domingo, 19 de julio de 2015

The three global powers: Capítulo 14

Tras chocar sus armas, Razer pudo permitirse un pequeño descanso de las continuas cargas de su adversario, logrando coger distancia entre ellos.

 

Flexionando ligeramente sus rodillas, le costaba mantenerse en pie, incapaz de encontrar la forma de cambiarle las tornas al combate

 

Necesitaba un plan para poder acertarle, ¿pero qué le podía dar resultado en esa situación?

 

En ese momento, un objeto llamó su atención, haciéndole esbozar una pequeña sonrisa. Entonces, volvió a erguirse y se encaró a Sextus, quien levantó su espada, señalando al líder de los Rebeldes.

-¿Qué te hace tanta gracia? –preguntó el descendiente, en un tono desinteresado.

-Acabo de pensar en lo interesante que es el azar.

 

Aquella respuesta hizo que su contrincante levantase una ceja, confuso. Mostrando así una reacción en su, por lo general, inexpresivo rostro.

-¿Qué quieres decir?

-Me gustaría hacerte una pregunta –continuó Razer-. ¿Cómo crees que me convertí en el líder de los Rebeldes?

-No me importa.

-Lo cierto es que pasaron varias cosas que me llevaron a ello...

-Acabas de ignorarme.

-...Algunos incluso puede que te los cuente en otra ocasión. Pero el que más ha provocado carcajadas y discusiones al respecto ha sido mi buena suerte.

 

Una vez el chico hubo terminado su pequeño discurso, Sextus se quedó en silencio. Quieto como una estatua. Aunque al líder de los Rebeldes le pareció observar un ligero temblor en sus manos. Finalmente, exhaló un profundo suspiro.

-¿Es una broma? –contestó- ¿Quieres decir que tus seguidores confían en ti basándose en supersticiones?

-¡Eh! ¡Eh! ¡No tan rápido! Ya te he dicho que no es el único motivo.

-Aun así, me parece ridículo.

-Puede ser. Muchos no lo creen cuando se lo cuentan. Piensan como tú. Que algo así no tiene sentido. Y, de repente, acabo convenciéndoles con palabras que les muestran la verdad –explicó Razer, deteniendo la conversación por un momento, mientras intentaba hacer memoria-. “La suerte depende en parte de las circunstancias, pero, sobre todo, depende de uno mismo”. En resumidas cuentas, la suerte también es una habilidad.

-Sigue sin tener sentido. La suerte es un cúmulo de casualidades y hechos que producen un resultado. No pueden ser controlados por nadie.

-Y yo te demostraré lo equivocado que estás. Pongamos que ahora mismo estoy en desventaja. Tengo todas las de perder. Y las posibilidades de que aparezca algo que pueda servirme para darle la vuelta al combate son prácticamente nulas. Aún así, te aseguro que todo saldrá como yo quiero. ¿Aceptas la apuesta?

-¿Qué...?

 

De repente, aprovechando que Sextus había bajado la guardia, Razer disparó el gancho de su pistola hacia la barandilla que había sido lanzada por Quattuor durante su combate contra Quinque. Acto seguido, situó su pie derecho con la punta mirando hacia delante y el talón separado varios centímetros del izquierdo, que permaneció en posición perpendicular a éste, formando así una L invertida.

 

Al mismo tiempo, llevó su mano derecha, con la que sostenía su estoque, hacia delante, y situó su izquierda, donde llevaba la pistola, cerca de la cadera.

-¿...estás haciendo? –acabó su pregunta Sextus.

 

Razer respiró hondo y, tras esto, inició un ataque frontal

 

El golpe de su arma fue detenido sin dificultad por Sextus, momento en que éste contraatacó, apuntando a su cabeza. Sin embargo, él tampoco acertó en su objetivo, quien giró sobre sí mismo al mismo tiempo que se desplazaba a la derecha.

 

Continuando con su ataque, el descendiente realizó un corte horizontal a su izquierda, pero, de nuevo, fue esquivado por el líder de los Rebeldes, arqueando su espalda en una pirueta que le permitió seguir moviéndose en dirección contraria a las agujas del reloj.

 

Los siguientes ataques de Sextus obtuvieron el mismo resultado, como si Razer predijese todos sus movimientos, esquivándolos en el último momento mientras seguía girando a su alrededor.

 

Finalmente, el descendiente cayó al suelo al sentir que algo lo había inmovilizado. Entonces se dio cuenta de que la cuerda del gancho rodeaba su cuerpo casi por completo, manteniéndolo atado.

-Ya veo. Así que ese era tú plan desde el principio –dijo mientras el líder de los Rebeldes pasaba el filo del estoque por el hueco del gatillo de su pistola y lo clavaba en el suelo-. Si crees que con inmovilizarme te bastará para vencerme, estás muy equivocado. Has perdido tu absurda apuesta.

-¡¿Inmovilizarte?! ¡No! La verdadera apuesta empieza ahora –respondió Razer, divertido, recogiendo el gancho de manera que, en lugar de ser la pistola la que se dirigió hacia éste, fue al contrario, llevando consigo el trozo de barandilla.

 

Esperando el mejor momento, el líder de los Rebeldes se lanzó al suelo, apartándose del trayecto de la estructura que, sin dar tiempo a que Sextus reaccionase, golpeó la mitad superior de su cuerpo, lanzándolo por los aires y aplastándolo contra la pared.

 

Finalmente, el estoque no aguantó más la presión y salió despedido, formándose un pequeño caos que acabó con el joven de pelo extravagante inconsciente y empalado.

 

Dando por terminado el combate, Razer se levantó del suelo y se acercó a su adversario, dejando escapar un silbido de admiración.

-¿Quién hubiese pensado que pasaría esto? Me va a costar recuperar mi arma –dijo mientras observaba el rostro de Sextus-. Adaptarte a las circunstancias. Esa capacidad define la mayor parte de tu suerte. Es algo que depende de uno mismo.

-Para los que no me conozcáis, mi nombre es Alder, gobernador de la Unión Imber –le interrumpió una voz.

-¿El gobernador de la unión? –preguntó Razer, sorprendido.

 

Por otro lado, tras haber derrotado al líder de la facción, Kareth y Sarah se reunieron de nuevo.

-Buen trabajo –la halagó el chico, recogiendo uno de los pedazos de Hydra.

-Siento que hayas tenido que hacer de cebo –se disculpó ella.

-¡¿Bromeas?! ¡Gracias a tu idea, le hemos vencido! Además, confiaba en que acertarías a la primera –declaró Kareth, chocándole la mano

-¡Aaaaaaah! –gritó el gobernador de la facción, con voz grave, a la vez que se levantaba. Los dos jóvenes se sorprendieron, preparándose para pelear.

-¡¿De verdad creíais que me venceríais sólo por destruir mi arma?! ¡Malditos críos! ¡Os enseñaré de lo que soy capaz!

-¡Sarah! –exclamó Kareth.

-¡Lista! –respondió la chica dispuesta a lanzar otra flecha.

En ese momento, la voz de Alder les interrumpió, confundiendo a los tres.

 

-Has perdido –declaró Kai una vez Alder hubo terminado de hablar.

-Ya no tienes influencia sobre la unión y, por consiguiente, tu amiguito tampoco –se burló Miruru.

-¡Todo esto es por vuestra culpa!

-¡Y orgullosos de ello! –continuó la semidiosa, sacándole la lengua.

-¡Os mataré! –exclamó Quinque, mientras volvía a flexionar su pierna derecha.

-¡No te dejaré! –respondió Miruru, haciendo que el suelo volviese a tomar la forma de tentáculos, que agarraron a la descendiente por brazos y piernas y la inmovilizaron- ¡Ahora, Kai!

Justo entonces, el joven, que acababa de invocar a Hel, guió al Inferno para que éste la golpease son su huesudo y gigantesco puño, saliendo despedida hacia atrás hasta chocar contra uno de los generadores.

 

Por desgracia, antes de quedar inconsciente, consiguió sacar un comunicador y pulsó uno de sus botones.

-¡Eh! –se quejó Miruru al verlo, destruyendo el aparato- ¿Qué era eso?

-Ahora ya no importa –dijo Kai-. Por fin se ha acabado.

-Sí, supongo que sí –contestó Miruru, observando el cuerpo inmóvil de su enemiga.

 

-Así que tú también estabas metido en esto –dijo Quattuor, dirigiéndose a Yorus.

Al igual que el resto, después del discurso de Alder, su combate también se había detenido.

-Un buen sirviente actúa conforme a las órdenes de su señor.

Quattuor sonrió.

-En cualquier caso, no tengo nada más que hacer aquí –continuó Yorus mientras se echaba su arma al hombro y se disponía a marcharse-. Será mejor que informemos cuanto antes a los soldados. Estoy seguro de que el gobernador de la facción y sus hombres también querrán una explicación.

-Eres un tipo interesante. Hasta ahora nadie había conseguido igualarme en fuerza bruta –le halagó Quattuor.

-¡Ja! ¡Seguro! Ni siquiera has luchado con todas tus fuerzas. No puedo contarlo como un combate de igual a igual –sentenció Yorus, desapareciendo por uno de los pasillos.

-Me pregunto si no eras tú quien se estaba conteniendo –murmuró Quattuor.

 

-¿Qué hacemos con ella? –preguntó Miruru señalando a Quinque.

-Lo mejor será inmovilizarla. Y, a ser posible, sin escatimar en seguridad. Con ellos, toda precaución es poca.

 

En ese instante, una especie de portal apareció cerca de la descendiente, sobresaltando a Kai y Miruru. De él surgió, como si nada, una mujer de pelo rubio y corto, permaneciendo en pie, sin moverse, al lado de la chica inconsciente.

-Esto no va a gustarle nada a Detz, Quinque. Vuestro fracaso complicará las cosas –dijo la mujer.

-¡¿Y tú quién eres?! –gritó Miruru.

-Mi nombre es Duobus –respondió ella mientras cogía a Quinque y la cargaba sobre su hombro, emprendiendo el camino de vuelta hacia el portal.

-¡Eh! ¡Espera! –ordenó la semidiosa, adelantándose para impedirlo.

-¡Cuidado! –le advirtió Kai, quien se lanzó contra ella para evitar que un objeto, disparado a gran velocidad, atravesase su cabeza.

-Volveremos a vernos –sentenció Duobus, desapareciendo ante la mirada atónita de los tres amigos.

-¿Duobus? –preguntó Miruru.

-Otra descendiente de Gaia, no hay duda. Probablemente ese comunicador era para avisarla. Un plan de escape. ¡Maldita sea, se nos ha escapado! –se quejó Kai-. Espero que los demás hayan podido capturar a Sextus.

-Por cierto, Kai...

-¿Qué?

-Me haces daño –indicó Miruru, justo debajo de él.

-¡Ah, perdona! –se disculpó, poniéndose en pie, de manera que le permitiese hacer lo mismo-. En fin, ya no importa. Reunámonos con el resto.

 

Miruru asintió pero no se movió de su sitio, clavando su mirada sobre el rostro de su amigo.

-¿Pasa algo? –preguntó él, algo ansioso al darse cuenta de que no le quitaba ojo. Durante unos instantes, ella pareció dudar, desviando la vista hacia otro lado, pero, poco después, se mostró decidida.

-Oye, Kai.

-Dime.

-Hay algo que quiero decirte. Puede que no sea el mejor momento, pero si no lo hago ahora no sé si después tendré el valor suficiente –empezó a decir mientras acariciaba una de sus muñecas, nerviosa.

-¿De qué estás...? –intentó preguntar el chic, siendo interrumpido por ella, quien dio un paso adelante.

-Estoy enamorada de ti –confesó, contundentemente-. Cuando te vi en aquella habitación, lo supe. Tu amabilidad y preocupación por los demás. Tu don de la oportunidad, tu valentía y tu capacidad de esfuerzo. Reconocer tus errores cuando estás equivocado e intentar superarte a ti mismo para no volver a cometerlos. Incluso si buscas a First por lo que le hizo a May, nunca has querido vengarte, sino salvarlo.

Siempre buscando el mejor camino. Durante este tiempo he podido darme cuenta de todo eso y más, y poco a poco sentía que quería estar más cerca de ti. Que quería ser más importante para ti. Mi corazón quería sacar fuera todos esos sentimientos y es por ello que no podía seguir engañándome a mi misma. No sé si tú sientes lo mismo por mí, pero quiero que lo sepas. Te quiero –finalizó la chica, cogiéndolo suavemente de las mejillas y acercando su rostro para besarle en los labios.

 

La expresión de Kai habló por sí sola, perdiendo su capacidad de reacción y dejando que la joven dictase sus movimientos.

 

Una vez separados, se produjo el silencio. El chico, debido al shock, no pudo articular palabra, mientras ella parecía ensimismada, con la mirada y la mente centradas únicamente en él.

-Ha sido precioso –declaró una voz, rompiendo con el extraño ambiente que se había formado, y provocando que ambos se girasen hacia la joven de ojos brillantes y rostro emocionado que los observaba.

-¿Nara? –preguntó Miruru, con voz tenue y distraída.

-¿Sí? –respondió su amiga, con una inocente sonrisa.

 

En ese momento, la semidiosa despertó de su trance, dándose cuenta de lo que acababa de pasar.

-¿Qué...? –empezó a decir, volviendo la vista hacia Kai para, tras esto, sentir como la vergüenza ocupaba cada ápice de su ser, enrojeciéndose como un tomate y deseando que le tragase la tierra- ¡Aaaaaaah! –chilló con todas sus fuerzas, encogiéndose de rodillas y agarrando su cabeza.

 

Más tarde, fue el propio Alder quien se encargó de dar el aviso a los soldados para que cesase su ataque. Asimismo, se encargó de explicarle mejor la situación al líder de la facción, usando grabaciones de su conversación con Quinque.

 

Este hecho, como era de esperar, causó el enfado del gobernador, cuya primera idea que fue la de dirigir un ejército los miembros del proyecto y aniquilarlos.

-Con eso no conseguiremos nada –lo calmó Alder, armándose de paciencia para tratar con él- Ni siquiera conocemos su ubicación, tampoco cuántos son en total, las armas que tienen o todos los aliados de los que disponen.

-¡¿Qué sugieres entonces?! –preguntó la armadura viviente, golpeando la mesa de la sala de reuniones con su puño.

-Creo que lo mejor será hablar con los Rebeldes. Quizás podamos obtener más información de ellos.

 

Así pues, se reunieron con Razer y los demás, quienes le contaron los detalles sobre el proyecto Gaia así como la necesidad de acabar con la guerra para evitar el desastre.

 

Tras una larga conversación, ambos líderes pidieron a los Rebeldes que esperasen fuera mientras deliberaban. Fue así como, después de todo lo sucedido, volvieron a estar todos juntos, sentaron en el suelo del pasillo, mientras hacían tiempo.

-Lo hemos conseguido –dijo Razer, descansando su espalda sobre una pared.

-Ya lo has oído. En realidad, Alder dudaba de ellos. Tenemos que agradecerle a Miruru que lo encaminase hasta aquí. Por cierto, ¿qué le pasa? –preguntó Kareth, al ver a la chica encogida sobre sí misma.

-Eh, bueno... ¿Problemas en el amor? –contestó Nara, quien estaba a su lado, intentando tranquilizarla.

-¡Así no ayudas! –se quejó la semidiosa.

-Lo siento. –respondió Nara con una sonrisa irónica.

-¡Cof, cof! –tosió Kai al mismo tiempo.

-Kai también está bastante raro –murmuró Kareth.

-El mayor problema ahora es que se nos hayan escapado tanto Quinque como Sextus –indicó Quattuor, cambiando de tema.

-Sí. Eso nos habría dado una gran ventaja sobre ellos –continuó Razer mientras recordaba lo ocurrido.

 

“Un rato después de haberse escuchado el discurso de Alder, Razer sonrió para sí mismo, sabiéndose ganador. Entonces, se acercó a recoger su estoque todavía incrustado en el cuerpo de Sextus.

-Puede que sea conveniente inmovilizarlo antes –murmuró para sí mismo-. Luego le preguntaré a Quattuor si conoce algún método para evitar que use sus poderes una vez despierte.

 

En ese momento, tuvo un mal presentimiento, lo que le llevó a agacharse justo cuando un proyectil volaba sobre su cabeza.

-¡¿Qué?! –exclamó.

 

Siguiéndole a éste, otro par más le obligaron a saltar hacia atrás para evitar acabar agujereado. Al mismo tiempo, un cuarto disparo rompió el trozo de barandilla, logrando que su estoque saliese despedido fuera de su alcance.

 

Al mirar en la dirección del origen de todo ello, Razer descubrió a una mujer de pelo rubio y corto, que vestía un gran abrigo con una serie de plumas dispuestas hacia arriba y rodeando su cuello.

-¿Quién eres? –preguntó Razer

-¡Duobus! –intervino Quattuor, lanzándose contra ella pero siendo detenido por un fuerte golpe que lo envió en dirección contraria.

 

Al alzar la vista, Razer observó una gran maza de unos cuatro o cinco metros de longitud, que desapareció poco después, atravesando un portal situado en mitad del aire.

-Encantada de volver a verte, Quattuor –respondió ella, secamente, mientras agarraba a Sextus y se lo llevaba a través de otro de esos portales-. Volveremos a vernos.

 

Acto seguido se esfumó, dejando al líder de los Rebeldes con más preguntas que respuestas.”

 

-¿Qué era esa maza gigante? –preguntó Razer.

-Duobus tiene la capacidad de invocar espíritus encerrados en armas –respondió Quattuor.

-¿Espíritus encerrados en armas? –se sorprendió Sarah.

-Escuché sobre ello cuando estaba en Yohei Gakko –explicó Kai-. Creo que es tan raro como la invocación de espíritus que uso yo.

-Además, parece que puede utilizar los portales para teletransportarse a otros sitios.

-¡¿Qué?! ¡Pero eso es imposible! –exclamó Kai.

-¿¿Por qué lo dices? –preguntó Nara.

-Esos portales desde los que aparecen las armas llevan al más allá. Otra dimensión donde el ambiente es completamente diferente al de aquí y es mortal para cualquier ser vivo. Una persona humana no sobreviviría ni una décima de segundo ahí dentro. La única manera de entrar sin que te pase nada es siendo un espíritu o contactando mentalmente con ese lugar, como cuando se hace un contrato de invocación.

-Te olvidas de algo, Kai. Y es que esa mujer es inmortal, al igual que Quinque y Sextus.

-¿Hasta ese punto llega vuestra inmortalidad? –se sorprendió el nigromante.

-Hemos sido seleccionados por un ser cuyo poder es equivalente al de un dios. Creo que eso contesta a tu pregunta.

-Sea como sea, ya no hay nada que podamos hacer –sentenció Sarah.

 

Poco después, la puerta de la sala de reuniones volvió a abrirse para dejar paso a Alder.

-Ya hemos tomado una decisión –dijo antes la expectativa de los demás.

miércoles, 17 de junio de 2015

The three global powers: Capítulo 13

Ya había pasado bastante tiempo desde que Kai fuese a asegurar la zona y Miruru empezaba a preocuparse.

 

Pese a que una parte de ella le decía que, tratándose de él, lo más seguro es que no pasase nada, había otra que se sentía insegura ante un enfrentamiento contra los descendientes de Gaia.

 

Nara, a su lado, observó cómo apretaba fuertemente puños y dientes, creciendo la tensión en su cuerpo. Al ver esto, no pudo evitar sonreír.

-Quieres ir con él, ¿verdad? –preguntó la chica, sorprendiendo a su amiga, que le devolvió la mirada con la misma expresión que un niño pillado en mitad de una travesura.

-Cuando me salvasteis, me sentí muy feliz, pero, más que por ese hecho, fue porque él estuviese  ahí. Era como si, pese a todas nuestras discusiones, lo único que importase fuese los buenos momentos compartidos, los recuerdos que tenemos de ambos. Como si todo eso estuviese por encima de lo demás.

-Sabes como se llama eso, ¿no? –preguntó, de nuevo, Nara.

 

No hacía falta que se lo dijese. Hacía tiempo que su corazón lo gritaba, pero se sentía muy confusa, pues era la primera vez que se sentía así.

-Ve –dijo su amiga, con decisión-. Ya he terminado con el tratamiento, así que ve con él. Ahora es tu turno de ayudarle.

-De acuerdo –respondió la semidiosa-. Pero tú vienes conmigo.

-¿Eh?

-No pienso dejarte aquí sola –continuó la semidiosa, provocando la carcajada de ambas.

 

De repente, la ansiedad que Miruru había sentido hasta ese momento desapareció por completo.

 

Mientras tanto, en otra parte de esa misma sala, Kai se defendía como podía de los ataques de Quinque. No obstante, eran tan rápidos que apenas conseguía mantenerla a raya, incapaz de contraatacar. Incluso si invocaba a Sázam para aumentar su velocidad, la de ella conseguía adaptarse, impidiéndole otra cosa que no fuese evadir o protegerse.

 

Si la situación seguía así, aquello terminaría convirtiéndose en un combate para ver quien aguantaba más, y no estaba seguro de poder ganar. Tenía que distraerla de alguna forma que le permitiese distanciarse de ella lo suficiente para poder invocar a Hel o a End. De esa forma, quizás lograse cambiar las tornas.

 

El problema estaba en que la única idea que le venía a la cabeza era la de destruir los generadores, cosa que podía acabar en un ataque suicida que afectase también a Miruru y Nara.

 

En mitad de sus pensamientos, bajó la guardia, instante que fue aprovechado por Quinque para golpearle, empujándolo contra la pared e inmovilizándolo con su antebrazo sobre su cuello.

-¡Agh! –se quejó el chico, con expresión de dolor.

-Vaya, vaya. Dada tu actuación en el torneo y los problemas que me diste, esperaba algo mejor. Has resultado ser un debilucho.

-Je, si me dejases atacar te demostraría de lo que estoy hecho.

-¿Acaso crees que soy idiota?

-No, pero has cometido un grave error.

-¡¿Qué?!

-¡Quedarte quieta! ¡Segundo espíritu: Faith!

-¡Ugh!

 

De repente, Quinque quedó petrificada en esa posición, incapaz de moverse. En ese momento, Kai levantó la pierna hasta casi la altura del estómago y empujó a la joven con la planta del pie, distanciándola de él y consiguiendo suficiente tiempo para contraatacar.

 

Por desgracia para él, la petrificación de Quinque no tardó en pasarse, permitiéndole moverse de nuevo y levantarse del suelo para lanzarse rápidamente contra su adversario.

-¡Demasiado tarde! –exclamó Kai, haciendo aparecer una armadura metálica que se interpuso entre él y la chica, generando una corriente eléctrica que recorrió el cuerpo de ella y la obligó a apartarse debido al dolor.

-¡¿Qué es eso?! –preguntó, confusa, mientras la parte frontal de la armadura se abría, permitiéndole el paso a su invocador.

-Su nombre es End, uno de los cuatro Infernos. Capaz de manipular la electricidad y proteger a su usuario.

-Oh, así que es como uno de esos juguetitos que tiene Tribus. Esto se pone interesante.

 

Dos espadas, hechas de electricidad, y de aproximadamente metro y medio cada una, aparecieron en mitad del aire, destellando colores azul y blanco. Entonces, ambas giraron un par de veces antes de que su filo apuntase a la descendiente.

-¡Allá voy! –exclamó Kai.

 

Por otro lado, el líder de la facción continuó persiguiendo a Sarah y Kareth por el pasillo hacia el que habían huido, llegando a una bifurcación a derecha e izquierda. Les había perdido la pista.

 

Observando cada uno de los corredores, al principio no distinguió nada que llamase su atención. Pero, pocos segundos después, vio a alguien salir de una de las habitaciones del pasillo izquierdo, tratándose de Kareth, quien le plantó cara pese a situarse a una distancia segura.

 

-¡¿Ya te has cansado de correr y vas a enfrentarte a mí como un hombre o es que ya no tienes adonde huir?! –se burló el gobernador.

-Digamos que un poco de todo –respondió el chico, quien seguía con las piernas transformadas.

-Me gusta tu actitud, pero llega un poco tarde. Has conseguido cabrearme y no soy de los que perdona ese tipo de ofensas –dijo mientras hacía que su arma volviese a tomar la forma de un hacha. Entonces se lanzó a por el joven mediante un ataque vertical, errando en el proceso y clavando uno de los filos en el suelo, a pocos centímetros de él.

-¡Muere! –gritó, repitiendo el mismo movimiento una segunda vez sólo que, en ésta, detuvo a Hydra poco antes de golpear la superficie, continuando el ataque con un movimiento hacia arriba que pilló desprevenido a Kareth, quien tuvo que hacerse a un lado para que no lo alcanzase.

 

Sin embargo, la acometida del gobernador no terminó ahí, continuando con una combinación de ataques que complicaron cada vez más la situación del joven, quien se vio sorprendido cuando el arma, en mitad de aquella serie de movimientos, descendió, transformada en espada, formando una línea diagonal hacia su lado izquierdo para después describir otra horizontal en un ángulo de 45 grados, que le obligó a apartar sus brazos para evitar el golpe.

 

Pese a todo, Kareth acabó inmovilizado contra la pared derecha, manteniéndose a duras penas en pie y con el filo de Hydra penetrando un tercio de su antebrazo.

-Nada mal –declaró el líder de la facción mientras sacaba su arma de la extremidad transformada del chico-. Parece que la dureza de tu piel ha evitado que te quedes sin brazo. Nunca había visto esa transformación. Será interesante investigar tu cuerpo una vez acabe contigo.

-No me interesa.

-No es decisión tuya.

 

Echando la espada hacia atrás, con ambas manos en la empuñadura, el gobernador se dispuso a zanjar el combate.

-¡Ahora! –gritó Kareth al ver como el arma se precipitaba hacia él, haciéndose a un lado de un salto y recibiendo únicamente un ligero corte en el hombro.

 

Confuso, el líder de la facción se giró a su derecha, desde donde pudo ver, al final del pasillo, una flecha surcando el aire hasta alcanzar la empuñadura de Hydra, expuesta al encontrarse el filo clavado en la pared.

-¡Sword Target: Distance! –exclamó Sarah.

 

Al chocar con la punta de la flecha, la espada se rompió. Tal fue la fuerza del impacto, que incluso se la arrebató de las manos, rebotando en el suelo con un molesto ruido metálico.

 

Absorto como había quedado, ya que su mente no era capaz de aceptar lo ocurrido, el gobernador no vio venir el golpe directo que le asestó Kareth en la zona de la mejilla, lanzándolo con fuerza contra el suelo y dejándolo inconsciente.

 

Por otro lado, Quinque y Kai continuaban combatiendo, con la primera recibiendo un nuevo ataque por parte de una de las espadas que manejaba End, desplegando corrientes eléctricas que provocaban severas quemaduras en su cuerpo, y que tardarían tiempo en recuperarse pese a su inmortalidad.

-¡Ugh! –se quejó la chica, chasqueando la lengua.

 

Aunque el movimiento de aquellas espadas no era rápido en comparación a los suyos, tenía un rango de ataque considerablemente grande, gracias en gran medida a la electricidad que despedían. Pero eso no era todo. Siempre que conseguía acortar distancias entre ella y su adversario, parte de la armadura aparecía desde el suelo, impidiéndole asestar un solo golpe.

 

“Esto no puede seguir así”, pensó mientras se alejaba, “No me queda más remedio que ponerme seria”.

 

Por su parte, Kai no bajó la guardia, si había decidido retirarse seguramente planeaba algo. No sabía de lo que era capaz, por lo que no iba a dejarla actuar a sus anchas.

 

Así pues, hizo que una de las espadas del Inferno recorriese rápidamente el área que les separaba, disponiéndose a clavarse en su pecho pero siendo esquivada por los pelos. Sin embargo, la segunda fue detrás, alcanzándola con uno de sus rayos, de manera que fue empujada contra el suelo.

 

Incorporándose, Quinque desplazó hacia atrás su pierna derecha, flexionándola ligeramente y apoyando la punta del pie en el suelo. Tras esto se impulsó hacia delante, desapareciendo ante los ojos del nigromante justo cuando éste se disponía a golpearla.

 

Confuso, Kai examinó su alrededor, en busca de algún indicio que delatase su posición.

 

Demasiado tarde se dio cuenta, al escuchar un fuerte ruido justo detrás de él, de la presencia de una onda expansiva que volvería a repetirse sobre el techo de la sala.

 

Inconscientemente, puso los brazos en cruz a la vez que las espadas y armadura metálica de End, generaban una especie de campo eléctrico frente a él, donde la pared de la sala acababa de agrietarse debido a un impacto invisible.

 

Apenas le dio tiempo, y de poco sirvió, cuando algo, con la fuerza de un misil, atravesó cualquier barrera posible y le golpeó en el estómago, saliendo despedido hasta chocar contra el muro que había tras él.

 

No se lo podía creer. Aquella velocidad había sido tal que había llegado a romper la barrera del sonido, dejándolo de rodillas en el suelo y dificultándole el respirar.

 

Escupió sangre, apoyándose en sus manos. Si no hubiese sido por la rapidísima defensa que había logrado crear, su cuerpo habría quedado reducido a un montón de huesos y músculos rotos. Aunque, al menos, su contrincante también había recibido algo de daño, habiéndole quedado algunas quemaduras y alguna que otra fractura.

La diferencia estaba en que Kai tardaría mucho más tiempo en recuperarse que ella, lo que le dejaba en desventaja ante ella, quien ya empezaba a sentirse mejor.

-Por eso no me gusta usarlo. No logro controlar mi velocidad y acabo hiriéndome a mí misma –se quejó, acercándose lentamente a Kai, hasta que se hubo situado a su lado-. En fin, he conseguido lo que quería.

 

En ese momento, no podía moverse. Y aunque pudiese, no sería capaz de luchar contra ella. Ni siquiera de controlar a End.

 

Entonces, justo cuando la descendiente se disponía a darle el golpe de gracia, la pared de detrás del chico se abultó, produciendo una forma cónica cuyo extremo golpeó el costado de Quinque para que, posteriormente, una fuerza invisible la alejase violentamente de Kai.

 

Al levantar la cabeza, el joven descubrió a su lado a Miruru y Nara, quien, sin pensárselo dos veces, se agachó para atenderle.

-¿Qué hacéis aquí? –preguntó Kai, con un hilo de voz. Le costaba mucho articular palabra.

-¡¿No es obvio?! ¡Mírate!  –respondió Miruru-. ¡Somos un equipo, ¿no?!

-Supongo... que tienes razón... –continuó el chico, sonriendo ligeramente.

-Parezco un hospital andante. –comentó Nara, recibiendo la mirada acusadora de sus dos compañeros- L-lo siento. Sé que no es el momento.

-Ten cuidado, Miruru. Ese ataque...

-Ahórratelo. Ya me hago una idea. La entretendré hasta que te recuperes. Entonces, acabaremos con ella los dos juntos.

-¡Así que eras tú! –exclamó Quinque, levantándose del suelo y encarándose a ellos- ¡Te veo bien! ¡¿Ya te has recuperado?! –continuó con voz burlona.

-¡Pienso devolvértelo con intereses! –respondió Miruru, enfadada.

-¡Jajaja! ¡Me encantaría verlo! –dijo Quinque, desviando la mirada hacia Nara-. ¡Oh! ¡Tú eres... ¿la chica contenedor?! ¡Parece que hoy es mi día de suerte!

 

Nada más acabar la frase, el suelo delante de ella se abultó en dos puntos, formando tentáculos de cemento que se lanzaron contra ella sin lograr su objetivo.

 

Sin embargo, el ataque de Miruru no acabó ahí, pues, poco después, surgieron dos pequeñas columnas justo debajo de la descendiente, ascendiendo a gran velocidad para aplastar a la chica contra el techo.

-La capacidad de modificar lo que ves –comentó Quinque, ilesa tras aquel despliegue de poder- Un poder temible, pero debe de haber sido una gran carga para ti –pese a mostrarse ligeramente sorprendida por sus palabras, Miruru no bajó la guardia- Es el problema que tenéis los semidioses. Muy poderosos, pero difíciles de controlar. Por si fuera poco, vuestra habilidad os desgasta mucho más rápido que al resto de usuarios de Radiar. Fue una suerte que pudiésemos eliminar a tantos en Yohei Gakko.

 

De nuevo, el suelo y las paredes se agrietaron, en algunas zonas, las losas se abultaron y comprimieron mientras gravilla y polvo caían sobre ellos. Se notaron pequeños temblores que fueron aumentando de intensidad hasta cubrir toda la sala, dando la sensación de que ésta empezaba a replegarse sobre sí misma.

 

La mirada de la semidiosa era aterradora, un reflejo de su ira al escuchar hablar de aquella manera sobre la muerte de sus compañeros.

-¡Miruru! –gritó una voz detrás de ella, haciendo que volviese en sí misma al tiempo que su corazón sufría un pequeño vuelco- ¡No te dejes provocar por ella! ¡Si destruyes este sitio lo único que conseguirás será matarnos a nosotros!

 

La voz de Kai calmó los temblores hasta que finalmente desaparecieron y la sala volvió a la normalidad. Entonces, Miruru respiró hondo y sonrió.

-¡Entendido!

-¡Jo! ¡Con lo que me hubiese gustado verte asesinar a tus compañeras! ¡Qué se le va a hacer!

 

En pocos instantes, Quinque recorrió la distancia que las separaba y lanzó una patada a la cabeza de su adversaria, que consiguió detenerla en mitad del aire, utilizando su poder. Tras esto, Miruru agarró su pierna con una mano y su cuello con la otra, girando sobre sí misma y lanzándola hacia el lado contrario, volviendo crear distancia entre ellas. Acto seguido, alzó sus brazos, provocando que las deformaciones de la sala, que ella misma había creado, se desplazasen a la vez para golpearla.

 

Para su desgracia, Quinque las evadió y acometió de nuevo contra ella, logrando arrojarla contra el suelo justo antes de salir despedida hacia atrás por el contraataque de su adversaria.

 

Fue en ese momento, poco después de incorporarse, cuando la descendiente flexionó su pierna derecha, disponiéndose a hacer por segunda vez el mismo movimiento que había usado contra Kai, desapareciendo de la vista de Miruru antes de que ella se diese cuenta.

 

La misma onda expansiva e intenso ruido de antes dieron a entender el inminente ataque de la joven, pero esta vez, hubo alguien que lo había predicho, situándose detrás de la semidiosa e invocando tanto la armadura como las espadas de End.

 

Una gran polvareda hizo que Nara se protegiese los ojos al producirse el golpe, dejando  ver, una vez disipada, a Quinque en mitad del aire y con las piernas al frente, a escasos centímetros de la cabeza de Miruru, quien tenía las manos extendidas al frente.

 

Una vez se dieron cuenta del resultado, el más rápido en reaccionar fue Kai, quien propinó un fuerte golpe a la joven de pelo plateado, lanzándola contra el suelo con tal fuerza que rodó varios metros sobre él.

-Lo hemos conseguido... –dijo Miruru, respirando agitadamente.

-Sí. –contestó Kai, sonriéndole.

 

-¡Ugh! –se quejó Quinque, poniéndose en pie- ¡Idiotas! ¡¿No me fastidiasteis lo suficiente en el torneo!? ¡Dejad de entrometeros!

-¡Que te lo has creído! –replicó Miruru.

-¡No os saldréis con la vuestra! ¡Gaia os eliminará a todos y cambiará el mundo! –exclamó Quinque, en un arranque de ira.

-Así que era cierto –interrumpió una voz, sorprendiendo a todos los presentes, quienes permanecieron quietos, mirando a su alrededor en busca del origen.

-Esa voz... –dijo Miruru, a quien acababa de reconocerla.

-Para los que no me conozcáis, mi nombre es Alder, gobernador de la Unión Imber.

-¡¿Qu-qué?! –exclamó Quinque.

-Como lo oyes, Marie. ¿O debería llamarte por tu verdadero nombre? Lástima que todavía no me lo haya aprendido.

-¡¿Desde dónde habla?! –preguntó Kai, confuso.

-Hace un rato le pedí a Yorus que conectase el sistema de comunicación integrado en este sitio. Me lo mostraron el día en que llegué, y pensé en usarlo si la situación lo requería. Ya sabéis, para escuchar aquello que no siempre se dice a la cara. Como una conspiración, por ejemplo.

-¡No es posible! –exclamó Quinque.

-Si te estás preguntando el porqué de todo esto. Debo advertirte que ya desde un principio desconfiaba de ti. Después de lo ocurrido en el torneo, tu repentina elección, cuando supuestamente sólo eras la jueza, me pareció muy sospechosa, pero decidí aceptar tu candidatura por dos cosas: la primera porque, dada tu condición de imparcialidad así como tu fuerza en combate, recibiste apoyo del bajo mundo para alzarte como la líder; y la segunda, porque era preferible el tenerte cerca de mí si quería saber lo que estabas tramando. Cuando esa chica vino a mí, hablándome de una posible conspiración contra las tres potencias, decidí buscar evidencias de ello, y fue entonces cuando me aproveché de este sistema. Puede que tenga que pedirle disculpas a mi aliado, el gobernador de la facción, por usarlo sin su permiso, pero dudo que ponga pegas si está escuchando esta conversación –dijo Alder, ante la atónita mirada de la descendiente- Se acabó el juego.

domingo, 3 de mayo de 2015

The three global powers: Capítulo 12

-¡Ya vienen! –comunicó Zen a los demás.

-¡Preparaos para la retirada! ¡Nos separaremos para que sea más fácil despistarlos! –ordenó Sdren, abandonando el cañón que habían utilizado a modo de distracción y corriendo hacia los callejones de la ciudad.

 

A su vez, Zen, quien hasta ese momento había estado situado sobre una de las casas cercanas, para poder divisar al enemigo, saltó hacia otro tejado, moviéndose en dirección opuesta a los demás.

 

Habiéndose quedado rezagado con respecto a los demás por su posición como vigía, aquella era la mejor vía de escape por la que podía optar, permitiéndole divisar a los soldados acercándose al cañón y organizándose rápidamente para buscar a los fugitivos, incluido él mismo. A partir de ese instante, de cada uno dependía el no ser cogido.

 

En el interior del recinto de gobierno, otra distorsión obligó a Quattuor a saltar hacia atrás para que la mitad inferior de su cuerpo no desapareciese.

 

Por suerte, aquello no le impidió mantenerse como un obstáculo para que Quinque no fuese en busca de Kai y Nara.

-¡Cuatro contra dos! ¡No veo sentido en contar a esos chimpancés que tenéis por soldados! ¡No nos llegan ni a la suela de los zapatos! –se burló el hombre.

-Será mejor que os rindáis –añadió Razer, situándose al lado de su compañero, tras recuperarse de su empujón-. Por cierto, es la primera vez que veo de cerca a un inmortal regenerándose. Resulta bastante desagradable.

-Pues mejor que no veas una de cuerpo entero –comentó Kareth, al otro lado del recibidor, mientras golpeaba a un soldado y lo arrojaba contra el suelo.

-Parece que nos están subestimando, Sextus –dijo Quinque.

-La verdad es que no me importa. Quien ríe el último, ríe mejor –respondió su compañero.

-¡Entonces vamos a reírnos! –dijo Quinque mientras calentaba, dando un par de pequeños saltos en el sitio.

-¡Oye, Razer, no bajes la guardia! –exclamó Quattuor.

-¡¿Qué pasa?!

-¡Van en serio!

 

Nada más acabar la frase, Sextus levantó ambos brazos, haciendo aparecer dos distorsiones espaciales justo donde se encontraban el líder de los Rebeldes y Quattuor. Entonces, al apartarse de su rango de ataque, Quinque apareció, como salida de la nada, al lado de Quattuor golpeando su vientre de manera que su brazo izquierdo fuese forzado a entrar en la distorsión, desapareciendo en el acto.

 

Al mismo tiempo, Razer, quien había conseguido alejarse por completo del primer ataque enemigo, se vio metido en un segundo ataque cuyo rango ocupaba todo su cuerpo.

-¡Mierda! ¡¿Dos seguidas?! –gritó, sorprendido.

-Nunca dije que no pudiese hacerlo –comentó Sextus, que, pese a su expresión y tonalidad indiferentes, dejó escapar cierto aire burlón.

-¡Razer! –exclamó Sarah intentando correr hacia él para ayudarle, pero siendo retenido por un par de soldados que se pusieron en medio.

 

Para sorpresa de muchos, el joven rebelde se llevó una mano al tobillo, de donde sacó una pequeña pistola con la que disparó un gancho hacia el techo. Al recoger la cuerda a la que estaba atado, escapó de allí justo antes de ser alcanzado por la técnica de Sextus.

 

Por desgracia, debido a lo precipitado de su movimiento, el gancho se soltó antes de que pudiese tocar tierra, cayendo al suelo de mala manera y sufriendo algunos rasguños.

-¡Maldición! –se quejó Quattuor al observar aquel giro de los acontecimientos.

-¡¿Y bien, Quattuor?! ¿¡Vas a dejarme pasar ahora?! –preguntó Quinque, relamiéndose.

-Je... ¡JAJAJAJAJA! –rió él en respuesta, y ante la expresión extrañada de la chica-. ¡Ahora que nos estamos divirtiendo, ¿quieres dejarme sin pareja de baile?!

-¡En el fondo sólo eres un sádico! –replicó Quinque, justo cuando el brazo del hombre acababa de recuperar su forma original.

-¡Tú tampoco te quedas atrás!

 

Tras esto, Quattuor acometió contra ella y lanzó un puñetazo dirigido a su mejilla, el cual fue esquivado por la chica, quien contraatacó con una serie de patadas al costado.

 

Pese a que los golpes dieron en el objetivo, Quattuor se aprovechó de su musculatura para defenderse, tras lo que agarró la pierna de su adversaria justo antes de que ella se retirase.

-¡Recuerda que yo fui el primero de vosotros! ¡No te lo tengas tan creído, niñata! –exclamó ante la sorpresa de Quinque, girando sobre sí mismo y lanzándola contra la pared como si fuese un disco, llegando a agrietarla por el impacto.

 

Mientras tanto, Sextus intentó apoyar a su compañera, extendiendo de nuevo sus brazos hacia Quattuor para crear otra distorsión, no obstante, tuvo que retractarse de su ataque, haciéndose a un lado para evitar el gancho que había sido disparado en su dirección, y que posteriormente fue seguido de Razer, quien inició una serie  de ataque hacia él.

-Tú debes de ser el líder de los Rebeldes –dijo Sextus, incorporándose rápidamente tras esquivar el primer golpe y defendiéndose de los demás.

-¡¿Nos hemos visto antes?!

-No, pero tu fama te precede. Sobre todo en el imperio.

-¡Me alegra oírlo! ¡Eso significa que nos están teniendo en cuenta!

-De hecho, no entiendo qué haces aquí. Pensaba que tu objetivo era el propio imperio.

-¡Si acabáis tan rápido con el imperio, ¿contra quién voy a desquitarme?! –bromeó el joven sin observar respuesta por parte de su contrincante-. ¡Eres un aburrido!

-Mis disculpas. No sabía que se tratase de una broma.

-¡Admito que no ha sido muy buena! ¡En cualquier caso, no me gusta que os toméis la justicia por vuestra mano! –continuó el líder de los Rebeldes, sin cesar su ataque.

-Llegados a este punto, no hay otra opción.

-¡Puede que tengas razón, pero la justicia no es algo tan simple como para que sea aplicada unilateralmente!

-No estoy de acuerdo. ¿Acaso no haces tú lo mismo con el imperio?

-¡Creo que hay una gran diferencia! ¡Para empezar, yo no quiero exterminar a quienes viven allí! ¡Tan sólo a quienes gobiernan!

-Entonces, según tú, somos demasiado radicales –dijo Sextus, a lo que Razer respondió esbozando una sonrisa. Entonces, recogió el gancho, que seguía sujeto a la pared y prosiguió su ataque.

-Aun así, llega un punto en el que un asesino mata tantas veces que ha de detenerse sin importar los medios que se utilicen. Nuestra causa es justa –alejó el joven de pelo extravagante, quien introdujo una de sus manos en el interior de su capa, sacando una espada de igual tamaño que el estoque de Razer, que utilizó para un ataque frontal contra su adversario. Éste, logrando protegerse, sintió un escalofrío recorriendo su espina dorsal, como una sensación de peligro.

 

En ese momento, observó cómo la extremidad libre de su enemigo se abalanzaba sobre él, forzándole a saltar hacia atrás, momento en que descubrió que, sobre la palma de dicha mano acababa de formarse otra distorsión.

 

“¡¿Acaba de crear uno de esos espacios en su propia mano?!”, pensó el chico, levantando la mirada hacia Sextus, “y yo que creía que el combate a corta distancia me daría ventaja.”

 

Tras recuperarse del lanzamiento, Quinque se lanzó de nuevo contra Quattuor en un intercambio de golpes durante el que cada uno utilizó sus puntos fuertes para impedir que el otro llevase la ventaja.

 

Finalmente, fue Quattuor quien consiguió acertar en unos de sus puñetazos, elevando a la joven en el aire. Ella, por su parte, consiguió apoyarse en una de las paredes de la sala para volver al combate, siendo recibida a mitad de camino por una de las barandillas del borde de la escalera, que había sido arrancada y arrojada por su oponente, y que consiguió sortear en el aire, para después propinarle una patada a su objetivo, quien logró defenderse con su brazo derecho, no sin recibir daño.

 

Al mismo tiempo, Sarah y Kareth acababan de noquear a los soldados que quedaban.

-¡Sarah! ¡Échale una mano a Quattuor! ¡Yo ayudaré a Razer! –gritó Kareth.

-¡No tan deprisa! –exclamó una voz, en el miso instante en que un objeto de gran tamaño aterrizaba justo entre ambos, levantando una gran polvareda.

 

Entonces, una figura de aspecto mecánico se erigió cerca de ellos, tratándose del gobernador de la facción.

-¡Así que vosotros sois los intrusos que han intentado colarse a cañonazos en mi territorio! –continuó, con un tono de voz que denotaba enfado. Tanto Sarah como Kareth quedaron impresionados ante el tamaño de la armadura, que no tenía nada que envidiar a Quattuor.

-Señor, no se preocupe. Nosotros podemos encargarnos de ellos –dijo Sextus desde donde se encontraba.

-¡¿Qué clase de gobernador sería si no diese buen ejemplo a mis soldados?! –dijo, poco antes de sacar una gruesa vara de metal de la parte trasera de su armadura, activando un mecanismo sobre ella que hizo que se alargase hasta más de la mitad de la longitud de la propia armadura y haciendo aparecer dos filos curvos en cada extremo, formando sendas hachas de doble filo.

-¡El nombre de este arma es Hydra! ¡Preparaos para morir! –exclamó orgulloso.

 

-Bueno, es lógico que no te creyesen –dijo Kai, sentado sobre la cama donde habían encontrado a Miruru, tras escuchar su historia. Mientras tanto, Nara seguía con su tratamiento.

-¡No tienes por qué decirlo así! ¡Suena a que soy una estúpida!

-Según como se mire...

-¡Kai!

-¡Es broma! –respondió él, sonriendo maliciosamente mientra jugueteaba con su mejilla- Ahora ya no importa. Tienes que recuperarte lo antes posible para que podamos volver con los demás.

-¡Ah! ¡Es cierto! ¡¿Cómo están?!

-Deben de estar luchando ahora mismo contra Quinque y Sextus.

-Espero que no les haya pasado nada –contestó la chica, preocupada.

-Por eso debemos darnos prisa.

-¡A mí no me miréis! ¡Hago lo que puedo! –declaró Nara.

 

De repente, se escuchó un ruido procedente del pasillo, como el de un gran número de pasos corriendo.

-¡No me digas que...! –se asustó Kai, levantándose y dirigiéndose a la puerta para echar un vistazo fuera. Instantes después, dio un ligero paso atrás y volvió junto a ellas.

-¡Tenemos que largarnos de aquí!

-¡¿Qué pasa?! –preguntó Miruru.

-¡Vienen soldados! ¡Puede que ya hayan descubierto donde estamos!

-¡Pero Miruru aún no está recuperada! –se quejó Nara.

-¡Ya lo sé! ¡Por eso debemos irnos! ¡Con Miruru así no podremos hacerles frente! ¡Al menos no aquí! ¡Necesitamos encontrar un sitio más grande desde donde poder contraatacar! –sugirió el joven mientras se acercaba a la semidiosa y le ofrecía su espalda para que la utilizase como apoyo- ¡Rápido!

 

Tras asentir, la joven rodeó su cuello con los brazos, siendo ayudada por Nara para subirse a él.

-¡No te separes de nosotros, Nara! ¡Como te pase algo, Kareth me mata!

-Vale

 

Así pues, los tres salieron de la habitación y volvieron sobre sus pasos. Sin embargo, un grupo de soldados interrumpió su camino, poniendo miradas amenazantes.

-¡Maldita sea! –se quejó el chico, quien rechazó la idea de invocar a uno de los Infernos y decidió recurrir a los espíritus- ¡Segundo espíritu: Faith! –exclamó, haciendo que algunos de los soldados fuesen petrificados, y aprovechando la oportunidad para escapar en dirección contraria.

-¡¿A dónde vamos?! –preguntó Nara mientras giraban a la derecha en dirección a otro pasillo, ya que por el frente venían más de esos soldados.

-¡Ni idea! ¡No conozco este sitio, así que lo único que podemos hacer seguir probando hasta que lleguemos a un sitio amplio y rezar para no toparnos con un callejón sin salida!

-¡Me parece bien, pero ¿tienes alguna idea de que dirección seguir?! –continuó ella.

-¡Intentaremos ir hacia abajo! ¡Tengo una corazonada!

-¡Espero que sea buena!

 

Mientras tanto, Kareth conseguía evadir un nuevo ataque de Hydra.

“¡Ahí viene!”, pensó, al mismo tiempo que un golpe de aire por poco le hacía perder el equilibrio, alejándolo ligeramente de su adversario.

 

Por su parte, el gobernador de la facción volvió a levantar su arma, situándola sobre su hombro.

 

Tanto Kareth como Sarah conocían aquel efecto, pero nunca lo habían visto utilizado de esa forma ya que, según sus conocimientos, se había inventado para aumentar la fuerza del arma, incrementando su energía cinética. No obstante, el hacha que blandía su adversario era capaz de expulsar aire a presión a partir de agujeros situados en la base del extremo del mango, desde donde sobresalían los filos del arma.

 

De esa forma lograba un segundo ataque tras el del arma, evitando un contraataque a larga y media distancia debido a la proximidad del primer movimiento, y uno a corta distancia debido al segundo.

 

Por suerte para ellos, los ataque del gobernador no eran muy rápidos, pero su forma de combatir les había llevado a un punto muerto.

 

Mientras tanto, Razer estaba teniendo problemas para mantener a raya a su contrincante.

 

Como éste era inmortal, podía ignorar sus ataques sin recibir consecuencias, proporcionándole más oportunidades para acertar a su rival.

 

Pese a que el líder de los Rebeldes había conseguido evitar aquellas distorsiones, no había tenido tanta suerte con el arma de su oponente, presentando cortes por todo el cuerpo.

 

Aun así, siguió plantándole cara, esperando la oportunidad perfecta para noquearlo, pues esa sería la única formar de librarse de él.

 

Al mismo tiempo, Quattuor y Quinque seguían igualados.

 

El primero permanecía inamovible, cortándole el paso a la chica, quien asestaba un golpe tras otro desde distintos ángulos y a velocidad casi imperceptible. De seguir así, el combate no habría ido a ninguna parte, pero, poco después, ocurriría algo que cambiaría su transcurso.

 

Por otro lado, Sarah y Kareth continuaban peleando contra el gobernador de la facción, quien lanzó un ataque directo a la joven, que lo esquivó y se preparó para su siguiente movimiento.

 

Kareth, unos metros más alejado de ellos dos, había decidido esperar a que acabase el segundo golpe para impulsarse directamente hacia él en un ataque frontal a toda velocidad, sin embargo, ése era el momento que su enemigo había estado esperando. Así pues, tras finalizar el primer ataque, en lugar de producirse la expulsión de aire a presión, procedente del arma, ésta cambió de forma, desapareciendo los filos del hacha y siendo sustituidos por uno solo que se extendió hasta penetrar el hombro de Sarah.

 

Este hecho la pilló por sorpresa, dejando escapar un grito de dolor al verse empalada.

-¡Sarah! –exclamó su compañero, quien hizo uso de sus piernas, recién transformadas, al igual que sus brazos, para impulsarse hacia ellos y golpear el arma de su contrincante, partiendo el filo en dos.

 

Por desgracia, aquello no pareció importarle mucho al gobernador, aunque decidió retirarse por el momento y crear algo de distancia entre ellos.

-¡¿Estás bien?! –continuó Kareth, a lo que su amiga asintió, sujetándose la herida con la mano contraria.

 

Por su parte, Quattuor desvió la atención hacia Sarah al escuchar su grito, bajando la guardia.

-¡Te tengo! –exclamó Quinque, aprovechándose de ese momento para encajar una patada sobre su cabeza, logrando que chocase contra el suelo del piso de abajo.

-¡No! –dijo el líder de los Rebeldes, intentando detener a la descendiente pero dándose de cara con los constantes ataques de Sextus mientras la joven se despedía de ellos con un gesto de su mano, a modo de burla.

-¡No escaparás!

Levantándose lo más rápido que pudo, Quattuor subió de un salto al siguiente piso dispuesto a perseguirla, pero, de repente, un objeto volador se interpuso en su camino, obligándole a cubriese con los brazos.

 

El objeto hizo un efecto boomerang volviendo a la persona que lo había lanzado. En ese instante apareció Yorus, armado con su peculiar doble martillo.

-¡Apártate! –ordenó Quattuor al guardaespaldas del líder de la unión- ¡No tengo tiempo para ti!

-Me temo que no va a poder ser. Ahora yo soy tu adversario. Tendrás que vencerme para llegar hasta ella.

 

En ese momento, Kareth se arrancó un trozo de su camiseta, aunque no quedase mucha tela que coger, y lo utilizó para detener la hemorragia de su compañera. Incluso si los guerreros armados tenían una regeneración mayor de lo normal, una herida de ese nivel tardaría en recuperarse.

-¿Puedes moverte? –preguntó el chico.

-Sí, gracias.

-Un buen arma, ¿eh? –interrumpió el gobernador mientras enseñaba su Hydra, ahora transformada en una gran espada, cuyo filo había vuelto a la normalidad pese a haber sido roto por Kareth-. Tiene la capacidad de transformarse en 7 armas diferentes, posee un motor de propulsión Z y, además de eso, también puede regenerar su filo.

-Su nombre le va que ni pintado –indicó Kareth.

-Una pequeña muestra de la tecnología de la facción –respondió la armadura, apuntándoles con Hydra.

-La situación se ha puesto difícil, Sarah –susurró el chico.

-Ya lo veo. Mientras tenga esa arma, el combate estará a su favor.

-¿Alguna sugerencia?

-Una apuesta, más bien.

-Es mejor que nada.

-De acuerdo, entonces sígueme la corriente.

-¿Qué estáis cuchicheando? –preguntó el líder de la facción, quien empezaba a irritarse.

-Nada. Tan sólo... estoy impresionada por la potencia de tu arma. No he podido ver venir ese golpe y he sido derrotada.

-Vaya, no me lo esperaba. Qué honesto por tu parte reconocer tu inferioridad ante mí.

-No. No. Creo que no me has entendido.

-¿Eh?

-He dicho que me ha impresionado tú arma. De quien la porta no puedo decir lo mismo. Dicen que un arma no es nada sin aquel que la maneja, pero algo me dice éste no es el caso -continuó ella mientras fingía estar meditando sus palabras.

-¡¿Qué quieres decir?!

Pese a que no podía ver su expresión, Kareth pensó que debía de ser de lo más estúpida ahora mismo.

-Ahora que lo dices, tienes razón Sarah –dijo el chico, siguiéndole el juego a su amiga- Esos soldados no eran para nada fuertes. Si este tipo es quién los ha entrenado, no hay de qué preocuparse.

-Es cierto. Con una espada normal no sería capaz de hacer nada.

-¡Esto es humillante! ¡Que hayáis sido capaces de caer tan bajo! –justo en ese momento, el gobernador pareció darse cuenta de algo-. Je. Ya veo por dónde vais. ¿Acaso creéis que voy a caer en vuestra trampa? Queréis que deje de lado a Hydra y vaya desarmado, ¿verdad?

 

Los dos amigos se miraron durante unos segundos, tras lo que rieron descaradamente.

-¡¿Has oído lo que ha dicho?! –preguntó Kareth.

-¡Sí! ¡Sólo un idiota pensaría algo así!

-¡Lo que pasa es que es incapaz de aceptar la verdad!

-¡Me duele la herida de tanto reírme!

-¡Insolentes! –gritó la armadura, levantando su espada para un ataque en vertical.

-¡Ahora! –exclamó Kareth, quien, impulsándose con una de sus piernas, cogió en brazos a Sarah y corrió hacia uno de los pasillos a los que daba el recibidor.

-¡No escaparéis! –les siguió el gobernador, a paso más lento que el de ellos.

 

-Creo que ya no nos siguen.

Mientras tanto, Kai y las otras dos chicas acababan de llegar a otra sala donde habían decidido esconderse de sus perseguidores.

-¿Dónde estamos? –preguntó Miruru, situada entre él y Nara, quien todavía estaba tratando de recuperar el aliento.

-A saber. Hemos dado muchas vueltas. De un pasillo para otro y sin descanso. Siempre hacia abajo... –contestó su amiga entre jadeos.

 

Habían ido a parar a una amplia habitación donde había varias máquinas dispuestas en extensas filas horizontales que iban de un extremo al otro. Éstas tenían grandes ventiladores que giraban a gran velocidad y tubos que las conectaban con cables. Aunque el ruido que hacían era molesto, por lo menos no les impedía escucharse hablar.

-¿Y esas cosas? –preguntó Miruru.

-Creo que son generadores eléctricos. Diría que este sitio es el que mantiene la corriente eléctrica del edificio –respondió Kai.

-¡Oh! Entonces puede que eso nos dé ventaja. Ya sabes, si controlamos su fuente de energía, tendremos el poder.

-Tal y como lo veo yo. Si le pasa algo a alguno de estos generadores es posible que saltemos por los aires. En cualquier caso, nos escondernos aquí hasta recuperarte por completo. Iré a asegurar la zona. No os mováis de aquí.

-De acuerdo. Seguiré con el tratamiento –declaró Nara.

-Tened cuidado.

 

Dicho esto, el chico caminó a través de los espacios que había entre cada fila de generadores, sin dejar de observar a su alrededor.

 

Se le pasó por la cabeza buscar una manera de apagarlos, pues quizás les diese ventaja a la hora de escapar, e incluso puede que ayudase a sus compañeros, sin embargo no tenía ni idea de cómo funcionaban ni la suficiente seguridad de realmente serviría de algo.

-No hay nadie –se dijo a sí mismo tras un rato explorando-. Le echaré un vistazo también a la entrada.

-Te encontré –le susurró una voz de repente, a escasos centímetros de su oreja, recibiendo poco después un golpe en la mejilla que lo hizo chocar de espaldas contra una de aquellas máquinas.

-¡Ugh! –se quejó, levantando la cabeza para encararse a su adversario que no era otra que Quinque, quien lo observaba de pie, con una amplia sonrisa en su rostro.

-Esta vez no te me vas a escapar.