continuó con la creación de un pequeño agujero negro que empezó a atraer la materia circundante, incluyendo a todos los presentes menos él mismo.

Reima clavó su espada para evitar ser absorbido pero los demás no lo tenían tan fácil. Mizuki fue la primera en salir volando, siendo agarrada por Luci, quien se mantenía en tierra gracias a la fuerza de sus piernas.
-¡Tranquila! ¡Estás en buenas manos! –exclamó el pecado.
Por desgracia, ella no fue la única, ya que Kazuma y Nanako también salieron despedidos, siendo el uno cogido también por Luci y, la otra, por el brazo libre que le quedaba a Reima.
-¡Derain! ¡Necesito que te transformes! –gritó el profesor.
-¡No puede estar hablando en serio!
-¡Sé lo que ocurrirá si lo haces pero ni Luci, ni Mammon ni yo podemos ayudar a nadie más!
Derain no contestó, indeciso.
-¡Vamos, Derain! ¡Hazlo!
Sin poder aguantar más, tanto Shiina como Luka salieron volando hacia el agujero negro.
-¡Shiina! ¡Luka! –gritó Eri.
Agramón y Kaoru se lanzaron en su ayuda, el segundo de ellos desplegando sus alas para intentar hacer resistencia, pese a ello, sólo consiguieron agarrar a Luka, quedando Shiina a merced del agujero.
-¡No! –exclamó Luka.

Fue entonces cuando apareció el gran cuerpo de Akira que, transformado, hizo de tope para la chica.
-¡Ahora, Reima! –al escuchar el grito del medio demonio, el profesor desenganchó momentáneamente la espada del suelo y realizó un corte a distancia que impactó en el cuerpo de Matthew, provocando que el agujero negro se extinguiese. Décimas de segundo después, multitud de escombros caían sobre la superficie de la habitación.

En otro lugar, Ahren, Serah y Asari, llegaban hasta donde se encontraba la otra conexión. Allí también estaban dos apóstoles, uno de ellos un chico rubio y delgado que llevaba una vara en sus manos, y el otro, un hombre con barba de varios días y aspecto de vagabundo, que vestía una manta de color marrón y llevaba un remo en una de sus manos.
-Parece que hemos llegado al mismo tiempo –dijo el chico rubio.

domingo, 13 de agosto de 2017

A New World: Capítulo 7

“-Tú eres Runya, ¿verdad? –preguntó Kai, poco antes de desplazar la vista hacia el hombre que sujetaba la silla de ruedas en la que se sentaba la joven-. Y tú eres... ¿Valer? ¿Qué hacéis los dos aquí?

-Eso mismo podríamos preguntarte nosotros –respondió ella-. Después de todo este tiempo, pensé que te alegrarías más de vernos.

-No es que no me alegre. Es que... no me lo esperaba.

-¿Y Miruru? ¿Sigues viajando con ella?

Al escuchar su nombre, el nigromante se  mostró esquivo. Su expresión, sombría.

-Entiendo –continuó Runya, cabizbaja-. Supongo que se excedió usando su poder, ¿no es así?

-Fue para proteger la villa en la que vivíamos.

-¿Y lo consiguió?

-Sí.

-Me alivia saberlo. Al menos, su muerte no fue en vano –dijo, apenada- ¿Entonces has venido a despedirte de ella?

-Podría decirse que sí –dijo, recordando la conversación que había tenido con Miruru en el más allá-. Aunque no sólo por eso. Justo aquí enterramos a un buen amigo suyo. Y, bueno... quería disculparme con él por no haber podido protegerla, así como aclararme un poco las ideas.

-Espero que lo hayas conseguido.

-Al menos tengo claro qué haré a partir de ahora –indicó Kai-. Decidme entonces, ¿para qué habéis venido vosotros?

-Lo cierto es que vivimos cerca de aquí.

-¿En serio? Pero si esto está en mitad de la nada.

-No hay otro lugar para nosotros. Tampoco para los que son como yo.

-¿Qué quieres decir?

-Acompáñanos. Te lo mostraré.

 

Tras aceptar su oferta, siguió a Valer y Runya hasta las afueras de aquel sitio en ruinas.

 

A medio kilómetro de  camino aproximadamente, había un pequeño campamento de apenas tres tiendas malamente construidas: dos de ellas pequeñas, y una más grande donde debían de caber como cuatro personas. En el centro del círculo que conformaban las viviendas, divisó una gran tela, sujeta en el aire con varias varas de metal oxidado y madera, que parecía servir de cobertura en caso de lluvia, aunque en esa zona era complicado que ocurriese algo así.

-¡Chicos! ¡Salid! ¡Tenemos visita! –exclamó Runya.

 

Del interior de las tiendas, surgieron cuatro personas: tres chicas y un chico. Ninguno de ellos con el mejor de los aspectos. Sus ropas, roídas y sucias; y sus caras, llenas de indiferencia y desánimo.

 

No obstante, por lo menos estaban bien alimentados e hidratados.

-¿Quiénes son? –preguntó Kai, entre susurros, a Runya.

-Semidioses. Al igual que Miruru y yo.

-¡¿Qué?! ¡¿En serio?!

-¿Te parece extraño?

-Un poco. Quiero decir, no es muy común encontrarse con ellos. Más si se tiene en cuenta que su Yohei Gakko fue destruida.

-Aun así, todavía los hay vagando por este mundo. Algunos sin saber qué hacer con sus cortas vidas, como es su caso –explicó-. Las tres chicas son hermanas. Las encontré en mitad de los yermos, buscando algo que llevarse a la boca. Estaban tan débiles que ni siquiera tenían fuerzas para usar sus poderes.

 

>>El chico vino al campamento con la intención de atacarnos, también intentando sobrevivir. Logramos reducirlo y decidí ofrecerle unirse a nosotros.

 

>>De momento, vivimos aquí. Valer y yo los estamos manteniendo, y gracias a un oasis que hay cerca, no hemos tenido problemas de comida o agua. Pero llegará el momento en que tendremos que emigrar a un lugar mejor, si es que lo hay.

 

Los jóvenes semidioses, cuya apariencia debía de ser de unos dieciocho, pero que apenas superarían los trece, tenían la mirada perdida, como si estuviesen vacíos por dentro.

-Me gustaría darles un motivo por el que luchar. Al menos, hasta que su vida termine –continuó Runya-. Ahora mismo, ése es mi mayor objetivo.

-Algo por lo que luchar, ¿eh? –murmuró el nigromante, quien se sintió identificado con ellos- Runya, hay algo que me gustaría contaros.

-¿De qué se trata?

-Es sobre el fin de la humanidad...

 

-Ya veo –dijo Runya, tras escuchar todo lo ocurrido con el proyecto Gaia y su intención de destruir la raza humana- No es que le tenga mucho aprecio al ser humano, si te soy sincera.

-No eres la única. Aun así, me gustaría que me ayudaseis.

-¿Quieres que luchemos en una guerra que ni siquiera sabéis si vais a ganar?

-Morir sin un objetivo o morir por uno. Esa es mi propuesta. Si lo que quieres es que tengan un motivo por el que luchar, entonces esa es la única opción que les queda. Si la humanidad desaparece, no habrá esperanza ni para ellos ni para nadie.

-Aun así no puedo enviarles a morir, Kai.

-Lo entiendo, pero creo que no sólo depende de ti –replicó el joven, refiriéndose a los cuatro jóvenes, a los que ella miró con tristeza, como una madre que se separa de sus hijos.

-Hablaré con ellos mañana. De momento, ¿por qué no te quedas a cenar y pasas la noche aquí? Es tarde y no creo que encuentres mejor sitio en esta zona.

-Gracias.

 

Horas más tarde, mientras los demás dormían dentro de las tiendas, Kai estaba sentado fuera, ligeramente alejado de ellas.

 

Con las palabras de Jared aún recientes,  no era capaz de pegar ojo.

-Ni siquiera sé dónde ni cuándo tendrá lugar la batalla. Mi única pista es que el proyecto Gaia tiene una base en Genese. Quizás deba ir allí.

 

Mientras meditaba sobre ello, escuchó el sonido de alguien sentándose a su lado, descubriendo, al girarse, a una de las tres hermanas. Una chica de pelo corto, desordenado y rubio, y que parecía la mayor.

-¿Qué haces aquí? –preguntó ella, sin andarse con rodeos.

-¿Qué haces tú aquí? –contraatacó Kai, frunciendo el ceño.

-No podía dormir.

-Pues ya somos dos.

-Dime, ¿podemos confiar en ti?

-Bueno, yo confío en mí mismo. Pero no soy quién para pedirte que tú también lo hagas.

-La verdad es que me da igual. Si intentases algo, te mataría. Tan sólo lo pregunto porque Runya dice que lo eres.

-¿Y confías en ella?

La semidiosa asintió.

-Entonces, ahí tienes tu respuesta –contestó Kai.

 

Lo cierto era que hablar con aquella joven le resultaba algo incómodo. No por el hecho de que la considerase un peligro, sino, más bien, porque no le daba la sensación de que tuviese cuidado a la hora de escoger sus palabras o acciones. Eso la hacía impredecible y difícil de tratar.

-Entonces, ¿es verdad que nos harás luchar?

-¿Eso también te lo ha dicho Runya?

-No. Escuché vuestra conversación. No entendí la mayoría de los que dijisteis, pero te oí hablar de una guerra. ¿Quieres que participemos en ella?

-Decir que “quiero que participéis en ella” suena a que os estoy obligando, pero no es así. Es decisión vuestra si lo hacéis o no.

-Yo quiero participar –dijo ella, sorprendiendo al nigromante, quien no esperaba una respuesta tan clara y directa.

-¿Puedo preguntarte por qué?

-Cuando lucho, siento que mi vida cobra sentido. Es como si sólo valiese para eso: sobrevivir y seguir luchando.

-Bueno, no puedo decir que esté de acuerdo con esa forma de pensar, pero creo que te entiendo.

 

Otra de las consecuencias de aquella guerra. Todo se reducía a lo mismo. Fuese cual fuese su objetivo, los miembros de Yohei Gakko no dejaban de ser soldados preparados para el combate. Por si fuese poco, la esperanza de vida de los semidioses solía ser bastante corta. No tener expectativas de futuro y haber sido enseñados a luchar desde tan pequeños (por no hablar del miedo que provocaban en otros debido a su poder), hacía de ellos los usuarios de Radiar más desgraciados.

 

Pensándolo así, no era de extrañar el encontrar a gente que viese la situación igual que esa chica.

-Y, pese a todo, ella estaba tan llena de energía... –comentó Kai, sonriendo, mientras recordaba a Miruru- Si luchar es lo que te hace feliz, entonces no seré yo quien te detenga. Aun así, me gustaría que tu motivación no fuese “que sólo sirves para eso”.

-¿Y cuál crees que debería ser?

-¿Qué te parece la de proteger a tus seres queridos?

-¿Y a quién debería proteger?

-N-no lo sé. ¿A tus hermanas?

-Mm... –caviló, aumentando la tensión que sentía Kai al hablar con ella- Me lo pensaré.

-C-claro

 

Resultaba de lo más triste ver cómo ni siquiera importaban los lazos entre ellas, pese a ser de la misma sangre.

 

Probablemente, lo único que las había mantenido unidas hasta ese momento había sido la necesidad de sobrevivir.

 

Tras un profundo suspiro, el joven miró en dirección al campamento.

-En fin, será mejor que volvamos. Quizá ahora podamos dormir –indicó, tendiéndole su mano para ayudarla a levantarse, la cual fue aceptada sin muchas contemplaciones-. Por cierto, no sé cómo te llamas.

-May.

 

De repente, Kai se quedó sin habla. No podía creer lo pequeño que podía ser a veces el mundo. En su boca, se dibujó una sonrisa, llevada por la nostalgia.

-May. Mi nombre es Kai. Encantado de conocerte.

-Lo mismo digo –contestó, asintiendo con la cabeza, poco antes de encaminarse hacia el campamento.

 

Él la vio marchar, antes de seguir sus pasos.

 

Al día siguiente, reunidos bajo la tela que cubría la zona central del campamento, Runya se dispuso a contarles a los cuatro la propuesta de Kai. Sin embargo, antes de que empezase, May levantó la mano.

-Antes de que lo hagas, he de decirte que ya os oímos hablar del tema ayer. Y, tras hablarlo con los demás, hemos decidido ayudar.

 

La chica en silla de ruedas los miró extrañada, desplazando la vista poco después hacia Kai, quien se encogió de hombros señalando que no había tenido nada que ver.

-¿Estáis seguros? –preguntó Runya.

-Sí. Queremos saber qué significa luchar para proteger a nuestros seres queridos.

-Entiendo –Kai pudo ver en su rostro una expresión de alivio-. Entonces preparémonos cuanto antes para el viaje.

-Antes, tengo algo que contaros –señaló Kai-. No sé muy bien dónde se producirá la batalla. Por desgracia, tan sólo dispongo de información del sitio donde quizás se encuentre el proyecto Gaia.

-No te preocupes. A 2-3 kilómetros de aquí, hay otro pueblo donde vive un viejo cliente mío. Me debe una, así que estoy segura de que estará más que contento de ayudarnos. E incluso prestarnos un transporte.

-¿Dices que vive en un pueblo? Me cuesta creer que alguien que viva tan apartado y donde hay tan pocos recursos pueda  proporcionarnos un vehículo.

-Es un ex-“sphere”. Como tantos otros antes que él, prefirió irse a una zona alejada de la guerra una vez hubo amasado la suficiente fortuna para no tener que traficar más.

-Entiendo.

-Démonos prisa. Nos espera un largo camino por delante.”

 

-¡Enviad a las tropas aéreas! ¡Si es necesario, también a los Erasers! –ordenó Naithan a su subordinado.

-¡Pero, si lo hacemos sin las precauciones necesarias, nuestros soldados también se verán envueltos en el ataque!

-¡Eso no importa ahora! ¡Si no eliminamos a esos semidioses, no podremos avanzar!

-¡D-de acuerdo!

 

Pese a estar escuchando las órdenes de su señor, varios súbditos reaccionaron rápidamente para ponerse delante de él, a fin de protegerle del ataque de Razer, quien no había tenido reparos en interrumpir la conversación.

-¡Será mejor que te centres en lo que tienes delante! –le advirtió el líder de los Rebeldes, en mitad de un forcejeo entre su arma y las de los sirvientes.

-¡Maldito mosquito! ¡¿Se puede saber de dónde los has sacado?!

-¡Soy un tipo con suerte, pero ni yo mismo sé de dónde procede! –se burló Razer, poco antes de desestabilizar a uno de los soldados enemigos y atravesar su pecho con su estoque, evadiendo el ataque de otro al saltar hacia atrás.

Al mismo tiempo, Will y otros rebeldes mantenían a raya al resto.

-¡Ahora, si de verdad tienes lo que hay que tener, enfréntate a mí cara a cara!

 

Mientras tanto, dentro del área ocupada por el bando de Ceron, su líder acababa de evitar ser enterrado vivo gracias al sacrificio de sus soldados, quienes habían actuado de escudo frente a la avalancha de tierra arrojada por uno de los semidioses.

-¡Señor! ¡¿Está bien?!

-¡Sí! –contestó mientras dirigía la mirada al enemigo- ¡Informa de que activen el sistema L-Drill y manden al batallón aéreo!

-¡Pero señor, creía que sólo lo usaríamos en caso de emergencia!

-¡Es que es una emergencia, soldado! ¡Lo único con lo que podemos hacer frente a esas bestias! ¡Tranquilo, estoy seguro de que el ejército de la unión también estará de acuerdo!

-¡Sí, señor! –respondió el soldado, marchándose raudo.

-Si no pasamos de aquí, no podré darle una lección a ese imbécil de Naithan –dijo para sí mismo, agarrando con fuerza su arma.

 

Así pues, los cuatro semidioses continuaron su ataque, haciendo retroceder a cada uno de los ejércitos mientras iban reduciendo poco a poco su número.

 

Junto a las tropas de la alianza entre la facción y la unión, se encontraban May y una de sus hermanas, ambas en pie sobre un bloque de tierra que la primera hacía flotar a varios metros de altura, lo que les permitía evadir los disparos del enemigo mientras atacaban a su antojo.

 

Sin embargo, se preguntaban durante cuanto tiempo serían capaces de mantener ese ritmo. Al fin y al cabo, el uso excesivo de su poder podía acabar repercutiéndoles con el tiempo.

 

En ese momento, divisaron un grupo de pequeños aviones volando en dirección a ellas.

No parecían muy veloces, pero sí muy maniobrables, lo que probablemente haría más difícil acertarles.

-Yo me encargo –dijo la hermana de May, dibujando un círculo al unir el pulgar y el índice de su mano derecha, y situándolo entre sus ojos y uno de los objetivos, como si se tratase de una mirilla.

 

Al instante, una explosión, surgida de la nada, golpeó de lleno el avión al que había apuntado, haciendo que el que estaba a su lado empezase a dispararle. Por suerte, allí estaba su hermana para protegerla, levantando un muro de piedra delante de las dos.

 

Pese a ello, la continua ráfaga de balas la obligó a reunir más arena para formar lanzas con las que atacó y persiguió a los aparatos, consiguiendo eliminar a otros cuatro de ellos al atravesar su motor. Al mismo tiempo, su hermana la apoyó mediante una serie de explosiones a su alrededor, acabando así con la que sería la primera oleada.

-No parecen tan difíciles de destruir –indicó May, confiada.

 

Todo cambió cuando escuchó el grito de su hermana, a quien vio sujetándose la pierna con expresión de dolor.

 

Los soldados en tierra habían aprovechado su enfrentamiento contra la unidad aérea, durante el cual se había reducido la altura que las separaba de ellos, para dispararles desde abajo.

 

Aquel descuido por parte de May, había dado lugar a esa situación.

-No te preocupes. Yo te protegeré –dijo, inconscientemente, mientras se elevaban a una distancia más prudencial, viendo llegar una segunda oleada de aviones, que comenzó a disparar nada más tenerlas a tiro.

 

En respuesta, la joven envió de nuevo más lanzas al mismo tiempo que seguía escudándose de los disparos. Sin embargo, el número era mayor que el de la primera oleada y, aunque su hermana intentaba ayudarla, el dolor de su herida hacía que su puntería fuese menos precisa, llegando a interferir con sus explosiones en la trayectoria de sus propios ataques.

 

Cuando quiso darse cuenta, estaban rodeadas, siendo acribilladas a tiros, que golpeaban de manera incansable el muro de piedra y tierra que las cubría, ahora formando una esfera a su alrededor.

 

“No voy a poder resistir mucho más tiempo”, pensó May, “Tengo que sacarnos de aquí”.

 

Así pues, haciendo acopio de mucha fuerza de voluntad, logró levantar una inmensa cantidad de tierra, llevándose consigo a buena parte de los soldados en la vanguardia, para luego hacer que esa misma masa de arena y rocas se juntase hasta formar el cuerpo de un gran golem, que extendió sus brazos hacia los aviones y los destruyó.

 

No obstante, aquello supuso un gran esfuerzo para May, debilitándola hasta el punto de que el golem se deshizo a los pocos segundos, precipitándose en forma de avalancha sobre el ejército enemigo. Asimismo, los bloques de tierra que las mantenían flotando en el aire también dejaron de existir, lo que provocó que ambas cayesen al vacío.

 

Mientras tanto, Kai y Kareth seguían buscando un sitio por el que escapar de aquella sala.

-¿Mm? ¿Has oído algo? –pregunto Kareth, agudizando el oído- Me ha parecido escuchar como una respiración muy fuerte.

-Me parece increíble que puedas escuchar la respiración de alguien que ni siquiera está aquí –declaró Kai.

-Me temo que esa respiración no pertenece a alguien, sino a algo –respondió, preparándose para luchar- ¡Y ese algo sí que está en esta sala!

 

Justo entonces, dos de las paredes se abrieron como compuertas, dejando entrever los cuerpos de sendos Erasers que no tardaron en introducirse en la habitación, observándolos con cara de pocos amigos.

-Parece nos habían preparado algunas sorpresitas –dijo Kai-. ¿Alguna propuesta?

-Tú sigue buscando la salida. Yo me encargaré de ellos.

-¿No tendrás problemas enfrentándolos tú solo?

-Mientras estuviste fuera, yo también tuve tiempo para pensar, y gracias a ello, creo que al fin he encontrado lo que buscaba –explicó Kareth, a la vez que se transformaba en un Eraser, sólo que manteniendo su forma humana, al igual que Detz-. Es hora de comprobar si con esto seré capaz de vencer a Detz.